FOTOGRAFÍA TAURINA EN MÉXICO: 1857-2015. UN RECORRIDO LLENO DE VISTAS.

RECOMENDACIONES y LITERATURA.  

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   Comparto con ustedes, los primeros apuntes del trabajo que encabeza la presente colaboración. Es más, reconozco que tal investigación ha tomado ya varios años de elaboración, por lo que ha sido una obsesión debido a la caudalosa presencia de imágenes, por lo menos desde 1853 y hasta nuestros días, desde que dicho registro iconográfico hizo suya la tauromaquia; al menos en nuestro país. Evidentemente su avance ha sido lento. Aún así, considero que es una investigación que, al menos en su parte correspondiente al siglo XIX, deberá estar preparada en lo que resta del 2015. Procuraré dar razón de tales resultados.

UN RETRATO… (A MANERA DE INTRODUCCIÓN).

   Fugaces y sorpresivos nos parecen hoy los avances tecnológicos cuya ocurrencia sigue causando revuelo, admiración, quizá no tanto como el de aquellos otros descubrimientos, en el que la fotografía se convierte no solo en punta de lanza. También en sustento que concita entre otras cosas, nuevos conceptos en el curso de la vida cotidiana, pues una de las primeras reacciones que provocó fue la de un enfrentamiento con el arte pictórico, donde sus genuinos creadores, además de ver en esto un atentado, se convirtió en amenaza que potenció la desaparición parcial de muchos pintores; pero no de los grandes artistas que ya vemos, dejaron lo mejor de su creación, incrementando el peso de la gran obra universal.

   Pero con la fotografía sucede un fenómeno que cambia mentalidades, pues ante la primera impresión que produce admirar la naturaleza tal cual –aún y cuando fuera en blanco y negro-, o el verse retratados así mismos, aquellas sociedades decimonónicas aceptaron, hicieron suyo tan novedoso como cotidiano elemento que, al cabo de los años se incorporó a los medios informativos luego de formar parte de algo tan entrañable, porque aquellos primeros instrumentos fueron operados en estudios ad hoc, bajo una publicidad fascinante, como por ejemplo la que Emanuel von Friedrichsthal empleó en 1841 en estos términos:

 M. F. tiene el honor de participar al respetable público de esta ciudad (Yucatán) que por medio de la célebre invención del Daguerrotipo, sacará retratos de medio cuerpo y cuerpo entero al moderado precio de 6 pesos los unos, y 8 pesos los otros. Abonándose por separado el cuadro que importará un peso. Las horas de trabajo serán de las 7 a las 9 de la mañana, y de las 4 a las 6 de la tarde. Los medios colores son los más propios para retratarse en esta máquina, y los Señores y Señoras que gusten, pueden evitar el amarillo, negro y blanco. Las flores no perjudicarán el dibujo, sino que saldrán con más perfección. Irá a casa de las Señoras que no quieran molestarse en salir siempre que reúnan tres o cuatro a la vez.[1]

Incluso, no faltó quien lo hiciera con el toque sutil de unos versos, que proclamaban en Toluca, el trabajo de Daniel Alva, el retratista:

NUEVA FOTOGRAFÍA

 Daniel Alva el retratista,

El fotógrafo excelente,

Abrió un atelier decente

Y está la cámara lista

Para hacer reproducciones,

Ambrotipos y figuras

De hermosas o feas criaturas,

Por módicas condiciones.

-¡Oh, lectores! El cohetero

que os retratéis quisiera,

y hasta obtener, si pudiera,

vuestro retrato hechicero.[2]

    Cambiando de tercio, y para comenzar a identificarnos con el tema que ahora nos convoca, pasemos a la plaza de toros.

   Luego de que las primeras evidencias del territorio fotográfico mexicano se dieron en 1839, tuvieron que pasar 20 años para que se conozca el que parece ser el primer retrato taurino, que obtuvo Désiré Charnay allá por 1857, cuando un picador de toros es la primer evidencia. Por aquel entonces, uno de los más famosos era Magdaleno Vera, celebridad que quedó truncada para Juan Corona, quien se convierte -durante varias temporadas-, en el varilarguero de confianza del torero español Bernardo Gaviño, para quien tuvo muestras de apoyo y cariño. Lamentablemente la tarde del 23 de mayo de 1853, sufrió una terrible cogida, por un toro de Queréndaro, cuya asta entró por la pierna derecha, y atravesando el asta, salió hasta la planta de la llave, por el hígado (según el parte facultativo).

   Como consecuencia de tan espantosa herida, Corona duró enfermo casi un año, siendo durante este tiempo asistido con extremo por el Dr. Mallet.

   Repuesto Corona un tanto y habiendo gastado durante su enfermedad casi todos sus ahorros, tuvo necesidad de trabajar, logrando reunir una suma que, aunque insignificante, fue bastante para que Juan pudiera establecer una zapatería y comprar algunas vacas.

   Sea lo que fuere, el hecho es que contamos ya con esa imagen, donde el personaje, Magdaleno Vera o Serapio Henríquez, vestido a la usanza del charro mexicano se colocó de pie, llevando en la mano izquierda la vara de detener, estando detrás de él una anquera, esa cubierta protectora que se colocaba en las ancas de los caballos, con lo que se evitaban momentáneamente percances peligrosos, y donde los hombres de vara larga demostraban sus capacidades y habilidades al mismo tiempo.

   Esta es hasta ahora la primera de las imágenes taurinas, maravilloso documento que Charnay reunió en “Mis descubrimientos en México y en la América Central”, información que se confirma luego de serias investigaciones realizadas por Arturo Aguilar Ochoa, quien afirma que, desde el jueves 8 de abril de 1858 se da a conocer en el Diario de avisos el Álbum Fotográfico Mexicano, realizado por Désiré Charnay y editado por Julio Michaud. El álbum está compuesto por veinticuatro fotografías impresas en papel salado, una de las cuales es la ya mencionada sobre nuestro personaje taurino.

   Siete años más tarde contamos con otro registro, precisamente en la

 PLAZA DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 25 de diciembre. El palco de SS. MM. estará adornado por una cortina de tela de galón de plata, trabajada como la de oro. Cuadrilla de Bernardo Gaviño (misma que será retratada por los fotógrafos Sres. Galini y Cía). Cinco toros de Atenco[3].

    Con la publicidad estilada en esa época, Galini y Cía (o Galina, ubicado en la calle del Sr. Refugio núm. 15 –hoy 16 de septiembre-) anunció que, en seguida de la partición de la plaza por parte de las cuadrillas, haría algunos retratos que, lamentablemente y luego de persistente búsqueda en diversas fuentes y archivos públicos y privados, no ha sido posible su localización.

   Sin embargo, se convierte, eso sí, en el antecedente primordial de un género como el fotográfico cuyo vínculo con la tauromaquia, ha permitido entender, gracias a esos testimonios, un elemento complementario que deja comprender mejor cómo se dieron aquellas puestas en escena, cuyos telones de fondo conceden una visión más completa. De ese modo, podemos apreciar escenarios, públicos, etapas o suertes de la lidia, el ganado que se lidiaba y en qué condiciones (si para ello, las condiciones que apreciamos son las de su trapío o la del empleo de la técnica y arte de torear vigentes en cada una de las épocas visualizadas), no sin dejar de mencionar también, la diversas etapas evolutivas que fue adquiriendo el empleo de unos equipos que empezaron siendo demasiado voluminosos, lentos y que hoy, son bastante sofisticados, pequeños y de gran rapidez en sus resultados.

   Pero Galini no contaba con el hecho de que otro fotógrafo de gran peso terminaría por opacarlo durante los escasos años del segundo imperio y algunos otros posteriores. Se trata de François Aubert quien dejó una importante producción, cuyo legado si bien se relaciona con los personajes de la corte de Maximiliano, no se ha detectado alguno otro en relación al tema de este trabajo. 

Sobre la primer fotografía de tema taurino lograda en México.

   Discutible o no, el hecho es que antes del famoso retrato de Magdaleno Vera, que se analizará párrafos más adelante, el hecho es que en uno de los libros más curiosos y codiciados entre los bibliófilos taurinos: La Tauromaquia en el Distrito Federal, de Carlos Cuesta Baquero,[4] aparece, en el tomo I, la siguiente imagen, de la que surgieron algunas notas al respecto.

   Sin olvidar que este año se festejan los 200 del nacimiento del torero Bernardo Gaviño y Rueda, hecho que ocurrió en Puerto Real, España el 20 de agosto de 1812, me permito traer a esta galería un curioso retrato, que por su importancia me parece oportuno incluirlo en la sala especial dedicada a quien, en su momento llegó a ser considerado como “Papá Gaviño”.

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El retrato aludido.

 Dicho retrato se encuentra reproducido en la también curiosa edición del Dr. Carlos Cuesta Baquero: Historia de la Tauromaquia en el Distrito Federal,[5] publicada en 1905. Lo interesante es que posee algunas carácterísticas técnicas, que sólo, a los ojos de especialistas, y en este caso agradezco el apoyo brindado por Gina Rodríguez y Carlos Córdoba, quienes me ayudaron a desentrañar un poco el misterio de esta imagen, que según Roque Solares Tacubac, anagrama de Cuesta Baquero, corresponde al año 1853.

   Me dice Gina: Lo que yo atino a ver no es un retrato fotográfico, es una imagan reproducida evidentemente en fotograbado; pero más aún se trata de un retrato litográfico, reproducido en fotograbado.

   Pienso esto por los nítidos detalles que se observan de los bordados del traje de luces; de haber sido un retrato fotográfico éstos no hubiera sido capturados con tanta fidelidad.

   Hacia 1853 la técnica de impresión fotográfica eran en ambrotipo o en “papel salado”. En el primer caso, los retratos solían iluminarse pues nunca fueron tan nítidos y en una impresión sobre papel, las fibras del papel hubieran impedido que se vieran los detalles tan nítidamente.

   Si el retrato original no hubiera sido una litografía, me inclinaría a pensar que entonces podría haber sido un daguerrotipo; sólo un daguerrotipo muy bien hecho (y para esos años esto hubiera sido posible), guardaría tal calidad de nitidez.

   Por otro lado, Carlos Córdoba emitió su dictamen: Si desmontas el lado oscuro de un ambrotipo tienes una “placa negativa”, la que puedes imprimir por contacto o usarla de base para la pantalla de medio tono. Creo que ese fue el caso. Descartaría el  daguerrotipo ya que usualmente se convertían en grabado mediante punzón. Me interrogaría sobre la aseveración de “1853”, ya se sabe que los editores son tan propensos a mentir… de todos modos para 1906 (sic) es una traducción muy mala al medio tono, ya existía por acá tecnología para lograr mejor calidad (véase la que lograba la Revista Moderna de México desde 1890). Supongo que el “detallazo”[6] debajo del brazo, el extraño corte de copete[7] y la falsa sombra eran productos de un taller low-tech, de esos que imprimían los carteles taurinos en papel pobre. Habría que mirar el original para terminar de especular.

   Como se sabe, la fotografía en cuanto técnica e infraestructura, llegó a México desde la temprana fecha de 1839. También es un hecho de que en la misión diplomática que cumplió el ministro plenipotenciario de España en México, el señor Ángel Calderón de la Barca, su esposa, Frances Erskine Inglis, Madame Calderón de la Barca, trajo a nuestro país una cámara con la que hizo varios retratos entre 1839 y 1841, aunque las mejores imágenes quedaron plasmadas en su libro de memorias: La vida en México…[8] Luego entonces, las primeras imágenes ya conocidas, vendrían a ser las correspondientes al registro que se conoce de la invasión norteamericana de 1846 a 1848.

   En cuanto a la historia de la fotografía con enfoque taurino, asunto que estoy tratando en una investigación con importantes avances,[9] destacaba hasta hace un tiempo el hecho de que la imagen de Magdaleno Vera, picador de toros habría sido realizada en 1859, como puede comprobarse en el Revelado Nº 11: Magdaleno Vera, picador de toros publicado en este blog.[10]

   Pues bien, y para terminar, puede afirmarse por ahora, que con el retrato hecho bajo la técnica del ambrotipo, y cuya fecha correspondería al año 1853, nos encontramos con la más remota imagen taurina concebida en nuestro país, durante el siglo XIX. Por cierto, 1853 se convirtió en el año de mayor acumulación de actuaciones del “patriarca”, que no sólo toreó en la ciudad de México. También lo vieron en Morelia, la Habana y Camagüey (en la isla de Cuba), hasta alcanzar el importante número de 45 tardes que son las que he podido registrar en la biografía de este notable personaje por mí trabajada.[11]

ORLAS

    Luego de que las primeras evidencias del territorio fotográfico mexicano se dieron en 1839, tuvieron que pasar 20 años para que se conozca el que parece ser el primer retrato taurino, que obtuvo Désiré Charnay allá por 1859, cuando un picador de toros es el primer testimonio. Por aquel entonces, uno de los más célebres era Magdaleno Vera, celebridad que quedó truncada para Juan Corona, quien se convierte -durante varias temporadas-, en el varilarguero de confianza del torero español Bernardo Gaviño, para quien tuvo muestras de apoyo y cariño. Lamentablemente la tarde del 23 de mayo de 1853, Corona sufrió una terrible cogida, por un toro de Queréndaro, que entró por la pierna derecha, y atravesando el asta, salió hasta la planta de la llave, por el hígado (según el parte facultativo).

   Como consecuencia de tan espantosa herida, Corona duró enfermo casi un año, siendo durante este tiempo asistido con extremo por el Dr. Mallet.

   Repuesto Corona un tanto y habiendo gastado durante su enfermedad casi todos sus ahorros, tuvo necesidad de trabajar, logrando reunir una suma que, aunque insignificante, fue bastante para que Juan pudiera establecer una zapatería y comprar algunas vacas.

   Sea lo que fuere, el hecho es que contamos ya con esa imagen, donde el personaje, Magdaleno Vera o Serapio Henríquez, vestido a la usanza del charro mexicano se colocó de pie, llevando en la mano izquierda la vara de detener, estando detrás de él una anquera, esa cubierta protectora que se colocaba en las ancas de los caballos, con lo que se evitaban momentáneamente percances peligrosos, y donde los hombres de vara larga demostraban sus capacidades y habilidades al mismo tiempo.

   Esta es hasta ahora la primera de las imágenes taurinas, maravilloso documento que Charnay reunió en “Mis descubrimientos en México y en la América Central”, información que se confirma luego de serias investigaciones –como ya se dijo- realizadas por Arturo Aguilar Ochoa, quien afirma que, desde el jueves 8 de abril de 1858 se da a conocer en el Diario de avisos el Álbum Fotográfico Mexicano, el trabajo realizado por Désiré Charnay, editado por Julio Michaud. El álbum está compuesto por veinticuatro fotografías impresas en papel salado, una de las cuales es la ya mencionada sobre nuestro personaje taurino.

   El recorrido de esta propuesta se acerca al conjunto de fotografías donde podemos apreciar diversas cuadrillas de toreros, plazas de toros, dos fotografías que se remontan a 1870,[12] como las imágenes primitivas que soportan la investigación, hasta los materiales que en nuestros días han logrado gente como Sergio Rivero, Armando Rosales “El Saltillense”, Mónica Villa, Arturo Guerra, Guillermo García Navarro y otros, sin dejar de mencionar a un conjunto de notables como C. B. Waite, Winfield Scott, los Casasola, Lupercio, Tinoco, Melhado, Reynoso, Sosa, los hermanos Mayo, Carlos González, los Ávila –padre e hijo-, Alfredo Flores. Para ello, ha sido necesario pensar en el soporte de colecciones públicas y privadas, como las que concentra el Instituto Nacional de Antropología e Historia (Archivo Casasola, Archivo de ex Culhuacán, reunidos, entre otros, en el Módulo de Consulta, localizado en el Distrito Federal). También se tiene al Centro de la Imagen, Archivo General de la Nación, Museo Franz Mayer En cuanto a los de carácter privado, están el de Ricardo Pérez Escamilla, Julio Téllez García, Diego Carmona Ortega, Francisco D. Montellano Ballesteros, Rafael Tovar de Teresa, Luis y Humberto Ruiz Quiróz, Miguel Luna Parra, Julio Téllez García, Raúl Humberto Montes Ramírez, Marco Antonio Ramírez, José Rodríguez, del autor entre otros.


[1] Rosa Casanova-Olivier Debroise: Sobre la superficie bruñida de un espejo. Fotógrafos del siglo XIX. México, Fondo de Cultura Económica, 1989. 111 pp. Ils, retrs. (pp. 24).

[2] EL COHETE. PERIÓDICO OMNISCIO, CHARLATÁN, BURLÓN Y QUE DIRÁ LA VERDAD AL PINTO DE LA PALOMA. T. II, Toluca, Jueves 15 de enero de 1874, Nº 1.

[3] Heriberto Lanfranchi: La fiesta brava en México y en España. 1519-1969, 2 tomos, prólogo de Eleuterio Martínez. México, Editorial Siqueo, 1971-1978. T. I., p. 170.

[4] CUESTA BAQUERO, Carlos (Roque Solares Tacubac): Historia de la Tauromaquia en el Distrito Federal desde 1885 hasta 1905. México, Tipografía José del Rivero, sucesor y Andrés Botas editor, respectivamente. Tomos I y II.

[5] Carlos Cuesta Baquero (Seud. Roque Solares Tacubac): Historia de la Tauromaquia en el Distrito Federal desde 1885 hasta 1905. México, Tipografía José del Rivero, sucesor y Andrés Botas editor, respectivamente. Tomos I y II. (La imagen aparece en el T. I).

[6] A “detallazo” se refiere concretamente a que Gaviño lleva el capote en actitud que les es muy particular a los toreros, pues siempre ese lado, el izquierdo es representativo de cierta afirmación de la gracia repajuelera.

[7] A “corte de copete”, no es otra cosa que la montera, mismo aderezo que según la moda de la época tenía esas características.

[8] MADAME Calderón de la Barca (Frances Eskirne Inglis): La vida en México, durante una residencia de dos años en ese país. 6a. edición. Traducción y prólogo de Felipe Teixidor. México, Editorial Porrúa, S.A., 1981. LXVII-426 p. (“Sepan Cuántos…”, 74).

[9] José Francisco Coello Ugalde: Aportaciones Histórico-Taurinas Mexicanas Nº 60. “Fotografía taurina en México: 1857-2015.  Un recorrido lleno de vistas” (trabajo inédito).

[10] Disponible mayo 3, 2012 en: https://ahtm.wordpress.com/2011/02/28/imagenes-taurinas-mexicanas-revelado-n%c2%ba-12/

[11] José Francisco Coello Ugalde: Aportaciones Histórico-Taurinas Mexicanas Nº 10: “Bernardo Gaviño y Rueda: español que en México hizo del toreo una expresión mestiza durante el siglo XIX”. México, 344 p. Ils., fots., retrs., cuadros, estadísticas (inédito)., p. 227.

[12] José Francisco Coello Ugalde: APORTACIONES HISTÓRICO-TAURINAS Nº 24: “Registro Fotográfico”. COLECCIÓN DE IMÁGENES ALREDEDOR DEL TOREO, DESDE EL SIGLO XVI Y HASTA NUESTROS DÍAS.

Foto Nº 35.-La plaza de EL PASEO NUEVO, como se ve, ya solo es una ruina, sitio que se ocupó -luego de la prohibición de 1867- para funciones de circo y acrobacia. Fue derribada en 1873.

Foto estereoscópica (ca. 1870).

Fuente: Archivo General de la Nación [A.G.N.] Fondo: Felipe Teixidor.

Foto Nº 238.-En 1870, cuando Ponciano estaba metido en aprender un pial o una mangana, estas “figuras” divertían a la afición michoacana.

Fuente: “Revista de Revistas” Nº 1394, del 7 de febrero de 1937.

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