LA IMPORTANCIA Y LA ESENCIA DE CIERTAS “MINUCIAS” TAURINAS (XXIV).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Las dos primeras notas que hoy aparecen en las “Curiosidades…” son la clara muestra de una fuerte crítica hacia un Ponciano camino a la decadencia, la cual no fue una casualidad. Este fenómeno fue causa de la baja de popularidad en la que cayó el de Atenco, debido a que por esos años y habiéndose convertido en empresario, cometió varios errores que le costaron el rechazo no solo de la prensa, sino de la afición, aunado a la debilidad de su imagen como torero. Esto se produjo a varios factores, pero el que más influyó fue aquel en el cual se crea un ambiente de confusión al entender que Ponciano traicionó las raíces con que se formó, trocándolas por aquellas de influencia hispana impuestas por el numeroso grupo de diestros venidos de allende el Atlántico para establecer un nuevo estado de cosas. Por lo demás, entérense ustedes mismos de qué pasaba con Ponciano Díaz.

PONCIANO DÍAZ y SU SOMBRA...

Ponciano Díaz… y su sombra. Imagen tomada hacia 1897. El fotógrafo, Winfield Scott. De la colección del autor.

 EL DEMÓCRATA, D.F., del 15 de febrero de 1895, p. 4:

PONCIANO DÍAZ EN MAZATLÁN.-En un periódico de Mazatlán, El Correo de la Tarde, encontramos, en forma epistolar, la siguiente pobre opinión del famoso matador de toros:

   Apreciable amigo:

   “Te ofrecí cuando viniera el diestro Ponciano Díaz, darte algunos informes de la primera corrida y a la verdad que ya estoy arrepentido de ello, no obstante te diré lo siguiente:

   “Todos los buenos aficionados de aquella barraca famosa, que ya no pertenece a sus dueños, teníamos grandes esperanzas que tanto Ponciano, que tanta fama se ha conquistado según dicen como su cuadrilla y además los toros, nos dejaron una grata memoria de la corrida de ayer tarde y ha sido más bien una gran decepción.

   “La corrida en general, fue un herradero sin orden y sin dirección. Todo el mundo tiraba su capote diera o no diera el caso, suerte de capa ninguna; en banderillas lo mismo, nada notable, todos entraban desde el vigía y salían por la loma. El matador sólo en la suerte de matar que estuvo regular y las banderillas a caballo, lo demás como un matador cualquiera; los quites brillaban por su ausencia. En fin, para no causarte una decepción completa para los que creíamos otra cosa, mañana se repite la función con el mismo programa; pero no podré darte razón de ella porque no quiero ser nuevamente engañado”.

 EL DEMÓCRATA, D.F., del 26 de junio de 1895, p. 3:

Mayormente es cierto.-Dice El Combate:

   “Una de las fases más salientes de nuestro carácter mexicano, o para mejor decir de nuestro carácter latino, ha sido eternamente el patriotismo exagerado. México es para nosotros el país más rico, el clima más hermoso, el pueblo más valiente, la Nación más patriota; no hay estatua en el orbe como la de Carlos IV, ni minas como las de Zacatecas, ni torero como Ponciano Díaz, ni sabios, oradores, artistas, poetas, calles, iglesias, monumentos, héroes, etc., etc., como los nuestros”.

   Ni mejores generales, ni mejores periodistas, a Dios gracias.

    La crítica demoledora que se lanzó contra Antonio Barbabosa deja ver que fue un personaje non grato en ciertos sectores de la sociedad toluqueña. Parece que Antonio era algo así como la “oveja negra” de la familia Barbabosa Saldaña. Sin embargo, Antonio no era propiamente el dueño de Atenco, ni tampoco de Santín. Para ese año, Manuel Barbabosa, su hermano era el propietario de Atenco y José Julio Barbabosa, su primo, el de Santín, así que conviene hacer estas aclaraciones. Es probable que Antonio tuviese un carácter complicado y eso no ayudara mucho para que la gente cercana o hasta los “chicos de la prensa” no lo soportaran. Pero Antonio, el Antonio excéntrico, en efecto era capaz de tomar el carruaje principal de la hacienda para alcanzar a Porfirio Díaz o Álvaro Obregón para luego hacerlos entrar a la casa principal, poniéndola a la orden de semejantes huéspedes. Por otro lado, la “Casa Barbabosa” fue habitada por varios de los hermanos y reflejó la ostentación de una familia, parte de los estamentos más representativos de la clase privilegiada.

   El grupo zapatista pasó por diversas poblaciones del Valle de Toluca en 1914. Los efectos de aquella experiencia fue bastante dura, y la secuela del “ñor” Emiliano dejó marca de fuego que tardó en curarse. No perdamos de vista que la dinámica de Zapata se produjo en un proceso revolucionario, de guerra, lo cual significa aplicación de métodos extremos. Sin embargo, en el sólo año de 1914 hubo, en el estado de México estos gobernadores: Joaquín Beltrán Castañares, Cristóbal Solano, Francisco Murguía, Rafael M. Hidalgo y Gustavo Braz Prada, pero ninguno con apellido Barbabosa. Si por “Gobernador Barbabosa” se refiere a la imposición que este personaje haya demostrado como figura pública en actos que pudieron haber sobrepasado la democracia más popular para convertirse en tiránica imagen que pudo verse estimulada por su posición social, cuyo reflejo pudo ser también una fuerte evidencia de autoritarismo. Lo demás, son especulaciones.

ANTONIO BARBABOSA SALDAÑA

Antonio Barbabosa Saldaña (Ca. 1925). Col. del autor.

 EL DEMÓCRATA, D.F., del 29 de marzo de 1915, p. 2:

Antonio Barbabosa se llama un individuo cuyo nombre ha figurado mucho… en los carteles de corridas de toros, porque es el dueño de las ganaderías de Atenco, Santín y otras.

   Barbabosa tiene en Toluca un palacio que se distingue porque en él, lo mismo las cornisas que los tallados de los muebles, entran en su composición “artística” cabezas de toros.

   Científico hasta la médula, nunca había aparentado aspirar siquiera al puesto de Gobernador, por más que jesuíticamente y siguiendo los impulsos de la “sangre”, fuera él quien, valido de su dinero, tuviera decidida influencia sobre los destinos del Estado de México, digno de mejor suerte.

   Cuando Porfirio Díaz visitó la ciudad de los chorizos, Barbabosa le recibió en la estación del ferrocarril, ofreciéndole su carruaje en el cual iban como cochero y lacayo, dos de sus hijos lo que no es de extrañarse entre aristócratas lacayunos.

   Tal es el Gobernador zapatista que tiene ahora la parte del Estado de México que está al dominio de las hordas del “ñor” Emiliano.

    Fueron propósitos muy claros, los de D. Julio Barbabosa de que sus toros, que eran los “toros nacionales”, toros criollos sin mezcla con sangre o simiente española (aventura que comenzó a darse a partir de 1924 en Santín), se lidiaran con el orgullo que este interesante personaje fijó como un propósito de viejo hacendado, pensando quizá, que con ese afán, recuperaba un pasado legendario. Dicha reacción no es casual pues para esos años, nuevos ganaderos, como Antonio Llaguno, o los González de Piedras Negras, Zotoluca y Coaxamaluca con su experiencia en el campo, que trajo consigo buenos resultados, comenzó a desplazar viejos esquemas donde sus columnas vertebrales eran, precisamente ganaderías como Atenco, San Diego de los Padres, Santín, San Nicolás Peralta, todas ellas sometidas en esos momentos a la natural decadencia. Veamos a continuación cómo trató la prensa a Julio Barbabosa al haber enviado unos “malajes” a la plaza de “El Toreo”.

TORO DE SANTÍN NACIDO EN 1920

 Toro N° 4 de 1920. Último toro de Sangre pura de Santín que estuvo de padre en el ganado de la Loma, hasta el 9 de Agosto de 1924. Son notas manuscritas del propio José Julio Barbabosa en un cuaderno de “Fotografías, datos, sobre toros notables por alguna circunstancia de la ganadería brava de Santín”, fechado el 10 de abril de 1909 por nuestro personaje. Es copia del original. Col. del autor.

 EL DEMÓCRATA, D.F., del 16 de agosto de 1925, p. 42:

Los “Toritos” de Don J. Julio Barbabosa.

   No comprendo cómo don José Julio Barbabosa sigue empeñado en la cría de reses de lidia. Don José Julio va, sin duda alguna, por un sendero equivocado. En los tiempos que vivimos, criar elefantes –a los que él, don José Julio, llama cariñosamente “sus toritos”- y con las condiciones de lidia (como las que sacaron los seis jugados el domingo pasado en “El Toreo”), es una solmene tontería. Y lo es, porque don José Julio no tendrá oportunidad de ver sus “toritos” en una plaza de cierta categoría, sino cuando haya muchachos decididos a torear cuanto les echen por delante, lo mismo un toro que un rinoceronte.

   José Ortiz y “Carnicerito”, aunque no hubieran hecho lo que hicieron, seguirían siendo verdaderos héroes. Sus nombres deben perdurar en la mente de los buenos aficionados. ¡Porque sólo a ellos se les ocurre encararse con seis pajarracos semejantes” Aquello no fue lidiar, sino “cazar” toros. Sólo uno se dejó torear, y eso, en fuerza de consentirlo y de arrimársele y meterle el trapo en los hocicos. Los demás sabían de memoria –según dicen por ahí- latín, griego y ruso. ¡Vaya unos animalitos! Esperaban, calamocheaban, cortaban, se acostaban, y todo lo dicho, único a 30 o 35 arrobas que cada uno se cargaba sobre sus lomos.

   ¿Habrá ahora quien se atreva a lidiar nuevamente “toritos” de Santín? Creo que es difícil, por no decir que imposible.

   ¿Y entonces –pregunto yo- para qué diablos se empeña don José Julio en ser criador de reses bravas?

 VARETAZO.

    Y bien, el cierre en esta ocasión es con intenciones de recuperar la memoria de Ponciano, a 26 años de su muerte, en natural evidencia de la popularidad que, seguramente seguía percibiéndose en el ámbito popular.

 EL DEMÓCRATA, D.F., del 23 de agosto de 1925, p. 41 y 42:

 Por tu carácter sencillo,

Franco, sin ostentación,

Conquistas admiración,

Y fama y renombre y brillo.

No serás un PEPE HILLO,

LAGARTIJO ni FRASCUELO,

Ni portarás el capelo

De  “taurómaco doctor”;

Pero eres, por tu valor,

Un taurómaco modelo.

    Un poeta anónimo le decía al torero de Atenco:

 Porque no eres Sevillano,

No te preocupes Ponciano,

Que ni valor ni osadía

Anhela de Andalucía

Nuestro pueblo mexicano.

    ¿No es verdad que el poeta popular, es decir, el pueblo, hace la semblanza más perfecta que pueda desearse del famoso lidiador?

 El lidiador sólo fía

En su pericia privada;

Y cuando da una estocada,

Buena o mala, la revela…

¿No tiene Ponciano escuela?

Pues menos fama usurpada.

    Entre líneas de la poesía que flota, y que una tarde le arrojaron a Ponciano al ruedo, mientras toreaba, se adivina la silueta del formidable matador de Elgóibar. Pero el pudor con que entonces se hacían las campañas taurinas nada dice en las coplas que pueda lastimarlo directamente.

 Algunos explotadores

Pretendiéndote humillar,

Han traído de Ultramar

Crema del arte taurino,

Sin pensar que es tu destino

Sólo triunfos alcanzar.

    ¿Queréis mayor sinceridad e ingenuidad en tan pocas palabras? Pues ahora oíd, finalmente, este retrato de Ponciano, trazado en cuatro renglones.

 Eres valiente, Ponciano,

Por más que ruja la envidia,

Genio audaz para la lidia

Y modesto mexicano.

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