Archivo mensual: febrero 2016

UNA MIRADA A LA SUERTE DE VARAS VISTA POR JOSÉ GUADALUPE POSADA EN 1879.

MINIATURAS TAURINAS. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE 

Conforme nos vamos alejando de algunos aspectos que no nos permiten conocer quienes pudieron ser los protagonistas de tal o cual acontecimiento histórico, lamentamos esa desgracia. Pero por otro lado, cuando queda alguna evidencia, como esta litografía de la primera época de José Guadalupe Posada, fechada en 1879, entendemos que el esfuerzo por ilustrar un pasaje de la tauromaquia, a la que fue tan afecto, nos acerca al conocimiento de los usos y costumbres que incluyen la forma de practicar una suerte como la de varas –por cierto de las más ilustradas-, que parecen enfatizar la capacidad de casta o bravura del ganado, evidenciando en medio de la desproporción, el tamaño o volumen de los toros, el procedimiento aplicado por el picador y, al margen de otros elementos, cómo vestían, cuál era la disposición de los tablados y otros detalles. En el fondo, los rasgos del artista pueden ser plenamente identificados –aún en esta primera época de su producción-, como rúbrica de lo que después sería el resto de su obra. Y ese temprano trabajo evidencia sin demasiadas dudas al artista aguascalentense.

Llama la atención el movimiento, esa difícil forma de expresión que los artistas dan a su obra, para entender con mucho mayor precisión la ocurrencia –en este caso-, de la fundamental suerte de picar toros. Si en tal capítulo aquellos creadores consideraron cuán importante era, quedan infinidad de muestras que representaban un vigor de suerte cuyo significado centró la atención no solo de los nuevos aficionados, sino también de la prensa, de los autores quienes centraron su atención en la suerte eje de la tauromaquia, suerte que siguió teniendo tanta importancia, hasta que el peto fue implantado en México en octubre de 1930. Desde luego, seguían siendo oportunos los quites, y en ese tenor pasaron otros 30 años más o menos, tiempo en el que se modificó el volumen y espesor del peto, tiempo en que los toros también fueron criados con tendencias al lucimiento de la nobleza, no tanto de la bravura, porque evolucionaba la tauromaquia que quedó más al servicio de los de a pie que de los de a caballo.

Puede decirse, finalmente, que la tauromaquia mexicana cuenta hoy día con una serie bastante amplia de elementos artísticos capaces de mostrar la siempre necesaria evolución, en medio de valores que en ocasiones la ponen en evidencia, pero que por otro lado, la magnifican también. La litografía de José Guadalupe Posada que ahora nos ha servido para entender esa manifestación, se convierte en un valioso elemento para explicar el pulso de lo que representó para los toreros del pasado su consiguiente utilidad. UNA MIRADA A LA SUERTE DE VARAS...

Litografía de José Guadalupe Posada que data del año 1879. Para ese año se encuentra establecido en León de los Aldamas, Gto.

Fuente: Carlos Haces y Marco Antonio Pulido. LOS TOROS de JOSÉ GUADALUPE POSADA. México, SEP-CULTURA, Ediciones del Ermitaño, 1985.

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LA TRISTE CONTEMPLACIÓN DEL “PAYASO O EL LOCO”.

MINIATURAS TAURINAS. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE 

Este varilarguero peculiar –de bigote y piocha-, ya prendió en lo alto al corpulento toro, aunque de escasa cornamenta en la suerte de “detener”. Tal parece que se propuso defender a la cabalgadura como dicen que se defendía a los caballos en aquellos tiempos donde todavía no se implantaba el peto protector. Dependía de la habilidad de los hulanos, y de este tipo de habilidades gozaron muchos de los señores de vara larga que ejercieron tan arriesgado oficio durante los últimos años del siglo XIX en nuestro país. Se sabe –a modo de anécdota-, sobre algunos casos donde tal o cual picador de toros llegó a disponer del mismo caballo en dos o más corridas, lo que suena extraordinario.

Manuel Manilla recogió en este grabado a un picador vestido a la usanza mexicana, es decir que no hay manera de reconocer en su traje ninguna insinuación de influencia española. Probablemente llevaba una chaqueta de paño, ribeteada y con alamares; el pantalón de tela flexible llamada “taurina”, con botonadura de plata en la cenefa y el sombrero de fieltro, de copa baja y redonda, adornada con doble toquilla, dan idea cabal del traje de montar común que usaban los señores mexicanos desde los años inmediatos al imperio de Maximiliano, pero que fue siendo común muchos años después.

Al fondo, en un gesto de triste contemplación, aparece el “ payaso o el loco”, grotescamente vestido, no con traje de torear sino con alguno diverso. Llevaba la cara enharinada y con manchas rojas de color bermellón sobre los carrillos y labios. Cubría la cabeza con un sombrero de forma cónica, terminado en una borla, o bien con una boina. El cometido de ese bufón taurino, era hacer gracejadas que no tenían ingeniosidad, pero eran suficientes para provocar risotadas en muchos bobalicones concurrentes. Desempeñaba su tarea luego que el toro estaba muerto, mientras que era arrastrado por los lazadores, pues tampoco eran empleados los tiros de mulas, utilizados posteriormente, cuando las corridas eran ya una réplica del modelo español.

Rico en verdad este detalle de un pasaje de la lidia, una lidia que aún no contaba con ordenes establecidos. Más bien, se dejaba que el azar desplegara sus alas de vértigo para esperar una a una, las diferentes sorpresas de aquella tauromaquia nacional.

LA TRISTE CONTEMPLACIÓN...

La suerte de varas fue una de las escenas más retratadas a fines del siglo pasado. El “loco” se encuentra a la expectativa. Manuel Manilla se encargó de burilarla.

Fuente: Colección del autor.

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LA “JURA DEL REY” DE AGUSTÍN LANUZA.

RECOMENDACIONES y LITERATURA. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   Hoy día, una de las colecciones que custodia el Archivo Histórico Municipal de la ciudad de Guanajuato lleva el nombre de “Agustín Lanuza”. El fondo documental “Agustín Lanuza”,[1] está integrado por 205 carteles publicitarios de festejos taurinos celebrados (según fechas extremas) entre 1873 y 1923, siendo abundantísimas las muestras que van del último lustro del siglo XIX a los primeros dos del XX. En dichos documentos puede observarse la elevada actividad taurina que se registraba y que hoy sigue registrándose en el estado de Guanajuato. Gracias a ellos puede uno enterarse que la concentración de tal dinámica se daba en plazas como León, Celaya, Irapuato (La Constancia y de la Estación), Silao, Valle de Santiago, Moroleón, Salvatierra, San Francisco del Rincón, Cortázar, Chamacuero de Comonfort, San Luis de la Paz, Salamanca, Ciudad Porfirio Díaz, sin faltar aquellos festejos celebrados en la plaza de “Gavira”, la propia de Guanajuato, del Jaral y del Cantador. También aparece un cartel de la plaza de toros “Colón” de Querétaro, fechado el 27 de enero de 1901 y otro de la de “Paseo” en San Luis Potosí, que trae impresa la fecha del 16 de noviembre de 1903.

   Lo anterior es motivo de un trabajo que tengo terminado al respecto.[2] Pero no siendo el tema en concreto, sino un motivo más para referirme a un personaje clave en la historia guanajuatense, como lo es este historiador, hay que preguntarse: ¿Quién fue Agustín Lanuza?

   Agustín Lanuza Romero nació el 22 de julio de 1870 en la ciudad de Guanajuato; distinguido escritor e historiador costumbrista, estudiante y maestro del Colegio del Estado de Guanajuato, realizó una intensa labor como investigador de la historia de la Entidad. Como estudiante del Colegio del Estado fue sobresaliente, cursó las carreras de abogado y maestro simultáneamente. Impartió en este Colegio las cátedras de sociología, filosofía del derecho, literatura, etc. En la Escuela Normal del Estado profesó: lecturas literarias, castellano y literatura preceptiva y castellana, además fue autor de artículos, ensayos y poemas, muchos de ellos publicados en el periódico Guanajuato Libre.

   En 1922 y 1925 se publicaron dos de sus obras principales: Guanajuato Gráfico e Histórico e Historia del Colegio del Estado de Guanajuato, en esta última narra la trayectoria de una importante institución educativa. Para la realización de esta obra se procuró de documentos de primera mano y toda una riqueza de dibujos y planos curiosos, grabados antiguos, retratos de personajes célebres y fotografías regionales de mérito indiscutible. Muere en la ciudad de México el 16 de noviembre de 1936.[3]

   Como literato, también dejó una obra emblemática: Romances, tradiciones y Leyendas Guanajuatenses, de la que he consultado para esta entrega la tercera edición de 1950.

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   Siguiendo la línea de un trabajo ambicioso como es el Tratado de la poesía mexicana en los toros. Siglos XVI-XXI, en el que he venido reuniendo todos aquellos poemas (más de 2000) que tienen o guardan una relación directa con el espectáculo taurino, tengo para esta ocasión un ejemplo en la obra del autor seleccionado para esta ocasión. La obra lleva el título La Jura del Rey misma que incluye una fecha: la del 25 de diciembre de 1790. De hecho, la asunción al reinado por parte de Carlos IV sucedió el 14 de diciembre de 1788 y se extendió hasta el 19 de marzo de 1808. Sin embargo, la exaltación al trono ocurrió, según lo podemos percibir en estas otras dos relaciones de sucesos en 1790:

Breve relación de las funciones que hicieron en los dias 31 de Enero, 2 y 7 de Febrero de 1790. Los patrones del noble arte de platería en debida demostración de su amor y lealtad por la exâltacion á el trono de nuestro amado soberano el Sr. Don Carlos IV. baxo de la direccion del Sr. D. Modesto de Salcedo y Somodevilla, caballero de la Orden de San Juan, … Dada a luz por los patrones del mismo noble arte. Con las licencias necesarias. — México: por D. Felipe de Zúñiga y Ontiveros, en el mismo año, [1790] [2], 18 p.

Valverde, Diego Benedicto. El triunfo de Carlos en el carro de Apolo. Loa para el festejo que en la feliz exaltación del Señor Don Carlos IV. (que Dios guarde) al trono de España, hicieron los dos gremios de pulperos y panaderos de la ciudad de Veracruz… Su autor el Br. D. Diego Benedicto Valverde. — México, imp. Por D. Felipe de Zúñiga y Ontiveros. [1790]

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Retrato del autor.

De lo anterior, Lanuza escribió las siguientes 19 décimas que, por su contenido nos acercan más a un crónica de sucesos colmada de detalles que de una descripción al puro estilo barroco (que rigurosamente no sería este, sino el neoclásico). Por tanto, para darnos cuenta de su imaginación, y la forma en que recrea un espectáculo en sí mismo, tal cual lo eran estas celebraciones, justo en la que ya se va anunciando como la etapa culminante del periodo novohispano, donde abundaba la beligerancia popular por un lado y por otro, una enorme crisis económica que enfrentaban la vieja y la nueva España; fruto entre otras razones, de antiguos conflictos militares que sostuvo la corona española en sus afanes expansionistas.

   Pues bien, creo que es buen momento para pasar a la lectura anunciada líneas atrás. Que la disfruten.

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   Agustín Lanuza nos vuelve a recordar el riguroso protocolo que siguieron las conmemoraciones de este nivel durante infinidad de ocasiones en la Nueva España. Si bien, no hay una mención especial a los festejos taurinos (sólo se citan las “encamisadas”[4]); por otro lado se hace notar el significado de todo un conjunto de elementos ornamentales que daban forma a tales festejos, los que podrían durar varios días. La imaginada participación de personajes como el Marqués de Rayas resaltan la ostentación habida en un espacio minero como Guanajuato, lo que se habría convertido en galas de abundantes monedas acuñadas con la efigie del nuevo monarca, lanzadas desde diversos balcones de las casas señoriales más importantes de este real de minas.

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Disponible en internet, febrero 23, 2016 en: http://teresantolin.com/es/proyecto/fasciculos-teruel-en-fiestas/


[1] Además, autor entre otras obras de: Romances tradiciones y leyendas guanajuatenses. Por (…). México, E. Gómez de la Fuente, 1908. 329 p. Ils., fots., dibujos.

[2] José Francisco Coello Ugalde: “Cartelería taurina en Guanajuato. (1873-1923)”. En la serie: Curiosidades Taurinas de antaño exhumadas hogaño, y otras notas de nuestros días Nº 63 (Inédito). 135 p. Ils., fots., facs.

[3] Guía General del Archivo Histórico. Guanajuato, Archivo General del Gobierno del Estado, Talleres Gráficos del Gobierno del estado de Guanajuato, 2001. 298 p. Ils., fots., facs., maps., p. 243-4.

[4] Dice Octavio Rivera: “Fiestas por los Austrias en la ciudad de México. Siglo XVI”. En Revista Destiempos.com. México, D.F., mayo-junio 2008, año I, N° 1., (p. 250-261), p. 253:

   La actividad festiva que podría considerarse emblemática de una fiesta civil eran los juegos ecuestres, a cargo de los varones de la aristocracia del lugar: juegos de cañas, el más común en Nueva España, sortija y estafermo, entre los más habituales. Otra actividad festiva sobre caballos eran las encamisadas. En ellas, cuadrillas, en ocasiones muy numerosas, de caballeros cabalgaban de noche por las calles de la ciudad, llevando en las manos hachas encendidas. Ligadas con los juegos ecuestres estaban las suerte con los toros, a los cuales los jinetes alanceaban.

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FESTEJO A BENEFICIO DEL “COMEDOR SANTA MARÍA”, A.C.

AHTM, UNA PÁGINA CON HISTORIA…

EFEMÉRIDES TAURINAS MEXICANAS DEL SIGLO XXI. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.  

   Hace apenas unos días, circuló una interesante noticia que “AlToroMéxico.com” se encargó de difundir en su oportunidad (véase: http://altoromexico.com/2010/index.php?acc=noticiad&id=24994). El telón de fondo es la beneficencia como una razón solidaria y generosa que surge tanto entre individuos como en instituciones, sean estas públicas o privadas. Incluso religiosas. Esa muestra desinteresada por apoyar a los otros es algo que distingue a hombres y mujeres que han decidido extender su mano y su corazón para ofrecer auxilio justo cuando surge alguna contingencia en la que solo en esos términos de acogida es posible encontrar el aliento para enfrentarla y superarla.

   En esta ocasión, la ayuda llegará a un comedor comunitario que atiende a niños en pobreza extrema. Por ello se acude una vez más a la tauromaquia con objeto de celebrar una corrida de toros con el siguiente cartel:

BENEFICENCIA EN PACHUCA_COMEDOR SANTA MARÍA

 Seguramente la plaza “Vicente Segura” será un buen escenario para tan plausible ocasión que se convertirá en una efeméride para recordar. Pues bien, y aprovechando este espacio, comparto más adelante un par de datos que tienen que ver con los más antiguos registros existentes y donde los festejos taurinos fueron un fuerte instrumento de apoyo en causas relacionadas con el apoyo al prójimo. Del mismo modo, también fueron elemento para la contribución en la obra pública, en la construcción de iglesias y templos, extendiendo sus alcances en festejos destinados a auxiliar a poblaciones afectadas por algún temblor, inundaciones o el paso de un huracán. No escapa a este recuento el auxilio prestado para consolidar bancos de sangre durante el desarrollo de procesos bélicos, o para la vestimenta de los ejércitos. Hubo corridas que también se celebraron para contribuir con sus ingresos al pago, por ejemplo de la Deuda Americana de 1877. Desde luego, el buen ejemplo habido con intenciones como estas, fue hecho suyo por instituciones de beneficencia, de ahí que se organizaran festejos de gran tronío impulsados por la Beneficencia Española, la Cruz Roja, la Cruz Blanca, la Cruz Neutral, y todas con un fin en común: el auxilio desinteresado hacia sectores vulnerables de la sociedad.

   El informe más antiguo que hasta ahora he localizado, se remonta al año de 1603, cuando el 7 de julio se emitió licencia a la Cofradía de Santa Ana de esta ciudad (de México), para que “en honra de su fiesta se corran toros en la plazuela del Marquesado”, lo que significaba un acuerdo entre autoridades civiles y religiosas con el fin de materializar propósitos de apoyo, en este caso destinado para favorecer a la Cofradía de Santa Ana.

   Otro dato más: Este se generó el 1738, a partir de la petición de Justo Carcau Peñarrieta quien emitió la solicitud para que la Cofradía del Rosario de San Agustín de las Cuevas, representado por Nicolás Mancera, su Mayordomo concretara una petición de licencia para lidiar toros en la Plaza de San Agustín de las Cuevas, el día de la fiesta del Rosario y así poder beneficiarse de las limosnas.

   Datos a cual más interesantes que nos permiten entender que la fiesta de los toros, además de su puesta en escena tan peculiar, también ha sido un elemento solidario que, como ahora, en Pachuca se espera que una vez más demuestre su vena caritativa. De no ser así, vale la pena recordar los sentimientos que, en otro momento también se dejaron notar, y esto precisamente en la

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Archivo Histórico Municipal de la ciudad de Guanajuato. Col. “Agustín Lanuza” (Detalle).

   Allí, los integrantes de las cuadrillas –jóvenes aficionados guanajuatenses- fijaron su posición en estos términos:

   Sin pretensiones de ningún género y convencidos de nuestra insuficiencia en el difícil arte del toreo, pero con la satisfacción de contribuir con nuestro pequeñísimo contingente a socorrer a los pobres y enfermos de LA SEGUNDA ASOCIACIÓN DE CARIDAD, hemos arreglado una corrida de toros, a la que tenemos la honra de invitar al galante público de esta Capital.

   Aliviar en algo los sufrimientos del desgraciado, es una acción altamente meritoria y por eso deseamos que el pueblo Guanajuatense que siempre se ha distinguido por la nobleza de sus sentimientos, acuda gustoso a la función que le ofrecemos; pero que acuda, con solo el ánimo de dar un socorro a los infelices y nunca con la esperanza de presenciar una buena corrida; pues, ya lo hemos dicho, somos incapaces de ejecutar alguna suerte que merezca la aprobación de los inteligentes en el arte y por eso deseamos contar con la benevolencia del ilustrado público que tenga a bien honrarnos con su presencia.

   He aquí un pensamiento donde a “corazón abierto” seguramente acudirán solidarios muchos aficionados como en aquel entonces, a un festejo que dejará su impronta en la vida de muchos niños. ¡Así será!

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UNA AUTÉNTICA CURIOSIDAD…

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   El Monitor Republicano, en su edición del 10 de marzo de 1896, pág. 2, publicaba una interesante nota, como resultado del festejo que se había visto dos días atrás en la plaza de toros de “Bucareli”. Leamos:

TOROS EN BUCARELI.-Bajo la presidencia del Regidor Sr. Fernando Pimentel se verificó antes de ayer en la plaza de Bucareli, la corrida de toros anunciada a beneficio del espada español José Centeno.

   Se lidiaron toros de la ganadería de Parangueo y dieron muy buen juego, sobre todo el segundo y el quinto. Todos resultaron nobles, y duros con los de a caballo.

   El toro español “Burraquito” que sólo fue picado y banderillado, dio también buen juego, dejando varias sardinas fuera de combate.

   Los espadas Centeno y “Exijano” (sic), en sus quites oportunos estuvieron a gran altura y fueron muy aplaudidos; con el capote se lucieron, pero en la suerte suprema no estuvieron afortunados.

   De los banderilleros sobresalió Filomeno, especialmente en el par de poder a poder que puso al toro español.

   De los picadores, Arriero y Pimienta, se hicieron dignos de mención.

   La entrada estuvo buena en sombra y floja en sol.

   Poco antes de comenzar la corrida fue herido accidentalmente con una banderilla, en el muslo derecho, Arturo Bárcenas.

   Le atendieron a tiempo unos practicantes de medicina.

   Instalose en la Plaza con motor un Eiolosco (eidoloscopio sería el nombre correcto. N. del A.), aparato que sacó por segundo 46 vistas del público, las cuales de tamaño natural y con sus movimientos serán exhibidas en los telones de los teatros.

   Hasta aquí con la nota.

   Ahora bien, vale la pena “vestir” y documentar estos apuntes. Tengo por aquí el cartel anunciador del festejo:

CARTEL_08.03.1896_BUCARELI_J. CENTENO_TOROS

Colección del autor.

De ese anaquel he encontrado también el volumen de El Toreo Ilustrado, en cuyo número del 9 de marzo de 1896, p. 8 aparece otra crónica, quizá más a detalle, pero sin mencionar lo del famoso asunto del Eiolosco:

EL TOREO ILUSTRADO_09.03.1896_p. 8

Ustedes disculparán la rotura importante que tiene este ejemplar… pero es que también para estos días casi es el único sobreviviente que nos queda de aquella época. Pero al margen de este detalle, lo que podemos apreciar es la forma en que “Fierabrás” que no es otro que José del Rivero que fue previo a la etapa del empresario un atinado crítico y “revistero”, y quien desde esa tribuna, lanzó duros proyectiles a todos aquellos que no comulgaran con el toreo de a pie, a la usanza española y en versión moderna. Justo cuando el “poncianismo” estaba dando sus últimas “boqueadas”.

   En cuanto al Eiolosco, se debió referir el “reporter” de El Monitor Republicano a uno de los tantos nombres de ciertos equipos que el cinematógrafo estaba haciendo realidad, luego de las primeras exhibiciones en la ciudad de México, esto por allá de 1895. Así que había equipos denominados mutoscopio, kinetoscopio o kinetófono, el fantascopio, vitascopio, y que contribuyeron a la exhibición de las “vistas animadas” que por aquel entonces era una novedad, causando gran capacidad de asombro entre los asistentes a las primeras funciones que se dieron en la ciudad de México.

   Desconozco el resultado que habrá tenido aquel “experimento”, pero el hecho es que el registro se convirtió en uno de los primeros intentos en los que el cinematógrafo pasó al interior de una plaza de toros. Con mayor certeza, hay datos que confirman la filmación y exhibición que los señores Currich y Maulinié obtuvieron luego de acudir a la plaza de toros del “Paseo Nuevo” en Puebla, la tarde del 2 de agosto de 1897, ocasión en la que toreaba Ponciano Díaz. De esa jornada, surge el registro cinematográfico denominado “Corrida entera de la actuación de Ponciano Díaz” que, lamentablemente no alcanzó a llegar a nuestros días, ni siquiera en su posibilidad de fotogramas, con lo que habría sido posible conocer otra vertiente del que fue un auténtico ídolo del pueblo, y que para ese año ya no ostentaba, ni por casualidad tamaño prestigio.

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LAS MOJIGANGAS: ADEREZOS IMPRESCINDIBLES Y OTROS DIVERTIMENTOS DE GRAN ATRACTIVO… (I).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

LAS MOJIGANGAS: ADEREZOS IMPRESCINDIBLES Y OTROS DIVERTIMENTOS DE GRAN ATRACTIVO EN LAS CORRIDAS DE TOROS EN EL MEXICANO SIGLO XIX.

PARTE I

INTRODUCCIÓN Y MARCO HISTÓRICO.

    Durante buena parte del siglo XVI criollos, plebeyos y gente del campo enfrentaron o encararon ciertas leyes que les impedían montar a caballo,[1] por lo cual también habría habido restricciones para ejecutar suertes del toreo ecuestre. Sin embargo, es posible imaginar que muchos personajes pudieron ignorar aquellas restricciones impulsados por la rebeldía, y más aún por el hecho de estar integrados al ámbito de las haciendas, donde eran comunes un tipo de prácticas relacionadas con el manejo de ganados mayores y menores. Así, en convivencia con toros y caballos por ejemplo, hubo posibilidad de crear todo un despliegue de actividades que llevaron a aquellos hombres a dominar suertes eminentemente rurales, que luego se integraron en espacios urbanos como las plazas de toros, ante la mirada de miles de asistentes que contemplaron infinidad de festejos en donde el encuentro de esas tres presencias: hombre, toro y caballo alcanzaron niveles de notabilidad que consolidaron un espectáculo el cual seguía alimentándose y retroalimentándose de aspectos novedosos. A la gran puesta en escena del toreo caballeresco se sumó otro capítulo, el de las mojigangas. Y estas representaciones se extendieron con fuerza inusitada durante buena parte del siglo XIX.  Por otro lado, y ya muy avanzado el siglo XVIII, dejaron de correrse toros en la fiesta de san Hipólito, (en lo que debo considerar cierta pérdida de interés en la misma) lo cual deja ver un síntoma que estaba encaminándose a la emancipación. Esta representación fue durante muchos años un poderoso instrumento de cohesión entre las autoridades no solo civiles sino religiosas, lo que permitió extender la imagen de la dominación española sobre los indígenas, al punto de que las representaciones del toreo a caballo fueron una especie de fiel de la balanza, y donde ciertos personajes secundarios o terciarios en tales festejos, con intención de hacerse de algún protagonismo, intervinieron pero ocultándose detrás de una máscara. Fue por eso que en tiempos en que gobernó el virrey Bernardo de Gálvez, se llegó a conocer a dichos “actores” como “tapados y preparados”, justo en momentos en que el toreo a pie estaba encontrando condiciones muy favorables para su desarrollo. Lo anterior, se suma al universo de contrates que comenzaron a surgir en tanto la nueva casa reinante -los Borbones- sustituía a los Austrias. Esto ocurrió exactamente en 1700. Es conocido el hecho de que Felipe V manifestó un abierto desprecio a ciertas costumbres comunes en la España que él comienza a reinar. Durante el reinado de Carlos III (esto entre 1767 y 1768), se empezaron a tomar iniciativas en España para acabar con la fiesta brava. El toreo fue víctima de aquel desaire y aunque las nobles se mantuvieron erguidos montando briosos corceles y ejecutando lo mejor que hasta ese momento era la tauromaquia de a caballo, se presentó el efecto de aquel ambiente, por lo que para 1730 aproximadamente eran ya muy pocos los caballeros que defendían una causa vigente desde siglos atrás, lo que permitió que una multitud de plebeyos arribara al escenario con lo que se impuso el toreo de a pie. Este partía de su expresión más primitiva pero al cabo de los siglos, dicho quehacer, como lo vemos hoy, alcanza ya lo mejor de su manifestación, luego de que durante varias generaciones fue motivo de constantes cambios y rutas que lograron ponerlo en el sitio que, como ya dijimos, ocupa esplendoroso hasta el día de hoy.

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Entre las mejores recreaciones logradas hasta hoy, se encuentran las que realizó Antonio Navarrete. Aquí, el alanceamiento de un toro, durante el periodo de esplendor del toreo caballeresco en la Nueva España.

En: Antonio Navarrete Tejero: Trazos de vida y muerte. Por (…). Textos: Manuel Navarrete T., Prólogo del Dr. Juan Ramón de la Fuente y un “Paseíllo” de Rafael Loret de Mola. México, Prisma Editorial, S.A. de C.V., 2005. 330 p. ils., retrs.

   Como dice Juan Pedro Viqueira Albán en su libro ¿Relajados o reprimidos? Diversiones públicas y vida social en la ciudad de México durante el Siglo de las Luces:

Las corridas dejaron de realizarse exclusivamente para festejos políticos o religiosos y se organizaron temporadas que no tenían otro objeto que recabar fondos para las cajas del Estado.[2]

   Esto es, que también el aspecto administrativo y de organización tomó otro sentido, el cual durante algún tiempo no se pudo controlar, por lo que de pronto los asentistas (o empresarios), lograron imponer férreo control hasta llegar a convertir el espectáculo de los toros en un medio de posicionamiento político.

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En: MUNDO HISPÁNICO Nº 269. Agosto 1970.

   Sin embargo, estos asentistas lograron atraer al público ofreciendo espectáculos donde se programaban “multitud de pequeñas diversiones que le hicieron perder por completo su carácter original de ejercicio de caballería”.[3] A esto, debe agregarse el hecho de que siendo la plaza de toros del Volador la única en que se permitían corridas para celebrar la entrada de los virreyes o por fiestas reales, aparecieron otros cosos en donde ese nuevo tipo de expresiones poco a poco fue adquiriendo fuerza y presencia. Así, surgieron plazas efímeras como: Chapultepec, la de Don Toribio, San Diego, San Sebastián, Santa Isabel, Santiago Tlatelolco, San Lucas, Tarasquillo, Lagunilla, Hornillo, San Antonio Abad y la Real Plaza de toros de San Pablo, escenario este, de la mayor representatividad en aquella época, que va de 1788 a 1864 con sus respectivos cortes, motivo de incendios, suspensiones, desmantelamientos o por su mal estado.

   Durante el siglo XIX, el género de la diversión taurina se hallaba provisto de una riqueza sustentada en innovaciones e invenciones que permiten verla como fuente interminable de creación cuya singularidad fue la de que aquellos espectáculos eran distintos los unos de los otros. Ello parece indicar la relación que se vino dando entre los quehaceres campiranos y los vigentes en las plazas de toros. Sociedad y también correspondencia de intensidad permanente, con su vivir implícito en la independencia, fórmula que se dispuso para el logro de una autenticidad taurómaca nacional.

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Dos escenas primitivas del toreo de a pie, representadas en la “Fuente taurina” de Acámbaro, Guanajuato, obra que se remonta a mediados del siglo XVI. En: ARTES DE MÉXICO. El toreo en México. N° 90/91, año XIV, 1967, 2a. época., p. 26.

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Imagen que representa el “Paseo del Pendón”, con que se conmemoraba el día de San Hipólito. Cada 13 de agosto, desde 1528 y hasta principios del siglo XIX ese pretexto rememoraba la capitulación de la ciudad México-Tenochtitlan, así como la consumación de la conquista española.

En: Antonio Navarrete Tejero: Trazos de vida y muerte. Por (…). Textos: Manuel Navarrete T., Prólogo del Dr. Juan Ramón de la Fuente y un “Paseíllo” de Rafael Loret de Mola. México, Prisma Editorial, S.A. de C.V., 2005. 330 p. ils., retrs.


[1] Fue así como el Rey instruyó a la Primera Audiencia, el 24 de diciembre de 1528, para que no vendieran o entregaran a los indios, caballos ni yeguas, por el inconveniente que de ello podría suceder en “hazerse los indios diestros de andar a caballo, so pena de muerte y perdimiento de bienes… así mesmo provereis, que no haya mulas, porque todos tengan caballos…”. Esta misma orden fué reiterada por la Reina doña Juana a la Segunda Audiencia, en Cédula del 12 de julio de 1530. De hecho, las disposiciones tuvieron excepción con los indígenas principales.

[2] Juan Pedro Viqueira Albán: ¿Relajados o reprimidos? Diversiones públicas y vida social en la ciudad de México durante el siglo de las luces. México, Fondo de Cultura Económica, 1987, p. 40.

[3] Op. cit., p. 47.

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A PUNTO DE CONCLUIR LA TEMPORADA 2015-2016.

EDITORIAL. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.  

A Silvia Caramella y a Francisco José Díaz Marcilla, estudiosos que trabajan por estos días en nuestro país. 

   Al margen de las crónicas sobre el último festejo y que ustedes, amables navegantes de este blog ya habrán leído, me permito adivinar que ya cuentan con un amplio juicio de valores, por lo que hoy pretendo hacer algunas observaciones que merecieron mi atención, pues supone un paso adelante en términos más de técnica que de estética a favor de la tauromaquia en su conjunto.

   En principio se lidió el encierro mejor presentado que aun así tuvo “peros” si ha de sometérsele a rigurosas precisiones en términos del significado que tiene el “trapío”. Respecto al juego, se diría que dejaron que desear pues los hubo que voltearon contrarios, o mostraron debilidad en los remos, así como falta de casta o desparramaban la vista a placer. Sin embargo se trataba de un encierro con edad, desarrollo de cornamenta incuestionable, que dieron satisfacción a miles de aficionados quienes, venturosamente estaban viendo una corrida de toros, la cual, junto a los de Manuel de Haro, cumplieron a cabalidad con la más cara de las ilusiones de quienes acuden a un festejo taurino: ver toros. Lo demás, viene por añadidura.

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El Programa coleccionable. México, año 29, N° 1004, 19ª corrida. 14 de febrero de 2016, páginas centrales.

   Y esos toros ofrecieron una lidia digna de anotarse. Por ejemplo, a su salida, prácticamente no derrotaban en los burladeros, salvo que insistieran las infanterías y solo el sexto terminó escobillándose, lo que desmerece por aquella labor a veces inútil e insana que existe en provocar detrás de los burladeros.

   Las cuadrillas, además se excedieron en el uso de capotazos, sobre todo durante el desarrollo del segundo tercio, indicativo de que parecían no estar en capacidad de resolver los problemas sobre la marcha, y más cuando se tenía en frente un encierro como el que se viene desmenuzando.

   El monopuyazo parece haberse convertido en un común denominador pues si bien podría considerarse como parte del propósito de esta suerte, que consiste en provocar una herida por donde se genere hemorragia que libera de estrés al animal. De esto, y en su momento, hubo un importante reportaje del que traigo hasta aquí la parte sustantiva de interés. Me refiero a la entrevista que José Luis Ramón realizó al Dr. Juan Carlos Illera del Portal, quien por el año de 2007 era Director del Departamento de Fisiología Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid. Este médico veterinario presentó por aquellos días un estudio novedoso e inédito, en el que demostraba de manera científica que el toro tiene menos estrés durante su lidia que durante el transporte, y que, ante el dolor, libera unas hormonas, las betaendorfinas, que contrarrestan el sufrimiento, de manera que éste llega a ser muy bajo, o incluso nulo, en relación al castigo a que es sometido durante la lidia. Esto en palabras sintetizadas del propio José Luis Ramón, quien además pregunta:

-¿Siente (el toro) más estrés al salir al ruedo que al pasar por el picador o después de ser banderilleado?

   Así es, hablando siempre de las mediciones efectuadas en los niveles hormonales. Por este motivo, el toro tiene una respuesta totalmente distinta a la de las demás especies animales.

-Siempre se ha hablado del papel nivelador del tercio de varas. Este sirve, desde luego, para rebajarle fuerza, para hacerle toreable y, mediante el sangrado, descongestionarle. Ahora sabemos que esto tiene una explicación científica, y que a medida que el toro va siendo lidiado y toreado siente menos estrés.

   Así es. Con datos tenemos demostrado que, después de sufrir un gran estrés en el momento de salir al ruedo, a los cinco minutos sus niveles hormonales son casi normales.

   Y más adelante vuelve a afirmar Illera del Portal:

   Lo que nosotros queremos decir es que la raza del toro de lidia tiene un mecanismo especial que responde rápidamente, en milisengundos con la liberación de cortisol y catecolaminas. Un humano tarda más en responder. El toro es distinto a los demás animales, porque, en cuanto tiene estrés, en mucho menos tiempo que un segundo ya está liberando hormonas para contrarrestar esa situación, de ahí que, en la mayoría de los casos vuelva al caballo después del primer puyazo. (Datos tomados de 6TOROS6 N° 656, del 23 al 29 de enero de 2007, p. 9-13).

   Hasta aquí con esa interesante entrevista. Pero el hecho es que en la mayoría de los casos ocurridos durante una temporada 2015-2016 a punto de concluir, es que los ejemplares que salieron al ruedo, recibieron en promedio un puyazo, y esto frente a una respuesta cada vez más hostil de parte de un público en el que predominan opiniones vertidas por mayorías que no necesariamente se considerarían aficionados de arraigo, sino de nuevas generaciones que han llegado con la idea de que la fiesta ha cambiado. Y esa idea proviene del hecho de su distanciamiento primero, pero también de su enorme esfuerzo por aprender la compleja lectura de la tauromaquia después. Sin embargo, se encuentran ante un panorama complicado, pues no tienen a su alcance una voz cantante capaz de proveerlos de la información correcta, necesaria para conocer el misterio del toreo. Esto aunado a la pésima labor de la mayoría de los varilargueros que no realizan la suerte de conformidad con los más rancios dictados, o lo que es lo mismo, los usos y costumbres. Por lo tanto, lo que han conseguido hacer de dicha suerte es un disparate, al punto de que es la más repudiada. Además de que montan una cabalgadura excesivamente cargada no solo con el peso de la silla, sino también de un peto que parece no cumplir ni por casualidad lo indicado en el reglamento taurino. A esto debe agregarse la sospecha de que esos caballos que salen a contraquerencia y querencia, se les aplica alguna dosis de somníferos, con lo que en cualquier momento pierden el equilibrio. Luego los “hulanos” (una gran mayoría) se obstinan en tapar la salida, con la enorme ventaja de que el toro se pone en suerte, las más de las veces a dos o tres metros de la cabalgadura, con lo que se tiene eliminada aquella otra oportunidad de verles embestir desde largo, lo que daría más brillo a la suerte. Las adecuaciones que requiere esta suerte son urgentes; incluso para sabernos involucrados en opiniones y comentarios que podrían ser de gran utilidad para ponerla al día; pero sin que pierda su esencia originaria.

   Finalmente, aunque vimos a un Sergio Flores en un momento clave de su vida, debo decir que es preocupante que muchos diestros estén empleando o poniendo en práctica una faena ausente de elementos de comprobación basados en la técnica, sobre todo en los preámbulos de sus trasteos. Pero también, y aquí lo más importante: que esas faenas se parecen mucho entre sí, con lo que se pierde la enorme oportunidad de volver a la fuente creativa en la que siguen a la espera otros métodos y procedimientos tan intensos y ricos como estos, e incluso más, pues en esas labores puede haber técnica y estética desconocida, y que se ha perdido temporalmente porque se impusieron diferentes líneas de mando que desplazaron o marginaron aquellos procedimientos, muy al estilo, por ejemplo de José Gómez Ortega, de Joaquín Rodríguez, de Fermín Espinosa, junto a labores artísticas como las de Rafael Gómez Ortega, Rodolfo Gaona, Manuel Jiménez, Francisco Vega de los Reyes, Alfonso Ramírez o Luis Procuna. Incluso estas últimas vertientes, las de 50 años concentradas en Antonio Ordoñez, Jesús Solórzano, Francisco Romero, Rafael de Paula… o Mariano Ramos y José Miguel Arroyo, como otro periodo de afirmación en el toreo. Es decir: la summa de la experiencia del siglo pasado se ha ido perdiendo para dar paso a la desmesura del minimalismo vuelto faena. Y todo lo anterior, con la colaboración armónica de un toro estandarizado que ha puesto en un predicamento a la fiesta.

   Sobre la suerte suprema, esto será motivo de otro texto que prometo vendrá muy pronto.

17 de febrero de 2016.

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