LAS MOJIGANGAS: ADEREZOS IMPRESCINDIBLES Y OTROS DIVERTIMENTOS DE GRAN ATRACTIVO… (VIII).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

LAS MOJIGANGAS: ADEREZOS IMPRESCINDIBLES Y OTROS DIVERTIMENTOS DE GRAN ATRACTIVO EN LAS CORRIDAS DE TOROS EN EL MEXICANO SIGLO XIX.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

INTERPRETACIONES DIVERSAS SOBRE UN CURIOSO CARTEL DE FEBRERO DE 1860.

   Andrés Chávez o Cháves [1] siendo oriundo del estado de Puebla, gozó del favor del público de aquel rincón provinciano, además de contar con el privilegio de poderse mover a sus anchas en su propio “feudo” taurino. Favorito de la afición angelopolitana durante un buen número de años, también remontó el propio terreno de dominio y sumó más de alguna actuación en la Real Plaza de toros de san Pablo, en la ciudad de México hacia 1851 y 1852. Es evidente que cierta campaña publicitaria es aprovechada para plasmar en los carteles respectivos un conjunto de hazañas y prodigios, pero también para congraciarse y darse algunos baños de pureza que persiguen, finalmente sentirse solapados, “chiqueados” por todos aquellos taurinos que pudieron atestiguar una escenificación como la que se mostrará más adelante.

   Funcionaba en Puebla una plaza que era réplica en nombre a la que entonces daba corridas en la capital del país: Plaza de toros del Paseo Nuevo.[2] Metiéndonos en materia diré que cuento con copia de un cartel que anunciaba la corrida celebrada el domingo 11 de febrero de 1860. El “capitán de la compañía”, a la sazón Andrés Chávez, además de Vicente Guzmán, a caballo y el sobresaliente banderillero Félix Carrillo, junto con toda la compañía de picadores y banderilleros, así como de la trouppe que haría las delicias con la mojiganga LA POLKA INFERNAL, intervinieron en aquel festejo seductor. Andrés elogia al “apreciable maestro cuanto inteligente Capitán D. Bernardo Gaviño” con quien actuó anteriormente, en calidad de “chulillo”, seña de que el gaditano se presentaba frecuentemente por aquellos rumbos y se le tenía en alta estima, porque era, además de todo, quien tenía buena parte del control en el centro del país, y moverse sin estar bajo la égida del español, seguramente no garantizaba gran cosa. El torero Chávez se enfrentó a seis toros de la hacienda de Rabozo, mismos que fueron distribuidos entre la compañía quien ejecutó distintas suertes anotadas en el cartel a nuestro alcance. En su contenido saltan una y otra vez a la vista las fascinantes invenciones que fueron capaces de recrear todos aquellos quienes intervinieron en el festejo, al cual asistió como invitado de honor el Exmo. Sr. Presidente de la República don Miguel Miramón,[3] quien los honró con su presencia, presencia de tan alta investidura que fue común en buena cantidad de festejos, recordando que hicieron lo mismo el propio Lic. Benito Juárez -reconocido antitaurino que para bien, o para mal asistió a algunos festejos-,[4] el emperador de México Maximiliano, sin olvidar a Zuloaga, Bustamante o al mismísimo Santa Anna.

   Si bien, el anuncio del festejo de siempre me ha parecido un adelanto de las maravillas que habrían de darse a partir de la hora señalada para el comienzo, quiero pensar que la improvisación con que efectuaban dichas demostraciones enriquecía aún mas el contenido de las notas previas de aquellos espectáculos alucinantes en sí mismos.

   Eran formas de expresión que tuvieron sus mejores momentos precisamente durante el auge de Bernardo Gaviño, pero también de otras figuras como el propio Andrés Chávez. Conocemos evidencias palpables de formas de expresión tan sintomáticas ya, desde fines del siglo XVIII, que alcanzaron a desarrollarse hasta la siguiente culminación secular, la del XIX, bajo el imperio y la decadencia de Ponciano Díaz con el que todavía se alcanzó a dar aquella turbulencia expresiva,[5] digna del mejor de los teatros, porque el sustento principal fue la invención, la creación efímera que hizo de todos y cada uno de aquellos espectáculos una manifestación auténtica de libertad, en primera instancia; de caos en un segundo término. Libertad fue el propósito político por emanciparse del control español; caos, la forma que marcó el rumbo de ese propósito, tantas veces alterado por la ambición del poder.[6] Pero ambos conceptos: libertad y caos los hizo suyos el toreo del México decimonónico y ya vemos qué tanto se enriqueció en medio de aquel ambiente.

   Así que, no es casualidad que demostraciones tales como: colocación de moñas de color por parte de los picadores en cada “piquete”; la suerte de varas no desde el caballo sino el picador montado desde otro toro; el aderezo con rosas en la frente. El matar un toro a caballo, banderillas con la boca, la suerte suprema, teniendo como punto de referencia una silla, al viejo estilo de Martincho que vio Goya en Zaragoza. Y desde luego el ya común toro embolado, “de costumbre”, que encohetado serviría para efectuar la mojiganga respectiva. Todo esto no era más que un pequeño repertorio de las mil y un recreaciones de que fueron capaces aquellos inventores de la autenticidad taurómaca mexicana en el siglo que nos antecede.

   Y bien, demos paso a la función para conocer un perfil más de esta libertad y caos al mismo tiempo que gozó, muy en lo particular la afición de Puebla, aquel 11 de febrero de 1860.

He aquí el cartel original y detalles del mismo:

CARTEL_11.02.1860_ANDRÉS CHÁVES

Col. del autor.

REPRODUCCIÓN DEL CARTEL EN PUEBLA

   Sobre Andrés Cháves ya no se supo más.

CONTINUARÁ.


[1] Heriberto Lanfranchi: La fiesta brava en México y en España. 1519-1969. México, Editorial Siqueo, 1969-1978. 2 V. Vol. 2, p. 656.

ANDRES CHAVEZ. Nació en Puebla, Pue., y actuó con regularidad a mediados del siglo XIX. estuvo con Bernardo Gaviño en 1844, y en 1851 ya era muy conocido, siendo contratado para torear en la ciudad de México, en la plaza de “San Pablo”. El 9 de noviembre de ese año, los programas anunciaban que debía matar un toro estando hincado en el suelo, y el 1o. de febrero de 1852, en la misma plaza debía matar otro toro estando sentado en una silla tras haberle clavado varios pares de banderillas de 3 pulgadas de largo. Luego estuvo varios años con Mariano González “La Monja” y Pablo Mendoza, hasta que en 1860 formó su propia cuadrilla y empezó a actuar de primera espada, sobre todo en Puebla, durante algún tiempo.

   Antes de continuar, sólo deseo aclarar que la plaza del Paseo Nuevo se inauguró el 23 de noviembre de 1851.

[2] Lanfranchi: La fiesta brava en…, op. cit., p. 762. Plaza del Paseo Nuevo. Construida de piedra y madera, con cupo para ocho mil personas, fue estrenada por Bernardo Gaviño el domingo de Pascua de 1840. Duró casi 100 años teniendo que ser reedificada casi totalmente varias veces en este lapso de tiempo, pues en más de una ocasión, ya fuera por incendios en épocas de guerra (1847, 1863 y 1911), o por derrumbes ocasionales (1849), o por violencia de los espectadores descontentos (1895, 1901, 1902 y 1936), sufrió muy serios desperfectos en su estructura, hasta que en el mes de junio de 1937 fue definitivamente demolida.

[3] En realidad el General Miguel Miramón, fue uno más de los que ocuparon el poder de modo efímero en momentos en que el país se debatía en aquella guerra de los tres años, que tuvo su último capítulo el 25 de diciembre de 1860, cuando por la mañana de aquel día entraron en la capital del país las primeras tropas de González Ortega, y el 1º de enero de 1861 hizo su entrada triunfal el ejército liberal. La causa constitucionalista había conseguido la victoria después de tres años de lucha. Fue así como en 1861 se inició con el triunfo de la revolución de Reforma y con éste el establecimiento en la capital del imperio de la constitución.

   Otros presidentes que asistieron a los toros:

General don Antonio López de Santa Anna

General don Anastasio Bustamante

General don Nicolás Bravo

General don José Joaquín Herrera

General don Ignacio Comonfort

Don Félix Zuloaga.

[4] En la plaza de toros.-

   Imaginemos de pronto, el ingreso a la plaza de toros del Lic. Benito Juárez acompañado de su Sra. Esposa Da. Margarita Maza de Juárez. En la plaza vemos a los más insignes personajes, como los más desagradables individuos quienes han hecho de nuestra nación la viva imagen de su circunstancia.

   Antes de hacer comentarios generales, quisiera presentar una pequeña relación de festejos  donde vemos presente al oaxaqueño en corridas de toros.

-27 de enero de 1861. Plaza de toros del Paseo Nuevo. Gran Función extraordinaria dedicada al Exmo. Sr. Presidente interino de la República D. Benito Juárez quien la honrará con su presencia. Toros de Atenco. Bernardo Gaviño y su cuadrilla. Graciosa mojiganga y magníficos juegos artificiales dirigidos por el afamado pirotécnico D. Severino Jiménez.

-9 de noviembre de 1862. Plaza de toros del Paseo Nuevo. Corrida a beneficio de los Héroes de Puebla. Cinco toros escogidos de Atenco para la cuadrilla de Pablo Mendoza. Dos para el coleadero y el embolado de costumbre.

-22 de febrero de 1863. Plaza de toros del Paseo Nuevo. Gran corrida de toros a beneficio de los hospitales militares de la Santísima y de las Vizcaínas. Cuadrilla de Pablo Mendoza.

-3 de noviembre de 1867. Plaza de toros del Paseo Nuevo. Beneficio de los damnificados del huracán en Matamoros. Cuadrilla de Bernardo Gaviño, toros de Atenco. Toro embolado, mojiganga y toros para el coleadero.

Como se ve, quienes iban a mostrarse tan contradictorios de la fiesta no desdeñaban entonces usarla como instrumento para agenciarse recursos financieros con los cuales sostener su lucha (Benjamín Flores Hernández).

   Ya metidos en considerar qué tan sincero haya sido Juárez o no con la fiesta, vayamos a conocer algunos testimonios que lo califican como antitaurómaco.

   Tal consideración la encontramos expuesta por un periodista, pero uno de la fuente taurina, el Dr. Carlos Cuesta Baquero cuyo anagrama lo identifica como “Roque Solares Tacubac“. Refiriéndose a Julio Bonilla, otro periodista -creador del “Arte de la Lidia” en 1884- comenta:

Era (J. Bonilla) asiduo concurrente a las corridas que desde el año de 1867 en adelante eran efectuadas en los pueblos inmediatos, relativamente, a la ciudad de México. Eran en Cuautitlán, Tlalnepantla, Texcoco, Amecameca, Zumpango y otros. También en la ciudad de Toluca, capital del Estado de México. No las había en la metrópoli y en la jurisdicción del Distrito Federal, POR TENERLAS PROHIBIDAS EL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA, LICENCIADO DON BENITO JUAREZ, QUIEN FUE ANTITAUROMAQUICO, A PESAR DE QUE A VECES RECURRIO A “LOS TOROS” para arbitrarse dinero destinado al sostenimiento de hospitales militares, cuando el heroico asedio que sostuvo la ciudad de Puebla en el año de 1863.

   La contradicción a la que he orientado esta tesis puede tener dos causas básicas:

1.-Que de verdad Juárez haya sido  antitaurino y sólo se prestara para consolidar con su presencia una serie de festejos benéficos.

2.-Que resultara ser uno de los adoctrinados, bien por los liberales, bien por la prensa (o condicionado por ésta).

   Con todo esto:

¿Qué pudo ver Juárez en todo aquel colorido espectáculo?

¿Repugnancia, aberración, barbarie o la oportunidad de fortalecer la ideología más recomendable por entonces a los ambiciosos proyectos de tener un México metido a trabajar en el progreso?

   Entre sus puntos más importantes, ¿qué dice la Ley de dotación del Fondo Municipal de México?

Benito Juárez, presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, a todos sus habitantes, sabed:

Que en uso de las amplias facultades de que me hallo investido, he tenido a bien decretar la siguiente

LEY DE DOTACION

DEL FONDO MUNICIPAL DE MEXICO

Art.1.- El ayuntamiento de México, además de sus propios, queda dotado con los arbitrios que establece esta ley, conforme a la cual se cobrarán desde 1o. de Enero de 1868, cobrándose entretanto   los establecidos en las leyes anteriores.

   Entendemos por “arbitrios” y su dotación el hecho de contemplar impuestos o contribuciones cuyo destino era controlado por la secretaría de Hacienda de aquel entonces.

   En distintos apartados se van comprendiendo Mercados, Fiel Contraste, Licencias para obras, Aguas. Derechos municipales sobre los frutos y efectos que se introduzcan a la capital, contribución predial, derecho de patente, expendio al menudeo de licores, cafés y fondas. Incluidas van las pulquerías, panaderías, casas de empeño, fábrica y expendios de tabaco, carruajes de particulares; carruajes de alquiler, vacas de ordeña hasta que llegamos a las Diversiones públicas.

Art. 82: Si el espectáculo se daba es porque debió ser controlado con las licencias respectivas.

Art. 83: El público pagaba las “altas cifras” que luego tanto recriminó la prensa aduciendo que “agrava la miseria de las familias pobres, que por acudir al espectáculo, se quedan sin el sustento de varios días”. He allí la forma en que congenian estos argumentos con el decreto que prohibe las loterías o rifas públicas del 28 de junio de 1867.

Art. 86: El 17 de noviembre dio inicio la “primera función de toros de la temporada”. Temporada es sinónimo de abono y es muy probable que el empresario que bien pudo ser el propio hermano de Bernardo Gaviño, Manuel, haya cumplido con los requisitos de este artículo.

Art. 87:  En el fondo, dos son los resortes que mueve a tal decisión:

i)Un sentido que estrictamente nace de la razón “impuesto” ó gabelas, y

ii)Dispendio que causaban las funciones taurómacas entre las clases bajas fundamentalmente.

   El art. 100 dice a la letra:

 

Se aplican a los fondos municipales, los productos del derecho creado por decreto de 13 de Febrero de 1854, sobre las licencias que expedirá la autoridad política o municipal,  conforme  a  sus respectivas atribuciones, con arreglo a dicho decreto y esta ley. Las licencias se extenderán en papel común, con solo el sello de la oficina; no se expedirán, sin que los interesados acrediten haber pagado previamente el derecho en la recaudación municipal; y continuará sin efecto lo dispuesto en aquel decreto, acerca de los letreros y de las diversiones públicas.

   Las notas nos sugieren que el 13 de febrero de 1854 hubo unas disposiciones similares a la de noviembre de 1867.

[5] Véase: APÉNDICE DOCUMENTAL. DESMENUZAMIENTO DE LA CARTELERÍA Y MUESTRARIO COMENTADO en este mismo trabajo.

[6] Mario Moya Palencia: El México de Egerton. 1831-1842. Novela. 1a. reimpr. México, Miguel Angel Porrúa, 1991. 730 pp. Ils., retrs., maps., pp. 198-199. Así tiene usted que el primer vicepresidente, don Nicolás Bravo, se rebeló, aunque sin buen éxito, contra el presidente Victoria; que el segundo presidente don Vicente Guerrero, llegó al poder gracias a una revuelta iniciada por Santa Anna, pues había perdido las elecciones; que el vicepresidente Anastasio Bustamante depuso poco después por las armas a Guerrero; contra el tirano Bustamante se rebeló Santa Anna y consiguió el poder, que dejó ejercer temporalmente al vicepresidente Gómez Farías sólo para derrocarlo después y regresar a la silla; y ya no sigo hasta el día de hoy, pues aunque la Constitución Federal fue sustituida por las Siete Leyes centralistas en 1836, los pronunciamientos no se detuvieron, porque ya el ejército y los políticos estaban acostumbrados a que la fuerza se había convertido en el poder electoral. ¡Todo, en gran parte, a causa de un sistema representativo vicioso e inadecuado!

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