SILVERIO PÉREZ y “TANGUITO”, SIN EUFEMISMOS. (VI).

FIGURAS, FIGURITAS y FIGURONES. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   Lo que podemos apreciar en la “reseña” del homónimo de “Monosabio”, es que se trata de un texto elaborado con bastante desparpajo, haciendo uso de un lenguaje bastante coloquial, en el que su insistencia de si fue un sueño o no lo presenciado por él y otros tantos miles la tarde del 31 de enero de 1943 en “El Toreo” de la Condesa. Como el asunto que nos convoca es Silverio y la faena a “Tanguito”, traigo aquí la parte en que Carlos Quiroz deja testimonio de aquel momento:

(…) llego a pensar que Silverio va a dejarnos con un palmo de narices. Lo veo ir al encuentro del toro con un desgane, con una mandanga, que me dan ganas de gritarle: “!A dormir a tu casa, niño!”. Pero Silverio cobra las colosales dimensiones de un gigante. Plantado en la arena, se crece. Nadie puede creer que esté toreando; y sin embargo, torea. No se mueve, no cambia de postura; en su trágico despatarramiento hace que el toro le embista una y otra vez, embebido en el engaño, completamente empapado. Y aquello ya no es una ovación. Es el desbordamiento completo de toda una muchedumbre, es un ruido infernal que ensordece pero que anima a seguir gritando, sigue el entusiasmo frenético. Silverio ha hecho un quite monumental. No ha sido por chicuelinas. Las chicuelinas no pueden ser tan lentas, ni tan bellas. Y esos lances que hizo duraron una eternidad y pareció que el toro había detenido su marcha, que el diestro se inmovilizó ante el espectáculo nunca visto: el toreo ideal, divinizado.

gf-vtaurina84

Disponible en internet diciembre 7, 2015 en: http://www.silverioperez.mx/v-taurina-carmelo.html

Portal denominado: “Silverio Pérez. Faraón de Texcoco”.

   Viene después la faena de muleta y ese trágico toreo hiere las más hondas fibras del sentimiento humano. Todos los sentimos, a todos nos sorprende. Con entusiasmo creciente vemos que a un pase sigue otro, que el torero no se mueve, que liga lentamente, conservándose siempre en esa postura original, despatarrado, con aire de reto al toro y al público. Ya Silverio no es el torero desganado. Sus movimientos son los del triunfador, también su confianza. Y ríe. Y al reír vemos que nos ha conquistado, que ha dominado al toro, que está dentro de sus mismos terrenos, y que el peligro no le arredra. Confía en el poder de su muleta ciegamente. Creo que está inspirado. Todo le sale con la naturalidad más absoluta; él solamente es el punto intermedio entre la fuerza del toro y su inspiración pierde las orejas…

   …con su primero, iba a opacarse con una faena mejor al quinto de la tarde, llamado “Tanguito”. Un toro tan noble, tan codicioso, que por seguir el capote del Chato Guzmán, y más tarde por embestir al de Silverio, se quedó dos veces clavado con los pitones en la arena y dio dos maromas completas. Estas dos volteretas lo hicieron asentarse. Al último tercio llegó aplomadón, pero muy suave.

   Y tenemos con que el toro tarda para embestir; pero cuando lo hace, embiste lentamente. Hay que aguantarlo mucho, hay que llevarlo perfectamente toreado, si no, no podrá toreársele. Si no, habrá una cornada.

   Esto lo sabe Silverio Pérez.

   Silverio toma la muleta con las dos manos.

   Silverio se encuentra en estos momentos cerquísima de “Tanguito”.

   La arrancada del animal tarda. Esto impacienta a la gente y pone en peligro al torero. Por fin se produce. Esos pases por alto son una maravilla de lentitud, son un prodigio de belleza.

   Silverio inicia su faena toreando por alto, porque de hacerlo por abajo “Tanguito” dará otra maroma y se fastidiará, seguramente.

   El toro empieza a crecerse, Silverio ya estaba crecido. Despatarrándose increíblemente, se acerca hasta colocarse en la propia cara del animal. Adelanta la muleta, la adelanta más, y el toro responde. ¡Qué lenta embestida, parece eterna, parece no tener fin! ¡Y qué aguante! Silverio sigue igual de despatarrado, ha tomado al toro adelantado, el toro parece quedársele en la suerte, se le queda, pero la muleta vuelve a embarcarlo, el viaje continúa. Y Silverio despide a “Tanguito” hasta muy atrás de él, por dentro. ¡Media hora exactamente duró ese pase maravilloso! Y hay otro pase igual. La gente no puede contenerse más y se desborda en una ovación apoteósica, terrible, de locura, de un entusiasmo indescriptible. No hay en los tendidos quien no grite. Nadie puede permanecer impasible ante tanta grandeza.

   Es una faena derechista. Es una emoción que no puede contenerse y que llena toda la plaza, que la hace trepidar. Y es la causa tan justa, es tan maravilloso lo que vemos, tan sorprendente, que la sorpresa, el entusiasmo, la maravilla, nos hacen permanecer estupefactos. No nos damos cuenta de nada. Solamente vemos una figura en el centro del ruedo, porque no es más que una figura la que forman el toro y el torero, que se mueve al compás del latir de nuestros corazones – nuestros corazones apenas si palpitan –, y es tanta la armonía que hay en toda ella, que llega un momento en que no sabemos diferenciar hasta qué punto llega el torero y en dónde se queda el toro. Todos gritamos. Todos aplaudimos con un frenesí loco. Todos aullamos. ¡Qué faena! ¡Qué sensación, de emoción! Es dramatismo. Es sabor torero. Huele a montilla. Y la faena sigue, se prolonga, y cada pase es un choque que sentimos, es una emoción que se renueva, que crece pase a pase. Es imposible que podamos abarcarla toda. Y, sin embargo, nuestra capacidad emocional crece. La emoción la hace crecer. Y cuando llega un momento en que parece que vamos a reventar, Silverio se arma, se perfila, y tírase a matar con toda la fe y hunde el estoque en lo más alto del morrillo. “Tanguito” se resiente, pero no dobla.

   Silverio acierta al primer golpe de descabello.

   La plaza viste sus galas nupciales, se cubre de un velo blanco. Miles y miles de pañuelos ondean en el aire, en demanda del mayor premio para el matador. Silverio ha ganado las dos orejas y el rabo. La ovación dura hasta que termina la corrida. Qué corrida! ¡Qué tarde nos han ofrecido Silverio y Armillita!

   Por todo lo anterior es que volvemos a convencernos de que los testimonios hasta aquí incluidos, coinciden en términos de la estatura que alcanzó esa faena en grado superlativo. Los asistentes en aquella ocasión pudieron presenciar la que puede considerarse como el primer gran planteamiento de la faena moderna “a la mexicana”, realizada además, por el integrante de una comunidad eminentemente “mexicana”, sin que esto traiga consigo ninguna intención peyorativa. Por el contrario, se trata de sublimar y exaltar las virtudes de un personaje que supo entender “su” momento, “su” tiempo. Y lo hizo partiendo del hecho de que sin saberlo bien a bien, se sumaba al contingente de hacedores que además, contribuyeron a la recuperación de un nacionalismo que tomaba cada vez más forma gracias al desempeño de músicos como Manuel M. Ponce, Candelario Huizar, Silvestre Revueltas, Carlos Chávez o José Pablo Moncayo. De pintores como esa gran “trilogía” de los muralistas: Rivera-Orozco-Siqueiros, por mencionar a los “notables”. Junto a ellos, Silverio Pérez vino a ser referente desde el nicho de la tauromaquia para matizar esa expresión de evidente influencia española, consiguiendo como resultado la afirmación de un mestizaje que apuntaló al de Texcoco. Es cierto que, en buena medida haya influido un factor sentimental que unía a Silverio con su hermano “Carmelo”, envuelto en el tamiz de aquella tragedia que este sufrió 13 años atrás. El hecho es que Silverio Pérez no solo superó aquel conflicto existencial, sino que a lo anterior tuvo que sumar otro trauma: el miedo.

   Por cierto, el pasado 13 de septiembre, mi buen amigo Javier González Fisher publicaba en su bien posicionado blog: La aldea de Tauro” (http://laaldeadetauro.blogspot.mx/) un maravilloso texto que recomiendo lo lean en su totalidad, pues se trata de una auténtica confesión, donde Silverio se sincera, por lo que el título de la colaboración aquí mencionada no podía ser mejor: “El miedo según Silverio”.

(Véase: http://laaldeadetauro.blogspot.mx/2015/09/en-el-centenario-de-silverio-perez-viii.html)

   Para terminar con la reseña publicada en La Afición, no me queda sino agregar lo siguiente:

   Si el toro empezaba a crecerse, Silverio ya estaba crecido es, a lo que parece un acierto que nos permite entender por qué caminos fue andando aquel prodigio, del que ya no solo debe pensarse en la cantidad de textos que se prodigaron luego de aquel “milagro”, sino las consecuencias técnicas o estéticas que esto deparó. Del mismo modo, en breve entraremos en el territorio de la polémica suscitada al respecto. Más adelante, y por ser necesario, buscaré algunas otras visiones, quizá más recientes a nosotros para entender la magnitud que, en tanto caja de resonancia sigue provocando ese hecho histórico que cambió en definitiva la visión del toreo en nuestro país.

CONTINUARÁ.

 

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo FIGURAS, FIGURITAS Y FIGURONES

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s