HAY DE DUELOS… A DUELOS.

DEL ANECDOTARIO TAURINO MEXICANO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   El Tiempo, en su edición del 5 de noviembre de 1887, p. 2, publicaba sin autoría, la columna denominada METEMSÍCOSIS, que dicho sea de paso tiene un significado en el que siguiendo antiguas doctrinas griegas, se sustenta en la triple integración del ser humano, partiendo del espíritu, alma y cuerpo, componentes que pueden transitar de un cuerpo que ha dejado de existir a otro con vida, transmisión que representa una especie de continuidad del alma o Reminiscencia tal cual lo llegó a plantear el propio Platón.

   Pues bien, en dicha columna, el autor sin nombre da título a su colaboración “Los toros hombres.-Los banderilleros padrinos”. Veamos de qué se trata.

    ¡Gloria a las ilustraciones del actual Congreso! Dijeron que con los toros los mexicanos iban a ser más hombres. Pues… ¡se realizó!

   Juzgábamos que con el Rastro de Ciudad bastaba para los valientes de los barrios de San Pablo y la Palma, y era verdad; mas de las clases ínfimas debía partir la valentía hasta… ¡los gomosos! ¡All right!

   Tres plazas de toros hechas, y 2 o 2,000 por hacer, son otras tantas escuelas de valor, que no deben ser despreciadas, y los descabellos, los naturales, los volapiés, etc., etc., deben decidir sus desarrollos, y la lidia actual, la muleta y el puntillero, necesitan colegas ilustrados. Tres periodistas españoles vienen a dirigir algunas de esas interesantes y progresistas publicaciones, para las cuales, no nosotros, parias, sino los ciudadanos Combate y Monitor tienen el más estricto deben de solicitarles subvención, pues en materia de toros tienen profundos aunque ya rancios conocimientos.

   En la plazuela de las Vizcaínas, en las calles, en los patios de vecindad, en las escuelas nacionales y aún en algunas privadas; en los redondeles, en suma, en todas partes, hay corridas de toros, simuladas en unas, y en otras reales pero en fin en todas partes se oye ¡¡¡EL TOROOOO!!!

   Mas, a decir, sólo en una parte no se presenta tan popular lidia, yes en el antiguo Teatro de Iturbide; y por cierto que no por culpa de gentil troupe, que cuenta al menos con dos magníficas espadas, o creo que más, pero… ¡por falta de toro!

   Mas en fin, la lección de San Rafael, (no el arcángel, ¡Dios nos libre! sino la metempsícosis del chocolate de Tabasco) Colón (no el descubridor de América, sino… los empresarios X y Z) y el Paseo (que se anemizó con todo y el pasto de Atenco, han dado verdaderas lecciones de valor viril y racional que para nada han resultado infecundas.

   Algo más creemos: sinceramente lo decimos. Esos cornúpetos y cornulongos; esos joscos y esos… ¡qué sé yo qué! al morir en la arena, coronados de papel, de cohetes; escuchando en su agonía los hurras del pueblo; exhalaron no lo dudamos, en un momento, su espíritu guerrero, el cual, por premio de acciones que no los espíritus graves sino todo el pueblo mexicano en comicio, le decretó que debía morar en… otros más sublimados seres.

   Mas no sólo debemos en tributo de admiración a los que proclamaron la libertad de espectáculos, tan fecundos en valor sin que ellos hasta ahora hayan dado uno solo, (por lo cual, no los culpamos, pues comprendemos la razón), sino que también felicitamos a los que en banderillas las clavan tan bien, que el cronista dice: “palmas y pesos” y aún a los que, sin grave peligro, las ponen mal; esos espíritus también emigran y ya se sabe dónde.

   Allí los toriles espíritus premiados que emigran por galardón a seres superiores, encontrarían un redondel digno de ellos. Han hallados ya médicos, (íbamos a decir albéitares) que restañen su sangre; allí podrían encontrar quien admirara y aplaudiera su agonía. Tienen periódicos que celebren el continente imperturbable que conservan ante… el crimen; allí tendrían la Lidia y Ca. en fin, de moda los toros, se han puesto a la derniére los desafíos, que son nada más que la metamorfosis de los primeros, y como de actualidad los reputamos, los tratamos como de actualidad.

   Fiebre y muy ardiente existe hoy en México por el duelo. Terminado unas veces en sainete, otras en drama, demanda risas o lágrimas, pero su invariable consecuencia es la que dedujo, merced a sus tradiciones, el Sr. D. José Simeón Arteaga, recordando el origen del vulgar refrán: “tras de cornudo apaleado”, y que publicó nada menos… ¡Masones! ¡De rodillas! ¡Tontos! ¡A la mano el sombrero! Nosotros lo vamos a pronunciar con todo respeto y balbucientes: E-l – Mo-ni-tor – Re-pu-bli-ca-no… ¡Al fin no nos morimos! ¡Loado sea Dios!

Duelo-a-sable.-Ilustraci-para-fensas-y-desafíos-de-Eusebio-Yñiguez.-Madrid1890

   Aquellos famosos desafíos deben haber terminado con representaciones como la que sirve para ilustrar el presente texto. Disponible en internet, marzo 19, 2015 en: http://blogs.diariovasco.com/correo-historia/2015/02/02/espana-y-sus-problemas-con-la-historia-otra-vez-de-victor-ros-a-los-supervivientes-de-auschwitz-de-la-desesperacion-a-un-pequeno-rayo-de-esperanza/

    Lo que la sociedad estima es lo que sale para el cementerio o para el hospital de sangre. Pocos desafíos hay, en los cuales se dice, por supuesto por lo que nada creen: “si los dos se matan gana la sociedad”, y en esos… ¡ay de mí! ¡Ambos ilesos quedan! Sainete o drama, cualquiera cosa que sea, de todos modos es crimen, con la circunstancia atenuante de la farsa, o con la agravante de la premeditación.

   Mas lo que nos irrita, no diremos que nos asombra, es que cierta prensa, bien desacreditada por cierto, elogie el modo con que se portan los… no sabemos si dementes o malvados. Que lo que se llama “la palanca del siglo”, se constituya en concurso de los naranjeros de las plazas de toros y en los espectadores de las peleas de gallos, francamente nos incomoda como el mosco que antes de picarnos zumba.

   En una época, llamada de tinieblas, se apeló a “los juicios de Dios” condenados por los verdaderos tribunales de Dios; más que en una época, en un siglo que a si mismo modestamente se ha llamado de las luces se pregone la barbarie, no nos lo explicamos sino en teoría, con Darwin y Rousseau, es decir, con los padres de los animales y de los salvajes, y en la práctica, con la Constitución y las leyes de Reforma.

   Cada día, con iniciales o sin ellas, se anuncian uno o más duelos. Con todas sus letras, “corridas de toros”, creemos que se nos debe permitir una apostasía, que hasta se premia con $500 en las leyes nada menos… ¡Liberales, postrados” ¡DE REFORMA! ¡Creemos en la metempsícosis!

   Los toros que no son cobardes; que matan sardinas, una docena; picadores que mojan, dos o tres. ¡Salve! Pero más, si, mil veces más, los floretistas que pican por misericordia el hígado. Los tiradores que bondadosamente hieren las piernas en vez del corazón; también… (¡pues cómo no!)… los misericordiosos padrinos que procuran cargar las pistolas con migajón, o que al contrario con dinamita las preparan, y azuzan cual lebreles a los contendientes, para que no la primera sangre sino la muerte los satisfaga, y luego sus aullidos sean el canto de los funerales, ¡salve también!

   Al delirio actual de desafíos queremos oponer un poderoso dique. ¿Lo encontraremos en la Religión? Los que se desafían, o la olvidaron, o no la aprendieron o son incapaces de abrazarla. ¿En el gobierno? Mas vale omitirlo. ¿En las leyes? Marchemos al Museo. Pues entonces, ¿dónde?

   En tiempo de Federico el llamado grande, hubo una secta que asesinaba a los recién bautizados ya. A esos locos no los mandó al patíbulo, sino al manicomium. Del enemigo el consejo.

   ¡A matarse, lagartijos! O a tomar reconciliatorias copas.

   Periódicos liberales, grandes poetas, trovadores populares jóvenes o viejos, oíd:

 Lo que en el pobre es borrachera

En el rico es alegría.

 canta nuestro filosófico pueblo, y nosotros decimos: “lo que en los léperos es riña simple en los señores es conato o asesinato con circunstancias agravantes siempre”, y luego… Que se pondere su actitud, su valor, su arrogancia y hasta su belleza.

   Nosotros, a esos periódicos recomendamos que busquen algún viejo poeta callejero que componga las coplas, y no a Offenbach, sino… a un desconocido, para que escriba las notas de esa sublime danza, y mientras tanto que adopte la conocida música que ya habrá aprendido y la sabida frase que en seguida le recordamos por si la hubiere olvidado, para que la repita en perspectiva de cualquier desafío futuro:

 Ahora, Ponciano,

Capas al toro,

No seas desdoro

Del Tulipán.

PLAZAS DE TOROS_EL SIGLO XIX_20.12.1887_p. 3

    Y para rematar esta nota, debo adelantar una inserción que apareció casi mes y medio después en El Siglo Diez y Nueve, edición del 20 de diciembre de 1887, p. 3, informado sobre las plazas de toros existentes en la ciudad de México al concluir aquel año, con objeto de que estos nuevos datos, sirvan como complemento de la nota que aquí ha sido recogida, y en la cual abunda un ejemplo de práctica cotidiana: el duelo, reproducida –a lo que se ve-, en las plazas de toros, puesto que cada festejo, cada corrida, significaba un “duelo”, el que un torero armado de muleta y espada, también se enfrentara “en duelo” con el toro, a sabiendas que su buen acierto con el alfanje permitiría convertirse en el afortunado de aquella circunstancia. Además, se aprecia otro trasfondo, la actitud de cierto sector del grupo liberal que tuvo a bien ser el señalado como el liberador de aquella disposición que había impedido los festejos taurinos, bajo el incumplimiento posterior de que los beneficios reflejados en tantas ocasiones de celebraran estos, servirían para acumular un sólido fondo de apoyo para las obras del desagüe del Valle de México. Como acabo de decir, este propósito no se materializó, y los dineros que se movieron, deben haber en su mayoría bajo el control de empresas, toreros y ganaderos, siendo el Ayuntamiento quizá, el menos beneficiado, aunque la administración pública había tomado “por los cuernos” a la propia fiesta, para que realizara sus pagos respectivos por conducto de un buen número de empresarios encargados del nuevo negocio.

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