EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

LA GENERACIÓN EMERGENTE, O LA EMERGENCIA DE UNA NUEVA GENERACIÓN. (VOCES, SENTIRES Y EXPRESIONES DE LA JUVENTUD EN EL TOREO).

   La generación emergente o la emergencia de una nueva generación en las reflexiones que necesita el espectáculo taurino para seguirse renovando, en medio de su propia y natural condición anacrónica, es ya una premisa, una necesidad. Por eso, aquí y ahora, conviene un balance sobre lo que los jóvenes piensan, sienten y presienten alrededor del espectáculo de los toros particularmente en México.

   Recogemos de nuestros pasados y antepasados experiencias de todo tipo, que se depositan en el universo en el aquí y ahora de nuestro pensamiento. Pero, ¿hemos aprendido bien la lección? Acostumbrados estamos a hacer un reproche absurdo del mismo pasado al que regresamos en forma de nostalgias utópicas, al que percibimos tan semejante en nuestro propio presente. ¿De qué vale sustentarnos en la frase o más bien en el verso recurrente de que “todo tiempo pasado fue mejor”, si es tan evidente el mismo estado de cosas? ¿A qué pasado nos remitimos entonces? ¿Qué referencia debe ser tomada como modelo a seguir? Y ya con todo este enorme peso, ¿qué futuro y qué prospectiva deben contemplarse desde nuestro genuino presente?

   Tal vez, una rotunda afirmación nos lleve a opinar que no queremos seguir siendo parias sin destino. Por esta y otras razones es que cabe la enorme posibilidad de poner punto de arranque a la primera gran reflexión del naciente siglo XXI en asunto de toros, contando para ello con 489 años de evolución y consolidación. Pero aún lo más importante: que dentro de esos 489 años existen infinidad de concepciones analíticas, unas absolutamente suficientes; las otras absolutamente insuficientes. Por eso, ha llegado el tiempo de ponerlas en la balanza, aplicar un juicio que no necesariamente tiene que ser sumario o maniqueo y explorar los diferentes caminos que siguen; y para todo este ejercicio, qué mejor participación que la de los jóvenes. Deben estar todos aquellos involucrados y comprometidos en el quehacer taurino cuyas voces, opiniones y expresiones, tanto de los consolidados como de quienes están en vías de conseguirlo, gracias a que su esfuerzo se ha traducido en ese propósito.

El fin de los trabajos para LA GENERACIÓN EMERGENTE, O LA EMERGENCIA DE UNA GENERACIÓN es que, ante el avanzado proceso que se encamina a solicitar formalmente ante la UNESCO que la Tauromaquia se convierta, a través de la declaratoria pertinente en Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, sea posible la reunión multidisciplinaria de creadores y hacedores, periodistas, escritores, historiadores, antropólogos, sociólogos, filósofos que ponen o han puesto los ojos en el toreo, con el objeto de hacer notoria la herencia recibida y los compromisos por enfrentar, buscando con ello que se produzca una conmoción o alteración de ideas, de actos, de conciencias sobre lo que los jóvenes piensan en torno al espectáculo de los toros no sólo a nivel nacional, sino internacional; e incluso, universal.

   Hoy día que es posible la materialización de una serie de herramientas que provienen directamente de las TIC (tecnologías de información y comunicación). Estas deben utilizarse en forma coherente y equilibrada con objeto de difundir la cultura de los toros, procurando que el manejo del lenguaje sea el más apropiado posible. Las redes sociales, atentas como ARGOS han adquirido una fina sensibilidad que genera reacciones muy extremas, por lo que el tejido que pueda producirse al inmediato efecto de su reacción va de articular fortalezas a pulverizar los argumentos que nutren el mensaje que circula y trasciende en las infinitas latitudes de que está compuesta. Allí veremos y comprobaremos en qué medida nuestros argumentos tendrán suficiente dosis de credibilidad, partiendo desde la génesis misma en que las primeras representaciones del encuentro del hombre con el toro se remontan no solo al componente mítico sino al de un extendidísimo ritual de sacrificio y muerte que se ha perdido en la noche de los tiempos. Ese ritual, sometido a la evolución de los siglos, pasó de ser un encuentro de natural domesticación y nutriente de complejos procesos (relacionados con las que hoy día son las muy bien identificadas estaciones del año, en cuya “ritualidad” jugaron un papel protagónico el sol, el viento, la tierra, el agua donde hombre y toro cohabitaron) a una representación moderna de aquel mismo sacrificio, depositada en el nuevo escenario: la plaza de toros, a donde confluyen valores religiosos que también consideran en su discurso al sacrificio y muerte, columna vertebral que justifica la tauromaquia, representación que se ha valido de elementos técnicos y estéticos para demostrar que su presencia en nuestros tiempos conserva elementos que dejan ver, en su culminación la amalgama secular de múltiples expresiones. Por tanto, la conservación de ese legado, el cual es uno de los pocos que provienen de tiempos tan remotos como el de las primeras muestras de convivencia del hombre con las razas animales, hoy día sigue vigente, en un trasvase que pasó del escenario natural al escenario de una plaza, donde el propósito originario también culmina en forma ritual, como en sus orígenes; matizado con toda una parafernalia de esa puesta en escena tan peculiar como es la de una corrida de toros en nuestro tiempo.

 30 de marzo de 2015.

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