LA ILUSTRACIÓN MEXICANA DEDICÓ ESPACIO A LA ÓPERA y TOROS EN 1852. (I).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Una gozosa navegación por estas nuevas latitudes de la modernidad, permiten encontrar los caminos que también ese pasado desplegó en forma caudalosa. Y se hizo para que nuestra mirada quedase bajo el encanto de esa capacidad de asombro que produce acercarnos a las pretéritas circunstancias que constituyeron aquellas sociedades, decimonónicas en este caso. Tal navegación fue posible gracias al hecho de estar a nuestro alcance la “Hemeroteca Nacional Digital de México” (http://www.hndm.unam.mx/consulta/busqueda/buscarPalabrashttp://www.hndm.unam.mx/consulta/busqueda/buscarPalabras).[1]

   Y hete aquí que hubo oportunidad de cruzarme con una lectura proveniente de La Ilustración Mexicana cuyo austero título –Óperas y Toros- no se corresponde con lo que Fortún desarrolló en un amplio texto que pongo a la consideración de todos ustedes. Inmediatamente después, me permitiré realizar una serie de anotaciones que bien lo merece la siguiente lectura.

ÓPERAS Y TOROS1

ÓPERAS Y TOROS2

   Es La Ilustración Mexicana una de las publicaciones cuyo valor reúne elementos intelectuales de primer nivel. Según notas proporcionadas por la propia página consultada, se tiene una primera idea sobre su importante presencia.[2]

   y Fortún es ni más ni menos que Francisco Zarco, uno de los periodistas más emblemáticos del XIX que aplicó en sentido práctico la consigna planteada por todos los colaboradores: “…en La Ilustración verán la luz producciones satíricas y estudios de costumbres que siempre atacarán defectos generales, sin dirigirse jamás a persona determinada”.

   En Óperas y Toros Francisco Zarco pone en valor lo que cada uno de estos espectáculos públicos significaba, sobre todo justo en el “Ecuador” del siglo XIX. Casualmente Óperas y Toros pudo conocerse apenas unas semanas después de que fue inaugurada la plaza de toros del Paseo Nuevo, hecho que ocurrió el domingo 23 de noviembre con el siguiente cartel: Cuadrilla de Bernardo Gaviño y Mariano González “La Monja”. 5 toros de El Cazadero.

CARTEL_23.11.1851_PASEO NUEVO_SIETE TOROS_SIN DATOS

Así apareció en varios periódicos esta inserción…

   Seguramente lo que debe llamar la atención en Zarco es un conjunto de posibles desmanes ocurridos de manera reciente, lo mismo en este nuevo escenario o en la Real Plaza de toros de San Pablo y que movieron a las autoridades a publicar el siguiente “Aviso”:

FOTO Nº 194

Col. del autor.

   Ahora bien, ¿qué pretende decirnos Fortún en estas puntuales apreciaciones?

   Así como se remonta a un pasado distante donde es posible apreciar el registro de sociedades que, como la ateniense forjaron elementos para el entretenimiento, de pronto le asalta la primer gran pregunta: “¿cómo nos explicamos en México el estado de cultura de la buena sociedad, al ver a un tiempo su pasión por la ópera y por los toros?” para seguir con otra más: “¿Cómo, pues, los mismos que se afanan en ir a la ópera, se complacen tanto en ir a los toros a admirar la furia indomable de la raza de Atenco, la destreza y los peligros de Bernardo [Gaviño] y su cuadrilla, el martirio de las banderillas, la agonía de un noble y valiente animal, la puñalada pérfida y traidora del cobarde carnicero, que aun tiembla de miedo al herir por detrás a un moribundo, los destrozos de los caballos, y el manganeo de las mulas?”

   En fin, que lo apuntado hasta aquí nos deja entender que entonces, la asistencia para uno y otro espectáculo correspondía a un mismo núcleo de entusiastas interesados. Ello es posible en la medida en que la ópera y los toros eran, por aquel entonces, dos diversiones públicas de elevada popularidad. Evidentemente hubo otras tantas manifestaciones en tanto “espectáculo”, hasta el punto de que exponer el cadáver de un niño[3] quedó considerado –por la autoridad-, como espectáculo público.[4]

   Aquí otra reflexión:

   “No podemos explicarnos la analogía que pueda haber entre uno y otro espectáculo. Si en la plaza del Paseo nos parece inmoral y bárbaro mirar sonreír a las señoritas después de una de esas catástrofes que son las peripecias de la vida del torero, no podemos menos de figurarnos que hay una especie de transformación, o una naturaleza doble, en esas mismas señoritas, que en la noche llevan el pañuelo a los ojos al oír el tiernísimo O vel´alma innamorata de Salvi (…)”

   Todo parece indicar que la curiosidad lleva a Francisco Zarco lo mismo al Paseo Nuevo que al Gran Teatro Nacional, donde ocurren festejos taurinos y funciones de ópera respectivamente, y es allí, in situ donde tiene que comprobar las reacciones populares, pero más aún las que asume un señalado sector de mujeres. Lo visto y escrito por Zarco parece socialmente incorrecto, señal de prejuicios no superados, aún a pesar de los poco más de 160 años que median aquella visión con nuestra realidad. Y no conforme, reanuda en otro párrafo sobre las encontradas reacciones de “debilidad” o “arrogancia” que las mujeres mostraban en la ópera o en los toros, con lo que quedaban señaladas per se.

   La iglesia católica permeó y formó a lo largo de varios siglos a buena parte de novohispanos y nuevos mexicanos, de tal forma que entre los elementos concientizadores lo mismo planteados desde la Biblia y afirmada esta en la misa, el sermón y demás oraciones. Justo cuando el sacerdote subía al púlpito y su presencia humilde pero ensoberbecida tuvo como propósito consolidar la grey estableciendo elementos discursivos como “tener corazón”. En ese sentido, Zarco acude a ese discurso y plantea comportamientos, sentidos y significados –retratos al fin y al cabo- de quienes por acudir a la ópera o los toros (género femenino como blanco de reproche) no se corresponden; y mucho menos se compadecen de ciertas virtudes, en medio de ciertos tintes conservadores, venidos de un liberal convencido, a saber:

“En el gran mundo no se usa tener corazón: es un adminículo que estorba, que embaraza; es un obstáculo para el brillo, para la felicidad exterior. Se siguen sin reflexión todas las manías, todas las extravagancias de la época, y si cualquier cosa está admitida, está bien recibida, tal cosa se hace sin consultar con las propias inclinaciones, con los propios sentimientos. Así, pues, vais a los toros sin ser inhumanas, sin que tengáis el gusto bárbaro de ver sangre y muertes, y vais a la ópera sin gusto artístico, sin pasión por la música: por eso conversáis tanto, por eso hacéis tan sonoro vuestro abanico. Vais porque otros van, vais porque es la moda, vais como máquinas que ceden a un impulso extraño”.

MUJERES EN LOS TOROS y EN LA ÓPERA

CONTINUARÁ.


[1] Anteriormente, hubo oportunidad de publicar y comentar otras notas ubicadas en la misma edición (véase: ILUSTRADOR TAURINO MEXICANO. PARTE XXIV. “LA ILUSTRACIÓN MEXICANA” ARTÍCULO INÉDITO DE LA “ILUSTRACIÓN MEXICANA” DE 1851 QUE NOS DESCRIBE PERFILES DE LA SOCIEDAD QUE ASISTE A UNA CAMBIANTE FIESTA TAURINA. https://ahtm.wordpress.com/2013/01/20/la-ilustracion-mexicana-1851/).

[2] Disponible en internet, abril 11, 2016 en:

http://www.hndm.unam.mx/consulta/publicacion/visualizarDescripcion/558ff9347d1e32523086147b?unaLetra=I&tipoBusqueda=4&numDocs=20&palabrasBuscar=&ide=558ff9347d1e32523086147b

La Ilustración mexicana

México: Ignacio Cumplido, 1851-1855.

1ª época

  1. 1 (1851); 603 p.
  2. 2 (1851 – 1852); 683 p.
  3. 3 (1852); 696 p.

2a. época

  1. 4 (1853 – 1854); 724 p.
  2. 5 (1855); 574 p.

(Imp. por Ignacio Cumplido). Ils.; 27 x 17 cm. Litografías, grabados, viñetas, planos e índices.

   La publicación apareció semanalmente, pero se desconoce el día de su salida, pues carece de fechas que lo indiquen. Al parecer el primer tomo termino a finales de octubre de 1851, ya que en su despedida se anunció la suspensión de la publicación durante dos semanas, después de las cuales aparecería el primer número del segundo tomo, que “se distribuirá sin falta a nuestros suscritores, el sábado 15 del próximo noviembre”. Por otra parte, en la introducción del tomo 4 se menciona que la publicación fue suspendida y se han reiniciado labores, pero no se consignan fechas. Gracias a una serie de constantes la numeración ha podido ser establecida: el tomo 1° tuvo 26 entregas o números; el 2, 28; el 3, 28; el 4, 26 y del 5 no fue posible numerarlos con claridad. El número de páginas por entrega varió, en los primeros tres tomos era de 24 páginas, en el cuarto de 32 y en el quinto cambió en varias ocasiones: primero fue de 24 y luego disminuyó a 8. Como material complementario, en cada número se introdujeron una o dos litografías a color o en blanco y negro; los tomos iban acompañados de índices y algunos números incluyeron un “Boletín bibliográfico” La dirección del impresor y editor era calle de los Rebeldes número 2.

   El editor de La Ilustración mexicana fue Ignacio Cumplido; según el Diccionario Porrúa la periódica fue dirigida por Francisco Zarco, quien de acuerdo con Jefferson Rea Spell, aparece como editor responsable en 1854. Entre los colaboradores se encuentran Fernando Orozco y Berra, Francisco Zarco (“Fortún”), Vicente Calero Quintana, Marcos Arróniz, José Tomás de Cuéllar, Luis G. Ortiz, Manuel Carpio, José Sebastián Segura, José María Esteva, José María Villanueva, Félix María Escalante, Francisco Manuel Sánchez de Tagle, Andrés Quintana Roo, José María Lafragua, Francisco Granados Maldonado, José Joaquín Pesado, Emilio Rey, Guillermo Prieto, José María Vigil, Tomás Ruiseco, Justo Sierra, Joaquín Téllez, Epitacio J. de los Ríos, Juan Mateos, Mariano de Lara, Francisco J. de Orellana, Pantaleón Tovar, José González de la Torre, Francisco González Bocanegra y Manuel Orozco y Berra. También publicó reproducciones de José María Heredia, José de Espronceda, José Zorrilla, Ramón de Campoamor y Gertrudis Gómez de Avellaneda. Publicación destinada primordialmente a difundir la literatura como un saber importante para el adelanto social. Los redactores anotaron en la introducción al tomo 1°, que se esforzarían para que La Ilustración tuviese un carácter nacional hasta donde fuera posible. “El estudio de las bellezas naturales de nuestro suelo, de los elementos de riqueza que él encierra, merecerá nuestra atención “dicen los redactores- y las poblaciones más importantes, las minas, los productos agrícolas de más interés serán descritos y representados en hermosas láminas; para que el país sea conocido, y se adelante en la reunión de datos estadísticos, sin la aridez que tienen esta clase de trabajos”. Agregaron, además, que en La Ilustración verían la luz producciones satíricas y estudios de costumbres que siempre atacarán defectos generales, sin dirigirse jamás a persona determinada”. En las introducciones a los demás tomos refrendaron estos objetivos y se comprometieron a mejorarlos cada día. Los redactores aprovecharon que el país poco a poco dejaba de sufrir los levantamientos políticos y la problemática que caracterizo a esos años de enfrentamientos entre liberales y conservadores para difundir las bellas letras. La Ilustración mexicana fue órgano de difusión del Liceo Hidalgo: introdujo artículos de historia,- geografía, minas, agricultura, biografías de hombres ilustres, mensajes morales y ciencias. La publicación se acompañaba de bellas litografías que mostraban la moda parisiense y formaban parte de la sección titulada Revista de modas, posteriormente últimas modas de Paris; se insertaban consejos útiles para el “bello sexo” sobre química doméstica, así como sentencias de carácter moral. Por otra parte, Maria del Carmen Ruiz Castañeda sostiene, en su estudio sobre revistas literarias, que “La Ilustración mexicana tiene una marcada tendencia dogmática, a pesar de publicarse en una etapa de represión del pensamiento”. Según Jesús Castañón, el tomo 5 de la publicación fue escrito casi en su totalidad por Francisco Zarco y, en su opinión, La Ilustración mexicana es en todo creación de “Fortún”, “independientemente de quien haya concebido la idea”. Aunque se desconoce la fecha exacta de aparición, probablemente inició a mediados de abril de 1851. El Catálogo de la Colección Lafragua menciona que la primera época de la publicación abarcó de 1851 a 1852 y la segunda de 1854 a 1855. En la miscelánea 24 se encuentra el número 11 del primer tomo.

And Noticia, p. 47.

Bib Mex, p. 1.

Bravo Periodistas, p. 55-56.

Car Hem, 207, 219.

Castañón Rodríguez, Jesús. “Zarco, crítico social y escritor de costumbres”. En México en la cultura. Suplemento de Novedades, N° 547 (6 sept. 1959), p 3-4.

González Zarco, p. 10.

Hist Salvat, t. 9, p. 1923.

La Ilustración mexicana. En El Siglo diez y Nueve, 4ª época, año 15, t. 9, N° 1959 (7 mayo 1854), p. 4.

McLean Prieto, p. 145.

Moreno CatLaf, 6005.

Novo 450, p. 162.

Porrúa Dic, t. 2, p. 1486; t. 3, p. 3228.

Ruiz CientLite, p. 46.

Ruiz RevLite, p. 9, 27.

Spell Lite, p. 280-282, 301.

Velasco Periodismo, p. 72.

Villaseñor Cumplido, p. 6.

Zarco Obras, t. 1, v.p.

[3] Con objeto de que los padres consiguiesen recursos económicos para realizar un digno entierro. Posiblemente dicha “exhibición” devino, con el tiempo en la representación de la “muerte niña” o se intensificó a partir de la inestable condición económica de quienes le habían concebido.

[4] Raquel Alfonseca Arredondo: Catálogo del Archivo Histórico del Distrito Federal: Ramo “Diversiones públicas en general” las diversiones públicas en la ciudad de México durante la primera mitad del siglo XIX, un espejo de la sociedad. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras, 1999. 125 + 403 p.

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