LECTURA Y FORMACIÓN DE AFICIONADOS TAURINOS EN MÉXICO. SIGLO XIX. (II)

RECOMENDACIONES y LITERATURA. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

LAS LECTURAS QUE FORMARON A LOS AFICIONADOS TAURINOS MEXICANOS EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX. (SEGUNDA PARTE).

   Centrados un poco más en el tema que se ha propuesto, debe apuntarse el hecho de que durante el periodo virreinal, hubo una derrama de obras consideradas como “descripciones de fiestas” o “relaciones de sucesos” las que, según los primeros balances que se tiene de las mismas, luego de intensa revisión a diversas fuentes, se trata de una cantidad cercana a los 400 documentos de diversa índole, publicados en todo el territorio novohispano, lo cual revela la importancia detentada por este tipo de publicaciones, restringidas eso sí, a un pequeño círculo de lectores, por más número que se quiera justificar en la nómina, puesto que los tirajes no deben haber sido demasiado grandes. Por lo tanto, tales “relaciones de fiestas…” terminaban siendo alojadas –las más de ellas-, en bibliotecas exclusivas propias de intelectuales prominentes, o en las de los conventos o iglesias, puesto que en buena medida, una obra como esas, aunque no se convertían en literatura perseguida, el hecho es que para que pudieran publicarse, debían contar con la aprobación –ente otros-, de diversos miembros de la iglesia.

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   Elucubrando un poco en otras ideas, se me ocurre que, al cultivarse con tal empeño el toreo a caballo por parte de la nobleza de esta parte del mundo, más de alguno de aquellos personajes debe haber contado con alguno de los muchos “tratados” que se ocuparon en explicar los diversos lances “a la jineta o a la brida”, practicados en las plazas que entonces se levantaron. Nada de esto fue ajeno si nos remitimos al caso de Juan Suárez de Peralta, experto en tales destrezas, que además practicó en el siglo XVI, luego de larga estancia por territorio novohispano, y cuyos mejores resultados se palpan en su obra Tractado de la Cavallería jineta y de la brida.[1]

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   Es decir, que desde las primeras décadas de que tuvo lugar la incómoda convivencia española y americana, misma que terminó asimilándose –quizá un poco a regañadientes, pero que en sus buenos momentos produjo mestizaje y criollismo siempre inquietos-, ya se da el cultivo por escribir las experiencias que, sobre el terreno taurino se fueron dando, hasta que nos ponemos de frente con el fin del dominio colonial impuesto por España, mientras en el ambiente vuelan inquietas las ideas ilustradas, que permearon en diversas publicaciones como Pan y toros, de León de Arroyal, misma que fue editada en México hacia 1820.[2] Como respuesta a ese opúsculo, dos años más tarde, un autor que firmó su escrito con las iniciales F.P.R.P., mientras José Joaquín Fernández de Lizardi o Carlos María de Bustamante[3] lanzaban dardos en contra de las corridas de toros.

Fernandez de Lizardi 1001

Disponible en internet, junio 17 de 2015 en:

http://fermintellez.blogspot.mx/2012/01/escuela-fernandez-de-lizardi.html

   El sábado 13 de mayo de 1815 el autor José Joaquín Fernández de Lizardi, nacido en la ciudad de México hacia 1774 y que, en 1812 funda su célebre periódico El Pensador Mexicano, título que posteriormente serviría como remoquete para identificar al célebre autor del Periquillo Sarniento y Don Catrín de la Fachenda, publicó LAS SOMBRAS de Chicharrón, Pachón, Relámpago y Trueno (Conferencia) que es un diálogo entre cuatro toros. Antes de la aparición de este se publicó el Mentado Chicharrón (pliego suelto, 4 pp. En 4°, imp. De D. María Fernández de Jáuregui), en el que se incluye un pequeño poema. Se trata de

LAS SOMBRAS

 (De Chicharrón, Pachón,

Relámpago y Trueno).

 

Epitafio de Chicharrón

 

Aquí yace el más valiente

Toro que México vio;

Y aunque tan bravo, corrió

De miedo de tanta gente.

¡Oh, pasajero! Detente,

mira, advierte, considera

que es el vulgo de manera

que, a pesar de su pobreza,

gasta con suma franqueza,

para ver… una friolera.[4]

   Del diálogo sostenido entre aquellos cuatro toros en muestra del repudio absoluto por cuanto se les hacía sufrir, entre otras cosas, Trueno, se destapa con una décima que habrá de ser una muestra de su actitud contra la crueldad:

Apurar, hombres, pretendo

 Apurar, hombres, pretendo

Ya que me tratáis así;

¡Qué delito cometí

contra vosotros naciendo?

Más, pues no hay culpa, ya entiendo

El delito cometido.

Frívola causa ha tenido

Vuestra fuerza y rigor

Pues el delito mayor

De un toro es haber nacido.[5]

   El diálogo que es menester, tiene una breve estancia en la lectura, pero deja satisfecho al curioso quien se ha postrado ante el documento histórico, que no es el único de Fernández de Lizardi. También se conoce el diálogo entre Mariquita y Serafina, Sobre la diversión de Toros, del 4 de mayo de 1815. Quien llama al toro sufra la cornada (México, imprenta de D. María Fernández de Jáuregui, 1811[6] y otros.

   El mexicano: enemigo del abuso más seductor es un escrito salido hacia 1820 de la imprenta de D. Juan Bautista de Arizpe. La referida obrita –apenas ocho páginas-, nos presenta un incitante parapeto, una aguerrida trinchera para luchar contra el “bárbaro espectáculo de los toros”. Seguramente influido por el trabajo de Melchor Gaspar de Jovellanos (a quien se atribuye la obra Pan y Toros), que reedita la imprenta de Mariano de Zúñiga y Ontiveros el mismo año, firmado con las modestas o temerosas iniciales F.P.R.P. iniciaron una campaña que no prosperó sino hasta 47 años después, cuando el Lic. Benito Juárez prohíbe las corridas de toros, porque “No se considerarán entre las diversiones públicas permitidas, las corridas de toros; y por lo mismo, no se podrá dar licencia para ellas, ni por los ayuntamientos, ni por el gobernador del Distrito Federal, en ningún lugar del mismo”, artículo N° 87 que proviene de la Ley de dotación de Fondos Municipales con fecha del 28 de noviembre de 1867.

   En torno al escrito del autor de las cuatro iniciales, se siente una necesidad absoluta de convencer al pueblo de que el espectáculo de los toros es un absurdo, que es una fiesta hija del más bajo orden de la lógica humana, donde se satisfacen terribles pasiones provocadas por la festiva agonía de un toro ensartado por las armas cobardes de hombres que se defienden con estas mismas, a fin de consumir la fuerza física del burel, acosándolo, hostigándolo, hiriéndolo y, por fin, matándolo.

   ¿Qué es cruel el espectáculo? Evidentemente que sí. Pero la crueldad se la viste de elegancia, de arte, de dominio, de técnica que bien conducen a la consumación de una obra de arte, o de una obra técnica, según sea el caso. Pero, no les parece a ustedes que sea más cruel aún la muerte en la cacería, la rápida de un rastro, o una química en los mares o en el medio ambiente?

   Resultados como el que anota Prieto, -y que veremos en su “Charla Dominguera” más adelante- son, a lo que parece, un balance normal en las corridas de aquella época. Desde luego, un aspecto como este, escandalizaba a autores como Bustamante, Fernández de Lizardi, o aquel que solo firmaba sus escritos con las iniciales F.P.R.P., de quien es el siguiente

SONETO

Ved aquí para siempre ya extinguida,

Sangrienta diversión que fué dictada,

Por la barbarie más desapiadada,

Del siglo de crueldad empedernida.

Que vil preocupación envejecida,

Mantuvo con tenacidad porfiada,

A pesar de verla ya tan odiada,

Y de la culta Europa aborrecida.

Mas sabia ilustración ya le condena,

Aboliéndola alegre y compasiva,

De la Española gente que sin pena,

Proclama ya gozosa á la atractiva,

Dulzura, á la que en fin á boca llena,

Con deliciosa voz dice que viva.[7]

CONTINUARÁ.


[1] Juan Suárez de Peralta: Tractado de la Cavallería jineta y de la brida: en el qual se contiene muchos primores, así en las señales de los cavallos, como en las condiciones: colores y talles: y como se ha de hazer un hombre de á caballo (…) En Sevilla, año de 1580. México, La Afición, 1950. 149 pp. Ils.

[2] León de Arroyal: Pan y Toros. Oración apologética en defensa del estado floreciente de la España, dicha en la plaza de toros por D.N. en el año de 1794. En: Lecturas taurinas del siglo XIX. LECTURAS TAURINAS DEL SIGLO XIX (Antología). México, Socicultur-Instituto Nacional de Bellas Artes, Plaza & Valdés, Bibliófilos Taurinos de México, 1987. 222 pp. facs., ils., (pp.33-51).

[3] Carlos María de Bustamante: DIARIO HISTORICO DE MEXICO. DICIEMBRE 1822-JUNIO 1823. Nota previa y notas al texto Manuel Calvillo. Edición al cuidado de Mtra. Rina Ortiz. México, SEP-INAH, 1980. 251 pp. Tomo I, vol. 1.

[4] José Joaquín Fernández de Lizardi: Obras (IV. Periódicos). México, Universidad Nacional Autónoma de México, Centro de Estudios Literarios, 1970, 436 pp. (Nueva Biblioteca Mexicana, 12)., p. 45.

[5] Fernández de Lizardi, op. Cit.

[6] José Joaquín Fernández de Lizardi: Alacena de frioleras N° III, del 6 de mayo de 1815. En: OBRAS de (…). Periódicos (…). México, UNAM, Centro de Estudios Literarios, pp. 32-37.

[7] El mexicano, enemigo del abuso más seductor. México, 1820. Imprenta de D. Juan Bautista de Arizpe. LECTURAS TAURINAS DEL SIGLO XIX (Antología). México, Socicultur-Instituto Nacional de Bellas Artes, Plaza & Valdés, Bibliófilos Taurinos de México, 1987. 222 pp. facs., ils., p. 59.

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