HOY RECORDAMOS A CARLOS QUIROZ “MONOSABIO”, A LOS 76 AÑOS DE SU FALLECIMIENTO.

EFEMÉRIDES TAURINAS MEXICANAS DEL SIGLO XX. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Carlos Quiroz (ca. 1880-11 de mayo de 1940), mejor conocido en el medio periodístico de entre siglos –XIX y XX respectivamente-, como “Monosabio”, fue un personaje poseedor de esa acabada y envidiable experiencia como taurino, misma que puso al servicio de la prensa al fundar un semanario que llevó el curioso y a la vez incómodo título de Ratas y Mamarrachos, cuyo primer número salió publicado el 11 de octubre de 1903, donde expresaba que “Es costumbre en toda publicación que ve por vez primera la luz pública, que en el primer número expongan sus redactores el programa a que han de ajustar sus actos, la norma que ha de regir su conducta y que manifiesten cuáles son sus aspiraciones, cuáles sus ideales.

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Primera página del primer número de Ratas y Mamarrachos, en su edición de octubre de 1903.

   “Siguiendo esta costumbre, el grupo de aficionados al viril espectáculo español que se han reunido a fin de sostener este periódico, sin más móvil, sin más intereses que contribuir con su grano de arena al engrandecimiento y prosperidad de fiesta tan hermosa y tan arraigada en nuestras costumbres; hacen hoy ante sus lectores, aunque sea en pocas líneas, ya que el tamaño que por ahora tiene este periódico no permite extenderse lo que desearan la protesta de rigor y al mismo tiempo ponen de manifiesto lo que ellos pueden dar de sí, y lo que esperan del público aficionado”.

   Y sigue aquí su “declaración de principios”:

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…para terminar escribiendo:

“…todo aquel que se lamenta de que en México no puede prosperar un periódico taurino imparcial y honrado sostenernos y alentarnos en la lucha.

   “Los redactores de éste periódico harán lo imposible por sostenerse lo más que pueden, pero necesitan de la valiosa ayuda de la afición y eso es lo único que humildemente solicitan”.

LOS REDACTORES.

   Dicha publicación pudo mantenerse en el gusto de los aficionados hasta 1911, año en que se tienen los últimos datos de su pervivencia.

   Poco antes de que terminara el siglo XIX, Carlos Quiroz ya había conseguido una corresponsalía con Sol y Sombra, una de las publicaciones españolas que adquirieron muy pronto el reconocimiento de los aficionados de aquí y de allá, puesto que su diseño moderno –para entonces-, le daba atractivas posibilidades de entrar en el gusto de cuantos desearan estar al día en cosas de la tauromaquia. El buen papel, el proceso fotomecánico que también daba un toque de modernidad, pero sobre todo las plumas que firmaban crónicas, editoriales, reseñas y demás, la hizo brillar con luz propia. En ese sentido, “Monosabio” enviaba puntualmente sus apuntes sobre la que fue última temporada en Bucareli (1899), y luego todas aquellas que daban cuenta de lo ocurrido en la plaza de toros “México”, inaugurada en diciembre de aquel mismo año, hasta poco antes de 1910, en que ya no se publicaron. Este asunto no era novedad, pues años atrás el también periodista Julio Bonilla, había logrado insertarse, con su firma, o a través de la “Agencia Taurina de México, fundada en 1885” en otros tantos diarios o semanarios españoles de corte eminentemente taurino, extendiendo así la labor que realizaba cada ocho días en El Arte de la Lidia (1886-1911).

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Carlos Quiroz y Lauro E. Rosell. Sol y Sombra N° 346, semanario de junio de 1903.

   Carlos Quiroz, junto a Lauro E. Rosell, reconocido fotógrafo y diletante de la historia, fueron inseparables en aquella etapa con Sol y Sombra, y a no dudar, ambos deben haber decidido seguir su ruta entregándose en la elaboración de Ratas y Mamarrachos.

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Cabecera de Ratas y Mamarrachos, año V, 12 de octubre de 1906, N° 115. 

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Fotografía de madurez.

   Por cuanto se conoce sobre el legado de Monosabio, personaje que está a la espera de un reposado análisis, no solo en su obra. También en su personalidad, e incluso en sus debilidades que lo encaminaron al descrédito popular, se sabe que adquirió un conocimiento invaluable en la forma de escribir de toros, lo que supone el hecho de que para esos años iniciales del siglo XX, era ya el resultado de muchas de las aspiraciones que se habían impuesto varios lustros atrás, personajes como Eduardo Noriega, Pedro Pablo Rangel, Carlos M. López o Carlos Cuesta Baquero… pero sobre todo aquel cenáculo que fue el “Centro Taurino Espada Pedro Romero”.

   Y pasaron los años, con lo que ya un Carlos Quiroz maduro se convirtió en colaborador tanto en El Universal como en El Universal Taurino. Imposible no dejar de recordar también su aportación bibliográfica más importante: la entrevista que realizó en vísperas de la despedida de Rodolfo Gaona, misma que se convirtió en el célebre libro Mis veinte años de torero, que alcanzó varias ediciones, entre 1924 y 1925. Por alguna razón Monosabio cayó en las tentaciones y a cambio de escribir maravillas demandaba el “unto mexicano”. Pero si este no llegaba, las notas podían ser demoledoras, como fue lo ocurrido en más de una ocasión. Así lo recuerda en “directo” José Julio Barbabosa, quien para el 30 de diciembre de 1926, apuntaba en sus “Memorias”: “Olvidé escribir el 14 del presente, cuando informé del juego de los toros de Atenco, el 12 de este mismo mes, que mi implacable enemigo Monosabio, al informar en el Universal de la corrida, dijo “que los toros de Atenco habían resultado así, porque como estuvieron juntos con los de Santín en los corrales de la plaza estos les pegaron su mansedumbre” ¿Se dará infamia mayor?”

   Se sabe también que Quiroz fue uno de los co-fundadores del célebre tabloide Ovaciones que hoy día sigue circulando en nuestro país. Pero el incordio que padeció casi al final de sus días alcanzó niveles de auténtico descontento. En los últimos años de la tercera década del siglo XX, construyó una campaña de desprestigio contra Alberto Balderas. La entonces célebre agrupación denominada La Porra, sector de aficionados que se forjaron al calor de aquellas tardes en que el “Torero de México”, junto a “Armillita”, Jesús Solórzano, “Carnicerito de México” o Lorenzo Garza, entre otros se disputaban las palmas como auténticos guerreros se dio cuenta de aquello, e incluso sus integrantes hicieron circular su propia publicación poniendo al célebre periodista como “lazo de cochino”. Algo no funcionó bien en la forma de pensar de Monosabio, por lo que al llegar una tarde a la plaza y nada más sentarse en su barrera, comenzó a ser hostigado por La Porra al punto de que todos ellos y a una voz comenzaran a gritarle ¡Monoburro, Monoburro!, mientras llegaba hasta su lugar una paca de alfalfa que en fina dedicatoria le enviaron…, precisamente los de La Porra. Carlos Quiroz tuvo que salir de la plaza prácticamente humillado. Todavía, dos años después de su muerte, Martín Luis Guzmán debatía aquel proceder en El Estado de la Cuestión, reportaje que aparecido en El Tiempo, se convertía en evidencia de las debilidades que este y otros periodistas tuvieron entre sus actividades cotidianas.

   El legado de Carlos Quiroz es rico en materia de estudio. Hombre de carne, hueso y espíritu tuvo virtudes y defectos. Al margen de todas estas razones, conviene, como ya se dijo, un profundo análisis a su obra que es amplia, caudalosa, pero sobre todo rica en testimonios sobre el que fue aquel significativo cambio que registró la tauromaquia mexicana durante los primeros cuarenta años del siglo XX.

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