HOY, 1° DE JUNIO SE CUMPLEN 126 AÑOS DE LA ALTERNATIVA DE PEDRO NOLASCO ACOSTA.

EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

I

   Pedro Nolasco Acosta nace allá por 1851 en San Luis Potosí y muere en la misma ciudad un 3 de noviembre de 1914. Desde muy joven se decidió por la tauromaquia, y convencido de ello fue integrante en cuadrillas que dirigían Bernardo Gaviño, Toribio Peralta La Galuza o Jesús Villegas El Catrín. Para 1874 formó su propia “cuadrilla de gladiadores”, término que se daba por aquel entonces a estas compañías de toreros.

   Pronto se convierte en uno más de aquellos toreros que o controlaron el panorama en su propio feudo, o sea en la matria, condición que ostentó cosa de 10 años.

UNIVERSAL TAURINO Nº 77, ABRIL 1923b

Pedro Nolasco Acosta en 1882. El Universal Taurino N° 77, abril de 1923.

   El Güerito Acosta practicaba como muchos otros, una serie de suertes que eran del gusto de aquellas aficiones, pero no contaba con el hecho de que a partir de 1887 (año de la reanudación de las corridas de toros en la ciudad de México), y con la llegada de un bien articulado frente común de toreros españoles, su destino daría un vuelco radical, ya que el gusto de los taurinos cambió en su forma de percibir y aceptar una tauromaquia que no correspondía con los nuevos tiempos, así que Nolasco Acosta perdió notoriedad, de ahí que recuperara algún aliento en la figura de empresario. Aún así, no quiso perder la oportunidad de recibir la alternativa y esto ocurrió en condiciones que por entonces no favorecieron mucho aquel episodio. Saberse investido por Ponciano Díaz representaba un auténtico atentado en la persona de Pedro Nolasco, pues ello significaba que el de Atenco, como ya había ocurrido en otros sitios, iba a San Luis para conquistar un nuevo territorio, como hizo con otros tantos feudos.

   Cuentan testigos del suceso aquí narrado que al torear en la plaza del Montecillo por los años de 1883 y 1884, el público que ya tenía ídolo propio, Nolasco, no quiso rendir a Ponciano los honores que otros públicos de tributaban y el diestro se marchó de San Luis Potosí resentido y con el consiguiente disgusto. Pero ya hecho matador, se presentó de nuevo en la plaza del “Paseo”, por cierto en forma triunfal. Esto debió hacer efecto para que Ponciano borrara cualquier impresión que años atrás había producido aquel desencuentro, no solo con los aficionados potosinos, sino con el propio Güerito Acosta.

   Fue tal la armonía que Ponciano se constituyó en empresa con Nolasco, anunciando para mayo y junio de 1890 una serie de corridas. Fue el 1° de junio cuando ambos espadas culminaron sus “desencuentros” por lo que Pedro Nolasco Acosta se convertía a los 39 años de su edad en matador de toros, lidiando toros de Espíritu Santo. Lamentablemente esto ocurrió en unos momentos en que ya se percibía el ocaso de la carrera del torero potosino. Y así fue. Los últimos años de su vida los dedicó, como ya se dijo, a la labor como empresario taurino y hubo que pensar en la retirada, la cual se registró el 1° de noviembre de 1906. Lo demás, son recuerdos imborrables de sus jornadas como “señor feudal del toreo”.

II

PEDRO NOLASCO ACOSTA

Pedro Nolasco Acosta, potosino y feudal del toreo.

LA FIESTA Nº. 52, del 19 de septiembre de 1945.

   Como buen “Capitán de Gladiadores”, Pedro Nolasco Acosta creó en los rumbos de San Luis Potosí un auténtico coto de poder, mismo que se extendió entre los años de 1870 y 1880, aproximadamente.

   El Güerito Acosta como familiar y cariñosamente se le conoció se presenta ante nosotros con el sello de figura egregia que, por encima de muchos otros adefesios se dignaban y atrevían torear con aquellas figuras que, a los ojos del siglo XXI son antiestéticas, pero que en su momento deben haber sido aceptadas como parte de una tauromaquia mexicana relajada y distante de la española, más avanzada eso sí, pero también teniendo entre sus filas a figuras con este decorado.

   Sin embargo, Nolasco Acosta guardó con mejores resultados las apariencias, dado que como se ve, asumió su jerarquía con el orgullo de figura, no importando que fuese provinciana y que siempre se quedase provinciana, como delicioso verso de López Velarde o Manuel José Othón.

   Nuestro personaje guardó profunda amistad con Carlos Cuesta Baquero, reconocido periodista taurino entre 1883 y 1950. Y Pedro puso en manos del también conocido como Roque Solares Tacubac dos obras fundamentales como El Toreo. Gran diccionario tauromáquico de José Sánchez de Neira, o los Anales del Toreo de José Velázquez y Sánchez, obras fundamentales para su tiempo con las que se divulgó la técnica y estética del nuevo estado de cosas habido para la tauromaquia en el México de finales del siglo XIX. Aquel efecto trajo consigo una mejor comprensión de las cosas.

   Pedro Nolasco viste un traje al que solo le faltaba sonar con todas esas campanillas que parece llevar, a modo de morillas, en tintileo permanente. Todo lo anterior era de esperarse en el romántico continente del torero decimonónico hecho y forjado en el espectáculo de tamañas banderillas, como el par que aparece a sus pies, simulando fuentes de frutas. Su capa, a lo Robin Hood, la enorme faja y el corbatín “a lo poeta”, rematan un rostro adusto, con esa montera irregular, conjunto perfecto que se preparó para lograr esta imperecedera tarjeta de visita que hoy rememora una figura emblemática, que traspasó todavía con su abundante bigote el siglo XX para despedirse en su natal San Luis Potosí, allá por 1906. 

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