UN CARTEL, DE 1930, RECREABA SUERTES REALIZADAS 60 AÑOS ATRÁS.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Por mucho tiempo, los carteles taurinos, se convirtieron en verdaderas fuentes de información. El discurso que contenían era capaz de anticiparle a los asistentes una función en la que, con toda seguridad, confirmarían el atrevido dicho de empresarios o toreros. Quizá se sentirían defraudados si las suertes anunciadas no se realizaban por alguna razón. Pero el hecho es que haciendo uso de un antiguo recurso publicitario, que incluso se remonta a finales del siglo XVIII y del que queda constancia, sobre todo en aquellos carteles que anunciaban diversas funciones en el Coliseo, este manejo versátil y oportuno que usaron diversos protagonistas fue todo un éxito.

  En ese sentido, y para darle el efecto más conveniente, ya en pleno siglo XX, la empresa de la plaza de toros “El Toreo” anunció, para la tarde del martes 28 de febrero de 1933 un atractivo cartel, integrado por Fermín Espinosa “Armillita Chico”, Heriberto García, Alberto Balderas, Jesús Solórzano, David Liceaga y Luciano Contreras, que se enfrentaron a seis bravos y hermosos toretes de GUADALUPE, FRACCIÓN DE SAN MATEO. Pero esto no fue todo. Terminada esa primera parte del festejo, vino una segunda que por cuanto puede leerse, era aún más atractiva y seductora. Verán porqué.

Terminada la parte anterior del festejo y, como un homenaje a los fundadores del toreo en México, se correrán dos toros por los mejores sorteadores de reses bravas y expertos en el arte de bien torear, empleándose las suertes del toreo creadas en 1870.

CAPITANES DE LAS CUADRILLAS DE A PIE:

Ponciano Díaz y Lino Zamora

interpretados por los valientes novilleros mexicanos:

Enrique Laison y Ángel García

acompañados de sus peones de confianza y rehileteros.

CARLOS LÓPEZ “EL MANCHADO” y JOSÉ BASAURI, que sustituirá al capitán que caiga herido o lastimado por las fieras, interpretados por los buenos banderilleros mexicanos

Rosario Salazar y Antonio García

quienes ejecutarán aclamados por las Bandas de Música las difíciles y “arriesgadas” suertes del SALTO A LA GARROCHA, SALTO AL TRASCUERNO, SALTO A LA MARTINCHO, BANDERILLAS CON LA BOCA, SALTO A TOPA CARNERO, y toda clase de “capeos” y fantasías con la muleta y el cuerpo. Sin faltar EL LOCO DE LOS TOROS que “andará” en los tendidos y bajará al ruedo a torear en competencia con los toreros de profesión y

Las Máscaras Toreras

Antes de la corrida, llegarán las REINAS DE CARNAVAL con las Princesas de la Alegría y El Rey Feo. Todas las estudiantinas, comparsas del Comercio, la Banca, los Estudiantes, el Ejército, los Artistas Teatrales y las comparsas de particulares con disfraces de capricho. A su llegada, grandes combates de flores, serpentinas y confeti. Partirá Plaza

Guadalupe la Chinaca con su Escolta

de Rancheros

y 100 charros luciendo los trajes regionales de cada punto del país, harán evoluciones en el ruedo. Tres bandas alegrarán el espectáculo. Habrá tres premios para las compañías mejor presentadas y otro para la estudiantina que toque, cante y baile mejor.

Los Servicios en los Toros a la Mexicana

Serán de acuerdo con la costumbre en el año Cristiano de 1870; las banderillas serán de combinación y al “pegarlas” a los toros lanzarán palomas y regalos.

El Primer Tancredo en el Mundo fue Hecho en México

y aquí lo hará Rosario Salazar, usando el barril del agua milagrosa. Los picadores usarán la ropa de la época y “alanzarán” a los toros “a la mexicana”, valientemente y sin más defensas que su habilidad de caballistas y su hombría.

   El público conocerá en esta última parte de la corrida, la muerte de los toros con la puntilla a la “ballestilla” y el histórico

Metisaca de Ponciano Díaz, el Rival de Mazzantini

   Las músicas tocarán los sones de moda en la época de Ponciano y la banda de los “trompas de hule”, la marcha “Ora Ponciano” y “Saquen al toro”; saquen al toro!”

MUY IMPORTANTE

Este festival forma parte de las fiestas populares del CARNAVAL y no habrá ningún otro festejo, mientras dure.

   La seriedad del Comité del Carnaval garantiza al público el exacto cumplimiento de todos y cada uno de los números del programa.

   Elocuente como pocos, este “Aviso” nos deja imaginar todos aquellos atractivos, que si se pone algún rigor de por medio, se pueden percibir errores de apreciación histórica. Primero, en el año de 1870, Ponciano apenas contaba con 14 años, lo cual indica que el futuro ídolo popular apenas estaría en sus primeros lances, tal cual lo expuso en una entrevista que publicó La Patria el 3 de mayo de 1887, p. 3:

Sabido es que en Atenco se crían los toros más bravos de la República, de manera que parece (que Ponciano Díaz) nació predestinado a ser capitán de cuadrilla cuando la naturaleza lo puso desde su más tierna edad en donde pudiera ejercitar su vocación.

  Digo esto (Apunta el reportero A.C. desde Guanajuato), porque según él, desde su más tierna edad, animado por el espectáculo de jóvenes de mayor edad que jineteaban y toreaban becerros, quería él hacer lo mismo y recuerda sonriente lo que su primera “capa” fue un pañuelo, y el teatro de sus proezas infantiles un corral”.

PONCIANO no recuerda cuándo se vio por vez primera enfrente de un toro. Como una memoria vaga refiere que apenas comenzaba a andar cuando su padre, que era un charro completo, lo llevaba a las corridas semanarias que se hacían en la Hacienda de Atenco, en que estaba empleado, y se servía de él, tomándolo por las arcas, para sacarle vueltas al toro como pudo servirse del trapo de brega. Este prematuro aprendizaje, quizás demasiado prematuro y un tanto rudo, familiarizó a PONCIANO de tal manera con los toros, que sus primeras carreras las dio ya en el redondel, mezclándose a los muchachos de la hacienda que continuaban sus diversiones semanales. Apenas en la pubertad fue ya un torero hecho y derecho, y bajo la dirección y en compañía de los Hernández vistió en el mismo Atenco por primera vez la roja chaquetilla y el calzón corto del torero.

   Con la edad crecieron sus aficiones, y joven apenas de quince o diez y seis años toreaba ya en la plaza de Toluca, en corridas dadas por aficionados, con general aplauso del público, que desde entonces sentía grandes simpatías por él. Esto sucedió frecuentemente hasta la edad de diez y nueve años, época en que se presentó ya “oficialmente”, por decirlo así, como capitán de cuadrilla, habiendo matado ya entonces, como simple aficionado, unos doscientos cincuenta toros.

   Así que para 1870 Ponciano no hubiese podido alternar con Lino Zamora.

   En otra parte de esta “curiosidad” aparece indicado el hecho de que los picadores “alanzarán” a los toros “a la mexicana”, lo cual debe ser una alteración de “lazar”. Lo de “mexicano” simplemente debe haberse convertido en un afirmador de esas actividades tan rurales que, por aquellos años trascendían en forma orgullosa en el ámbito urbano.

   Como este, se dieron otros festejos a lo largo de los años, y que iremos redescubriendo, hasta llegar a aquella gran puesta en escena, que sigue siendo un misterio. Me refiero a los “Cuatro siglos del toreo en México”, compañía encabezada por Edmundo Zepeda “El Brujo”.

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   ¡Ah… por cierto!, recuerde que la paga es de $2.00 en sombra y $1.00 en sol.

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