UN MOMENTO HEROICO DE JOAQUÍN RODRÍGUEZ.

REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   Luego de algún tiempo en que esta serie pasó sin encontrar la imagen propicia, de pronto surgen razones suficientemente poderosas para dedicar la atención a lo que sigue:

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En la mayoría de los detalles carezco de información puntual. Plaza, fecha, procedencia del toro, resultado posible de aquella jornada, incluso la paternidad del registro fotográfico, con lo que es imposible dar los créditos como sería deseable.

   Sin embargo, estamos viendo en la misma a un Joaquín Rodríguez decidido a triunfar, conforme a lo impuesto por el estilo de “Cagancho” lo cual representaba un auténtico misterio, pues lo mismo era gozar aquel estado de gracia que verle detenido por la guardia para luego ser enviado a la cárcel y cumplir así con el castigo impuesto por la autoridad. Y es que “Cagancho” podría haber provocado tremenda bronca, mientras que Joaquín Rodríguez se aprestaba a dar la “nota” con detalles como el que apreciamos, entregándose en convencida actitud de torero, de artista y profesional, dispuesto además a dar un buen espectáculo. Aquí Joaquín parece darse cuenta de las enormes facultades de un toro que además, arremete como un tren sin posibilidad de parar su loca carrera. Es tal la pujanza, ese sello de casta que asoman por todos lados en esa impetuosa pose que adquirió el respetable ejemplar, que no le quedaba otro recurso al gitano que estar bien ante un público que ha llenado la plaza y que según puede apreciarse, estaba ahí para verle torear.

   La arena que se levanta y la postura que adquiere Joaquín en el momento que ve pasar al imponente toro, tras pegar también ese imponente pase por alto. Es que el solo paso del astado representaba una especie de impetuosa tempestad con lo que a su paso, se mueve y se conmueve todo, causando el estupor y una emoción muy especial –en este caso- de reencontrarse con una más de las improntas de la tauromaquia: el toro en su más recia expresión. Y para lograr el equilibrio, un torero… un gran torero como Joaquín Rodríguez, que en esa ocasión decidió elevar las cotas a niveles que ni el propio “Cagancho” habría comprendido, pues “Cagancho” era esa especie de Antígona, el contestatario y la antítesis del Joaquín Rodríguez mismo. Sin embargo “Cagancho” era el dueño de la gracia, de la desfachatez, de la genialidad y Joaquín, ese hombre dispuesto a entregarse como se entregó en esa ocasión, la que nos permite contemplar tremenda fotografía, inigualable fotografía, que si bien y por rigor, no formaría parte de esta serie, pero el hecho es que la hace suya, entre otras cosas, por la profunda relación que Joaquín Rodríguez “Cagancho” tuvo para con México. Suficiente motivo para integrarla, sentirla y gozarla.

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