UNA CONMOCIÓN TAURINA Y AEROSTÁTICA SIN PRECEDENTES DURANTE EL MES DE MAYO DE 1833.

A TORO PASADO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   En 1825 se festejó la independencia, “el grito” en la Alameda, entre otras cosas con la ascensión de un globo; esta costumbre continuaría años después, no obstante, lanzar globos al cielo comenzaba a ser un espectáculo sin grandes emociones, faltaba el ingrediente principal, que el hombre levantara el vuelo.

   El primer intento se registra en 1833, Adolfo Theodore autoproclamado físico, engatusa al  empresario de la Plaza de Toros de San Pablo, Manuel de la Barrera, el asentista ansioso de presentar un espectáculo novedoso aceptó hacerle fuertes adelantos al aeronauta confiando en el seguro éxito de la primera ascensión de un humano en cielo mexicano. Después de numerosas gestiones se proyecta la función para el 1º de mayo de 1833, el punto de partida sería la Plaza de Toros de San Pablo, se proponen las siguientes medidas para guardar el orden:

No habrá coches ni caballos alrededor de la plaza de toros, todos los coches que se dirijan a la plaza lo deberán hacer por un sólo lugar, sólo podrán ser ocupados los balcones de las torres de la parroquia de San Pablo por los espectadores, no se permitirá gente en las azoteas de las casuchas contiguas a la plaza por su estado ruinoso, quien no siga éstas disposiciones pagará multa.

Air-balloons

Es probable que Theodore utilizara alguno de estos globos para sus polémicas ascensiones. De Bell, Andrew, 1726-1809, engraver. Esta imagen está disponible en la División de Impresiones y Fotografías de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos bajo el código digital copyright ppmsca.02501. Commons: Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2520952

   El anuncio de la ascensión relata paso a  paso el desarrollo de la diversión, a los asistentes a la plaza que pagaban su boleto se les tenía que ofrecer un espectáculo atractivo que comenzaba desde los preparativos para el llenado del globo y que culminaba con su elevación pues al salir el artefacto de la plaza todo el pueblo lo podía ver sin desembolsar un centavo, de ahí la necesidad de hacer llamativo desde el cartel lo que se prometía exhibir; sólo presento una parte de la propaganda debido a su amplitud pero creo que es suficiente para abonar la imaginación y revivir en nuestra mente un acontecimiento que marcó a las generaciones de aquella época:

ORDEN DE LA FUNCIÓN

A las tres de la tarde del referido dia empezará la función con las mejores piezas ejecutadas por los músicos de la Brigada de Artillería, alternando con una banda completa de cornetas: ínterin se llenará el GRAN GLOBO MEJICANO de veinte y siete varas de alto formando treinta y dos mil piés cúbicos de capacidad, construido en un todo en esta ciudad por hijos del país; la operación sorprendente de disolver con los ácidos, ciento sesenta arrobas de fierro de hojas, para elaborar gas hidrógeno; introducir este mixto invisible en el interior del GLOBO para henchir este esferoide de magnitud colosal, arreglar los diversos preparativos del primer viaje de un hombre en los aires que dominan los volcanes inmediatos á esta capital, todo se hará en el interior de la plaza á la vista de los espectadores, en menos de dos horas, por medio de numerosos aparatos neumáticos nuevos, adornados con elegante simetría.

A las cuatro, una hermosa sinfonía compuesta al propósito por el acreditado profesor ciudadano José Gambino, titulado El Globo, anunciará la despedida del primer correo en la atmósfera, el cual llegando a una altura mediana y todavía a la vista de los concurrentes, echará flores en obsequio de las bellas Mejicanas, á quienes el aeronauta tributándoles sus rendidos homenages, tiene el honor de dedicarles.

A las cuatro y media, un segundo correo mayor hecho de vivos colores de seda elevará velozmente en las nubes un parque de artillería con sus correspondientes piezas, carros de municiones y dotado de numero suficiente de artilleros con cuerda mecha encendida para el servicio de la primera salva aérea que saludará a la Bandera al tiempo de desplegarse en los aires; oyendo y viendo los concurrentes el estrépito de los cañones, juntamente con la luz y el humo de los tiros: se lisonjea el físico que la ascension de dicho parque, nunca ejecutada en Europa ni en América, será vista con agrado del público, y sus deseos serán colmados si merece la aceptación de sus compañeros de armas del benemérito cuerpo de Artillería, en honor de los cuales ha arreglado esta sencilla diversion.

A las cuatro y tres cuartos, se harán los últimos preparativos para el vuelo del Aeronauta, manifestando á los concurrentes la hermosa canastilla, en la que se subirá a recorrer regiones no conocidas de ningun ser humano, en las cuales se forman los rayos y la nieve, acomodando despues en ella sus instrumentos de Meteorología, á fin de que con la serenidad que le ha acompañado en sus precedentes excursiones, forme sus cálculos aerográficos para comunicarlos al público, luego que verifique su feliz descenso.

Por fin, á las cinco el Aeronauta se presentará vestido de un elegante trage, y con arrojo y valor subirá en su frágil canastilla, cuya pequeña dimensión y ricos adornos no se pueden figurar sin verlos, y al compas de una marcha militar, se paseará sostenido de su GLOBO en el contorno interior de la plaza; parándose despues delante del palco del Exmo. Sr. Presidente de la República se pondrá respetuosamente a sus órdenes, antes de despedirse de tan benévolos espectadores; luego rompiendo a las nubes, hará resonar sus vivas en loor y gloria de la Nacion Mejicana.

Es en aquel momento que el impávido viajero se desprende de este suelo privilegiado de la naturaleza, (quizá para no volverle á pisar nunca, según los arcanos de la Divina Providencia) que los mayores sintomas de sensibilidad se manifiestan en el semblante de cada uno de los espectadores, fluctuando sus espíritus entre el temor y la esperanza al considerar el desamparo total que sigue al viajero celeste en tan espantosa carrera…A la elevacion de mil varas el volador dejará bajar un hermoso paracayda de tafetán conducido hasta el suelo por una Aguila, dedicada al Señor general D. Manuel Barrera en prueba de su agradecimiento por haberle suministrado los caudales para habilitar esta funcion. Remontándose mas en su vuelo, no se distinguirá al Aeronauta, cuando todavía se divisara, desde el imperio de Júpiter, el GLOBO MEJICANO como un lucero de fuego en medio de los celages.

   Si bien Adolfo Theodore nunca recorrió esas “regiones no conocidas por ningún ser humano”, no se le puede negar la ocurrente y muy convincente prosa que poseía, se llega al exceso y exageración en la descripción del evento, costumbre por cierto muy común en ese tiempo y que gracias a ella podemos adentrarnos en lo que sucedía. La historia apenas comenzaba, la plaza a reventar el día fijado, pero el público se tuvo que conformar con la suspensión del espectáculo por “mal tiempo” y contentarse con la renovación de sus boletos. Todavía el aeronauta tuvo una segunda oportunidad proyectada para el 22 del mismo mes de mayo, también falló “por un accidente”; por esas fechas se da a conocer una gaceta procedente de Tampico cuyo título habla de los antecedentes de Theodore “Sepa el general trapero quien es su amigo el globero”, se le acusa de charlatán, de robar el dinero de las entradas en Cuba y Puerto Príncipe y se pide “al culto pueblo mexicano que no se deje engañar”.

   El “culto pueblo mexicano” seguía sustituyendo sus boletos con la esperanza de poder presenciar el hecho insólito algún día,  hasta que el ACM manda publicar un aviso en el que se aprueban las siguientes medidas:

El empresario Manuel Barrera debe poner a disposición del gobierno el dinero de las entradas, además de 4,000 pesos, la devolución de las entradas al público deberá hacerse en las Casas Consistoriales y en presencia de las autoridades. Se procederá al arresto de Manuel Barrera.

   El asentista no fue a la cárcel pero sí Adolfo Theodore por considerarse que había actuado fraudulentamente. Con todo lo sucedido, el general Barrera metido a empresario veía la forma de recuperar lo perdido además de no devolver el dinero de las entradas que le requerían y  sobre todo, reconciliarse con el público; logró entonces sacar al aeronauta de la prisión para que cumpliera con la prometida ascensión pero el gobierno prevenido ya con los infaustos antecedentes mandó que científicos de la Escuela de Minería revisaran el globo y los preparativos para la ansiada elevación:

…cuando estos señores vieron lo que hacía Theodore, no sabemos si a propósito o por verdadera ignorancia, informaron que el globo construido por el francés, si acaso llegaba a elevarse, cosa por demás dudosa, ofrecía la seguridad de venirse abajo y estrellar al ‘intrépido aeronauta’. La autoridad mandó que se suspendiera el segundo intento y el pillo de don Adolphe se quedó tan contento tomando con rapidez la diligencia hacia Toluca para estar fuera del alcance de la furia del coronel.

   El gran perdedor de este curioso suceso fue Manuel de la Barrera porque el aeronauta embustero gastó todo el dinero que pudo y no tuvo que arriesgarse a morir de un porrazo. El empresario quedó tan mal con el público mexicano que se vio forzado a congraciarse con él, escribió extensas cartas para exculparse y responsabilizar de todo a Theodore, él – decía – sólo había actuado de buena fe (aunque nunca devolvió el monto de las entradas). La buena estrella de Manuel de la Barrera regresó cuando literalmente le cayó del cielo el aeronauta belga Eugenio Robertson, convirtiéndose este sí en el primer hombre que cruzó el cielo mexicano.

   Como vemos, para los primeros días del mes de mayo de 1833 ya se habían consumado los fracasos escalonados del “aeronauta” Adolfo Theodore quien, por una u otra razón no pudo culminar sus tan anunciadas ascensiones aerostáticas. Lamentablemente entró en contubernio con el duro y prepotente empresario Manuel de la Barrera y unas consecuentes autoridades que entraron en su juego, cediendo a cualquier capricho de ambos personajes. Se sospechó de turbias maniobras con las que Theodore y Barrera hicieron perdedizo el dinero del pueblo que acudió durante varias jornadas, ansiosos de admirar aquel espectáculo, asistencia que generaba conmoción, pues buena cantidad de aquel público abandonaba sus ocupaciones (las funciones se programaron entre semana) o dejaba sus hogares, para luego regresar molestos por los pésimos resultados.

   Entre la prensa que se ocupó en su momento de estos acontecimientos, encontramos La Antorcha, en cuya publicación del sábado 25 de mayo de 1833, se publicó la siguiente nota:

LA ANTORCHA. PERIÓDICO RELIGIOSO, POLÍTICO Y LITERARIO. TOMO I, (NÚM. 55) SÁBADO 25 DE MAYO DE 1833.

México, 5 de mayo.

   Por mucho tiempo conservarán los Mexicanos en la memoria el Sr. Adolfo Theodore, que el día de ayer ha tenido un número sumamente considerable encerrado en la plaza de Toros desde las nueve de la mañana hasta las siete de la tarde, en expectativa de un espectáculo que por su novedad y aparato con que se anunció, llamó justamente la atención pública, en términos que se cerró el comercio, los talleres, y todo México se puso en movimiento; pues aun aquellos que por falta de proporción para pagar el exorbitante precio de los asientos no pudieron ir a la plaza de Toros, estaban en las torres, en las azoteas, en las plazas, esperando que subiera hendiendo los aires el Sr. Aeronauta que así lo había prometido. No sabemos, ni será fácil que se averigüe, el verdadero motivo de esta defección, que cada cual atribuirá a lo que le parezca. Ni culpamos precisamente al Sr. Theodore, ni al Sr. Empresario, ni a las autoridades; pero sí deseamos que estas dicten las providencias oportunas para que se dé una satisfacción al pueblo más prudente y más moderado que hay en todo el mundo: que se devuelva el dinero pagado por los boletos, porque la corta diversión que proporcionaron los tres globos correos, se compensa sobradamente con la incomodidad, calor y privaciones que se sufrieron; y sobre todo, que si el Sr. Theodore insiste en subir o se presenta otro aeronauta, se nombre con la anticipación conveniente una comisión de personas instruidas que reconozcan el globo y todos los aparatos; y que cuando por mal temporal, o por algún accidente imprevisto se conozca que no ha de subir, se avise inmediatamente, para que las gentes se retiren a sus casas u ocupaciones.

TOROS

En las plazas de S. Pablo y Necatitlán, por la tarde; y en la Alameda de once.

   Superado aquel pasaje irregular, la Real Plaza de toros de San Pablo volvió a dar espectáculos taurinos, casualmente en sábado durante la tarde. A esa misma hora también la plaza de Necatitlán dio una función taurina. Por la mañana y en el coso de la Alameda, se cumplía con el tradicional “toro de once”.

   Ocho días más tarde ocurrió el mismo programa, tal y como lo dice

LA ANTORCHA. PERIÓDICO RELIGIOSO, POLÍTICO Y LITERARIO. TOMO I, (NÚM. 62) SÁBADO 1º DE JUNIO DE 1833.

TOROS

En la plaza de la Alameda de once, y en la de San Pablo y Necatitlán por la tarde.

   Es posible que en algunos sábados posteriores ocurrieran réplicas en las tres plazas mencionadas, que entonces funcionaban, lo cual indica que para una ciudad con alrededor de 100 mil habitantes, era un número más que suficiente.

   Entre los toreros que actuaron por aquella época estaban los hermanos Luis, Sóstenes y José María Ávila, que son los nombres más destacados, no teniendo hasta ahora otros datos al respecto.

   Así ocurrían los acontecimientos de aquella primavera de 1833.

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