LA PROHIBICIÓN TAURINA EN COAHUILA: VENGANZA POLÍTICA.

EDITORIAL 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Una cada vez más incomprendida tauromaquia, se juega el destino en estos tiempos donde la postmodernidad avasallante, se ha posicionado con su natural toque de soberbia. Es como la actitud altanera del joven frente al padre que intenta desplazarlo o hacerlo polvo por el solo hecho de que “quieren comerse el mundo a puñados”. Y así lo está logrando este fenómeno en el que la humanidad toda se ha dejado fascinar –o someter también-, a los dictados de una filosofía neoliberal que pretende ser la que se imponga en forma contundente de aquí en adelante, y hasta que la humanidad misma reaccione o se convenza de sus efectos. En ese sentido, llama la atención como el Estado Islamico, en su afán por imponer un nuevo califato, acaban de difundir imágenes de la destrucción de un monasterio cristiano del siglo V en Siria, bajo el pretexto de que la gente adora a un dios que no es Dios. Es decir, en la medida en que se niega un fundamento esencial como es el pasado, hoy un buen número de componentes de la sociedad lo niega, y pretende irse por la vida sin ese contrapeso. Ya lo decía el eminente historiador Edmundo O´Gorman: “El pasado nos constituye”. Así que sin pasado es imposible comprender aquello que configuró, al paso de siglos o de generaciones, nuestra forma de ser, en lo individual o como sociedad.

   En ese pasado que hoy comienzan a negar, los toros se están convirtiendo en asunto incorrecto. El activismo de grupos que rechazan esta práctica ancestral va a la alza. Entre sus correligionarios ya nadie quiere valorar los profundos significados de un alto valor ritual que luego, con los siglos se encontró en posibilidades de insertarse en el territorio, no solo de la vida cotidiana en infinidad de pueblos, sino en aquellas dinámicas de los usos y costumbres, hasta convertirse en una expresión cargada de elementos técnicos y estéticos, concentrada en lo fundamental en una plaza de toros, espacio abierto donde cada celebración se convierte en un auténtico ritual en el cual se consuma el sacrificio y muerte de un toro. Sacrificio y muerte de un toro, culminación inherente a un antiguo y complejo dilema en el que dos fuerzas, racional e irracional se enfrentan en una representación primitiva de la cacería, condimentada de todos aquellos pasos que permitan alcanzar el profundo desenlace: la muerte del toro.

   En ese sentido, la reciente exploración de Manuel Rivas en el último número de El País semanal (N° 2030, del domingo 23 de agosto de 2015) vuelve a ser la mirada puesta al día sobre “La hora de la verdad”, momento que en lo taurino significa alcanzar la frontera donde la vida y la muerte se enfrentan, hasta resolverlo todo en apenas nada. Pero Rivas, analiza también otra serie de expresiones parataurinas que ya no convergen en el mundo actual. Allí está el reciente escopetazo en Coria, donde el hermoso Guapetón cayó asesinado, lo que ya no significa necesariamente cumplir con un arraigo, con una tradición secular o milenaria, sino que, a los ojos de la modernidad, o la postmodernidad, esto resulta un anacronismo cargado de violencia, como si la postmodernidad misma fuera incapaz de producir o generar violencia. ¿No le bastará con el solo cambio climático, en el que además se suma la depredación humana que está llevando las cosas a extremos verdaderamente riesgosos? Evidentemente, quien va a responder en forma violenta no es el hombre, sino la naturaleza que, aunque sabia, se ha visto controlada o manipulada por el hombre moderno, cuyo pensamiento está orientado hacia un consumismo irracional, alterando los ecosistemas en forma irreversible.

   También, casos tan recientes como el de Coahuila (en México concretamente), donde el Congreso del Estado acaba de prohibir las corridas de toros, se estima que tal medida no fue producto de una valoración o un análisis de fondo, sino por simples razones políticas, en las que para los hermanos Humberto y Rubén Moreira, estos encontraron o se encontraron con la incómoda presencia del empresario Armando Guadiana que denunció la grave deuda del estado durante su gestión entre otros casos de corrupción. Guadiana es empresario y un aficionado taurino reconocido acusado también de actos ilícitos. Sin embargo, habiéndose defendido no han encontrado elementos para su detención o encarcelamiento, lo que orilló a un conflicto entre este personaje y los gobernadores más recientes que llevan el apellido Moreira. Todo parece indicar que la venganza política se consumó arteramente en la persona de Guadiana, a quien además, se le impidió celebrar como a muchos otros ganaderos de la región las labores de tienta en sus ganaderías. Es esta, una clara muestra de hasta dónde puede llegar la imposición de un decreto que pretende controlar la propiedad privada, cuando legalmente esto sería absolutamente imposible, siempre y cuando se viva en un país que ha construido, al paso de los siglos una legislación coherente y convincente.

   Los taurinos estamos frente a un dilema, y es que cada día transcurrido se convierte en una limitante. El tiempo se está consumiendo y tenemos que ser capaces de hacer una defensa cada vez más clara y legítima. Los lugares comunes estorban, y los argumentos insostenibles porque no tienen validez deben evitarse para que sigan descalificándonos, descalificaciones que se fabrican desde esa nueva forma de ser y de pensar que ya no solo es esa postura contestataria, sino que en su plena creencia alcanza el ensoberbecimiento dogmático de imponer ideas y principios frontales capaces de terminar o exterminar con algo que les parece “históricamente” incorrecto.

   Apenas el 10 de agosto pasado, circulaba una nueva arenga, impulsada por la Asociación Internacional de Tauromaquia, donde el imperativo es continuar con la lucha y defensa de la tauromaquia. Recalcan que

    Lo primero que tenemos que tener presente es que estamos enfrentando un enemigo trasnacional con aliados en cada uno de nuestros países taurinos, que está haciendo uso de las nuevas tecnologías de la información, gastando cuantiosos recursos financieros que provienen de países desarrollados, con intereses tan difusos como perversos, para tratar de vaciar de contenido una parte de nuestra cultura iberoamericana.

   Los aficionados ya tienen demostrado su aporte y solidaridad, con la asistencia a las plazas y con el trabajo en defensa de la Tauromaquia. Por tal razón, los estamentos profesionales del sector taurino deben considerar seriamente invertir en la defensa de la Fiesta de los Toros, máxime cuando son ellos los que obtienen sustento a través de ella.

   El descuido de los estamentos al no actuar en este preciso momento, hará que lo que tengan que asumir económicamente en un futuro pueda ser aún más costoso por no poder desarrollar con libertad su actividad económica. Una cosa es defender la Fiesta celebrándose corridas y festejos con flujo de caja, y otra muy distinta será defenderla en una situación de prohibición.

   Tampoco excluimos de esta responsabilidad a los poderes públicos, que le es atribuida tanto por la Constitución como por la ley.

   Queda poco tiempo para escoger: El camino de la vergüenza, o el de levantarnos con indignación y sacar esto adelante.

   Esa última advertencia, la de que “Queda poco tiempo para escoger” la entendemos como el momento en que culminarán todos aquellos esfuerzos encaminados a buscar, por parte de la UNESCO el reconocimiento que sobre este legado pueda otorgarse o no para considerar a la tauromaquia como un patrimonio cultural inmaterial y cultural de la humanidad, lo que no es poca cosa, se los aseguro.

 23 de agosto de 2015.

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