Archivo mensual: julio 2015

NUEVA HISTORIA DE DOS OBSESIONES. (VII).

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Con todo lo apuntado hasta el momento debo hacer unas precisiones que recaen en ciertas actividades donde Gutiérrez Altamirano, a pesar de concedida la encomienda de ATENCO desde 1528 y hasta 1530, no puede atribuirse ninguna responsabilidad hasta 1536, año en que se libera de las acusaciones, pero sobre todo del periodo de encarcelamiento que sufre luego de la disputa que sostiene al echar mano al puñal contra el Factor Gonzalo de Salazar. Así se dice en los Autos pero Herrera dice, que el Factor Gonzalo de Salazar puso demanda al Tesorero Alonso de Estrada sobre varios agravios, y que defendiendo como su Abogado el Lic. Altamirano a Estrada, echó mano a un puñal Gonzalo de Salazar contra Altamirano, y que este en su defensa sacó el suyo. Y sin embargo de haber sido de esta suerte, le quitaron los pueblos; sobre lo que se siguieron Autos (…) que por el delito de haber echado mano al puñal en Reales Estrados, se le debían quitar a dicho Licenciado los tales pueblos, y castigarlo, declarándose enteramente privado de ellos. El 14 de julio de 1531 estaba de nuevo bajo el control de Hernán Cortés quien renunció a ella a favor de su primo, ocurriendo la entrega legal hasta el 30 de mayo de 1536. Así que, a pesar de las privaciones de que fue objeto el primo de Hernán Cortés, este reinicia sus actividades “ganaderas” hasta ese 1536. Seguramente en ese corto espacio de tiempo: de 1526 a 1536, la multiplicación de cabezas de ganado debe haberse dado en grandes proporciones puesto que el mismo García Icazbalceta destaca el acontecimiento como ya lo vimos párrafos atrás. Asimismo, el virrey don Antonio de Mendoza, el 13 de julio de 1543, antes que don Luis de Velasco, en 3 de junio de 1555 emitió un análisis de su visita realizada por los pueblos de Toluca y Teutenango (sic) en los siguientes términos:

HERNÁN CORTÉS

…de nuevo aparece por aquí Hernán Cortés…

Yo don Antonio de Mendoza, Viso Rey e governador, etcétera, por quanto yo soy ynformado e me es hecha Relación que los harrieros que van e pesan por los pueblos de Toluca e Teutenango, ansi para las minas de plata como para otras partes quando llegan a los dichos pueblos sueltan las bestias de la harria y las echan por las labranzas e simenteras de los naturales del dicho pueblo, las quales se las comen e destruyen de que an recibido e reciben mucho agravio e daño e me fue pedido le mandase remediar porque de otra manera sería dar causa que los naturales de los dichos pueblos padesciesen muchas necesidades, e por mí visto, para el remedio de ello mandé dar este mandamiento en la dicha razón por el qual mando que de aquí adelante ninguno ni algunos de los harrieros que fueren e vinieren por los dichos pueblos de Toluca e Teutenango no sean osados de soltar ni suelten ninguna bestia de la harria que llevaren o truxeren por sí ni por ynterpósitas personas ni lo permitan so pena que qualquier bestia que se tomare o hallare en algunas labranzas o simenteras de los naturales de los dichos pueblos demás e allende que luego paguen el daño que hizieren las tales bestias yncurran cada cabeza de medio peso de oro común aplicado la tercia parte para la cámara e fisco de sus maggestades e las otras doss tercias partes para el denunciador e juez que lo sentenciare, e mando a las justicias que estoviere en los dichos pueblos de Toluca e Teutenango que tenggan cuydado de la execución de lo que en este mandamiento contenido e lo hagan apregonar en el dicho pueblo e asienten a las espaldas de él el dicho pregón e porque soy ynformado que los dichos harrierros sueltan las dichas bestias a causa que los naturales de los dichos pueblos no les quieren vender ni dar el mayz e yerva que an menester para sus harrias, por la presente mando a los governadores e principales de los dichos pueblos, que luego den y haggan dar a los dichos harrieros el mayz e yerva para que oviere menester pagando ante todas cosas a los yndios y que lo dieren o truxeren su justo prescio e valor e no de otra manera. Fecho en México, a XIII de jullio de IDXLIII años. Don Antonio de Mendoza. Por su mandato, Antonio de Turcios.

Archivo General de la Nación, Ramos: Mercedes, vol. 2, exp. 306.

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Plano topográfico que comprende el territorio occidental de México hasta la distancia de 35 leguas con la asignación de las principales poblaciones. Dedícase al Exmo. Señor D. Francisco Xavier Venegas, Virrey de esta Nueva España por Fermín de Reygadas. Archivo General de la Nación. José Manuel Villalpando César: En pie de guerra. México, Clío, 1996. 64 pp. Ils., retrs., facs. (La antorcha encendida), p. 41. Además, véase debajo del recuadro superior la zona montañosa que va del Ajusco hacia abajo, y donde pueden apreciarse, entre otras poblaciones las de Santiago Tianguistenco, Metepec y desde luego la Laguna de Lerma. Entre estos tres sitios estaba ubicada la hacienda de la Purísima Concepción de Atenco.

   Esto es un antecedente del fenómeno de la proliferación masiva que alcanzó en tierras del valle de Toluca el ganado, un ganado que seguramente estaba clasificado en una diversidad que va del porcino, pasa por el caballar, hasta llegar al vacuno, sin menospreciar los de otras especies.

   En ningún momento estoy desacreditando la labor emprendedora que manifestó el lic. Juan Gutiérrez Altamirano. Más bien, aclaro ciertos acontecimientos que es necesario destacar pretendiendo conocer lo mejor posible la génesis de ATENCO en cuanto tal. Lo que sí es un hecho es la relación de crianza aplicada con fines utilitarios, que debió darse de manera formal y profesional también pasados ya un buen número de años luego del origen de la ganadería. Hasta el momento no he encontrado referencia que insinúe una aplicación definitiva de los dueños de ganado no solo de ATENCO, sino de otras tantas haciendas donde también se daba el fenómeno de la multiplicación y reproducción sin más de cabezas de ganado, dedicadas una buena parte, al servicio de fiestas caballerescas primero; con utilidad para el toreo de a pie después. Mis investigaciones y conclusiones se remontan al siglo XIX donde ya encontramos un serio compromiso por parte de hacendados que pusieron un empeño más concreto en aplicarse a tareas y actividades cuyo sentido se orientó al quehacer específico por criar toros de lidia. Este gran acontecimiento vino a darse de modo profesional a partir del último tercio del siglo pasado, cuando la fiesta de toros recupera una actividad que se vio alterada por la famosa prohibición que autorizó el lic. Benito Juárez en 1867, fenómeno que afectó fundamentalmente al Distrito Federal.

FIERRO QUEMADOR ATENCO CON DIVISA

Fierro quemador de Atenco con divisa azul y blanco.

CONTINUARÁ.

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NUEVA HISTORIA DE DOS OBSESIONES. (VI).

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Los primeros afectados fueron los indios y sus denuncias se basaban en la reiterada invasión de ganados a sus tierras lo cual ocasionó varios fenómenos, a saber:

1)A partir de 1530 el Cabildo de la ciudad de México concede derechos del uso de la tierra llamados “sitio” o “asiento”, lo cual garantizaba la no ocupación de parte de otros ganaderos.

2)Tanto don Antonio de Mendoza como don Luis de Velasco en 1543 y 1551 respectivamente, ordenaron que se cercaran distintos terrenos con intención de proteger a los indígenas afectados, caso que ocurrió en Atenco hacia 1551.

3)Se aplicó en gran medida el “derecho de mesta”. A causa de la fuerte expansión ocurrida en las haciendas, en las cuales ocurría un deslizamiento de ganados en sus distintas modalidades, mismos que ocupaban lo mismo cerros que bosques, motivó a un repliegue y al respectivo deslinde de las propiedades de unos con respecto a otros. Como se sabe la mesta -herencia del proceso medieval- fue un organismo entregado al incremento de la ganadería en la Nueva España que favoreció por mucho tiempo a los propietarios, quienes manifestaron los severos daños a movimientos fraudulentos dirigidos a los agricultores y a la propiedad territorial, siendo los indígenas el grupo más afectado.

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Mapa del siglo XVI. La región del bajío, con caminos. Un grupo de chichimecas se dispone a atacar una caravana.

   Corresponde al Mapa del Tunal Grande (1582) que manifiesta la proliferación de reses cimarronas u orejonas criollas de la región, de las que descendió el toro bravo potosino. La parte superior derecha indica la entrada al Valle de San Francisco, hoy Villa de Reyes, San Luis Potosí.

Fuente: “México en el tiempo”, año 4 Nº 27, noviembre-diciembre 1998, p. 21.

4)Bajo estas connotaciones nace por lógica de los necesarios movimientos internos de orden y registro un quehacer campirano ligado con tareas que marcaron el inicio de las demostraciones charras. Esto es, lo que hoy resulta una actividad netamente de entretenimiento, ayer lo fue -y sigue siéndolo- en el campo, como labor cotidiana.

De ahí que, delimitada la ganadería, se diera origen involuntariamente a un primer paso de lo profesional y que Atenco, por lo tanto deje una huella a lo largo de poco más de tres siglos y medio por la abundancia de toros criollos no criados específicamente como toros de lidia en todo el sentido de la palabra; concepto este que surge hasta fines del siglo XIX.

   Luego de establecido el género de la ganadería en sus bases de fomento y reproducción del ganado, se rebasaron estos mismos valores y el control se perdió. Fue tal el crecimiento de los hatos ganaderos en sus diversas modalidades, que bien pronto invadieron otras extensiones, llegando a poblar cerros y bosques, regiones que no eran propicias del todo para la buena reproducción, ocasionándose con ello que los ganados se distinguieran por ser “cerreros” y “montaraces”, es decir con la característica de ser casi salvajes. Ello movió al deslinde obligado de las ganaderías lográndose así, el reconocimiento de terrenos y ganados propios de cada señor dueño de “estancias” o “sitios”. De allí es posible elucubrar las posibles tareas de una selección primitiva, cuyos fines no conseguían alcanzar lo que luego se establecería con los principios de la ganadería desde un punto de vista netamente profesional.

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Cuadro que relaciona el comportamiento que se dio con la sobrepoblación de las distintas cabezas de ganado establecidas en Nueva España, entre 1540 y 1630, y dicha sobrepoblación con el decremento de la población de indígenas y blancos que poblaron dichos territorios.

Fuente: BORAH, Woodrow W: El siglo de la depresión en la Nueva España. México, ERA, 1982. 100 p. (Problemas de México)., p. 18.

   Sobre la imagen, debo agregar que si bien los españoles debían alimentarse -entre otros- con carnes y sus derivados, solo pudieron en un principio contar con la de puerco traída desde las Antillas. Para 1523 fue prohibida bajo pena de muerte la venta de ganado a la Nueva España, de tal forma que el Rey intervino dos años después intercediendo a favor de ese inminente crecimiento comercial, permitiendo que pronto llegaran de la Habana o de Santo Domingo ganados que dieron pie a un crecimiento y a un auge sin precedentes. Precisamente, este fenómeno encuentra una serie de contrastes en el espacio temporal que el demógrafo Woodrow W. Borah calificó como “el siglo de la depresión”,[1] aunque conviene matizar dicha afirmación, cuando Enrique Florescano y Margarita Menegus afirman que

Las nuevas investigaciones nos llevan a recordar la tesis de Woodrow Borah, quien calificó al siglo XVII como el de la gran depresión, aun cuando ahora advertimos que ese siglo se acorta considerablemente. Por otra parte, también se acepta hoy que tal depresión económica se resintió con mayor fuerza en la metrópoli, mientras que en la Nueva España se consolidó la economía interna. La hacienda rural surgió entonces y se afirmó en diversas partes del territorio. Lo mismo ocurrió con otros sectores de la economía abocados a satisfacer la demanda de insumos para la minería y el abastecimiento de las ciudades y villas. Esto quiere decir que el desarrollo de la economía interna en el siglo XVII sirvió de antesala al crecimiento del XVIII.[2]

   El estudio de Borah publicado por primera vez en México en 1975, ha perdido vigencia, entre otras cosas, por la necesidad de dar una mejor visión de aquella “integración”, como lo apuntan Andrés Lira y Luis Muro, de la siguiente manera:

Hacia 1576 se inició la gran epidemia, que se propagó con fuerza hasta 1579, y quizá hasta 1581. Se dice que produjo una mortandad de más de dos millones de indios. La fuerza de trabajo para minas y empresas de españoles escaseó entonces, y las autoridades se vieron obligadas a tomar medidas para racionar la mano de obra y evitar el abuso brutal de los indígenas sobrevivientes.

   Por otra parte, la población mestiza había aumentado a tal grado que iba imponiendo un trato político y social que no se había previsto. Mestizos, mulatos, negros libres y esclavos huidos, al lado de criollos y españoles sin lugar fijo en la sociedad concebida como una organización de pueblos de indios y ciudades y lugares de españoles, alteraron el orden ideado por las autoridades españolas, en cuyo pensamiento sólo cabía una sociedad compuesta por “dos repúblicas, la de indios y la de españoles”.[3]

   Durante buena parte de la colonia no es posible pensar en la dedicación de los ganaderos cercanos a la fiesta de toros al concepto de crianza, y más aún de la destinada para la lidia, que va a darse en el último tercio del siglo XVIII en España con la de García Aleas Carrasco (desde 1788). Es un entuerto pensar que Atenco pueda asumir el privilegio de ser la primera en donde se manifestó el carácter de crianza cuyo fundamento es ya el de la reproducción y el de la selección que ocurriría durante el curso de la segunda mitad del siglo pasado.

   Joaquín García Icazbalceta, respetable bibliófilo congregó una de las bibliotecas más importantes hacia fines del siglo XIX, y en la cual se encontraban documentos valiosísimos. En su trabajo OBRAS, Tomo 1, opúsculos varios 1. México, Imp. de V. Agüeros, Editor, 1896. 460 pp., nos presenta en el pasaje “El ganado vacuno en México” datos como el que sigue:

La asombrosa multiplicación del ganado vacuno en América sería increíble, si no estuviera perfectamente comprobada con el testimonio de muchos autores y documentos irrecusables. Desde los primeros tiempos siguientes a la conquista, los indios poco acostumbrados a la vista y vecindad del ganado, padecían a causa de él, mucho daño en sus personas y sementeras, lo cual dió lugar a repetidas disposiciones de la corte, que vacilaba entre la conveniencia de que los ganados se aumentasen, y el deseo, que en ella era constante, de procurar el bien de los indios. Entre esas disposiciones es notable la relativa a la gran cerca que se labró en el valle de Toluca para encerrar el ganado de los españoles. Consta en la cédula real de 3 de Junio de 1555, que por su interés histórico y por hallarse únicamente un libro rarísimo (la Monarquía Indiana, Libro I, cap. 4), me resuelvo a copiar, a pesar de su mucha extensión. Dice así:

El Rey-Nuestro Presidente é oidores de la Audiencia Real de la Nueva España. A Nos se ha hecho relación que D. Luis de Velasco, nuestro visorrey de esa tierra, salió a visitar el valle de Matalcingo, que está doce leguas desa ciudad de México, cerca de un lugar que se llama Toluca, que es en la cabecera del valle, é que tiene el dicho valle quince leguas de largo, é tres y cuatro y cinco de ancho en partes, y por medio una ribera, y que hay en él mas de sesenta estancias de ganados, en que dizque hay mas de ciento cincuenta mil cabezas de vacas é yeguas, y que los indios le pidieron que hiciese sacar el dicho ganado del valle, porque recibían grandes daños en sus tierras y sementeras, y haciendas, y que no las osaban labrar, ni salir de sus casas, porque los toros los corrían y mataban, y que los españoles dueños de las estancias, y el cabildo de la Iglesia mayor desa ciudad, por otra, le pidieron que no se sacase el ganado de la Iglesia, que perdía lo más sustancial de sus diezmos, y a los oidores y a la ciudad que se les quitaba de su provisión y entretenimiento lo más o lo mejor que tenían. E que visto lo que los unos y los otros decían, y mirada y tanteada toda la dicha tierra, y comunicado con ciertos religiosos y con los dichos indios principales naturales del dicho valle y todas sus comarcas, irató que se hiciese una cerca que dividiese las tierras de los indios de las de esas estancias, cada una conforme a la cantidad de ganado que tuviese; que la cerca se tasase por buenos hombres, y que la dicha cerca se hizo, la cual tiene más de diez leguas, medidas por cordel, y que los indios tienen por bien que del precio della se compre censo para tenerla reparada siempre, por estar seguros de los daños de los ganados, y que se trasó la cerca en diez y siete mil y tantos pesos de oro común, y que al tiempo del pedir la paga a los dueños de las estancias, apelaron para esa Audiencia de mandarles el dicho visorrey pagar, y que han hecho el negocio pleito, con fin de dilatarlo todo lo más que pudieren, por que los indios no sean pagados, ni la cerca no se conserve, que es lo que pretenden, y que convenía mandásemos que los que tienen ganado en el valle pagasen la cerca ó sacasen los ganados, por que con ello se contentarían los indios, aunque lo más conveniente para el sustento y conservación de la una república y de la otra era que la cerca se pague, porque el ganado se conservase sin daño de los naturales. E visto todo lo susodicho y entendido que es conveniente que la dicha cerca se conserve, envio a mandar al dicho visorrey, que en lo del pagar la dicha cerca los españoles, ejecute luego lo que en ello tiene ordenado. Por ende, yo vos mando que vosotros ayudeis é favorezcais a la ejecución dello, sin que pongais estorbo alguno: é si los dichos españoles ó alguno de ellos se agraviare, mandamos que se ejecute el dicho repartimiento sin embargo dello, é vosotros vereis los agravios, y hareis sobre ello, llamadas é oídas las partes a quien tocare, brevemente justicia, y avisarnos heis de lo que en ello se hiciere. Fecha en la Villa de Valladolid, a tres del mes de Junio de mil é quinientos é cincuenta é cinco años.-La Princesa.-Por mandado de su Majestad, su Alteza en su nombre, Francisco de Ledesma.

TORO EN CORRAL

Imagen de un toro, en la que puede apreciarse el trazo de un “cercado”, con lo que en esa reducida expresión, se dejaba notar seguramente, la forma en que se aplicaba control territorial a los ganados mayores durante el periodo colonial. Esta imagen corresponde a un registro del siglo XVI.

   Hasta aquí Icazbalceta. Por otro lado consideremos el crecimiento desmesurado que alcanzó el ganado durante estos primeros años del desarrollo de la ganadería en México, de tal forma que fue imposible poner control, lo cual permitió que se extendiera hasta puntos tan alejados como Zacatecas. Así por ejemplo, el año de 1587 en los reportes marítimos se anota el movimiento de 74,350 cueros tan sólo de la Nueva España, mas 35,444 de Santo Domingo, dando un total de 99,794. Ya el mismo Torquemada nos advierte que en sesenta estancias, tan sólo del valle de Toluca llegó a haber cerca de ciento cincuenta mil cabezas de ganado vacuno. ¡Una barbaridad!

CONTINUARÁ.


[1] Woodrow, W. Borah: El siglo de la depresión en la Nueva España. México, ERA, 1982. 100 p. (Problemas de México).

   El autor apoya su tesis en las actividades de la economía durante la colonia para conocer los comportamientos demográficos que se dieron en forma agresiva a causa de nuevas enfermedades, la desintegración de la economía nativa y las malas condiciones de vida que siguieron a la conquista. Este fenómeno tuvo su momento más crítico desde 1540 y hasta mediados del siglo XVII, mostrando bajos índices de población, entre los indígenas y los españoles (hacia 1650 se estiman 125,000 blancos en Nueva España y unos 12,000 indígenas). La población indígena alcanzó una etapa de estabilidad, luego de los efectos señalados, a mediados del siglo XVIII “aunque siempre a un ritmo menor que el aumento de las mezclas de sangre y de los no indígenas”.

   Es interesante observar la gráfica que aquí se analiza donde vemos valores de cabezas de ganado mayor y menor muy disparados contra un decremento sustancial de los indígenas y blancos, lo cual originó, por otro lado, un estado de cosas donde dichos ganados mostraron no solo sobrepoblación sino que el hábitat se vulneró y se desquició lo cual no permite un aumento de la producción, pues los costos se abatieron tremendamente.

   Esta tesis ha perdido fuerza frente a otros argumentos, como por ejemplo los que plantea la sola trashumancia habida en buena parte del territorio novohispano, o aquel otro que propone Pedro Romero de Solís en su trabajo denominado “Cultura bovina y consumo de carne en los orígenes de la América Latina” (véase bibliografía). Pero también se ha desdibujado por motivo de que el autor nunca consideró que habiendo una crisis demográfica de las dimensiones analizadas en su estudio, estas nunca iban a permitir que la economía creciera. Por supuesto que la economía colonial creció desde finales del siglo XVI, se desarrolló durante todo el siglo XVII y se consolidó, en consecuencia hasta que operaron abiertamente las reformas borbónicas.

[2] Enrique Florescano y Margarita Menegus: “La época de las reformas borbónicas y el crecimiento económico (1750-1808)” (p. 363-430). En HISTORIA general de MÉXICO. Versión 2000. México, El Colegio de México, Centro de Estudios Históricos, 2000. 1104 p. Ils., maps., p. 365-6.

[3] Andrés Lira y Luis Muro: “El siglo de la integración” (p. 307-362). En HISTORIA general de MÉXICO. Versión 2000. México, El Colegio de México, Centro de Estudios Históricos, 2000. 1104 p. Ils., maps., p. 311. Además, véanse las páginas 316 y 317 del mismo texto que abordan el tema de “La población”.

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NUEVA HISTORIA DE DOS OBSESIONES. (V).

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Por otro lado, ni Carriquiri ni Zalduendo existían para entonces. Los toros navarros y su acreditada fiereza son bien reconocidos desde el siglo XIV pues no faltaban fiestas, por ejemplo en Pamplona, lugar donde se  efectuaron con frecuencia. Posibles descendientes de don Juan Gris y ascendientes del marqués de Santaclara (Joaquín Beaumuont de Navarra y Azcurra Mexía) pudieron haber tenido trato con Gutiérrez Altamirano directamente en el negocio de compra-venta de los ganados aquí mencionados, y que pastaron por vez primera en tierras atenqueñas.

   Presuponen algunos que los toros navarros eran de origen celta. Gozaban de pastos salitrosos en lugares como Tudela, Arguedas, Corella y Caparroso dominados por el reino de Navarra.

   Transcurre la Edad Media, las fiestas y torneos caballerescos abarcan el panorama y nada mejor para ello que toros bravos de indudable personalidad, cuyo prestigio y fama hoy son difíciles de reconocer en medio de escasas noticias que llegan a nuestros días.

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Oportuna fotografía que nos permite recrear alguna de las posibilidades sobre la dispersión del ganado que, al extenderse la sobrepoblación hasta las zonas montañosas, se tornaban cerreros, montaraces o mostrencos.

Fuente: EL PAÍS, edición internacional (México), del 9 de marzo de 2003.

   Es cierto también que con anterioridad a los hechos de 1528, inicia todo un proceso de introducción de ganados en diversas modalidades para fomentar el abasto necesario para permitir una más de las variadas formas de vivir europeas, ahora depositadas en América.

   Se sabe que por la época del escándalo de llegada y muerte de doña Catalina Xuárez “la Marcayda” (oct.-nov. 1522) había en el palacio de Texcoco caballos y vacas de las cuales se aprovechaba su leche como alimento. El mismo Bernal Díaz del Castillo nos dice que los indios se dedicaban a la agricultura; así, por tanto, hacia 1524 son

labradores, de su naturaleza lo son antes que viniésemos a la Nueva España, y agora (ca. 1535) crían ganados de todas suertes y doman bueyes y aran las tierras.

Doña Catalina Pizarro tuvo hasta 1548 y en propiedad la estancia de Chapultepec, donde muy pronto y ya bajo posesión absoluta de Gutiérrez Altamirano, continuó poblándose de ganados.

Guillermo S. Fernández de Recas apunta al respecto del testamento de Hernando Gutiérrez Altamirano:

(…) En la cláusula # 12 se habla de que les pertenece por herencia, la Estancia de Chapultepec con el ganado de vacas de que les hizo merced la Sra. Marqueza del Valle…; y de que Tepemachalco les fué dado en nombre de su Majestad por el Virrey don Antonio de Mendoza.

Fernández de Recas, Guillermo S.: Mayorazgos de la Nueva España. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Biblioteca Nacional de México, 1965. L-509 pp., ils., fots. (Instituto bibliográfico mexicano, 10), p. 19.

   El asunto se trae a colación en virtud de que en la caja No. 33 del fondo: Condes Santiago de Calimaya, existente en la Biblioteca Nacional nos ofrece el siguiente dato:

33/1 Escritura de venta que otorgó D.a. Catalina Pizarro a la marquesa doña Juana de Zúñiga de la estancia nombrada Chapultepec.

9 de febrero de 1548. Menciona contar con ganado vacuno “que en dicha estancia hay, que son hasta quinze cavezas de vacas chicas, é grandes la cual dicha estancia con el dicho ganado le vendo con todas sus entradas, salidas e pertenencias por libre de censo y tributo, por precio e cuantía cada caveza de el dicho ganado a dos pesos, y medio de oro de minas de ley”.

   Así que, por lo visto hasta el momento, tres son las fuentes de origen en cuanto a ganado vacuno se refiere: la de 1526 realizada por el propio extremeño, la del lic. Gutiérrez Altamirano para 1528 (que veremos en detalle más adelante) y la de 1548 que propició la merced hecha por la Sra. Marquesa Catalina Pizarro (de tierras inmediatas a ATENCO) misma que, para 1531 está registrando ante el Cabildo sus ganados.

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Antonio Navarrete: Trazos de vida y muerte. Por (…). Textos: Manuel Navarrete T., Prólogo del Dr. Juan Ramón de la Fuente y un “Paseíllo” de Rafael Loret de Mola. México, Prisma Editorial, S.A. de C.V., 2005. 330 p. ils., retrs., p. 15.

Desembarco de las primeras cabezas de ganado vacuno en playas mexicanas, mientras transcurren las jornadas militares encabezadas por Hernán Cortés.

   Se habla luego de que para 1557 esta encomienda tiene posesión de la estancia de Chapultepec. Pero es aún más concisa la declaración que se desprende del expediente 4 del vol. 276 perteneciente al ramo VINCULOS del Archivo General de la Nación, fechado en 1557.

   Es un documento que, como fuente pasa a ser de primerísima mano pues en él se aclaran ciertas dudas sobre el traído y llevado caso de Juan Gutiérrez Altamirano y Atenco que siguen causando polémica e imprecisión.

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Archivo General de la Nación: Ramo: VÍNCULOS. Vol. 276, exp. Nº 4: “Autos fechos a Pedimento de D.a Catalina Pizarro hija natural de D.n Hernán Cortés Marqués del Valle contra D.a Juana de Zúñiga marquesa del Valle sobre ciertas escrituras y donación” (1557)., f. 347 f.

   En dicho documento aparece declaración de Juan Nagualquen o Naguati, indio natural de Calimaya que sabe y proporciona datos sobre Chapultepeque: “cabe en término del dicho pueblo de Calimaya la cual conoce desde el día que se asentó se pobló se ubicó estancia hasta cerca de hoy a más de treinta años (…) la segunda pregunta dice lo que sabe de esta pregunta es que puede haber treinta años poco más o menos a este habiendo bido (sic) que el dicho Licenciado Altamirano puso asiento la dicha estancia de Chapultepeque sitio este lugar donde al presente estamos hizo en ella las casas y corrales de que se han servido hasta el día de hoy y bido luego y las pobló de obejas y después de vacas y otros ganados y los tuvo allá que este y pacíficamente y viéndose de todo ello como cosa suya propia bido luego puso en ella un calpisque español que se decía Francisco (¿de Praves?) y es verdad y bido como dicho tienen que el dicho Licenciado Altamirano fue el primero edificador de la dicha estancia como muy cosa suya del dicho Licenciado(…)”.

   Seguramente la crianza del toro per se tiene su origen en el crecimiento desmesurado de las ganaderías que hubo en la Nueva España y en sus principios.

CONTINUARÁ.

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NUEVA HISTORIA DE DOS OBSESIONES. (IV).

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Dice Gloria Artis Espriú:

La encomienda perteneció, en calidad de mayorazgo, en manos de los descendientes del licenciado Gutiérrez Altamirano a lo largo de varias generaciones. De hecho, no perdieron esta encomienda, sino hasta 1722, cuando el contador general de reales tributos ordenó el retiro de la encomienda y el embargo de varios bienes libres del conde Nicolás Gutiérrez Altamirano, para recuperar las cantidades que este último había recibido de la encomienda sin tener derecho a ellas, según el contador. En ese año le fueron embargadas las haciendas de Atengo (¿Atenco?), Quautenango, Tepemaxalco, Zazacuala, Almoloya y el rancho de san Nicolás en términos de Ixtlahuaca, Metepec y Xalatlaco,, que eran bienes libres, Estas haciendas se dedicaban tanto al cultivo de cereales como a la cría de animales. FAMILIA, RIQUEZA Y PODER, p. 36.

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Archivo General de la Nación: Ramo: VÍNCULOS. Vol. 276, exp. Nº 4: “Autos fechos a Pedimento de D.a Catalina Pizarro hija natural de D.n Hernán Cortés Marqués del Valle contra D.a Juana de Zúñiga marquesa del Valle sobre ciertas escrituras y donación” (1557).

   Y la encomienda, como lo apunta Carlos Fuentes es una institución en virtud de la cual los servicios y el tributo de los indios eran requeridos, a cambio de la protección y la salvación de sus almas mediante la enseñanza religiosa. En realidad, se trataba de una forma disfrazada de la esclavitud. (EL ESPEJO ENTERRADO, p. 136).

   Un hecho embarazoso despojó de la encomienda a Gutiérrez Altamirano en 1530 (…los señores oidores Nuño de Guzmán, Matienzo, y Delgadillo le quitaron los pueblos: el motivo fue, porque estando informando en Reales Estrados, echó mano al puñal contra el Factor Gonzalo de Salazar. Así se dice en los Autos pero Herrera dice, que el Factor Gonzalo de Salazar puso demanda al Tesorero Alonso de Estrada sobre varios agravios, y que defendiendo como su Abogado el Lic. Altamirano a Estrada, echó mano a un puñal Gonzalo de Salazar contra Altamirano, y que este en su defensa sacó el suyo. Y sin embargo de haber sido de esta suerte, le quitaron los pueblos; sobre lo que se siguieron Autos (…) que por el delito de haber echado mano al puñal en Reales Estrados, se le debían quitar a dicho Licenciado los tales pueblos, y castigarlo, declarándose enteramente privado de ellos. Lebrón, p. 9-10).  El 14 de julio de 1531 estaba de nuevo bajo el control de Hernán Cortés quien renunció a ella a favor de su primo, ocurriendo la entrega legal hasta el 30 de mayo de 1536.

   Parece que la encomienda en cuanto tal orilló a la descendencia de los Gutiérrez Altamirano a una prolongada y espesa historia de litigios por el derecho de la misma. Fue en 1728 cuando la encomienda de los Altamirano se anuló, convirtiéndose los tributos en realengos. Tal maniobra fue concertada a partir de la Real Cédula de incorporación de las encomiendas a la Corona, aprobada en 1721.

   Sin embargo, la encomienda no fue causante de los efectos más graves. Por algún error el Real Fisco insistió en cobrar algún desvío ocasionado -¡varias generaciones atrás!- por lo que los embargos comenzaron a ser hechos cotidianos y gracias a Isabel Gutiérrez Altamirano (1798-1802) y a José Juan Cervantes (1835-1874) se recuperó la debacle financiera ocasionada a lo largo de muchos años.

   Es necesario aclarar que la ley indicaba para la encomienda que su responsable no contaba con el derecho a poseer tierras, ni título para que el encomendero pudiera incorporarlas a su patrimonio. Solo tenía derecho a percibir el trabajo y el tributo de un determinado número de indios. Posteriormente las condiciones y beneficios fueron cambiando.

   De esa manera puede entenderse que el Mayorazgo Gutiérrez Altamirano no gozaba del control de las tierras sino de sus beneficios directamente. Lo mismo habrá ocurrido con el ganado. Las actividades fueron concentrándose bajo el carácter tributario. De hecho, si no se veía favorecido un encomendero con relación a tierras, sí podía adquirir terrenos a títulos distintos al de la encomienda en términos territoriales de sus pueblos encomendados. Por lo tanto, los Condes de Santiago de Calimaya fueron terratenientes de grandes alcances políticos y económicos.

   Pero es hasta el 6 de julio de 1529 en que el Rey Carlos I mercedó a Hernán Cortés veintidós pueblos (como Matlazingo, Toluca, Calimaya y otros) y veintitrés mil vasallos.

   Estos mismos pueblos “…con sus aldeas e términos…”, fueron vinculados en el mayorazgo que fundó don Hernando, en escritura asignada en la Villa de Colima el 9 de enero de 1535, ante los escribanos y Juan Martínez de Espinoza, previa licencia real.

PROPIETARIOS ATENCO_DE LOS CERVANTES A LOS BARBABOSA

Imagen elaborada para mi tesis doctoral: “Atenco: La ganadería de toros bravos más importante del siglo XIX. Esplendor y permanencia”. México, Universidad Nacional Autónoma de México. Facultad de Filosofía y Letras. División de Estudios de Posgrado, Colegio de Historia, 2007. 251 p. + 927 p. (Anexos). Serie: Aportaciones Histórico Taurinas Mexicanas, 16.

 

Comparto con ustedes el índice del trabajo:

 

ÍNDICE TESIS DOCTORAL_JFCU

CONTINUARÁ.

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NUEVA HISTORIA DE DOS OBSESIONES. (III).

A TORO PASADO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Así que desde esas tempranas fechas existe ganado vacuno que ha sido traído ex profeso por el propio conquistador para su reproducción.

   Durante todo el periodo colonial fue dominante una familia con características oligárquicas que luego se extendió durante el siglo XIX y alcanzó su culminación en los primeros años del XX. Se trata de la Encomienda concedida por el capitán general Hernán Cortés al lic. Juan Gutiérrez Altamirano desde 1528 (…este le encomendó al Lic. D. Juan Gutiérrez Altamirano el día 19 de noviembre de 1528 el pueblo de Calimaya con sus sujetos, según y en la manera que los tenía y se los había dejado el dicho Cortés antes de su partida a España). El Tesorero Alonso de Estrada, como Gobernador la confirmó y ratificó. Y fue hasta el 20 de julio de 1529 cuando el emperador Carlos V autorizó la real donación que entrega diversas poblaciones del Valle de Toluca al Marquesado del Valle de Oaxaca.

…para que de lo susodicho quede perpetua memoria: por lo presente hacemos merced gracia, donación para, perfecta, irrevocable, que es dicha entre vivos, y para agora, y siempre jamás, de las villas y pueblos de Cuyoacan, Matalzingo, Toluca, Calimaya… hasta el número de veinte y tres mil vasallos, jurisdicción civil y criminal, alta y baxa, para que todo ello sea vuestro, y de vuestros herederos y sucesores… y para que podais vender, dar, donar, trocar y cambiar y hacer de ello y en todo lo que quisiereis, y por bien tuviereis. Joseph Lebrón y Cuervo, APOLOGIA JURIDICA DE LOS DERECHOS QUE TIENE EL SEÑOR CONDE DE SANTIAGO DEL PUEBLO DE CALIMAYA…, p. 6-7.

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“…que hubo en el Valle de Toluca, después de la Conquista, en tiempos de la Cristiandad, aquella famosa cerca con dos puertas y un puente, para pastar ganado, como se ve en dos mapas grandes que están en mi Archivo (dice Lorenzo Boturini), el uno en papel indiano y el otro en lienzo de algodón, donde está marcada toda la Provincia y Valle”. Este mapa quizá sea uno de los dos mencionados por el historiador y que se remonta al año 1552. Cortesía, Luis Barbabosa y Olascoaga. (q.e.p.d.)

El licenciado Juan Gutiérrez Altamirano, de inmediato se aplicó a la agricultura y a la cría de ganados. Al casarse con su prima Juana de Altamirano, a su vez, prima de Hernán Cortés logró la confianza del conquistador al hacerlo consejero y albacea. Fue por eso que el fundador del mayorazgo Altamirano tuvo en posesión casas y solares en la ciudad de México, mil quinientos pesos de oro de minas y mil ducados que remitió a sus padres, quienes vivían en Castilla. Era propietario además, de la estancia de Chapultepec, de huertas y moraleras en Coyoacán, de otra estancia en el valle de Toluca y dos en Tepemaxalco, en el mismo valle; poseía la estancia de Tultenango y Tlalcastitlán en la raya de Michoacán; así como otras dos estancias en la última provincia mencionada.

CONTINUARÁ.

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NUEVA HISTORIA DE DOS OBSESIONES. (II).

A TORO PASADO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   La considerada ganadería más añeja existente en nuestro país, posee historias con sus respectivos misterios dignos de aclararse en vista del múltiple cúmulo de oscuros pasajes surgidos desde sus orígenes mismos. De siempre se ha comentado que sus raíces parten de la base de un grupo compacto de simiente navarra, que llegó a esas tierras, gracias a los esfuerzos del Lic. Juan Gutiérrez Altamirano, primo hermano de Hernán Cortés. Lo que puede decirse -hasta el momento-, a pesar de los apuntes del historiador Nicolás Rangel, es que no existe la documentación de respaldo para confirmar el dicho del historiador leonés. Apuntaba en su obra HISTORIA DEL TOREO EN MEXICO, época colonial 1521-1821.

   El conquistador, Lic. Juan Gutiérrez Altamirano, primo de Hernán Cortés, había obtenido de éste, como repartimiento, el pueblo de Calimaya con sus sujetos; y con otras estancias que había adquirido en el valle de Toluca, llegó a formar la hermosa Hacienda de Atenco, llamada así por ser el nombre del pueblo más inmediato. Para poblar sus estancias con ganado bovino, lanar y caballar, hizo traer de las Antillas y de España, los mejores ejemplares que entonces había, importando de Navarra doce pares de toros y vacas seleccionados que sirvieron de pie veterano a la magnífica ganadería que ha llegado a nuestros días.

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Antonio Navarrete: Trazos de vida y muerte. Por (…). Textos: Manuel Navarrete T., Prólogo del Dr. Juan Ramón de la Fuente y un “Paseíllo” de Rafael Loret de Mola. México, Prisma Editorial, S.A. de C.V., 2005. 330 p. ils., retrs., p. 18.

   En lo personal, dicha afirmación la pongo en duda, puesto que los datos se remiten al año de 1552 (recordemos, ATENCO fue creada desde 1528) y meses atrás a este último año, Cortés ya se encuentra bastante ocupado en la crianza de ganado como lo refiere a su padre en carta del 16 de septiembre de 1526. El conquistador nos revela un quehacer que lo coloca como el primer ganadero de México, actividad que desarrolla en el valle de Toluca mismo. Hernán se dirige a su padre Martín Cortés indicándole de sus posesiones en Nueva España y muy en especial “Matlazingo, donde tengo mis ganados de vacas, ovejas y cerdos…”

CONTINUARÁ.

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NUEVA HISTORIA DE DOS OBSESIONES. (I).

A TORO PASADO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   Como lo indica el título de la entrada, los temas que se abordarán en esta y las siguientes entregas, tienen que ver con esa larga tarea, que aún no termina, la cual se relaciona con el compromiso de mejorar la mirada que debe tenerse sobre los orígenes no solo del toreo en México, sino de aquellos componentes que le dieron forma y sentido. Por tanto, ese y el tema sobre el comportamiento de la tauromaquia en el siglo XIX, estarán presentes en A toro pasado, con notas que escribí hace dos décadas.

   Desde mi particular contemplación hacia la historia, la fecha del 19 de noviembre no puede pasar desapercibida. Una feliz coincidencia mueve los hilos de exploración que se detienen en un pequeño territorio denominado ATENCO.

   Es el 19 de noviembre de 1528 cuando nace a la historia la ganadería de ATENCO que nutre de toros a infinidad de fiestas desarrolladas durante el virreinato, México independiente y nuestro siglo XX. También un 19 de noviembre pero de 1856 nace en ATENCO Ponciano Díaz Salinas.

   Han transcurrido 468 años de su creación (para 1996, fecha de elaboración de estos apuntes; 487 para este 2015), vida, esplendor y desarrollo de ATENCO. También, esa fecha coincide con el 140 aniversario del nacimiento de Ponciano (para 1996; 159 para 2015).

   Antes de cualquier propósito por afirmar la vida cotidiana en el territorio mesoamericano, hubo quien como Gregorio de Villalobos y otro grupo de españoles, introdujeron desde 1521 ganados mayores, menores y otros domésticos a nuestras tierras, con lo que pronto se reprodujeron, a “la manera de los de acá”, lo que trajo consigo sobrepoblación, lo cual generó que mucha de aquella nueva población animal se tornara sobre todo montaraz y mostrenca. Una de las imágenes del célebre Códice Florentino parece contarnos con toda veracidad lo aquí reseñado.

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Bernardino de Sahagún: Historia general de las cosas de Nueva España. El Códice Florentino. Libro XII: de la conquista de México. El manuscrito, al que comúnmente se llama el Códice Florentino, consta de 12 libros dedicados a diferentes temas. El Libro XII narra la conquista española de México, que tuvo lugar entre 1519 (cuando Cortés desembarcó en la costa con poco más de 100 hombres y unos cuantos caballos) y 1521, cuando se tomó Tenochtitlán y se subyugó a los aztecas. La historia es contada desde la perspectiva de los ancianos indígenas que vivían en Tenochtitlán en el momento de la conquista y presenciaron los acontecimientos descritos. Sahagún reunió estos relatos entre 1553 y 1555, aproximadamente, cuando estaba trabajando en el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco. La narrativa náhuatl comienza con una evocación de «las señales y los presagios» que, se decía, habían aparecido antes de la llegada de los españoles, y concluye con la rendición de Tenochtitlán después de un sitio de 80 días. (Portada y detalle).

Disponible en internet, julio 15, 2015 en: http://www.wdl.org/es/item/10623/view/1/1/

CONTINUARÁ.

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