APRECIACIONES A LA OBRA DE DOMINGO IBARRA: HISTORIA DEL TOREO EN MÉXICO. (IX).

RECOMENDACIONES y LITERATURA.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    El siguiente paso en el que se detiene Ibarra es para analizar el festejo ocurrido el 17 de abril de 1887.

   Dice que “Desde a las doce del día comenzó a moverse la gente que gusta de los espectáculos bulliciosos y que causan emociones violentas, pues desde esa hora marcharon para los redondeles algunas compañías de los principales cuerpos de la guarnición, con sus músicas correspondientes, a la manera de como se hacía antes para el partimento de plaza, y disque ahora para conservar el orden, porque como los catrines y rotos, que así se les llama el populacho a todas las personas que usan saco o levita, y concurren a las lides de toros armados hasta los dientes, pues van con pistola al cinto debajo de la chaqueta enseñando el cañón, espada colgada en la silla del caballo, reata en los tientos y cuarta con alma de munición de plomo; los de a pie además de la pistola debajo de la levita llevan bastón con verduguillo y puño de plomo o de fierro; también los chinacates, que son el pueblo, aunque no hacen ostentación de lo que llevan, se supone que irán armados de navaja, chaveta o tranchete, y quien sabe de cuantas otras cosas más sin que dejen de ir cargaditos de pulque; por lo que la crecida fuerza militar va a evitar que halla (sic) una de San Bartolomé, ó, alguna azonada política; pero no solamente para eso, sino para rechazar al pueblo a culatazos si se aglomera en las puerta de entrada al redondel como pasó el día citado en la Plaza de San Rafael; pues fue tanto el concurso, que muchísimas personas tuvieron que retirarse, lo cual les resultó en bien, porque no llevaron el chasco de gastar su dinero para ver una corrida pésimamente mala, que si no hubiese sido por el coco de la tropa, pasa peor cosa que la de la memorable tarde en que se presentó a torear el mentado Luis Mazzantini que se trajo de España para que hiciera fiasco. (Ibarra, op. Cit., p. 28-29).

   Sobre lo que vio o le dijeron a Domingo Ibarra, queda claro que tanto los catrines como los “chinacates”, al convivir y encontrarse en una plaza, solían integrarse en una comunidad uniforme donde privaba la violencia, válvula de escape no solo de los conflictos laborables, sentimentales o existenciales con que cada uno cargaba. Esos desahogos podrían ser tan esquizofrénicos que de la agresión corporal podían pasar inmediatamente a la agresión que se acompañaba de todo aquel muestrario de instrumentos para la batalla. A lo anterior, hay que agregar el hecho de que la policía, actuaba en forma por demás violenta y directa, y no quedaba en su sola intervención para controlar el orden. Con frecuencia, solían cortar cartucho, e incluso hacer disparos, usando en otros casos las bayonetas, evidenciando un estilo despótico, prepotente y hasta un tanto cuanto caótico si no eran capaces de controlar aquel desorden.

   Entre los aspectos que la prensa de la época abordaba, en forma semejante a los escritos por Domingo Ibarra, encuentro los siguientes:

   En La Voz de México, del 17 de abril de 1887, p. 1, y en la columna POLIANTEA SEMANAL, Novel, su titular, escribió una larga descripción de los acontecimientos que, en materia taurina habían sucedido apenas días atrás.

(…) Y ahora, hablemos, o escribamos, que para un periódico viene a ser lo mismo, de… del pan de cada ocho días, de las corridas de toros, de esa fiebre hiperpirética que se ha apoderado de México desde que los padres de la patria se dignaron conceder su real permiso para las lides de cornúpetos en el Distrito.

   ¿Se puede contener un torrente que se desborda, que todo lo arrastra, que se precipita por donde quiera invadiéndolo todo?

   Imposible.

   Las lides taurinas constituyen la diversión favorita de los mexicanos y ya que la sangre corre empapando la arena de los circos, hablemos de sangre y de cacheteros, de diestros y de banderilladores, pues si este es el único paño de donde cortar, venga un pedazo de tela y súrzalo la pluma para vestir los angulosos miembros de esta crónica, semejante a los arlequines por su traje de múltiples y abigarrados colores.

   Como dijimos a los lectores, el domingo pasado tuvo lugar el estreno de la espaciosa y elegante plaza de Colón, llenando las localidades y buen número de personas de todas las clases sociales que acudieron al sangriento espectáculo, atraídas por la novedad de ver una plaza, cómoda si las hay, y modelada por las principales de la madre patria.

   El ganado fue bueno, la tarde nublada, pero no lluviosa, y la cuadrilla hábil en muchas de las suertes.

   Para hoy se anuncia la corrida con gran rebaja de precios, lidiándose bichos de la famosa ganadería de Atenco que también jugaron en la fiesta pasada.

   La empresa Teresa y Cerdán hace cuanto puede por dejar complacidos a los aficionados al arte de Cúchares, razón por la que recoge tan pingües ganancias.

   No menos trabaja en igual sentido la empresa de los señores Ferrer: también en San Rafael habrá rebaja de precios; jugarán ocho reses de la ganadería veracruzana de Jonatal (el Fortín), de tanta ley que son llevados muchas veces a la Habana, tanto o más exigente que el pueblo mexicano por lo que hace a la bravura del ganado de lidia. Además, el toro embolado llevará en la frente monedas de oro y plata, que pertenecerán al atrevido cuyo valor y habilidad consigan arrancarlas de la cabeza del bicho.

   Si la tarde es buena, si hay en el bolsillo cuatro pesetas y buen humor en el ánimo, a tomar los carros urbanos que conducen a las plazas de toros, a cantar luego la instalación del individuos en los tendidos y… ¡¡ahora Ponciano…!! cuando el primer cornúpeto haya salido al redondel en medio de una nube de polvo.

   (…) Ayer debe haberse puesto en escena el juguete cómico ¡Ahora, Ponciano! producción del poeta Peza y música de D. Luis Arcaraz. No decimos nada acerca del nuevo juguete, por sernos imposible; pero hoy se repite tarde y noche, y podrán conocerlo por sí mismos nuestros lectores de México, a reserva de que más tarde lo reseñemos a nuestros abonados del interior.

   (…) Buena prueba de lo que decimos son las funciones que para hoy anuncia, representando por la tarde la leyenda dramática intitulada El Nuevo D. Juan Tenorio, que tanto ha sido aplaudida en los teatros de España, y por la noche Los dos fanatismos, de Echegaray, con el estreno del juguete cómico en verso, original de la poetisa poblana Da. Rosa Carreto, quien le puso por título ¡Por Mazzantini!

   Deseamos casa llena a la simpática compañía Rosado, que la tiene muy bien merecida.

   El furor taurófilo ha despertado la vena de nuestros poetas, quienes han escrito juguetes cómicos en un acto con el tema de los toros.

   La fiebre de la sangrienta diversión todo lo invade, hasta el recinto de los teatros, convertidos por un momento en arenas de lidia.

   En el Nacional se estrena, como ya dijimos, el ¡Ahora, Ponciano! de Peza; en Arbeu el juguete de la Srita. Carrero ¡Por Mazzantini! y en el remozado viejo coliseo, en el Principal, que pintó sus canas durante la Cuaresma, otra pieza de igual género, de autor desconocido.

   Toros al natural y toros fingidos, ¡pero siempre toros…! Muletas y banderillas, capas y picas, espadas y puñales; no hay otra cosa en México, hasta en los sombreros de los ciudadanos.

   ¡Timbre y toros! ¿Quién se atreverá a decir que no somos felices?

EL NACIONAL, D.F., del 19 de abril de 1887, p. 3: Toros. Es buena la siguiente descripción que hace El Monitor de la concurrencia que asiste ahora a las corridas de toros.

   Héla aquí:

   “Los apreciables taurómanos van armados hasta los dientes, pistolas, espadas, verduguillos, gruesas cuartas de caballos, descomunales bastones con puño de hacha o de martillo. Cualquiera diría que cada uno de ellos se declara en estado de sitio para ir a los toros.

   Los charros y los charritos que van a caballo, llevan una gran reata en los tientos, la espada colgada de la silla, la pistola asomando bajo la chaqueta, la cuarta con mango de plomo en la mano, y en la corbata por alfiler un puñal o una espada o un pequeño revólver de nácar; como dije de reloj, la moda ha adoptado un cañoncito Bauge, y por chapetas en el jarano, dos ametralladoras.

   En el sol, las navajas, las chavetas, las puntas, las dagas y los puñales bien afilados.

   El público está sobre las armas.

   ¿Qué se entiende por toros?…

El Monitor del Pueblo, del 20 de abril de 1887 p. 1 y 2:

JOSÉ MACHÍO.

   El Nacional que es enemigo jurado de las corridas de toros y por consiguiente enemigo también de los toreros, publica por darle gusto a sus lectores la biografía de Pepe Machío, que es como sigue:

   Nació Machío en Sevilla el día 8 de Febrero de 1842, dedicándose en sus primeros años al oficio de labrador en propiedades suyas. A la edad de veinte años quiso torear en compañía de su hermano Jacinto, matador de toros, discípulo de Domínguez, y tuvo la fortuna de aprender bastante con los aplaudidos diestros Domínguez, Manuel Carmona (a) El Gordito y el Nini. En el año de 1868 pasó a la Habana con Cúchares en clase de segundo espada, y después trabajó con aceptación en la mayor parte de las plazas de Andalucía y en las del resto de España. Trabajó después en la plaza de Madrid, en donde recibió la espada de alternativa de manos de Cayetano Sanz el 10 de Julio de 1870. Los madrileños recuerdan todavía las gravísimas cogidas que recibió Machío el 23 de Junio de 1872 y el 17 de Mayo de 1874, las cuales no amenguaron su bravo arrojo, acreditado en varias ocasiones. En la Habana trabajó algún tiempo, antes de venir a la República, en la que lleva algunos años de residir, trabajando en muchos de sus redondeles, especialmente en los de Tlalnepantla y San Rafael, plazas que ha tenido el gusto de estrenar.

DIEGO PRIETO.

   Este diestro nació en Coria del Río, provincia de Sevilla, el año de 1858, fueron sus padres D. Manuel Prieto y Doña Dolores Barrera, quienes quisieron dedicar a Diego al oficio de tahonero, que bien pronto abandonó para dedicarse al toreo. A la edad de 17 años se presentó como banderillero en la cuadrilla del Gallito, manifestando desde luego afición, y deseo de aprender. Bravo y atrevido, cuadraba bien, habiendo tenido la suerte de figurar en la cuadrilla del Gordito bajo cuya dirección adelantó rápidamente, llegando a ser desde entonces un buen torero y haciéndose aplaudir como espada. En su infancia sufrió la amputación del dedo anular de una mano, de donde le viene el apodo con que se le conoce.

   En compañía de Mazzantini ha trabajado algún tiempo en la Habana, después en Puebla y en esta Capital en la famosa corrida del 16 de Marzo.

   Por otro lado, en las inserciones de la prensa, aparecen estos avisos y una amplia nota, como sigue:

TEATRO PRINCIPAL. CIUDAD DE MÉXICO. Compañía dramática dirigida por D. Manuel Estrada y Cordero. 2ª función de abono para la noche del domingo 17 de abril de 1887.

El drama en 3 actos: Un soldado de Napoleón y la Aldea de S. Lorenzo.

El juguete en 1 acto: Una corrida de toros en el teatro Principal.

Por la tarde, 2ª función de abono.

La pieza en un acto: Champagne Frappé.

El juguete cómico en 1 acto: En el cuarto de mi mujer.

PLAZA DE TOROS “SAN RAFAEL”, CIUDAD DE MÉXICO. Domingo 17 de abril de 1887.

Matadores: José Machío, “El Habanero” y Francisco Jiménez “Rebujina”. Ocho toros de El Fortín, estado de Veracruz.

LA PRENSA OPINA.-Las siguientes notas fueron vertidas en El Monitor del Pueblo, del 20 de abril de 1887 p. 1 y 2:

LOS TOROS.-En la plaza de Colón.-La corrida que se dio en esta plaza, no correspondió a las esperanzas de los taurófilos. El ganado, sin embargo de ser de Atenco, estuvo flojo, probablemente es por la poca edad de los toros que se lidiaron.

   De la cuadrilla solo lució el Mestizo en sus quiebros a cuerpo limpio y en la muerte del primer toro.

   Hubo dos incidentes dignos de mencionarse; un picador arrastrado por el caballo y el percance de un charro, que al tener lazado al toro embolado, los aficionados le cortaron la reata, por lo cual, el lazador y el caballo rodaron por el suelo.

   La concurrencia de sombra fue poca; la de sol, regular.

   En la Plaza del Paseo.-En esta plaza también el ganado estuvo de poca ley; no se parecían los toros a sus hermanos del domingo pasado; por consiguiente, no pudo lucirse la cuadrilla.

   El tercer toro fue el único que jugo y con el que pudieron los diestros hacer algunas suertes. Cuatro Dedos no trabajó, habiéndoselo prohibido los facultativos.

   En la Plaza de San Rafael.-Como se anunciaron ocho toros y los precios muy bajos, el público se aglomeró en aquel redondel, que estuvo pleno. Pero ¡qué chasco!

   De los ocho toros, seis fueron muy buenos chicos, pues no se metían con nadie; por el contrario, los bichos se refugiaban en los tableros, huyendo de la cuadrilla.

   Esta lo hizo regular; pero el héroe de la tarde fue Rebujina, que hizo prodigios con los dos toros que dieron algún juego. Como hemos dicho otra vez este diestro adelanta cada día más; no sabemos por qué está de tercer espada.

   El público fue muy paciente, pues se tocaba a banderillas sin que los animalitos se dignaran echar una mirada a los picadores, y hasta rehusando capas.

   No sabemos por qué Machío y el Habanero se salieron de la plaza antes de concluir la corrida; suponemos que la autoridad habrá tomado cartas en este asunto, pues ningún torero puede abandonar el redondel antes de muerto el último toro, salvó el caso de una cogida.

   Para concluir, haremos una observación a las empresas de toros: la competencia no solo se hace bajando los precios lidiando buen ganado.

   Retomando lo dicho por Ibarra apenas en la pág. 29 de su Historia… nos recuerda que:

   “El motivo de tan crecida concurrencia (advertidos de los carteles arriba incluidos), fue la rebaja de precios de las localidades y la lidia de nueve toros anunciados de extraordinaria bravura, (sucesos registrados en la plaza de toros de San Rafael) incluso el embolado, que le pusieron en la frente monedas de oro y plata; todo el ganado procedente de la Hacienda del Jonatal (El Fortín) Estado de Veracruz, que no pudo ser más malo de lo que fue y por lo mismo se lucieron los toreros chapoteadores, menos los matadores porque estuvieron muy de malas, y antes de que terminara la función abandonaron el redondel, cosa que no debió haber permitido la autoridad”.

ROSELL_p. 63

ROSELL, Lauro E.: Plazas de toros de México. Historia de cada una de las que han existido en la capital desde 1521 hasta 1936. Por (…) de la Sociedad Mexicana y Estadística, y del Instituto Nacional de Antropología e Historia. México, Talleres Gráficos de EXCELSIOR, 1935. 192 p., fots., retrs. ils., p. 63.

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