GALERÍA ILUSTRADA DE TOREROS MEXICANOS Y EXTRANJEROS QUE ACTUARON A LO LARGO DEL VIRREINATO Y EL SIGLO XIX MEXICANO. (I).

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Un trabajo de reciente puesta en marcha es el que lleva el título de la presente colaboración. Pretende ser ambicioso en la medida en que vayan encontrándose no sólo los nombres de cada uno de ellos, cosa que por otro lado puede ser de dimensiones importantes, sino también algo de sus trayectorias, lo cual tomará un tiempo también bastante considerable para su elaboración. Sin embargo, este propósito tiene ya un antecedente en el exhaustivo trabajo que elaboró el Dr. Benjamín Flores Hernández en varias etapas. Me refiero a su “Catálogo de toreros y noticias de otros personajes novohispanos del siglo XVIII interesantes en la historia taurina” que, enriquecido, corregido y puesto al día incluyó en su más reciente libro, editado por la Universidad de Aguascalientes.[1] Años atrás, el buen colega y amigo, ya había comenzado dicha labor tanto en su tesis de licenciatura,[2] como en la de maestría,[3] que hoy siguen siendo un referente para entender en forma por demás muy amplia, el desarrollo de la fiesta novohispana, en la parte correspondiente al siglo XVIII. Trabajos harto complicados pues su autor debía formar una nómina de todos aquellos personajes, que en su último trabajo asciende a 156, consiguiendo con ello la que puede considerarse una primera relación de protagonistas en el toreo de la última etapa novohispana y la primera del México independiente. En buena medida será útil para integrar muchos de aquellos otros nombres, seudónimos y demás datos[4] que se tengan en torno a ese notable conjunto de individuos, lo mismo hombres que mujeres, cuya participación en el espectáculo taurino les convierte en centro de atención, como pocos.

   Conviene, en este caso, retomar un texto que se incluye en un libro de mi autoría,[5] con el que pretendo dar los primeros pasos para encaminar esta “Galería” por el sendero que pretendo, convirtiéndole quizá en la “Introducción” de lo presente. Veamos.

PRIMEROS TOREROS NOVOHISPANOS QUE A PIE O A CABALLO ENFRENTARON LEGALIDAD Y TRADICIÓN.

   El torneo y la fiesta caballeresca primero se los apropiaron conquistadores y después señores de rancio abolengo. Personajes de otra escala social, españoles nacidos en América, mestizos, criollos o indios, estaban limitados a participar en la fiesta taurina novohispana; pero ellos también deseaban intervenir. Esas primeras manifestaciones estuvieron abanderadas por la rebeldía. Dicha experiencia tomará forma durante buena parte del siglo XVI, pero alcanzará su  dimensión profesional durante el XVIII.

   El padre Motolinía señala que “ya muchos indios usaran caballos y sugiere al rey que no se les diese licencia para tener animales de silla sino a los principales señores, porque si se hacen los indios a los caballos, muchos se van haciendo jinetes, y querranse igualar por tiempo a los españoles”.

GRAFFITI NOVOHISPANO_p. 81

Esta imagen proviene del libro Graffitis novohispanos de Tepeapulco, Siglo XVI. Sus autores: Elías Rodríguez Vázquez y Pascual Tinoco Quesnel. México, Hidalgo, Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, 2006. 185 p. Ils., fots., facs., planos. (p. 81).

   Lo anterior no fue impedimento para que naturales y criollos saciaran su curiosidad. Así enfrentaron la hostilidad básicamente en las ciudades, pero en el campo aprendieron a esquivar embestidas de todo tipo, obteniendo con tal experiencia, la posibilidad de una preparación que se depuró al cabo de los años. Esto debe haber ocurrido gracias a que comenzó a darse un inusual crecimiento del ganado vacuno en gran parte de nuestro territorio, el cual necesitaba del control no sólo del propietario, sino de sus empleados, entre los cuales había gente de a pie y de a caballo. Ejemplo evidente de estas representaciones, son los relieves de la fuente de Acámbaro (Guanajuato), que nos presentan tres pasajes, uno de los cuales muestra el empeño de a pie, común en aquella época, forma típica que consistía en un enfrentamiento donde el caballero se apeaba de su caballo para, en el momento más adecuado, descargar su espada en el cuerpo del toro ayudándose de su capa, misma que arrojaba al toro con objeto de “engañarlo”. Dicha suerte se tornaba distinta a la que frecuentó la plebe que echaba mano de puñales. Sin embargo esto ya es señal de que el toreo de a pie comenzará a tomar fuerza. Otra escena de la fuente de Acámbaro nos presenta el uso de la “desjarretadera”, instrumento de corte dirigido a los tendones de los toros. En el “desjarrete” se lucían principalmente los toreros cimarrones, que habían aprendido tal ejercicio de los conquistadores españoles. Otra escena nos representa el momento en que un infortunado diestro está siendo auxiliado por otro quien lleva una capa, dispuesto a hacer el “quite”.

   Pero durante los siglos XVII y XVIII se dieron las condiciones para que el toreo de a pie apareciera con todo su vigor y fuerza. Un rey como Felipe V (1700-1746) de origen y formación francesa, comenzó a gobernar apenas despierto el también llamado “siglo de las luces”. El borbón fue contrario al espectáculo que detentaba la nobleza española y se extendía en la novohispana. En la transición, el pueblo se benefició directamente del desprecio aristocrático, incorporándose al espectáculo desde un punto de vista primitivo, sin las reglas con que hoy cuenta la fiesta. Un ejemplo de lo anterior se encuentra ilustrado en el biombo que relata la recepción del duque de Alburquerque (don Francisco Fernández de la Cueva Enríquez) en 1702, cuya escena central es precisamente una fiesta taurina.

GRAFFITI NOVOHISPANO_p. 83

Esta imagen proviene del libro Graffitis novohispanos de Tepeapulco, Siglo XVI. Sus autores: Elías Rodríguez Vázquez y Pascual Tinoco Quesnel. México, Hidalgo, Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, 2006. 185 p. Ils., fots., facs., planos. (p. 83).

   Para ese año el toreo todavía sigue siendo a caballo pero con la presencia de pajes atentos a cualquier señal de peligro, quienes se aprestaban a cuidar la vida de sus señores, ostentosa y ricamente vestidos.

   He allí un indicio de lo que pudo haber sido el origen del toreo de a pie en México, el cual fue capaz de mostrar el talento de los que lo ejecutaban, en medio de sus naturales imperfecciones.

   Para separar a los animales surge el vaquero quien, en el siglo XVI creó el rodeo, forma puramente mexicana legalizada incluso por el virrey Martín Enríquez de Almanza en 1574. Consistía en una batida circular sobre un territorio amplio en extensión cuyo propósito era concentrar al ganado en un punto “donde con la ayuda de una especie de garrochas, muy parecidas a las andaluzas, se apartaba el ganado que deseaban seleccionar”. Surgió con este nuevo personaje una expresión que acabó siendo nacional, mediando para ello una necesidad de un lucimiento no solamente limitado al campo, sino que además, era la plaza pública, la plaza de toros, el otro sitio para obtener el privilegio del aplauso. Y entre el ruedo y el campo la expresión acabó transformada en una manifestación artística.

   La necesidad que tiene el indio por equipararse a las capacidades del español, en los ejercicios ecuestres y campiranos produce reacciones que seguramente se manifestaron a espaldas de quien lo conquistó y le negó la posibilidad de realizar labores comunes en la plaza. El campo fue más bondadoso en ese sentido y concedió al natural de estas tierras, encontrarse con un ambiente al que imprimió su propio carácter, su “ser” en consecuencia. Bajo esas condiciones es muy probable que los indígenas hayan efectuado los primeros intentos por acercarse al toreo de a caballo, y por ende, al de a pie, con el que ganaron terreno sobre los españoles.

Nota importante: las ilustraciones elegidas para este material, fueron inscritas en algún muro del convento de San Francisco de Asís, en Tepeapulco, estado de Hidalgo. Son ambas, una primera representación de la tauromaquia rural, y se remontan a finales del siglo XVI.


[1] Benjamín Flores Hernández: La afición entrañable. Tauromaquia novohispana del siglo XVIII: del toreo a caballo al toreo a pie. Amigos y enemigos. Participantes y espectadores. Aguascalientes, Universidad Autónoma de Aguascalientes, 2012. 420 p. Ils., retrs., fots., facs., cuadros (p. 359-394).

[2] Benjamín Flores Hernández: “Con la fiesta nacional. Por el siglo de las luces. Un acercamiento a lo que fueron y significaron las corridas de toros en la Nueva España del siglo XVIII”, México, 1976 (tesis de licenciatura, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México). 339 p.

[3] Benjamín Flores Hernández: “La vida en México a través de la fiesta de los toros, 1770. Historia de dos temporadas organizadas por el virrey marqués de Croix con el objeto de obtener fondos para obras públicas”, México, 1982 (tesis de maestro, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México). 262 p.

[4] Sin que ello haga que se pierda la justa referencia a un quehacer que al Dr. Flores Hernández le ha tomado años de intenso trabajo en la investigación de gabinete y de campo también.

[5] José Francisco Coello Ugalde: Novísima grandeza de la tauromaquia mexicana (Desde el siglo XVI hasta nuestros días). Madrid, Anex, S.A., Editorial “Campo Bravo”, 1999. 204 p. Ils, retrs., facs.

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