LA PRIMERA CRÓNICA TAURINA MEXICANA PUBLICADA EN “SOL y SOMBRA”.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Hoy día, cuando tenemos acceso a una información que puede obtenerse por medio de la internet, es posible encontrar un conjunto importante de fuentes que nos permiten acercarnos a hechos ocurridos en el pasado, con objeto de apreciarlos con el asombro que supone ese encuentro que los años han puesto de por medio. Y es que tener al alcance de la mano publicaciones como el emblemático Sol y Sombra español, el cual comenzó a publicarse en 1897. Al cabo de la lectura de sus primeros 70 números, poco a poco comienzan a verse incluidas algunas notas que provenían directamente de México, para lo cual es punto de referencia El Arte de la Lidia, donde Julio Bonilla seguía al frente como director. Es en el N° 77, año II, Madrid 6 de octubre de 1898, p. 14 donde aparece por primera vez una crónica, misma que da cuenta del festejo que se celebró en la plaza de toros Bucareli la tarde del 4 de septiembre de 1898. Tal reseña la escribe un joven Carlos Quiroz “Monosabio” que comenzaba a descollar en el ambiente taurino, en momentos en que todavía no era el personaje que con los años iba a detentar un poder inimaginable, cayendo, por desgracia en las garras del desprestigio, a pesar de su amplia experiencia en la materia.

   Es mi deseo, en esta ocasión, compartir con ustedes esa página, para que conozcan el desarrollo taurino de otra época, la opinión que mereció a “Monosabio” la actuación de José Centeno, Juan Jiménez “Ecijano” y Leopoldo Camaleño –españoles los tres-, quienes se las entendieron con cuatro y no seis toros de Parangueo pues el festejo terminó suspendiéndose porque a “Neptuno (…) se le antojó mandarnos un chaparrón más que regular”.

   Las dos “instantáneas” que acompañan el escrito, fueron “hechas expresamente” por Lauro E. Rosell, quien además de ser el autor del libro Plazas de toros de México. Historia de cada una de las que han existido en la capital desde 1521 hasta 1936. Rosell tuvo a bien ejercer como fotógrafo, e incluso puede notarse, que se ubicaba en sitios cercanos al ruedo mismo, con objeto de que el testimonio gráfico fuese de calidad.

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   La técnica empleada por entonces para reproducir materiales como estos, era el fotograbado, aunque sin resultados tan impecables como se darían más adelante al perfeccionar los métodos técnicos utilizados en las imprentas.

CRÓNICA_MONOSABIO_SyS_77

Material disponible en la Biblioteca Digital de Castilla y León.

http://bibliotecadigital.jcyl.es/bdtau/i18n/catalogo_imagenes/grupo.cmd?path=10100400

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