ALGUNOS PLANOS DONDE SE UBICAN PLAZAS DE TOROS EN EL SIGLO XIX, EN LA CIUDAD DE MÉXICO. (1 de 2).

ILUSTRADOR TAURINO MEXICANO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

   A pregunta expresa de un apreciado navegante en este blog, el Sr. Jesús Alvarado, quien amablemente escribió para consultar el asunto, deseo contestarle con varias muestras gráficas, es decir algunos planos que ilustran otras tantas fuentes bibliográficas que se han escrito en torno al tema. Una de ellas es el libro de Lauro E. Rosell: Plazas de toros de México. Historia de cada una de las que han existido en la capital desde 1521 hasta 1936. Por (…) de la Sociedad Mexicana y Estadística, y del Instituto Nacional de Antropología e Historia. México, Talleres Gráficos de EXCELSIOR, 1935. 192 p., fots., retrs. ils. Allí encontramos este interesante documento que algunos años antes también se hizo publicar en Revista de Revistas. El semanario nacional. Año XXVII, Núm. 1394 del 7 de febrero de 1937. Número monográfico dedicado al tema taurino. Si bien recoge el testimonio de las plazas en función habidas en la ciudad de México en el año de 1889, esto tiene mayor significado pues permite entender que fueron esos cinco cosos los que funcionaban de manera cotidiana y habitual, al punto de que, por ejemplo hubo diversos días del año 1887 en que llegaron a celebrarse hasta tres festejos en una sola jornada, lo que indica el grado de tauromanía que alcanzaba este espectáculo por entonces.

PLAZAS DE TOROS_L. E. ROSELL_1

    Si bien falta la plaza de toros “Bernardo Gaviño” esta no aparece en el plano por encontrarse ubicada en el barrio de Jamaica, muy cerca del canal de la Viga, la cual estuvo administrada por Juan Corona, viejo varilarguero que perteneció a la cuadrilla del diestro portorealeño, por lo cual la ciudad capital tuvo, entre esos dos años, 1887 y 1889, 6 plazas de toros. Existen algunas otras versiones sobre plazas como aquella que pretendió levantar Rafael López de Mendoza, y luego otra, que cierta compañía pensaba construir a base de hierro y techo de cristal “con el objeto de no suspender las corridas ni aún en el tiempo de las fuertes lluvias”. A estas plazas sumaban también las del Huisachal, Tlalnepantla, Cuautitlán y Texcoco pues estando a tan corta distancia, se podían considerar como dentro del Distrito Federal. De lo anterior, Enrique Chávarri Juvenal llegó a decir en El Monitor Republicano  del 25 de diciembre de 1887, p. 1, que:

    Todo lo que significa toros causa sensación.

   Y tan es así que los hombres de negocio comprendiendo que esto es bueno, tratan de explotarlo hasta donde no es posible ya; tenemos en México no siete sino once plazas de toros, porque las del Huisachal, Tlalnepantla, Cuautitlán y Texcoco están a tan corta distancia, que las podemos considerar como dentro del Distrito Federal.

   ¡Once plazas de toros!…

   ¿Cuál es la ciudad en el mundo que tiene siquiera la mitad?

   Y como si todavía esto no fuera suficiente, ya una compañía anónima ha pensado construir otra plaza de hierro y techo de cistal con el objeto de no suspender las corridas ni aún en el tiempo de las fuertes lluvias. Me cuentan que ya el dinero está listo, los planos aprobados y que dentro de pocos meses, tendremos un verdadero circo moderno, una gran plaza, que como luego dicen, echará el pie atrás a las numerosas jaulas de madera en que se lidian ahora toros en nuestra taurófila ciudad.

   ¡Doce plazas de toros!…[1]

   No era el servidor de vdes. mal profeta cuando hace dos meses anunció que en punto a circos taurinos pronto llegaríamos a la docena.

   El General Rafael López de Mendoza, otro entusiasta militar que demostró su inusual afición a los toros, como fue el caso de otros militares (Sóstenes Rocha o Miguel Negrete), formalizó solicitud de otra plaza más, cuyo proyecto no prosperó. Por resultar curiosa aquel propósito, incluyo a continuación la nota que, al respecto apareció en El Partido Liberal, del 13 de febrero de 1887, p. 3:

 TOROS y TOREROS.-La Comisión de Obras públicas ha presentado al Cabildo las siguientes proposiciones:

1.-Dígase a Don Rafael López de Mendoza, que si para establecer su escuela de tauromaquia en la 4° calle de la Magnolia, tiene que construir una plaza de toros, ocurra a la Dirección de Obras públicas para que le de la licencia y alineamiento respectivos.

2.-Si el referido López de Mendoza da funciones de paga en el local que construya, ocurrirá a Administración de Rentas municipales para que se le expida la licencia de estilo, previo el pago del impuesto de ley.

3.-Dígase al solicitante que una vez que remita el reglamento a que se refiere en su ocurso de 11 de Diciembre último, se ocuparán de él las comisiones respectivas, y consultarán lo que estimen de justicia.

   El propio integrante de la milicia, además autor de obras teatrales, en una de ellas Fotografías instantáneas. Cuadros Críticos. escritos en verso por el Gral. (…). Las Corridas de Toros. México, Librería LA ILUSTRACIÓN, 1888, 16. p., expresó su sentir sobre lo que significaba la presencia desmesurada de

  LAS CORRIDAS DE TOROS

 Estamos ya colocados

Según Zúñiga y Miranda,

Bajo el dominio de Tauro;

La elíptica está cambiada

En nuestras rancias costumbres

Y en México se desata

Un furor… diz que taurino,

Que parece arte de magia

Ver cómo ha cambiado todo

En unas cuantas semanas.

 

Solo se piensa en piquetes,

En las buenas estocadas,

En los buenos capotazos,

Verónicas y Navarras,

En el quiebro y el requiebro,

En la metida de vara

Y en un buen par delantero

Hasta la merita chapa

Del alma del animal;

Se entiende, la cosa es clara:

En saltar bien la barrera

Con mucha soltura y gracia,

En el breve descabello

A puro pulso, no es nada;

En el pase de telón

Que al cornúpeto desarma;

Naturales y de pecho

Con mucha destreza y calma,

En los lujosos recortes

Limpiando al bicho la baba

Y en otros mil perendengues

Que hoy tenemos en usanza.

 

En los bichos corni abiertos

Asti-finos y de lámina,

En el poder del cornúpeto

Y su colosal pujanza,

En su codicia al buscar

Al chulillo de la capa,

Encajándole algún cuerno

En el Portín Calatrava

Dejándole tan mal trecho,

Que cual bandera, en un asta

Se lleva los intestinos

Paseándolos por la plaza.

 

Hoy; los buenos estudiantes

No concurren a las aulas,

Porque dejan los estudios

En unión de camaradas

Que se van a contemplar

A Diego Prieto y comparsa.

 

Hoy; los empeños negocian

Como nunca negociaran,

Que la gente jornalera

Por ir al toro, empeñara

Hasta la única camisa

Que tienen puesta, de manta.

 

El comercio, nada vende,

Los negocios ya no marchan,

No se escucha más que ¡toros!

¡Toros ¡ ¡Toros! Y no es nada,

Lo que es peor todavía

Mil pleitos y puñaladas,

Borracheras a granel

Y pendencias en las plazas,

En presencia de señoras

Que tienen de hielo el alma.

Los teatros no tienen gente,

La concurrencia es escasa:

Y es tal la costumbre ya

Que tiene, de batir palmas

Creyendo estar en los toros

Entre bulla y algazara,

Que hasta el pobre alumbrador

De un teatro de cuarta escala

Fue victima ya hace días

De insolencias y amenazas.

 

Son tantos los personajes

De coleta que aquí vagan,

Que a México han declarado

Completo corral de vacas,

Hagamos pues el retrato

De esta gente tan bizarra.

 

Una trenza delgadita

Perfectamente trenzada

Debajo del occipucio

Como un galeno llamara;

Unas mechas a los lados

En las sienes, aplastadas,

Y un mechón sobre la frente

A lo Bell; lampiña cara;

Y un fieltro cual quesadilla

De muy regulares alas.

 

Una chaquetilla corta

Cayendo sobre una faja

De trescientos mil colores

Perfectamente ajustada,

Camisa de fina tela

Con la pechera ahuevada,

Chaleco a todo descote

Con leontina aquilatada

Semejante a un calabrote

Con dijes y faramallas;

Anillos en cada dedo

Do se fijan las miradas

De todos los lagartijos

Y de espumosas lagartas.

Pantalones ajustados

Donde señalan las nalgas

Y… las piernas, por supuesto

Nada más eso faltara

Que no enseñaran sus formas,

Figuras tan… ¡lengua calla!

Que hay verdades como un dulce

Y que sin embargo amargan

Porque no saben comerlas

Los que tienen que tragarlas.

 

Pues bien: van á la Concordia,

Invaden toda la casa,

Forman diversos corrillos

Y en ellos lanzan palabras

Tan soeces y groseras

Que causa grima escucharlas,

Y aquel centro de reunión

De gente bien educada

En otros tiempos, hoy es

Una perfecta cloaca.

 

Los días de toros ¡Jesús!

De fantasía se acicalan

Y acuden á la corrida.

 

A ser héroes en la plaza,

Y por verlos torear

Escuchan lo que allí pasa:

Hombres, mujeres y niños

Se agrupan allá en la entrada,

Se machucan y apabullan,

Se esprimen si no se aplastan,

Se roban unos a otros,

Se lanzan fieras palabras,

Salen a luz los puñales,

Los tranchetes y navajas,

Pistolas y cortaplumas

Y tiradas de naranjas;

La tropa da culatazos

A la terrible oleada

De gente, que se desquicia

Por penetrar a la plaza;

Una vez en los lugares

Que han tomado con mil ansias,

Sale al ruedo la cuadrilla

Precedida de una marcha

Y cambiados los capotes

Como es allí de ordenanza,

Sale a la arena el primero,

De muchas libras y estampa.

 

Recorre el toro el anillo

Rugiendo feroz de rabia

Y desde el opuesto extremo

En vez de caballo, un arpa,

Vé que monta un picador

Que allí le espera con calma;

Llega, la puya se siente

Sobre el morrillo, y el asta

Introduce con encono

Del animal en la panza,

Vaciando completamente

La cavidad que formara:

 

El picador cae al suelo,

Con trabajos se levanta

Mientras que al quite se pone

Según el arte, el espada

A cubrir al desdichado

Con una suerte de capa.

 

Esta cosa se repite

Muchas veces, la algazara,

Los gritos y los denuestos

Se ponen allí e privanza,

Y grita el pueblo sediento

¡Más caballos a la plaza!

. . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . .

 

Tocan a cambiar la suerte

Y el banderillero marcha

En pos del fiero enemigo;

Poco a poco se le encara

Con un palo en cada mano;

El bicho le vé, le arranca

Y aquel hombre se le escurre

Clavándole el par; las palmas

Retumban por el espacio,

Suenan después las dianas,

Unos tiran sus sombreros,

Otros puros, otros plata,

Y una completa ovación

Termina la suerte. Calma

Su furor la plebe luego

Porque la corneta marca

Que es la hora de la muerte,

Y a la lid, sale el espada.

Con ella y con la muleta

A la presidencia avanza

Y una breve alocución

Como Juvenal llamara,

Autoriza al matador

A dar al bicho de baja.

 

Llega, le da varios pases

Y cuando el toro se iguala,

Le tiende presto en la arena

De una soberbia estocada.

 

Salen después las mulillas

Compuestas o enjaezadas,

Y cargan con el cornúpeto

Hacia un corral de matanza.

 

Así se lidian seis toros

Y la sangre se derrama

Sin compasión en el circo

Y el pueblo grita y aclama

En confusa vocería

Y frenéticas palabras

A todos y a cada uno

De los toreros; la calma

Tan solo se restablece

Al prevenir cada tanda.

 

No siempre sucede esto

Porque esta es corrida magna

Y está mejor y es más buena

Si un toro a un torero mata,

Como pasó con Saleri

En la semana pasada,

Pero cuando más se agitan

Las humanas oleadas

Encima de los andamios,

Cuando se escuchan bravatas

Y hay muertos, golpes y heridos

Y prisiones y amenazas,

Es cuando los toros malos

No destripan a las arpas.

Entonces, ¡poder de Dios!…

Vienen sillas a la plaza,

Arrancan tablas, tablones,

Las barreras y las vallas

Y volcán en erupción

Es aquel lugar; la zambra

No termina sin sus muertos

Y algunos por las pedradas,

Hasta que la policía

Interviene en la cruzada.

 

Estos, estos son los toros,

En nuestra querida patria;

Estas son las diversiones

Que tenemos en usanza

Y el resultado se ve

De una manera muy clara.

 

¡Quién! ¡quien nos hubiera dicho

Que el destino reservaba

A la gran Tenoxtitlán

Tanta y tanta y tanta plaga!

El juego, las espumosas,

Los toreros, frailes, nanas

De aquellas de caridad,

Misioneros y comparsa

Que acaban con el dinero

Que se acuña en mil semanas.

 

¿Y después?… toman el flete

Volteándonos las espaldas

Y sacudiendo la ropa,

(no los costales de plata)

y exclaman ya en el vapor

¡Este país, sí que es Jauja!

¡Estúpidos mexicanos!

¡Qué necios son! Por la pascua

Tornaremos otra vez

Que son buenas las ganancias!

 

No ha mucho que alguien decía

Que el pueblo que dá pedradas

A los toreros, no es pueblo

Sino salvajes… ¡Que infancia!

 

Cuando ese pueblo a mi ver,

Ese pueblo, hablando en plata

Da prueba de su cultura

Obrando así; no maltrata

Ni ha maltratado jamás

A la Patti o la Peralta,

Recompensa a los artistas

Que de aquí van a su patria

Llevando gratos recuerdos

Y halagüeñas esperanzas.

 

Hoy ya tenemos los pleitos

Por mayor; ha unas mañanas

Que un Cuatro dedos y otros

En unión de ciertas damas

Del callejoncito aquel,

Ya saben, aquel de marras;

Se arañaron y pegaron

En Capellanes; navajas

Según nos cuentan salieron

A relucir, sevillanas,

Y hubiera sido un motín

Si no ocurre la montada.

 

Ya ven pues nuestros lectores

Que nada, nada nos falta

Y que si Dios no lo enmienda

Viviremos entre astas

Por conceptuar feliz

A nuestra querida patria.

 

En vez de teatros y escuelas

Hoy tenemos nueve plazas;

Que han costado capitales

De regular importancia:

Una: “Plaza de Colón”

Frente a Pane situada;

Dos en el Paseo Reforma;

“El Huisachal”, “Tlalnepantla”,

“San Rafael y Belem,

“En la Viga y Tacubaya”

Y tres más que hay en proyecto

Según la prensa diaria.

 

Hay además, cuatro escuelas

Llamadas de tauromaquia,

Otra en Toluca, otra en Puebla,

Otra en la culta Orizaba

Y otra, entre nosotros mismos

Cuatro veces por semana.

 

Los cuernos por todas partes

Con profusión se propalan

Y con frecuencia hay quien sufre

Continuamente cornadas.

 

Bueno será que el Congreso,

Con una buena plumada,

Suspenda de entre nosotros

Esa diversión tan bárbara;

Que viene siendo terrible,

Más que terrible una plaga,

Que arruina a la sociedad

Y a la patria mexicana.

 FIN

   Definitivamente se trata de una de las mejores visiones que hoy tenemos para entender la dimensión y la importancia -quizá el furor- que causaron los espectáculos taurinos en la ciudad de México luego de reanudarse estos en febrero de 1887.

CONTINUARÁ.


 

[1] Enrique Chávarri, al citar esa docena de sitios para la celebración de corridas de toros, se refiere, como ya lo decía a las del Huisachal, Tlalnepantla, Cuautitlán y Texcoco. Además, y en orden de inauguración durante 1887, están las que siguen: “San Rafael”, 20 de enero de 1887; “Colón” y “Paseo”, 10 de abril de 1887; “Bernardo Gaviño”, 15 de mayo de 1887; “Coliseo”, 18 de diciembre de 1887. Seguramente, para completar las once que menciona, debió incluir dos más que pudieron funcionar efímeramente, pero de las cuales no hay mayor información. En El Monitor Republicano del 30 de enero de 1887, p. 1, dice el mismo personaje: “La otra plaza [además de la de “San Rafael”] está entre los paseos de la Reforma y Bucareli, en consecuencia puede llamarse la mejor situada. También allí se trabaja a toda prisa; ejércitos de carpinteros clavan tablas y pies derechos, más allá la reserva de pintores, brocha en mano, aguarda la señal para empezar la faena.

   La otra plaza, que será la más espaciosa, la de mayor fausto, se levantará en los potreros que dan frente a la Alberca Pane, el trazo está ya hecho, los cimientos a punto de terminar, solo se espera el gran armazón de hierro para armar aquel inmenso circo que dizque será de hierro y cristal.

   Estas son las plazas que antes de mes y medio estarán en explotación todas, pero hay más proyectos muy próximos a realizarse para construir otra en Peralvillo al lado del Hipódromo y otra en San Lázaro en terrenos de la colonia Morelos.

   Cinco plazas de toros vamos a tener.

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