Archivo mensual: marzo 2015

EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

LA GENERACIÓN EMERGENTE, O LA EMERGENCIA DE UNA NUEVA GENERACIÓN. (VOCES, SENTIRES Y EXPRESIONES DE LA JUVENTUD EN EL TOREO).

   La generación emergente o la emergencia de una nueva generación en las reflexiones que necesita el espectáculo taurino para seguirse renovando, en medio de su propia y natural condición anacrónica, es ya una premisa, una necesidad. Por eso, aquí y ahora, conviene un balance sobre lo que los jóvenes piensan, sienten y presienten alrededor del espectáculo de los toros particularmente en México.

   Recogemos de nuestros pasados y antepasados experiencias de todo tipo, que se depositan en el universo en el aquí y ahora de nuestro pensamiento. Pero, ¿hemos aprendido bien la lección? Acostumbrados estamos a hacer un reproche absurdo del mismo pasado al que regresamos en forma de nostalgias utópicas, al que percibimos tan semejante en nuestro propio presente. ¿De qué vale sustentarnos en la frase o más bien en el verso recurrente de que “todo tiempo pasado fue mejor”, si es tan evidente el mismo estado de cosas? ¿A qué pasado nos remitimos entonces? ¿Qué referencia debe ser tomada como modelo a seguir? Y ya con todo este enorme peso, ¿qué futuro y qué prospectiva deben contemplarse desde nuestro genuino presente?

   Tal vez, una rotunda afirmación nos lleve a opinar que no queremos seguir siendo parias sin destino. Por esta y otras razones es que cabe la enorme posibilidad de poner punto de arranque a la primera gran reflexión del naciente siglo XXI en asunto de toros, contando para ello con 489 años de evolución y consolidación. Pero aún lo más importante: que dentro de esos 489 años existen infinidad de concepciones analíticas, unas absolutamente suficientes; las otras absolutamente insuficientes. Por eso, ha llegado el tiempo de ponerlas en la balanza, aplicar un juicio que no necesariamente tiene que ser sumario o maniqueo y explorar los diferentes caminos que siguen; y para todo este ejercicio, qué mejor participación que la de los jóvenes. Deben estar todos aquellos involucrados y comprometidos en el quehacer taurino cuyas voces, opiniones y expresiones, tanto de los consolidados como de quienes están en vías de conseguirlo, gracias a que su esfuerzo se ha traducido en ese propósito.

El fin de los trabajos para LA GENERACIÓN EMERGENTE, O LA EMERGENCIA DE UNA GENERACIÓN es que, ante el avanzado proceso que se encamina a solicitar formalmente ante la UNESCO que la Tauromaquia se convierta, a través de la declaratoria pertinente en Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, sea posible la reunión multidisciplinaria de creadores y hacedores, periodistas, escritores, historiadores, antropólogos, sociólogos, filósofos que ponen o han puesto los ojos en el toreo, con el objeto de hacer notoria la herencia recibida y los compromisos por enfrentar, buscando con ello que se produzca una conmoción o alteración de ideas, de actos, de conciencias sobre lo que los jóvenes piensan en torno al espectáculo de los toros no sólo a nivel nacional, sino internacional; e incluso, universal.

   Hoy día que es posible la materialización de una serie de herramientas que provienen directamente de las TIC (tecnologías de información y comunicación). Estas deben utilizarse en forma coherente y equilibrada con objeto de difundir la cultura de los toros, procurando que el manejo del lenguaje sea el más apropiado posible. Las redes sociales, atentas como ARGOS han adquirido una fina sensibilidad que genera reacciones muy extremas, por lo que el tejido que pueda producirse al inmediato efecto de su reacción va de articular fortalezas a pulverizar los argumentos que nutren el mensaje que circula y trasciende en las infinitas latitudes de que está compuesta. Allí veremos y comprobaremos en qué medida nuestros argumentos tendrán suficiente dosis de credibilidad, partiendo desde la génesis misma en que las primeras representaciones del encuentro del hombre con el toro se remontan no solo al componente mítico sino al de un extendidísimo ritual de sacrificio y muerte que se ha perdido en la noche de los tiempos. Ese ritual, sometido a la evolución de los siglos, pasó de ser un encuentro de natural domesticación y nutriente de complejos procesos (relacionados con las que hoy día son las muy bien identificadas estaciones del año, en cuya “ritualidad” jugaron un papel protagónico el sol, el viento, la tierra, el agua donde hombre y toro cohabitaron) a una representación moderna de aquel mismo sacrificio, depositada en el nuevo escenario: la plaza de toros, a donde confluyen valores religiosos que también consideran en su discurso al sacrificio y muerte, columna vertebral que justifica la tauromaquia, representación que se ha valido de elementos técnicos y estéticos para demostrar que su presencia en nuestros tiempos conserva elementos que dejan ver, en su culminación la amalgama secular de múltiples expresiones. Por tanto, la conservación de ese legado, el cual es uno de los pocos que provienen de tiempos tan remotos como el de las primeras muestras de convivencia del hombre con las razas animales, hoy día sigue vigente, en un trasvase que pasó del escenario natural al escenario de una plaza, donde el propósito originario también culmina en forma ritual, como en sus orígenes; matizado con toda una parafernalia de esa puesta en escena tan peculiar como es la de una corrida de toros en nuestro tiempo.

 30 de marzo de 2015.

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Archivado bajo EDITORIALES 2015

EL CUENTO DEL TORO CHICO. HABÍA UNA VEZ…

A TORO PASADO. EL CUENTO DEL TORO CHICO. HABÍA UNA VEZ…[1] 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Hay ciertas historias que se repiten una y otra vez, de modo interminable. La del toro chico es una de ellas. El ideal de todo aficionado a los toros, a la fiesta es ver en el ruedo al toro de edad, trapío, pitones y en suma su bravura. Decir toro significa entenderlo como un animal de cuatro o más años, convertido una vez más en el protagonista del espectáculo. Toda época del toreo ha mostrado una serie de altibajos y así como salen toros, también salen novillos y hasta becerros y es entonces cuando brotan los reclamos, las críticas, el repudio y la indignación por semejantes burlas ante el derrumbe de la “seriedad del espectáculo”.

   Hace cien años, para no ir más lejos, ese síntoma de novillos y becerros en corridas de toros declarado abiertamente por la prensa de entonces a cada momento, y hasta nuestros días es una constante en la crónica y en la crítica del periodismo taurino. Si hemos sido observadores con el cine o la fotografía, ambos elementos han mostrado la evidencia fehaciente de esto que han calificado como “fraude”. Así que durante muchos años el fraude ha ocurrido a la vista de todos, se ha consumado y poco ha sido el avance por erradicar un mal necesario. Parece que nuestra época vive un mejor momento con respecto a otras.

   Bajo el dominio de Rafael Guerra ya ocurría esto y se llegó al extremo de buscar la alternativa del sorteo porque “Guerrita” se quedó -más de una vez- con toros chicos, como recurso a su favor. En años posteriores -sobre todo en México- toros grandes y chicos se lidiaban a granel (más adelante me remitiré a unos artículos de Carlos Quiróz “Monosabio” y de Rafael Solana “Verduguillo” al respecto del tema). y aunque hay una actitud que repudia el fraude, por otro lado se anda siempre a la búsqueda del prototipo ideal para torear.

   Hubo y hay ganaderías que mantienen su línea y por el tipo de toros sabemos su procedencia. Pero otras no. Como que ingresan a una desigualdad de producción o al juego de intereses económicos; a la limitación de espacios también, o a la destrucción y el olvido irremediablemente.

   Los años de 1920 a 1940 presentan una característica muy especial, originada por consecuencias como recuperar el tiempo perdido, luego de la revolución (y en algunas regiones concretas del país), aprovechar el potencial de la simiente española con la cual logra la ganadería mexicana un avance sin precedentes. Pero sobre todo destaca aquí un capítulo particularísimo en la historia del toreo en México que es el de San Mateo.

   El toro de San Mateo ganó un lugar muy especial en la preferencia de los aficionados pero no escapó al juicio de prensa y público que encontró en esos toros un alejamiento de la realidad por lo que el “torito de plomo” fue la mejor definición que encontraron para descalificarlo.

   Lo que no se entendió es que se estaba gestando un cambio radical en el concepto de la crianza del toro bravo. Antonio Llaguno, ganadero inteligentísimo se entregó totalmente, desde principios del siglo XX a buscar un toro apto para la faena moderna, cuando la tauromaquia ha dado ese paso trascendental, alejándose del toreo de lucha propio de una generación que comienza a ceder el paso a la que conforman fuerzas del orden de Gaona, Juan Silveti, Vicente Segura y españoles como Joselito (que no vino a México) o Belmonte. Concluida esa etapa comienza la vigencia de los toreros de la “edad de oro del toreo” en México. Mientras España sufre las consecuencias de la guerra civil, en nuestro país las corridas de toros ganan en calidad y en cantidad también.

   A continuación hago un análisis de situaciones distintas que nos llevan a entender porqué Antonio Llaguno es un ganadero lleno de modernidad en medio del dominio de una vieja tradición y en medio ya, de su predominio al alcanzar las metas que se propuso.

   Lo mejor es aproximarnos bajo algunas ideas novedosas, que dan el marco preciso de esta obra mayor.

   Poco a poco toreros españoles se integran al ambiente mexicano y entablan amistad con ganaderos como el de San Nicolás Peralta Ignacio de la Torre Mier y Diego Prieto Cuatrodedos. Piedras Negras, Carlos González Muñoz con Antonio Montes y Antonio Fuentes, Ricardo Torres y Antonio Llaguno en San Mateo. Más tarde Juan Belmonte y Marcial Lalanda con los hermanos Madrazo, en la Punta.

   La aprehensión más sólida que ocurre con la sangre de Saltillo va a darse a partir de la fusión amistosa de Ricardo Torres y Antonio Llaguno; el uno torero, el otro, ganadero en búsqueda del ganado ideal para el ejercicio y arte de torear.

   Los toreros españoles se compenetraron tanto en la ganadería que, a base de elecciones y de correcciones afinaron el estilo de muchas de ellas y hasta la liquidación de otras tantas, en aras de lograr un acomodo técnico y estético, concibiendo el término acomodo en lo que significa desde su raíz misma.

RATAS Y MAMARRACHOS_1906

Cabecera del semanario… Col. del autor.

    Existen detalles tan significativos como que los toreros españoles recién llegados a México por el puerto de Veracruz, descansaban más tarde en ganaderías tlaxcaltecas y del estado de México, donde además iniciaba su entrenamiento y su acercamiento con el ganado bravo mexicano. En aquellas ocasiones debe haberse establecido un importante juicio de valores sobre el juego que proyectaba el ganado mexicano hacia la forma de opinar por parte de los toreros españoles quienes también pudieron influir en dar una serie de condiciones que moldearan el estilo de aquellos toros.

   Carlos Quiróz MONOSABIO entendió ese tránsito a la modernidad. Del acontecimiento mayor del que Rodolfo Gaona y el toro COCINERO son protagonistas la tarde del 24 de marzo de 1924, Quiróz dejó una serie de testimonios escritos que ahora me propongo citar y comentar. Su artículo apareció publicado ocho días después de la hazaña mayor del “Indio grande” en el UNIVERSAL, en su número 2716, cuarta sección, pág. 4 del 30 de marzo de 1924. De su serie de artículos PAGINAS TAURINAS DE MONOSABIO se refiere a las faenas de COCINERO Y QUITASOL apostando ¿CUAL DE LAS DOS? fue mejor.

    Han pasado ocho días y aún se comentan las faenas que Gaona realizó con los toros “Quitasol” y “Cocinero”, de la ganadería de San Mateo. Todavía no nos hemos puesto de acuerdo acerca de cuál de ellas tuvo mayor mérito.

    De una y otra hace un acertado balance, primero sobre las condiciones de los toros y luego sobre las faenas a cada uno. Si QUITASOL fue sosote, trotando al hilo de las tablas, pero atendiendo al llamado del matador; COCINERO acometió con más nervio y tuvo más poder, amén de llevar la cabeza suelta.

   Para MONOSABIO fue mejor el trasteo de COCINERO que el de QUITASOL, en cuanto a poderío se refiere, pero de mayor elegancia estética la de este sobre aquel.

    Sí: porque todos vimos que al cuarto muletazo “Cocinero” que empezó achuchando y revolviéndose codicioso, estaba con la lengua fuera, muy quieto y permitió que el leonés le volviese la espalda, cual si ya lo considerase enemigo insignificante.

    Al primero que fue QUITASOL le ligó los famosos seis naturales, sin perder terreno en ninguno, haciendo que el bruto girase en torno al diestro. “Seis pases naturales que en realidad constituyeron uno sólo: en redondo y que fueron rematados con el clásico pase de pecho, complemento obligado del pase natural. Seis pases en los que el diestro sujetó al toro para que no saliera de la muleta”.

TOROS DE SINKEHUEL Y GALINDO_JUNIO 1909

Imagen que apareció en El Puntillero. Semanario taurino. México, domingo 16 de octubre de 1909. Col. del autor.

    Sin embargo con COCINERO el Gaona poderoso y torero no escapó de la línea a que estaban acostumbrados los aficionados de entonces, misma generación que en poco tiempo atestiguará una transición importantísima: la del arribo del toreo moderno en su más acabada expresión.

   Enseguida Carlos Quiróz no deja escapar la oportunidad de mencionar a una prensa que se encargó en todo momento de enquistar las faenas del “Califa”. Detrás de sus comentarios se revela un conflicto sostenido con VARETAZO, PUNTILLERO y el Dr. Carlos Cuesta Baquero ROQUE SOLARES TACUBAC, redactores en aquel momento de la revista EL UNIVERSAL TAURINO. Luego que se ventiló el lío de marras, saliendo el grupo de los tres ya mencionados, MONOSABIO, junto con Rafael Solana aparecerán de nuevo al frente de la publicación semanaria.

   Lo fundamental en el conflicto lo asienta Quiróz diciendo: “Hay quienes reprochan al Califa el poco clasicismo que empleara al torear a “Quitasol”.

   Porque faena clásica lo era ya la de Gaona con los seis pases y el de pecho, de haberse tirado a matar. Era como seguir a pie juntillas el modelo y la tradición impuesta por CHICLANERO. Pero no todos estaban a favor del clasicismo. No bastaba con que un doctrinal taurómaco impusiera ideas a poco más de treinta años de haberse escrito los de Sánchez de Neira o el de Fernández de Heredia.

   Y es que no podemos olvidar la presencia casi divina que ejercieron en la crónica: Sánchez de Neira, Peña y Goñi, Leopoldo Vázquez e incluso, Carlos Cuesta Baquero quienes influyeron con sus ideas en una época sustentada en valores como: Rafael Molina “Lagartijo”, Salvador Sánchez “Frascuelo”, Rafael Guerra “Guerrita” o Ponciano Díaz. Esa idea en la época de oro, con Gaona, Belmonte y “Joselito” era vigente, pues tal trilogía es la heredera directa de la generación ya señalada. Pero -ya en México- la incompatibilidad es total bajo el reinado de “Armillita”, Balderas, Solórzano, Garza, “El Soldado” o Silverio Pérez. Todos ellos son miembros de una generación nueva, distinta, como el toro nuevo y distinto que Antonio Llaguno está aportando a la fiesta de toros en nuestro país.

   Pero en medio de tanta disquisición, -seguimos con los apuntes de MONOSABIO– “tenemos que concluir perfectamente convencidos: (Gaona) es un maestro”.

   Al prolongar su clasicismo aprendido de “Ojitos” -su maestro-, buscó no caer en monotonía. De aquí que sus hazañas fueran todas distintas. Y la faena de “Quitasol” en nada se pareció a la de “Cocinero”.

    Si los dos toros eran igualmente nobles y faltos de respeto, como se dice por allí, cualquier otro lidiador los hubiese toreado con el mismo procedimiento, hasta hacer creer que era uno mismo.

    Después de tan sesudos análisis, pasó a comentar un detalle por demás significativo: el tamaño de los toros, tomando como escudo protector un verso de Jorge Manrique que un cierto aficionado a los toros lo utiliza como recurso permanente: Todo tiempo pasado, fue mejor.

   Porque la corrida de San Mateo fue una corrida terciada, adelantada, aunque los dos últimos toros del encierro hayan sido los más pequeños. En general, fueron terciados, no chotos, como dicen.

    Y sin que yo pretenda hacer el elogio de los toros chicos, -dice MONOSABIO– sí debo recordar que no sólo los toros grandullones saben dar cornadas, ni son los que mayores dificultades ofrecen a los lidiadores. A menudo los chicos y escurridos de carnes tienen más lijereza y nervio que los regorditos y corpulentos. Tenemos un caso reciente: Los toros de San Mateo lidiados en la corrida a beneficio de la Casa de Salud del Periodista. El más corpulento y en mejor estado de carnes, fué el “Silveti”, toro bravísimo y de nobleza ideal, que se dejó hacer cuanto quiso el “Hombre de la regadera”. Y el de menos libras, pero con mucho poder y nervio, fué el más pequeño: el “Facultades”, aquel que ya con todo el estoque hundido en lo alto y listo para que de él diera cuenta el puntillero, se levantó y persiguió a Paco Peralta de tercio a tercio, y por poco le echa mano.

   “Relojero”, de Piedras Negras, el bicho que cogió a Nacional, no fue un toro grande. Nacional toreó a muchos otros de mayor respeto, y el que le atravesó un muslo fué el de menor tipo… Y, se explica: todos traen cuernos y sangre; y las cornadas no las dan con los años, sino con lo que llevan en la cabeza.

   Siempre, es costumbre inveterada que quienes han conocido otros tiempos se entreguen a lanzar suspiritos de monja, añorando aquellas épocas en que veían lidiar reses con los cinco años cumplidos, con muchos kilos sobre el lomo y con pitones kilométricos.

   Y lo creen como lo dicen. Están convencidos de que conocieron algo mejor de lo que nos sirven ogaño.

   Hace veinte años yo escuché los mismos suspiros. Entonces se envidiaba a nuestros abuelos, que no vieron lidiar chotos.

   En aquellos tiempos, yo ví a Mazzantini lidiar seis becerros del Cazadero, muy bravos, por cierto; y con ellos Don Luis y Villita dieron la más lucida tarde de aquella temporada.

   En la extinta plaza “México”, Minuto y Fuentes, torearon seis ratitas de Saltillo, noblotas y bravas. Fué corrida brillantísima y fué entonces cuando Antonio ensayó la suerte de recibir, con el cuarto.

   A Mazzantini, a Lagartijillo y a Fuentes, yo los ví lidiar la primera corrida de Piedras Negras, con cruza española. Fueron seis bichos pequeños y de asombrosa bravura.

   ¿Bueyes? En aquéllas épocas pretéritas se lidiaban a pasto. Pocas veces escapaban los toros del Cazadero sin ser quemados. Atenco estaba por los suelos. Dígalo aquella bronca de la segunda corrida de Reverte. Cuando Reverte volvió a torear en la plaza “México”, domingo a domingo, se las veía con mansos, sacudidos de carnes y mal encornados de San Diego y de Santín.

   En cambio, a últimas fechas y a partir de las corridas que se dieron en Tlalnepantla, han menudeado los toros bravos en todas las ganaderías. Hemos visto bravura ejemplar en algunos bichos de Atenco y San Diego de los Padres, de Piedras Negras, La Laguna, Zotoluca, Coaxamaluca, y San Mateo.

   Y, si ayer Tepeyahualco presentaba corridas de soberbio trapío, hoy La Laguna nada tiene que envidiarle.

UT_T. III_Nº 81_02.05.1923

El Universal Taurino. año III, N° 81 del 2 de mayo de 1923. Portada. Col. del autor.

    En el beneficio de Gaona, Atenco mandó una corrida grande, brava, gorda y de largos pitones. De San Diego este año hemos visto una corrida muy dura, y de San Mateo una con un nervio que no conocieron nuestros padres.

   Sin embargo, los abuelos repiten su vieja cantilena.

   ¡Ah, aquellos tiempos!…

   Suspiran por los días en que también se lidiaban mansos, y chotos, como ahora y como siempre.

   Jorge Manrique lo dijo:

   Cómo a nuestro parecer

   Cualquier tiempo pasado

   Fué mejor.

   Pero estar repitiendo tonterías, resulta una necedad.

    Aquí está la esencia del pensar de Carlos Quiróz. La influencia de una tradición a veces se vuelve una pesada losa para muchos aficionados, quienes rechazan el comportamiento que se da en su propio presente, por lo que renuncian a las innovaciones y se quedan comulgando con un pasado lleno de utopías. La lucha draconiana y vacía que a veces manifiestan los aficionados a los toros se da mientras sucede frente a ellos un cambio que, a pesar de su rechazo lo siguen fomentando al acudir a la plaza. Y los toros de san Mateo son efecto de un cambio necesario, un cambio que, como ya hemos visto, está imponiendo Antonio Llaguno, primero para depurar y mejorar la ganadería brava; segundo, con su esfuerzo participar en el perfeccionamiento que requiere el arte y la técnica del toreo. Ambos conceptos no pueden quedar encasillados en un pasado, en todo caso, en una tradición que es permanente transitar por los siglos de su presencia entre las culturas -española y mexicana- que la han hecho suya.

   Por otro lado, un cronista como Rafael Solana Verduguillo era consciente con su propio tiempo, dándose cuenta de que no podía seguir rindiéndose ante un pasado taurino que se diluía lentamente entre recuerdos (ya lo veremos más adelante). Reconoce en Antonio Llaguno a un hombre moderno -para su época- capaz de criar y crear un toro distinto y nuevo que hará cambiar todos los sentidos del espectáculo taurino. Quedó atrás el equivocado concepto de que para ver toros era necesario que el parámetro para identificarlos fuera el toro-elefante. Si bien los toros de Antonio Llaguno son toros algo pequeños, pero toros al fin y al cabo, bajitos de agujas, bien puestos de pitones, de pelo sedoso y abundante cola, pezuña recogida, cuello corto, y bravos por excelencia. ¡Qué más pedir!

   Con Chicuelo va a darse la consolidación de todos aquellos alcances, justo con los toros de san Mateo al alzarse en triunfo mayor con el toro DENTISTA, la tarde del 25 de octubre de 1925. Ayudémonos de la crónica de Rafael Solana Verduguillo:

    Para describir las faenas ejecutadas esta tarde por Manolo Jiménez, hacían falta la brillantez de “Don Modesto”, la gracia de “Sobaquillo”, la profundidad de Peña y Goñi, la sabiduría de Sánchez de Neira, y la amenidad de “El Barquero”. Todas esas plumas reunidas, acaso darían una impresión aproximada de lo que ha sido la labor de “Chicuelo” esta tarde inolvidable.

   ¡Qué lances a la verónica! Erguido el torero, majestuoso el conjunto, grandioso el momento en que la fiera pujante y el artista se reunían. Fueron ocho verónicas, que provocaron otros tantos alaridos de la multitud. ¡Chicuelo”, eres inmenso!

   Cuando “Chicuelo”, sin brindar a nadie, salió a contender con “Dentista”, reinaba en la plaza un alboroto tremendo. Todos sabíamos que el maestro iba a hacer una faena de las grandes, pero ni por la mente nos pasaba que llegara a ser lo que nuestros ojos tuvieron la dicha de ver.

   El muletazo inicial fue un natural con la zurda, siguió otro natural imponente por el temple y valor derrochado, y luego otro más enredándose el toro a la cintura.

…fueron VEINTICINCO PASES NATURALES, todos ellos clásicamente engendrados y rematados, provocando con la pierna contraria, dejando llegar la cabeza hasta casi tocar los pitones la barriga del lidiador, y en ese momento, ¿me entienden, señores? en ese momento desviar la cabezada, mientras el resto del cuerpo del toro seguía su viaje natural y pasaba rozando los alamares de la chaquetilla.

   Lo que hubo fueron varios pases de la firma estatuarios, llenos de gracia y majestad; lo que hubo fueron varios pases ayudados, corriendo la mano, barriendo los lomos, y sacando la muleta por el rabo. Lo que hubo fue un pase afarolado, divino, vistosísimo, seguido de otros dos pases cambiándose el artista la muleta por la espalda con gracia extraordinaria. Y para qué decir más. Imagínese el lector la faena más meritoria, la más artística, la más apegada a las reglas del toreo, la más completa en todos sentidos, la más valiente en lo que respecta a la distancia entre el cuerpo del diestro y los pitones de la res, y se quedará corto. Tres pinchazos, y un estoconazo hasta la pelota rubricaron la gloriosa hazaña. El ruedo se alfombró materialmente con sombreros, abrigos y otras prendas. Millares de pañuelos ondeaban en las diestras de los espectadores, y el Presidente concedió las dos orejas y el rabo (…)

    Antonio Llaguno González logró en un momento determinado el toro que él quería para integrarlo a la fiesta torera mexicana, la que supieron aprovechar en franca ventaja los toreros españoles también. Fue un toro bravo de principio a fin las más de las veces. Quizás el defecto que no pudo evitar o deseó encontrar -don Antonio- fue el de su tamaño. El trapío característico de los toros zacatecanos provocó encontradas reacciones entre prensa y aficionados. Los primeros se colocaron en dos frentes de lucha: de cerrado respeto a la tradición, unos; de apertura al cambio, sin alterar la costumbre, otros. Sin embargo, arreciaron las críticas de quienes no aceptaban al toro chico, sin más. Pero al no aceptarlo tampoco veían el arribo de un toro distinto capaz de ponerse a niveles de casta, bravura y nobleza que poseían los de ganaderías entonces en el candelero. Por lo que se ve, Antonio Llaguno está favoreciendo y preparando la consolidación del toreo moderno en México al romper con viejos principios de un toreo que ya no podía seguir en escena, un toreo anacrónico donde el enfrentamiento de toro y torero en cuanto tal, se significaba como un ritmo cotidiano hasta que apareció la influencia del ganadero zacatecano. La fiesta mantenía cierto nivel de estabilidad, había cambios importantes, pero no radicales. Con esto no despreciamos el esfuerzo personal de toreros, ganaderos, empresarios o periodistas. Pero a no ser por el caso excepcional de Joselito en su momento o de Antonio Llaguno después, -por citar dos casos muy particulares- la tauromaquia se habría mantenido sin movimiento importante alguno.

   Ahora bien, ¿qué argumentaba la prensa con respecto a los toros chicos del señor Llaguno?

   No dudamos de la capacidad intelectual de aquellos periodistas, que hacían gala al reseñar corridas de toros como pasajes literarios. Sin embargo pocos entendieron los avisos del cambio. Uno de ellos, Rafael Solana lo hacía justo cuando Gaona y Chicuelo están triunfando. Es decir, en el despertar y apoteosis de San Mateo como ganadería. En la crónica de la corrida en que Chicuelo triunfa con Dentista, y que venimos consultando, Solana apunta en TOROS Y DEPORTES, Tomo IX, No. 209 del 26 de octubre de 1925:

 LOS TOROS DE SAN MATEO.

    Sabemos de sobra que los señores Antonio y Julián Llaguno, se dedican a la cría de reses bravas y no de elefantes. La diferencia esencial que existe entre el paquidermo y el toro (aparte lo de la piel gruesa, los colmillos, la trompa, etc.), es el tamaño. El elefante es más grande que el toro. En cambio, el toro tiene dos afilados pitones y una ligereza que no tienen los tranquilos habitantes de las selvas africanas.

   Pues bien; quedamos en que en la Hacienda de San Mateo no hay cría de elefantes.

   ¿Qué los toros deben tener cierta edad, cierto peso? Admitido. No seré yo quien salga ahora en defensa del toro sacudido de carnes, y con los pitones como plátanos. No. Para que las corridas sigan siendo un exponente de valor, precisa que exista el peligro. Pero cuando vemos salir un toro fino, gordo, bien puesto de pitacos, con abundante armamento en la sesera, con poder, con nervio y todo lo demás, no tenemos por qué chillar. Ya hace tiempo, mi ilustre compañero “Monosabio” escribió en estas mismas columnas un artículo titulado “Los Chicos también la dan”. A “Joselito” lo mató un toro pequeño y cornicorto, y ¡qué coincidencia! se llamaba “Bailaor”, como uno de los de esta tarde.

    La referencia al artículo de Carlos Quiróz aparece en el UNIVERSAL TAURINO No. 133 del mes de marzo de 1924 y es en relación con toros, que siendo chicos en tamaño, también propinan cornadas tan serias como las que pegan toros de mayor respeto.

   Años más tarde el periódico MULTITUDES No. 211 del 28 de diciembre de 1942 aporta un pasaje valioso sobre el destino que tiene la ganadería de San Mateo en medio de la batalla a favor y en contra de los toros que está creando el señor Antonio Llaguno.

   Rotunda y contundente es la pregunta de Tapabocas: “¿En qué quedamos por fin…?” la contesta mostrándonos un resumen exacto en los dos cintillos que a la letra dicen:

    Si el tamaño de los toros, que tanto pregonan, significara algo para ellos mismos, la placa que le colocaron a un diestro por la lidia de varios becerros, no tendría ningún motivo justo para estar en el “Toreo”. Además:

   Los ganaderos triunfan por la bravura y buen estilo de sus reses, no por el tamaño ni el peso de éstas. El toro cómodo, joven, recortado de cabeza, gordo sin exceso, es el que da el triunfo a toreros y ganaderos.

    La placa en cuestión fue dedicada a Jesús Solórzano por inmortalizar entre otros a: GRANATILLO, TORTOLITO (de San Mateo), PICOSO (de la Laguna) toros que, a juicio de algunos periodistas, fueron chicos, sobre todo inclinándose esa opinión en Alfonso de Icaza quien, por apreciación de Cutberto Pérez descalificaba a los sanmateínos por chicos. De ahí que, Tapabocas recalcara con insistencia en lo siguiente:

    Hemos pregonado hasta el cansancio, que el tamaño de los toros, sin llegar a extremos, es lo de menos; la bravura es la que embiste y la corpulencia es la que da las cornadas ayudada por aquélla; nosotros no estamos por una fiesta de toros salpicada de tragedias; estamos por una de las artes de más excelsa grandiosidad y belleza. Creemos sinceramente que el público estará con nosotros.

    El día 16 de marzo de 1941 se lidió en la plaza de toros “El Toreo” una de las corridas de toros más chicas que han pisado la arena de la Condesa. La lidiaron “Armillita”, Lorenzo Garza y Silverio Pérez; fueron seis toros jóvenes, muy chicos, recortados de cornamenta, pesaron con muchos trabajos lo que marcaba el reglamento como mínimo en un toro de corrida formal; los oposicionistas, los partidarios de la carne y el morrillo, trataron por todos los medios a su alcance de hacer que la corrida fuera desechada por su falta de trapío; no lo consiguieron. El resultado del festejo, cuando ellos ya sonreían pensando en la bronca, fué que “Armillita” y Silverio, acompañados del ganadero salieron en hombros por la puerta grande en medio de vivas, escándalo y entusiasmo general. Eso después de varios años de campaña contra el toro recortado.

   Varios años antes, el día tres de febrero de 1935, la arena de la plaza de toros “El Toreo” se estremeció al sentirse hollada por las breves pezuñas de seis toros, seis cromos, arrogantes y de finísima lámina. La corrida más grande de la temporada… dijeron algunos. Son seis elefantes, aseguró el de más allá… Ese toro lucero pesó quinientos sesenta quilos… dijo uno que parecía el más enterado. El resultado fué el que nunca se olvidará en todo el mundo. Seis toros de bandera que consagraron a Lorenzo Garza como el torero de toda una época y de toda una vida.

   ¿En qué quedamos por fin?… El tamaño de los toros tiene algo que ver en la parte primordial de la fiesta, o estamos haciendo el más espantoso de los ridículos?

   La gente aplaude con mucha más razón el arrastre de un toro que su aparición en el ruedo. El toro, al salir, puede provocar admiración por su estampa, pero no todo el público aplaude porque muchos temen un desencanto. Cuando el triunfo es innegable, cuando todas las campañas que se hagan en contra resultan estériles, es cuando el público en masa se levanta de sus asientos y arroja sus prendas de vestir al ruedo al paso de un toro muerto, y cuando ese mismo público se tira al ruedo y saca en hombros al propietario de la ganadería y a los toreros que han triunfado. El triunfo, la algarabía, el apoteosis no lo armaron las toneladas de carne que están colgadas en el destazadero; lo armó una casta, una sangre, una bravura inteligentemente llevada y administrada y un escrúpulo sin par que hace que la fiesta de toros permanezca en el plan de la más bella de todas.  TAPABOCAS.

    El artículo del señor Cutberto Pérez nos muestra una realidad muy particular de la fiesta, en la que ya participa directamente Antonio Llaguno. Fue especialmente Alfonso de Icaza quien llamó a los toros de San Mateo “toritos de plomo” no sabemos si en franca calificación despectiva o peyorativa, “toritos” que, para “Ojo” (seudónimo de de Icaza) cumplían el mínimo indispensable para ser aceptados en la más importante de las plazas del país: el “Toreo” de la colonia Condesa. Puede verse con estos dos periodistas el choque de ideas entre lo que debe conservarse y la modernidad misma. Ambas están reñidas en un constante intercambio de planteamientos; pero de ataques también. Antonio Llaguno bien pudo haberse convertido en espectador pasivo de todas aquellas pugnas y continuar, en tanto, con su labor como criador de reses bravas. Su mira estaba bien dirigida, no había motivo para desviarla.

   De regreso a nuestra época solo me resta mencionar que desde mediados de 1995 se llevaron a cabo reuniones de trabajo con la Comisión Taurina del Distrito Federal cuyo objeto es modificar de forma, pero no de fondo el reglamento taurino (el cual es autorizado en mayo de 1997), donde ciertos criterios siguen operando a contrapelo para beneficio de unos cuantos, a pesar de lo establecido. Concretamente sobre el toro se analizan varios apartados en el siguiente tenor:

a)El toro, para lidiarse en plazas de primera categoría deberá de tener cuatro años cumplidos como mínimo y 450 kilogramos de peso.

b)Deberá eliminarse el límite de edad para el toro de lidia en corridas en que participen matadores de toros, y para efectos de novilladas se mantendrá el texto del reglamento actual.

c)Tomando en cuenta que existen diferencias de criterios por cuanto hace a lo que debe considerarse como trapío, se sugirió detallar lo que se estima como falta de trapío, esto es encornaduras defectuosas y que la cara, cuadril y caja del animal tengan verdadera presencia.

d)Se propuso la posibilidad de que fuera obligatorio el registro de edades en los toros.

   Es importante mencionar que al haber consenso de las partes que intervienen en el espectáculo se nota la preocupación por encontrar un criterio común que apunta hacia el cumplimiento de la edad. La edad, por encima de peso, de presencia y de muchas cosas hace que la corrida se convierta en un espectáculo digno y serio y no en la ridícula imagen que burla los principios de una tradición que, como ya hemos visto no es asunto solamente de nuestro tiempo. Se remonta 100 años atrás, incluso desde que el toreo se profesionalizó, por lo que seguirá siendo -y no quiero sentenciar- un mal necesario.


[1] Este material, originalmente fue publicado en la revista Matador, año 3, N° 1, 2 y 3, octubre, noviembre y diciembre de 1997. (N. del A.).

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LA IMPORTANCIA Y LA ESENCIA DE CIERTAS “MINUCIAS” TAURINAS (XXVI).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.  

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   Va aquí otro manojo de noticias recogidas en forma natural, conforme uno va acudiendo a los repositorios de este o aquel archivo; de esa o aquella biblioteca con la esperanza de encontrar novedades… Afortunadamente fue el caso en esa constante y necesaria tarea que emprendemos los historiadores, buscando –como siempre-, el “dato” o el “documento” que a veces convertimos en la figura de nuestras pretensiones. A veces no son más que meras piezas de ese enorme rompecabezas, el que ya armado, pero no completo, presenta un mejor panorama de las cosas, suficiente para ir teniendo un mejor panorama, sobre todo del pasado, con objeto de entenderlo a la luz del presente. No es cosa fácil, pues esos nuevos informes a veces son capaces de afirmar o desaprobar nuestras teorías, con lo que es necesario utilizar herramientas como las de la reinterpretación misma que se debe a nuevos componentes con los cuales es obligada una nueva visión de los hechos. Por encima de todo, ante esa alternativa conviene crear todo un estado de certidumbre para que aquellos que han creído a pie juntillas tal o cual episodio histórico del toreo. Y que además lo elevan a niveles de “mito”, reconsideren en esa nueva lectura la resignificación del hecho hasta aceptarlo como lo que debe ser, sin apelar desde luego al hecho de que debe alcanzarse exitosamente lo que en derecho se conoce como “verdad histórica”, pero que en este otro territorio, el histórico se acerca en términos de lo que es una verdad relativa. La verdad absoluta definitivamente es imposible concebirla o imponerla como dogma, pues ello significaría un riesgo en la construcción o reconstrucción del pasado mismo.

 EL DIARIO DEL HOGAR, D.F., del 12 de febrero de 1893, p. 2:

 El toro sabio “Frascuelo”.-Nos escribe de San Luis Potosí el diestro Saturnino Frutos Ojitos, comunicando que después de muchos trabajos ha conseguido domesticar un toro bravo de la ganadería del Espíritu Santo, que ejecuta infinidad de suertes, cuya res puede presentarse sin riesgo ninguno en la pista de los circos y escenarios de los teatros. El toro Frascuelo es retinto claro y oscuro, bien armado y de bonita estampa.

   Las Empresas que deseen explotar esta novedad, pueden tomar informes en esta Agencia (Agencia Teatral y Taurina que tiene establecida en México el Sr. Julio Bonilla).

 LA ESPADA DE DON SIMPLICIO, D.F., del 23 de noviembre de 1855, p. 2:

 TOROS.

 ¡Buena estuvo la corrida

Que dio Bernardo el domingo!

Murieron veinte caballos

Y quedaron diez heridos.

Los toros eran puntales

Y de Atenco ¡bravos bichos!

Toreros y picadores

Andaban despavoridos.

Todos midieron el suelo,

Todos hicieron el mingo,

Y Media Luz temerario

Tuvo la vida en un hilo.

 

En los toros hay chiripas

Y son sangriento los fallos;

Si mueren veinte caballos,

Y diez se quedan sin tripas,

Exclaman los concurrentes:

¡Buenos toros! ¡Qué valientes!

    Miren ustedes, hoy día tan escasos de argumentos en ese episodio de la defensa legítima del espectáculo, con vistas a considerarlo como un patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, aquí hay un buen número de elementos con qué comprobar el hecho de que desde épocas tan remotas como 1851, se tenía una idea clara sobre la legitimación del espectáculo. Todo lo que ustedes leerán a continuación, se relaciona con el hecho de la inminente inauguración de la que fue una de las plazas más importantes en la ciudad de México. Me refiero a la del “Paseo Nuevo”, la cual funcionó entre diciembre de 1851 y diciembre de 1867. Como dato complementario apuntaré que en ese lapso de tiempo, el diestro Bernardo Gaviño actuó la friolera de 320 ocasiones.[1]

 EL ESPECTADOR DE MÉXICO, D.F., del 22 de noviembre de 1851, p. 10-12:

 NUEVA PLAZA DE TOROS.

 MUCHO se ha hablado contra la diversión española de los toros; pero lo más curioso es, que casi siempre los mismos extranjeros que la crítican, solicitan con ansia asistir a ese espectáculo, cuando se hallan en lugar en que lo hay.

   En Francia se han hecho esfuerzos para establecer las corridas de toros, y no se ha llevado a cabo porque la policía lo ha impedido. En Nueva-Orleans se han visto en este año cuatro o cinco lides, a que ha concurrido número considerable de espectadores.

   Necesario es convenir, que sería más injusto impedir entre nosotros el espectáculo de que hablamos, cualesquiera que sean los defectos que tenga, que cerrar los teatros, no obstante las muchas piezas inmorales que en ellos se representan, y cuyos frutos en el ánimo del público son más funestos que los de aquella diversión.

   Para contestar a los que tan atrozmente censuran el espectáculo de toros, creemos que nada tendrá más fuerza que las siguiente palabras del presbítero doctor Balmes, que no podrá ser tachado de ridículo; y sobre todo, que él mismo confiesa que no está por esa diversión.

   “Ante todo, dice en el cap. 31 del Catolicismo y Protestantismo comparados, y para prevenir toda mala inteligencia, declaro que esa diversión popular es, en mi juicio, bárbara, digna, si posible fuese, de ser extirpada completamente. Pero toda vez que acabo de consignar esta declaración tan explícita y terminante, p0ermítaseme hacer algunas observaciones, para dejar en buen puesto el nombre de mi patria. En primer lugar, debe notarse que hay en el corazón del hombre cierto gusto secreto por los azares y peligros. Si una aventura ha de ser interesante, el héroe ha de verse rodeado de riesgos graves y multiplicados; si una historia ha de excitar vivamente nuestra curiosidad, no p0uede ser una cadena no interrumpida de sucesos regulares y felices. Pedimos encontrarnos a menudo con hechos extraordinarios y sorprendentes; y por más que nos cueste decirlo, nuestro corazón, al mismo tiempo que abriga la compasión más tierna por el infortunio, parece que se fastidia si tarda largo tiempo en hallar escenas de dolor, cuadros salpicados de sangre. De aquí el gusto por la tragedia: de aquí la afición a aquellos espectáculos, donde los actores corran, o en la apariencia o en la realidad, algún grave peligro.

   “No explicaré yo el origen de este fenómeno; bástame consignarlo aquí para hacer notar a los extranjeros que nos acusan de bárbaros, que la afición del pueblo español a la diversión de los toros, no es más que la aplicación a un caso particular de un gusto cuyo germen se encuentra en el corazón del hombre. Los que tanta humanidad afectan cuando se trata de la costumbre del pueblo español, deberían decirnos también, ¿de dónde nace que todos asistirían con gusto a una batalla por más sangrienta que fuese, si fuera dable asistir sin peligro? ¿de dónde nace que en todas partes acude un numeroso gentío a presenciar la agonía y las últimas convulsiones del criminal en el patíbulo? ¿de dónde nace finalmente que los extranjeros, cuando se hallan en Madrid, se hacen cómplices también de la barbarie española asistiendo a la plaza de toros?

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Fuera de ese escenario -la Plaza del PASEO NUEVO– la vida mexicana palpitaba agitadamente, en medio de conmociones que causaban el natural desconcierto. La anhelada paz aún no llegaba. Solo guerras, solo invasores; o la presencia de un príncipe extranjero también. Y como contraste, seguía cabalgando Carlos IV a las afueras del coso, símbolo el suyo de la tradición colonial que no desaparecía; como los toros. Hasta que un día…

Autor: Casimiro Castro.

Fernando Benítez. LA CIUDAD DE MÉXICO, T. 6, p. 60.

    “Digo todo esto, no para excusar en lo más mínimo una costumbre que me parece indigna de un pueblo civilizado, sino para hacer sentir que en esto, como en casi todo lo que tiene relación con el pueblo español, hay exageraciones que es necesario reducir a límites razonables. A más de esto, hay que añadir una reflexión importante, que es una excusa muy poderosa de esa reprensible diversión.

   “No se debe fijar la atención en la diversión misma, sino en los males que acarrea. Ahora bien, ¿cuántos son los hombres que mueren en España lidiando con los toros? Un número escasísimo, insignificante, en proporción a las innumerables veces que se repiten las funciones; de manera, que si se formara un estado comparativo entre las desgracias ocurridas en esta diversión y las que acaecen en otras cases de juegos, como las corridas de caballos y otras semejantes, quizás el resultado manifestaría que la costumbre de los toros, bárbara como es en sí misma, no lo es tanto sin embargo que merezca atraer esa abundancia de afectados anatemas con que han tenido a bien favorecernos los extranjeros”.

   Se ve por estas razones que las corridas de toros son, cuando más, uno de los defectos perdonables que precisamente debe tener toda sociedad; y que, sobre todo, en el grado de perfección a que ha llegado la tauromaquia, el hombre ya casi no corre peligro de perder la vida.

   Se dice que es una crueldad presenciar la muerte de un toro y un caballo; y aunque confesamos que semejante vista es nada tierna, decimos, que casi la misma escena pasa en las peleas de gallos, a que es tan afecto el pueblo eminentemente civilizado de la Gran Bretaña, cuya nación gusta además de ver luchar a los hombres a puñadas; costumbres que se llama pugilato, y a que los franceses han dado el nombre de anglomanía.

   Concluimos, pues, esta cuestión diciendo, que en el estado de tolerancia a que han llegado las sociedades moderna, es más contra el espíritu del siglo prohibir las diversiones de toros, que consentirla; sin que se entienda por esto que nosotros la consideremos tan honesta que la deseáramos admitida en todo el mundo.

   Contrayéndonos a la nueva plaza, cuyo grabado acompaña nuestro artículo, decimos, que nos parece la más sólida, hermosa y bien construida que ha habido en esta ciudad, al menos en nuestro tiempo. La casa que se ve al frente formará un café o sociedad para el recreo de los concurrentes en los ratos que quieran dejar la plaza e ir a disfrutar del paseo de Bucareli. Esa ventaja de poder gozar la vista de los toros y paseo, ha hecho que todo el mundo pronostique al dueño de la plaza el más feliz éxito en su especulación.

   Las dimensiones de la plaza son las siguientes:

   La altura, inclusive el balaustrado que la corona es de nueve varas. La circunferencia exterior es de doscientos cuarenta y seis; y la interior, que forma el lugar de la lid, o como se llama ordinariamente, valla, tiene doscientas varas.

   El número de palcos o lumbreras es de ciento treinta y seis primeras, y otras tantas segundas. Las gradas formarán siete líneas, con distancia entre sí de cuatro pies, lo que les da una amplitud extraordinaria. En la azotea se colocarán también concurrentes; lo que hace que en toda la plaza puedan estar cómodamente de ocho a nueve mil personas.

   El público no debe temer lance alguno desgraciado, pues todo está previsto y preparado lo necesario; por ejemplo, para un caso de numerosa concurrencia, el techo tiene cada cuatro o cinco varas seis o siete fuertes vigas que lo sostienen, con la mayor firmeza; y para un principio de incendio hay buenas bombas listas, y agua por varios puntos sin salir del edificio.

   Damos el parabién al propietario, y deseamos ver perfectamente premiados los esfuerzos con que ha levantado una obra tan dificultosa en menos de diez meses.-LOS REDACTORES.

 EL FENIX DE LA LIBERTAD, D.F., del 23 de noviembre de 1833, p. 4:

 AVISOS

 Los vecinos de Huichapan han dispuesto que en los días 4,5 y 6 del inmediato diciembre se celebre en la iglesia Parroquial de dicha villa una función solemne, en acción de gracias al Santísimo Sacramento por haberlos librado de la devoradora epidemia del Cholera-Mórbus, y dado la victoria en los campos de Guanajuato a las armas federales; y asimismo han dispuesto que en los días 7 y 8 del propio mes se celebre el aniversario de los héroes de la independencia, y concluidas estas funciones habrá tapada de gallos en los días 9, 10 y 11; y por último tres corridas de toros que se verificarán en los días 12, 13 y 14 del referido diciembre; lo que se avisa al público para su inteligencia.

 EL FENIX DE LA LIBERTAD, D.F., del 19 de febrero de 1834, p. 3:

 PERIÓDICOS FORÁNEOS. ESTRACTO.

 TOLUCA.-Reformador.-Excitados los editores para tratar sobre la policía de la ciudad de Toluca, comienzan por las diversiones públicas que se reducen a la de toros, circo y teatro. Respecto de la primera, dicen que es necesario permitirla aunque es bárbara porque están convencidos de que las costumbres de los pueblos no se morigeran en corto tiempo, y hay además multitud de personas dedicadas al campo, inclinadas naturalmente a luchar con los toros, quienes se disgustarían si se llegase a destruir esta costumbre (…)


[1] José Francisco Coello Ugalde: Bernardo Gaviño y Rueda: Español que en México hizo del toreo una expresión mestiza durante el siglo XIX. Prólogo: Jorge Gaviño Ambríz. Nuevo León, Universidad Autónoma de Nuevo León, Peña Taurina “El Toreo” y el Centro de Estudios Taurinos de México, A.C. 2012. 453 p. Ils., fots., grabs., grafs., cuadros.

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TRES BANDERILLEROS, TRES.

REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   El domingo 3 de enero de 1943, al celebrarse la sexta corrida de aquella temporada en “El Toreo” de la Condesa, Fermín Espinosa “Armillita”, David Liceaga y Carlos Arruza, se enfrentaron a un encierro de Zacatepec. Había salido al ruedo el segundo de la tarde, Badila de nombre. Le correspondió a David Liceaga, del que la afición conservaba fresca en la retina su gran faena a Zamorano de San Mateo, apenas el 13 de diciembre de 1942 y en el mismo escenario. Por verónicas y gaoneras fueron las primeras demostraciones de David, que seguramente no fue a la plaza para lucir ese peculiar traje de cruceta. Luego de que los Barana –padre e hijo- se lucieran en varas, Liceaga, ni tardo ni perezoso tomó los tres pares de banderillas, y en un acto de provocación profesional, se afirmó en el tercio para invitar a Fermín Espinosa y a Carlos Arruza para invitarles a banderillar. Los tres toreros se lucieron como sólo ellos sabían hacerlo. Minutos más adelante, David Licega apunta Roque Armando Sosa Ferreyro: respecto de la faena: Esta “…abundó en buenos deseos: se frustró el toreo al natural por los derrotes del toro, y en las tablas, citando con la pierna, logró David instrumentar derechazos y pases por alto, de gran valor y de intensa emoción. “Badila” dobló con un estoconazo algo desprendido, y para David hubo muchas palmas”.[1]

TRES BANDERILLEROS TRES

    Lo notable de esta excelente imagen lograda por Luis Reynoso es ese alarde de soberbia torera que no le cabe en el cuerpo a David Liceaga, quien llevando en la mano diestra el par elegido, dirige unas palabras a sus alternantes que, por la expresión recogida en su rostro no debieron haber sido las de un “buenas tardes”, sino del auténtico “¡Señores aquí estoy yo, y lo demás lo vamos dejando claro en el ruedo…!”. Reto que la afición agradecía emocionada, sabiendo que los tres poseían el notable potencial de grandes rehileteros, con lo que aquello no fue un tercio de banderillas más. Los tres espadas se lucieron, dando la nota, como la dieron a lo largo de toda la tarde, sobre todo cuando nadie imaginaba que en el cuarto, Fermín logró una de sus célebres hazañas con Pichirichi al que le cortó las dos orejas y el rabo. Arruza no corrió con la suerte deseada al enfrentar al lote más malo de la tarde, pero cumplió honrosamente con la papeleta.

   Momentos como este ya no se dan con frecuencia. Es más, ha perdido su peculiar esencia, y si no quedaron conformes los tres toreros que aquí recordamos, referiré que un momento similar volvió a registrarse la tarde del 12 de marzo, pero de 1944, cuando volvieron a verse las caras, ahora con un encierro de Zotoluca. Esa ocasión, David Liceaga probó la gloria y la tragedia en un mismo toro. Era el quinto de la tarde, Cirquero de nombre, al cual realizó una dramática faena de muleta, rematada por un estoconazo “al toma y daca”, saliendo de aquel encuentro con dos gravísimas cornadas, una en el vientre, la otra en el muslo derecho. Pero aquella hazaña no quedó impune, pues la autoridad otorgó la oreja y el rabo, apéndices que seguramente deben haber mostrado los de la cuadrilla del bravo torero que sigue esperando una biografía clara y puntual.

ARRUZA_LICEAGA y ARMILLITA

Heriberto Lanfranchi: La fiesta brava en México y en España 1519-1969, 2 tomos, prólogo de Eleuterio Martínez. México, Editorial Siqueo, 1971-1978. Ils., fots., T. II., p. 478. La fotografía fue tomada por Daniel Orduña.


[1] La Lidia. revista gráfica taurina. Año II, N° 7, México, D.F., 8 de enero de 1943.

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LA IMPORTANCIA Y LA ESENCIA DE CIERTAS “MINUCIAS” TAURINAS (XXV).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Noticias cazadas al aire, conforme uno va encontrando en el camino este o aquel dato, permiten entender rasgos y particularidades que, como he apuntado en otras tantas ocasiones, configuran la tauromaquia mexicana decimonónica, sobre todo cuando se trata de aquellos que se desarrollaron, al menos, en la segunda parte de aquel siglo. Van a ser este tipo de informes los que permitan conocer comportamientos, reacomodos y circunstancias que dieron al toreo un toque eminentemente nacionalista, surgido de aquel vigoroso mestizaje, resultado de tres siglos virreinales, agregando a todo ello el toque emancipador de esa centuria donde las aspiraciones independentistas también fueron a abonar el territorio taurino con una serie de condimentos como los que se podrán conocer en la lectura de estas cinco notas escogidas para la ocasión.

 DIARIO DE AVISOS, D.F., del 28 de enero de 1860, p. 3:

CARTEL_P. de T. PASEO NUEVO_27.01.1860_ATENCO

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO.

Función monstruo para la tarde del domingo 27 de Enero de 1860.

    Se lidiarán seis hermosos y valientes toros (que fueron de Atenco) cuidadosamente escogidos para esta función.

   En el momento oportuno, cuando no corra viento, tendrá lugar, a petición de muchos concurrentes la ascensión aerostática de un mono.

   El segundo toro de muerte lo gineteará el mono-aeronauta.

   El toro de la lid que fuese más a propósito, será banderillado a caballo por el hábil Ignacio Gadea.

   El tercer toro lo matará el andaluz aficionado D. Nicolás Conejo.

   El intrépido Ignacio Gadea ejecutará la difícil suerte de ¡matar hincado a un toro!

   Después de muerto el tercer toro, tendrá lugar el divertido intermedio de ciegos y cochinos.

   El primer espada Ignacio Gadea banderillará a pie el cuarto toro, alternando con los picadores.

   La función finalizará con UN VALIENTE TORO EMBOLADO que llevará en la frente MONEDAS DE ORO Y PLATA.

   Precios de costumbre.

    Lamentablemente al no contar con la imagen de aquella “tira de mano”, se desconoce la forma en que el ilustrador haya recreado alguna de esas expresiones, pero con el solo discurso ofrecido por lo anunciado en el programa, parece ser suficiente para que cada uno de nosotros podamos imaginar a que se refiere cada uno de los números anunciados para caso tan particular.

 DIARIO DEL HOGAR, D.F., del 22 de diciembre de 1889, p. 1:

   ¡Ya llegó! ¿Quién? ¡La adoración de Alberto del Frago y de todo el Círculo “Espada Ponciano Díaz” el encanto del alto y recto aeronauta Sr. de la Cantoya y Rico; el rey de todos los taurófilos poncianistas; el Carlo Magno, como diría “La Lidia” de Madrid, de los toreros mexicanos; el primer espada de la República, como diría Julio Bonilla, el simpático capitán y fundador de la prensa tauromáquica en México, compañero de viaje de los toreros nacionales a la Península; el espada de alternativa, en fin, el celebérrimo y archipopular primer espada Ponciano Díaz.

   ¡¡Ahora poncianistas!!

JOAQUÍN_JULIO y PONCIANO

    El aplaudido jaripeador, como le llaman los críticos españoles, de regreso de la capital del mundo taurino, trabajó en la plaza de Carlos III de la Habana dos corridas de toros los días 1º y 8 del corriente, con ganado mexicano, alternando el Manchao y Galindo, aficionado cubano.

   El ganado llegó a la Perla de las Antillas rebajado y sin ganas de dejar sus huesos en extranjero Rastro. Sin embargo, el matador de bigote se lució en sus arriesgadas estocadas de recurso, en las que demuestra sus conocimientos, y en cuanto a sus banderillas a caballo no hay para qué decir que obtuvo el mismo éxito que ha tenido en México después del gran charro invento de esa lucida y varonil suerte enteramente nacional, Ignacio Gadea, éxito igual al que alcanzó en España, y al que alcanzará siempre en todas partes.

   Después de las dos corridas que ha dado en Orizaba y puerto de Veracruz el 15 y hoy (22), hará mañana en la noche su entrada triunfal en esta metrópoli tuxtepecana, siendo recibido oficialmente por la Sociedad taurina “Espada Ponciano Díaz” que llevará músicas y vítores y larga cola de entusiastas poncianistas y de curiosos.

   Después de la solemne recepción en la estación, besamanos en la casa del ilustre matador, recepción de todo el gran círculo de su amistosidad taurina, serenata, lunch, discursos y espiches en prosa y verso sin tribuna; y después… después gran corrida de 5 o 6 fieras más feroces que la feroce fiera de San Cosme, en la Plaza de Bucareli, a dos pesos sombra y peso en sol, en la que el primer espada de alternativa, “tan aplaudido en las primeras plazas de México, España y la Habana”, se presentará nuevamente al ilustrado público de esta capital y en la cual corrida pondrá de manifiéstalo que trajo de España, según prometió en el programa de su corrida de despedida, en el que dijo que iba a traer algo.

   En la corrida de reaparición milagrosa, porque se salvó de las olas marinas, de los cuernos taurinos; de las caídas de caballo –porque no es jinete el que no cae- de la fiebre amarilla, del vómito prieto, de los ferrocarriles, de los ladrones y hasta de los críticos; en esa corrida de reaparición, decimos, se le decretará el triunfo mayor de los triunfos taurinos, se le coronará con rica corona de laureles de oro y plata, se le ceñirá lujosísima banda de seda con leyendas de oro y del color poncianista: azul celeste (sin que le cueste) y se le hará un nutrido bombardeo de bouquets, de abanicos, de galoneados jaranos, de cubetas, de bombas, de chilapeños, de gorritas con ventilación, de sarapes, de puros y cigarros de todas marcas, y lo aturdirán a él y a los toros y al juez de la corrida con la explosión de himnos nacionales, de dianas, de ¡vivas! de aplausos, de bastonazos y patadas, y de gritos de ¡Ahora, Ponciano! al compás de las danzas poncianistas.

   Ya veremos y diremos lo que entonces se haga, se vea y se diga.

   Por ahora prepárense los poncianistas y los curiosos a la recepción del famoso jaripeador en la estación de Buenavista.

   Parece que las P P están en competencia de festejosidad: unas veces Porfirio, otras Ponciano.

   ¡Ahora Ponciano!

 DIARIO DEL HOGAR, D.F., del 15 de junio de 1890, p. 2:

   Sabrán ustedes que el diestro español Frascuelo, alias Salvador Sánchez, se acaba de cortar la coleta en Madrid, lo cual, traducido al lenguaje vulgar para los que no están iniciados en los profundos misterios del tecnicismo taurino, quiere decir que el diestro Frascuelo deja los redondeles y se retira a la vida privada.

   Muchas felicidades.

 Y como aquí somos diestros…

en el arte de imitar,

algunos paisanos nuestros

van sin duda a trabajar,

para que el diestro Ponciano

(sin saber si le conviene)

se corte con diestra mano

la coleta que no tiene.

 DIARIO DEL HOGAR, D.F., del 22 de diciembre de 1889, p. 2:

 Agencia teatral taurina.-Participamos que desde el día 1º de Enero de 1890, el Director de El Arte de la Lidia, periódico fundado en 1884, establecerá en México, una Agencia Teatral Taurina, tal como existen en las capitales de Francia, España, Italia y otras naciones de Europa.

   Esta Agencia será el centro de contrata y representación general de empresas, diestros y artistas y se encargará de tratar todos los negocios relativos a espectáculos en esta capital y los Estados de la República, estando al efecto en combinación con las más importantes del extranjero.

AGENCIA TAURINA DE MÉXICO

    La Agencia, gestionará la compra venta de reses bravas para la lidia, ajustes de diestros y artistas, arrendamientos de teatros y circos taurinos, archivos, Sastrerías, Decorados, Figurines, Construcción de banderillas, artistas ecuestres y notabilidades para los Circos, Orquesta y Profesores e Impresores para toda clase de espectáculos.

   La organización de esta Agencia, tan necesaria en México, nos permite asegurar que ofrece las mayores ventajas y garantías lo mismo a las empresas que a los artistas y los honorarios estarán en relación con la importancia de los negocios.

   Director de la Agencia, Sr. Julio Bonilla. Calle del Arco de San Agustín 9.-México.

 EL DIARIO DEL HOGAR, D.F., del 20 de noviembre de 1892, p. 2:

José Marrero “Cheché”.-Es un hecho la separación de la cuadrilla de Ponciano Díaz del diestro José Marrero “Cheché”, el cual ha sido ajustado como matador, para seis corridas, por la empresa de la plaza de San Luis Potosí.

   Figuran en la cuadrilla de “Cheché” los banderilleros “Ojitos”, Ramón Márquez y “El Herradito” y los picadores Celso González y “Cantaritos”. 

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José Marrero “Cheché”

Disponible en internet, marzo 24, 2015 en: http://www.arcadja.com/auctions/es/vila/artista/94831/

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 HAY DE DUELOS… A DUELOS.

DEL ANECDOTARIO TAURINO MEXICANO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   El Tiempo, en su edición del 5 de noviembre de 1887, p. 2, publicaba sin autoría, la columna denominada METEMSÍCOSIS, que dicho sea de paso tiene un significado en el que siguiendo antiguas doctrinas griegas, se sustenta en la triple integración del ser humano, partiendo del espíritu, alma y cuerpo, componentes que pueden transitar de un cuerpo que ha dejado de existir a otro con vida, transmisión que representa una especie de continuidad del alma o Reminiscencia tal cual lo llegó a plantear el propio Platón.

   Pues bien, en dicha columna, el autor sin nombre da título a su colaboración “Los toros hombres.-Los banderilleros padrinos”. Veamos de qué se trata.

    ¡Gloria a las ilustraciones del actual Congreso! Dijeron que con los toros los mexicanos iban a ser más hombres. Pues… ¡se realizó!

   Juzgábamos que con el Rastro de Ciudad bastaba para los valientes de los barrios de San Pablo y la Palma, y era verdad; mas de las clases ínfimas debía partir la valentía hasta… ¡los gomosos! ¡All right!

   Tres plazas de toros hechas, y 2 o 2,000 por hacer, son otras tantas escuelas de valor, que no deben ser despreciadas, y los descabellos, los naturales, los volapiés, etc., etc., deben decidir sus desarrollos, y la lidia actual, la muleta y el puntillero, necesitan colegas ilustrados. Tres periodistas españoles vienen a dirigir algunas de esas interesantes y progresistas publicaciones, para las cuales, no nosotros, parias, sino los ciudadanos Combate y Monitor tienen el más estricto deben de solicitarles subvención, pues en materia de toros tienen profundos aunque ya rancios conocimientos.

   En la plazuela de las Vizcaínas, en las calles, en los patios de vecindad, en las escuelas nacionales y aún en algunas privadas; en los redondeles, en suma, en todas partes, hay corridas de toros, simuladas en unas, y en otras reales pero en fin en todas partes se oye ¡¡¡EL TOROOOO!!!

   Mas, a decir, sólo en una parte no se presenta tan popular lidia, yes en el antiguo Teatro de Iturbide; y por cierto que no por culpa de gentil troupe, que cuenta al menos con dos magníficas espadas, o creo que más, pero… ¡por falta de toro!

   Mas en fin, la lección de San Rafael, (no el arcángel, ¡Dios nos libre! sino la metempsícosis del chocolate de Tabasco) Colón (no el descubridor de América, sino… los empresarios X y Z) y el Paseo (que se anemizó con todo y el pasto de Atenco, han dado verdaderas lecciones de valor viril y racional que para nada han resultado infecundas.

   Algo más creemos: sinceramente lo decimos. Esos cornúpetos y cornulongos; esos joscos y esos… ¡qué sé yo qué! al morir en la arena, coronados de papel, de cohetes; escuchando en su agonía los hurras del pueblo; exhalaron no lo dudamos, en un momento, su espíritu guerrero, el cual, por premio de acciones que no los espíritus graves sino todo el pueblo mexicano en comicio, le decretó que debía morar en… otros más sublimados seres.

   Mas no sólo debemos en tributo de admiración a los que proclamaron la libertad de espectáculos, tan fecundos en valor sin que ellos hasta ahora hayan dado uno solo, (por lo cual, no los culpamos, pues comprendemos la razón), sino que también felicitamos a los que en banderillas las clavan tan bien, que el cronista dice: “palmas y pesos” y aún a los que, sin grave peligro, las ponen mal; esos espíritus también emigran y ya se sabe dónde.

   Allí los toriles espíritus premiados que emigran por galardón a seres superiores, encontrarían un redondel digno de ellos. Han hallados ya médicos, (íbamos a decir albéitares) que restañen su sangre; allí podrían encontrar quien admirara y aplaudiera su agonía. Tienen periódicos que celebren el continente imperturbable que conservan ante… el crimen; allí tendrían la Lidia y Ca. en fin, de moda los toros, se han puesto a la derniére los desafíos, que son nada más que la metamorfosis de los primeros, y como de actualidad los reputamos, los tratamos como de actualidad.

   Fiebre y muy ardiente existe hoy en México por el duelo. Terminado unas veces en sainete, otras en drama, demanda risas o lágrimas, pero su invariable consecuencia es la que dedujo, merced a sus tradiciones, el Sr. D. José Simeón Arteaga, recordando el origen del vulgar refrán: “tras de cornudo apaleado”, y que publicó nada menos… ¡Masones! ¡De rodillas! ¡Tontos! ¡A la mano el sombrero! Nosotros lo vamos a pronunciar con todo respeto y balbucientes: E-l – Mo-ni-tor – Re-pu-bli-ca-no… ¡Al fin no nos morimos! ¡Loado sea Dios!

Duelo-a-sable.-Ilustraci-para-fensas-y-desafíos-de-Eusebio-Yñiguez.-Madrid1890

   Aquellos famosos desafíos deben haber terminado con representaciones como la que sirve para ilustrar el presente texto. Disponible en internet, marzo 19, 2015 en: http://blogs.diariovasco.com/correo-historia/2015/02/02/espana-y-sus-problemas-con-la-historia-otra-vez-de-victor-ros-a-los-supervivientes-de-auschwitz-de-la-desesperacion-a-un-pequeno-rayo-de-esperanza/

    Lo que la sociedad estima es lo que sale para el cementerio o para el hospital de sangre. Pocos desafíos hay, en los cuales se dice, por supuesto por lo que nada creen: “si los dos se matan gana la sociedad”, y en esos… ¡ay de mí! ¡Ambos ilesos quedan! Sainete o drama, cualquiera cosa que sea, de todos modos es crimen, con la circunstancia atenuante de la farsa, o con la agravante de la premeditación.

   Mas lo que nos irrita, no diremos que nos asombra, es que cierta prensa, bien desacreditada por cierto, elogie el modo con que se portan los… no sabemos si dementes o malvados. Que lo que se llama “la palanca del siglo”, se constituya en concurso de los naranjeros de las plazas de toros y en los espectadores de las peleas de gallos, francamente nos incomoda como el mosco que antes de picarnos zumba.

   En una época, llamada de tinieblas, se apeló a “los juicios de Dios” condenados por los verdaderos tribunales de Dios; más que en una época, en un siglo que a si mismo modestamente se ha llamado de las luces se pregone la barbarie, no nos lo explicamos sino en teoría, con Darwin y Rousseau, es decir, con los padres de los animales y de los salvajes, y en la práctica, con la Constitución y las leyes de Reforma.

   Cada día, con iniciales o sin ellas, se anuncian uno o más duelos. Con todas sus letras, “corridas de toros”, creemos que se nos debe permitir una apostasía, que hasta se premia con $500 en las leyes nada menos… ¡Liberales, postrados” ¡DE REFORMA! ¡Creemos en la metempsícosis!

   Los toros que no son cobardes; que matan sardinas, una docena; picadores que mojan, dos o tres. ¡Salve! Pero más, si, mil veces más, los floretistas que pican por misericordia el hígado. Los tiradores que bondadosamente hieren las piernas en vez del corazón; también… (¡pues cómo no!)… los misericordiosos padrinos que procuran cargar las pistolas con migajón, o que al contrario con dinamita las preparan, y azuzan cual lebreles a los contendientes, para que no la primera sangre sino la muerte los satisfaga, y luego sus aullidos sean el canto de los funerales, ¡salve también!

   Al delirio actual de desafíos queremos oponer un poderoso dique. ¿Lo encontraremos en la Religión? Los que se desafían, o la olvidaron, o no la aprendieron o son incapaces de abrazarla. ¿En el gobierno? Mas vale omitirlo. ¿En las leyes? Marchemos al Museo. Pues entonces, ¿dónde?

   En tiempo de Federico el llamado grande, hubo una secta que asesinaba a los recién bautizados ya. A esos locos no los mandó al patíbulo, sino al manicomium. Del enemigo el consejo.

   ¡A matarse, lagartijos! O a tomar reconciliatorias copas.

   Periódicos liberales, grandes poetas, trovadores populares jóvenes o viejos, oíd:

 Lo que en el pobre es borrachera

En el rico es alegría.

 canta nuestro filosófico pueblo, y nosotros decimos: “lo que en los léperos es riña simple en los señores es conato o asesinato con circunstancias agravantes siempre”, y luego… Que se pondere su actitud, su valor, su arrogancia y hasta su belleza.

   Nosotros, a esos periódicos recomendamos que busquen algún viejo poeta callejero que componga las coplas, y no a Offenbach, sino… a un desconocido, para que escriba las notas de esa sublime danza, y mientras tanto que adopte la conocida música que ya habrá aprendido y la sabida frase que en seguida le recordamos por si la hubiere olvidado, para que la repita en perspectiva de cualquier desafío futuro:

 Ahora, Ponciano,

Capas al toro,

No seas desdoro

Del Tulipán.

PLAZAS DE TOROS_EL SIGLO XIX_20.12.1887_p. 3

    Y para rematar esta nota, debo adelantar una inserción que apareció casi mes y medio después en El Siglo Diez y Nueve, edición del 20 de diciembre de 1887, p. 3, informado sobre las plazas de toros existentes en la ciudad de México al concluir aquel año, con objeto de que estos nuevos datos, sirvan como complemento de la nota que aquí ha sido recogida, y en la cual abunda un ejemplo de práctica cotidiana: el duelo, reproducida –a lo que se ve-, en las plazas de toros, puesto que cada festejo, cada corrida, significaba un “duelo”, el que un torero armado de muleta y espada, también se enfrentara “en duelo” con el toro, a sabiendas que su buen acierto con el alfanje permitiría convertirse en el afortunado de aquella circunstancia. Además, se aprecia otro trasfondo, la actitud de cierto sector del grupo liberal que tuvo a bien ser el señalado como el liberador de aquella disposición que había impedido los festejos taurinos, bajo el incumplimiento posterior de que los beneficios reflejados en tantas ocasiones de celebraran estos, servirían para acumular un sólido fondo de apoyo para las obras del desagüe del Valle de México. Como acabo de decir, este propósito no se materializó, y los dineros que se movieron, deben haber en su mayoría bajo el control de empresas, toreros y ganaderos, siendo el Ayuntamiento quizá, el menos beneficiado, aunque la administración pública había tomado “por los cuernos” a la propia fiesta, para que realizara sus pagos respectivos por conducto de un buen número de empresarios encargados del nuevo negocio.

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CONVERSACIONES DE DOS TAURINOS QUE CUESTIONAN LA TAUROMAQUIA EN 1887.

DEL ANECDOTARIO TAURINO MEXICANO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   En El Tiempo, del 3 de noviembre de 1887, p. 2, se publicó una extensa narración que rubricó Manuel Arol. No tengo más datos sobre dicho autor, pero lo que sí puedo adelantar es que, algunas conversaciones que por entonces seguía publicando Guillermo Prieto, parecen ser la referencia para que Arol se animara a escribir tan largo como parecido diálogo, mismo que ahora pretendo recoger en su totalidad, para que lo disfruten los lectores. Y no solo eso. También para que se entienda la discusión que habría entre dos personajes que ponen en entredicho a la tauromaquia que, por entonces estaba tomando unos niveles de apasionamiento como nunca antes se habían registrado en nuestro país, particularmente en la capital del mismo, espacio geográfico que estaba saturado, a esas alturas del año, con registros que no se habían alcanzado hasta entonces. Al final de este trabajo, lo comprenderemos mejor, si nos acercamos al balance en que habrán de aparecer esos datos fríos en que se pueda contabilizar la cantidad de festejos que se celebraron en el curso de una larga temporada, que arrancó el 20 de febrero y fue a terminar en el mismísimo mes de diciembre, por lo menos hasta el día 25 en el que todavía se registra actividad. No debe olvidarse que este trabajo (me refiero al Anuario Taurino Mexicano, 1887) recoge todas aquellas noticias habidas en el país, lo cual dimensiona aún más esa dinámica que fue a convertirse en una especie de caja de resonancia, aunada a la cotidiana circunstancia de otros tantos festejos celebrados en diversas provincias, como resultado de ferias o fiestas en honor del santo o santa patronos de este o aquel sitio, lo cual entregará como balance una cantidad que ni por casualidad se acerque al año inmediatamente anterior. Si nos atenemos al resultado de aquel registro, conviene, como referencia el siguiente recordatorio:

 BALANCE FINAL (AÑO 1886):

    Como en los anuarios que preceden al que ahora concluye (1852 y 1853), también presento a continuación un cuadro sintetizado de la situación, con objeto de tener idea aproximada en cómo se comportó el año taurino mexicano de 1886.

BALANCE 1886

 Probablemente exista un porcentaje de error en esta contabilidad. Sin embargo, es lo más cercano a la realidad.

   Escuchemos o leamos a continuación diálogo tan anunciado.

 Los toros.

 -Ya es hora, me dijo mi amigo Fileno entrando como torbellino y espantando a las Musas, si es que estaban allí; pero espantado, no cabe duda, a un consonante que ya iba a pescar y que desde entonces no he podido volver a encontrarlo.

Pero hora de qué? dije soltando la pluma y mirando el reloj de pared, para ver qué hora esa tan extraordinaria.

   –Ya la gente corre, ya se agita, como dice Homero.

-Hombre! ya comprendo por qué desde que llegaste me estás hablando en griego.

-Pero toma el sombrero, empuña el bastón y de dos en fondo por la derecha ¡marchen! es decir, marchémonos.

-Bien, vámonos; pero antes, ¿quiéres decirme por qué se agita la gente y por qué corre, si no estamos en el sitio de Troya?

Nuevos héroes aparecen que sobrepujan a los antiguos…

-Hola! ¿sigues con los poetas épicos?

-Épico es el espectáculo, heroicos los lidiadores, y siento mucho que Virgilio no hubiese vivido lo bastante para que hubiera cantado una corrida de toros: Arma virunque cano…

-Hombre, sí! esa arma es la muleta y el hombre será Cuatrodedos o Mateito.

-Yo no sé, exclamó con entusiasmo, cómo Núñez de Arce en vez de la última lamentación de Lord Byron, no cantó “El último capeo de Cúchares”.

-Oh! le interrumpí, los poetas no saben lo que se pescan, y el gran hombre del siglo XIX sería el que dignamente cantara una estocada por todo lo alto, el vuelo de los trastos, el relampagueo de la espada y la sangre saltando para regocijar los sensibles corazones…

-Oh, oh, ya Leconte de Lisle lo ha dicho:

 “On eût pu voir alors famboyer et courir

Avec un sifflement lépée á large lame,

Et du col convulsif le sang tiede jaillir.

 -Pero hombre, dije escandalizado: Leconte de Liste, no cantó los toros; ese terceto es de su poema “Le jugement de Komor”, y el degüello no es de un verraco, sino de una mujer.

-No importa! Ya que los poetas no lo cantan, yo aplico sus versos al sublime espectáculo.

-Te aplaudo, Fileno, en eso: de modo que al alternativo que esté al quite le aplicarás aquello de la Eneida:

“Me, me adsum, in me convertite ferrum”

   O más bien:

“In me convertiré cornua”.

-Oh gracias! no se me había ocurrido. Ya veo que eres taurófilo, y lo veo con gusto, pues

“Antes es un alto aprecio

De pensar que deben todos

Adorar lo que yo quiero”.

 -Ahora salimos con Sor Juana Inés.

-Ella sí debe haber gusto de los toros.

-Opino, amigo Fileno, lo contrario, pues a ti y a todos los primeros espadas del mundo pudiera decir:

“Que es mengua

Decir que te ayudaste de puñales”.

 -No insultes a los toros, porque eso es insultar al progreso.

-También la fiebre de la pobre de tu tía ha progresado de ayer acá; ya ves que hay progresos malos.

-Al fin retrógrado! dijo con un gesto de atroz desprecio. ¡Ya sé que eres refractario de la civilización!

-De lo que tú y los tuyos llaman así ¡trueno de rayo! no puedo negarlo; tan retrógrado como Iriarte, que decía:

“Cosa es de zopencos

Cosa es de zoquetes

Gozar con los toros,

Gustar de cohetes”.

    Y vaya que el cantor de la música no tuvo la dicha de conocer los cohetes de dinamita, que no es mala música.

EL CHISME_17.11.1900_p. 1_GRABADO JGP

El Chisme, 17 de noviembre de 1900, p. 1. Grabado de José Guadalupe Posada.

 -Ese Iriarte debe haber sido un rapa velas, un sacristán, una rata de sacristía. ¡Despreciar la dulce música de los cohetes y tratar mal a las sublimes corridas de toros…! Si yo supera todos los necios epigramas de Sedano, se los repetía.

   Los toros, las corridas de toros, prosiguió entusiasmándose, hacen conocer a la humanidad su propio valer; hacen patente la fuerza de la inteligencia sobre el bruto y…

-¿Quién te ha contado eso? Dije echando un vaso de agua fría sobre aquel entusiasmo.

-Estás ciego o eres tonto. ¿Qué representa el toro? la fuerza bruta. El hombre junto a él parece débil y despreciable. Y sin embargo, ¿quién es el vencedor? ¡El hombre! la inteligencia!

-En primer lugar, amigo Fileno, muchas veces el vencedor es el toro.

-¡Es una excepción!

-Que hace tu argumento malo, porque malum ex quoqumque defectu.

-¡Deja la lógica, que se trata de toros”

-No la dejaré, puesto que tratas tú de inteligencia.

-¡Concluye! ¿Qué tienes que decir en segundo lugar?

-Mira, Fileno amigo: Si tu vieras que salían al redondel ocho o nueve toros, contra un solo hombre, y que éste pretendía luchar con ellos, y que al fin, como era necesario, salía vencido, ¿qué dirías en alabanza de los toros?

-¿Qué había de decir? tantos toros contra un hombre no probaban nada.

-Pues aquí te quiero ver. No es un hombre que lucha contra un toro, son ocho, son nueve, son mis hombres que van a luchar contra un solo animal.[1]

   Los unos capean ayudándose mutuamente: otros; auxiliados de la fuerza de otro bruto, lo esperan con la garrocha, pero entre tanto algunos están al quite, los cuales

 Ni quitan ni ponen rey

Pero ayudan al señor.

 -Pues dime, hombre de Dios ¿qué hará contra tantos?

   El animal que a Europa fue tan caro?

   ¿Qué triunfo de la inteligencia n qué calabazas? Si a dos astas no hay toro valiente ¿cómo lo habrá contra dos astas, seis capas, dos banderilleadores, un espada y el alternativo, añadiendo a ellos el cachetero?

   Aquello no es una lucha, es una traición.

   Es un abuso de la fuerza de muchos.

   Es una complicidad del hombre con el caballo contra el toro.

   Es en fin que

 Vinieron muchos toreros

Y salieron victoriosos,

Que el diablo ayuda a los hombres

Cuando son más que los toros.

    ¡Vaya un modo de emplear la inteligencia!

   ¿Sabes, buen Fileno, como emplea tan sublime don el hombre, quiero decir, el hombre torero? Pues atiende, chico, atiende, que el tal sabe bien que el toro embiste con los ojos cerrados, y viendo eso la razón, la sublime razón humana: ¿esas tenemos? se dijo, pues yo abusaré de esa tontera irracional del toro y le sacaré la vuelta, y hasta pondré banderillas al quiebro.

-¿Ya te va pareciendo que el toreo redunda mucho en honra y gloria de la inteligencia y de la razón?

-¡Pero tu argumento no advierte que el hombre muchas veces es cogido por el toro!

-Ahí tienes ese triunfo de la inteligencia que tanto cacareabas.

-Es decir que cuando el hombre es cogido por la fiera…

-Entonces, querido Fileno, el hombre ha sido más irracional, menos inteligente que el bruto, pues no ha sabido aprovecharse de la circunstancia de que éste cierre los ojos.

-¿Y cuando el hombre vence?

-Eso prueba que el toro es bruto y nada más.

-¿Y no aplaudirás siquiera a los picadores?

-No enteramente, porque las dos terceras partes de los aplausos les reservó para los caballos.

-No me convences, no, ¡voto al voto! pero voy a demostrarte que no tienes razón, con un argumento más concluyente que todos los de la Summa.

-Venga, que aunque no venga con los ojos cerrados, aquí lo espero a pie firme.

Pues bien, la estadística prueba que las corridas de toros son moralizadoras ¡habla la ciencia!

-Que hable hasta por los codos, que yo me encuentro armado de paciencia.

-Pues aquí mismo, en México, se ha notado que las tardes en que hay corrida, disminuyen los crímenes, la policía tiene menos que hacer, las puertas de las cárceles casi no se abren, y al día siguiente el señor gobernador del Distrito tiene muy poco quehacer en la consigna. ¡Hasta la consigna viene en favor de la civilizadora diversión de los toros!

Al diablo la consigna, diré con Fritz el de la Gran Duquesa, y ya veo que no tu argumento, sino tú es quien tiene los ojos cerrados.

-Tengo curiosidad de saber lo que respondes.

-Dos cosas; y a dos astas no hay argumento valiente.

-Ya escucho.

-Pues en primer lugar, Fileno amigo, quiero que me digas ¿los días  en que hay corridas de toros, se aumenta el número de gendarmes?

-No ciertamente.

-¿Y se ocupan éstos en las plazas?

-Sí, por cierto.

-Luego todos los gendarmes que están en los toros, no andan en las calles.

-Que responda Pero Grullo.

-Luego las calles y las plazas que no son de toros, y los callejones y demás andurriales, no están igualmente cuidadas el día de corrida que el día en que no la hay.

-¿Y qué infieres de eso?

-Que lo que ha disminuido no son las faltas a la policía, sino que ha disminuido la policía para las faltas.

-¡Hombre!

-Que hay delitos como siempre, que como siempre hay delincuentes, pero como no hay quien los vea, ni quien los aprenda, las puertas de las cárceles casi no se abren, y al día siguiente el señor gobernador no tiene consignados para poder hacer la consigna.

-Es de pensarse tu primera respuesta.

-Pues la segunda no necesita una tan grande meditación, porque es tan clara como la del huevo y tan sin salida como la calle de Lerdo.

-Protesto contra las alusiones políticas.

-Pues ven acá, alma de cántaro: doy por supuesto que durante la tarde en que hay toros, disminuye la criminalidad…

-Bien ¡trueno de rayo! así te quiero ver, razonable, y con talento; ¡luego las corridas de toros moralizan!

-Niego la consecuencia.

-Convienes en que mientras hay corridas de toros, hay menos desmoralización en la calle.

-Pase, convenido.

-Luego la causa de que disminuya la desmoralización, son los toros; luego es una causa que moralice, luego de esa diversión nace la moralidad, luego…

-Luego siguen con los ojos cerrados.

-¿Por qué?

-Porque no ves.

-¿No veo qué?

-No ves que las corridas de toros despiertan y avivan las malas pasiones y los pésimos sentimientos; que son una escuela de sentimientos bajos y degradados, y en consecuencia que son una preparatoria de crímenes y desmoralización.

-¿Pues entonces cómo admites que disminuya la criminalidad…

-Ven acá, bobo…

-Protesto contra las personalidades.

-Protesta, pero ven acá. ¿Sabes que en Londres hay verdaderas escuelas de rateros…?

-¿Quién no lo sabe? ¿Pero qué tiene que ver…?

-¿Y no crees que mientras los discípulos están reunidos y los maestros dando la lección, tienen que disminuir las raterías en Londres?

-¡Hombre!

-Dime, si todos los ebrios se reunieran a una hora determinada, en las cantinas, ¿a esa hora no disminuirían los ebrios en todas las calles?

-¿Es decir que…?

SURREALISMO DE JGP_FONDO DÍAZ DE LEÓN_2

Disponible en internet, marzo 18, 2015 en: http://www.museoblaisten.com/v2008/indexENG.asp

 -Es decir que a la plaza de toros se va a aprender, y mientras se aprende ¡claro! no se ejecuta.

   Los que se van a desmoralizar, o a acabar de desmoralizarse en las plazas de toros, mientras estén allí no pueden estar haciendo fechorías en otra parte; pero ya llegará día en que lo que allí aprendieren se ponga en ejercicio para mal de la sociedad.

   Y vamos a ver, Fileno, admito plenamente tu estadística; creo a puño cerrado que cuando hay toros no andan los criminales por las plazas y calles y callejones de México ¿quieres más?

-¿Y qué deduces de allí?

-¿Qué? ¡friolera! que si no andan, es porque están sentados y precisamente en los tendidos. Mientras menos criminales me encuentres fuera, me conviene más, porque todos están dentro

-¿Y qué?

-¿Y qué? ¿y qué? ¿cómo que? que tan amañada es la diversión por los criminales, que hasta olvidan sus queridísimos vicios… por algunas horas.

-¡Figúrate qué diversión será diversión favorita de criminales!

   Si tú me dijeras: los ebrios, los peleoneros, los asesinos, no van a los toros, recomendarías esa tu diversión; pero qué probará si vienen a decirme lo contrario?

   Y si después de los toros el ebrio ya no se acordara del vino, ni el valiente de la navaja, ni el mal marido del garrote, ni… ¡vaya! pase, ¿pero podrás probarlo?

   ¿Callas? Pues yo sí podría probarte que todos ellos ceban y engordan sus malos instintos, por decirlo así, en la bárbara diversión.

   Al oír esto, Fileno se levantó, extendió una mano en actitud trágica y en tono inspirado exclamó de esta manera:

-Pese al fanatismo y a la superstición, el progreso avanza. Los Papas han manifestado constantemente su aversión a las corridas de toros ¡esto basta para juzgar la cuestión! ¡Guerra a Roma y viva el toreo!

   Roma locuta, causa finita. ¡Basta que Roma lo diga para que sostengamos lo contrario!

   El empeño de a pie y las estocadas fuera de cacho comenzaron la civilización, y el parear con las dos manos es el gran elemento de bien para los pueblos. No se debe sacar el toro de la suerte de varas con verónicas, sino con largas, y los peones deben correr al toro por derecho, y ningún espada debe ejecutar galleos aun cuando el toro carezca de pies, y aunque sean blandos o abantos.

   ¿Qué cosa hace la felicidad de los pueblos?

   No otra cosa sino un trasteo ceñido y guapo, tres pases por alto, dos con la derecha y un natural, hasta consentir al toro…

   Y así prosiguió entusiasmándose cada vez más, y yo, pues lo que es yo, me quedé mirando a Fileno!

 MANUEL AROL. 


[1] En toda plaza de primer orden, la cuadrilla deberá componerse de dos espadas y un sobresaliente, cuatro picadores de número, seis banderilleros y un puntillero. Tratado didáctico de la lidia.

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