500 AÑOS DE TAUROMAQUIA EN MÉXICO. (XX). GRANDEZA MEXICANA DE BERNARDO DE BALBUENA. ARRANQUE MAJESTUOSO DEL SIGLO XVII..

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   En el sentido puramente estricto de este trabajo, encontramos una centuria como la décimo séptima, floreciendo en diversidad de festejos taurinos llevados a cabo por razones de carácter civil o profano, político y religioso motivos que dieron gran realce al desarrollo literario que describía con intensidad aquellas conmemoraciones. Ya desde el siglo XVI se toreaba en un coso improvisado en la Plaza Mayor y luego, -a partir de 1586 y hasta 1815-, en la del Volador (e incluso hasta en un “cortinal de palacio”, como veremos más adelante) y así podían asistir los virreyes desde los balcones de Palacio y aún los inquisidores y arzobispos, donde… también se divierte el pueblo.[1]

   Cuando Mateo Alemán llegó a esta ciudad de México en compañía de fray Pedro García Guerra (duodécimo virrey, desde el 19 de junio de 1611 hasta el 22 de febrero de 1612, en que murió), ya traía en su mente y en su espíritu un profundo ánimo magisterial. En efecto, de la generación de Cervantes de Salazar y de origen judío, Mateo Alemán vino a radicar a México siendo conocido autor de la Aventura del Pícaro Guzmán de Alfarache, sin duda uno de los más importantes relatos del siglo de oro. Entre otros documentos escribió la biografía de su protector fray García Guerra, para morir más tarde en Chalco hacia 1615. Dice Nicolás Rangel que Alemán

En memoria del arzobispo, da noticia de las corridas de toros que en honor de don fray García se verificaron en un cortinal de palacio.[2]

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Retrato de Bernardo de Balbuena y carátula de su célebre obra.

   Por lo que respecta a Bernardo de Balbuena, este relataba a la señora doña Isabel de Tovar y Guzmán la descripción de la famosa ciudad de México y sus grandezas. En su capítulo III y V de su Grandeza mexicana, obra publicada en 1604 encontramos los argumentos que dan consistencia a nuestra contemplación. El título en sí mismo revela el propósito: lo grandioso de la ciudad, una ciudad poco a poco recuperada después de que pasaron años de permanentes construcciones que enfrentaron severas inundaciones, hundimientos y otras tragedias. Entre otras cosas que describe Balbuena, los caballos son también, por el brillo de sus jaeces y por los jinetes gallardos, ornato y decoro, que no sólo se manifiesta en fórmulas tradicionales de cortesía sino además, en el suave trato de las exquisitas maneras de la gente.[3]

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Caballos, calles, trato, cumplimiento…

1604

 


Caballos, calles, trato, cumplimiento…

 

Del monte Osa los centauros fieros,

que en confuso escuadrón rompen sus llanos,

de carrera veloz y pies ligeros;

    Su barroquismo no es complicación de conceptos, como en los castellanos, ni complicación de imágenes, como en los andaluces de Córdoba y Sevilla, sino profusión de adorno, con estructura clara del concepto y la imagen, como en los altares barrocos de las iglesias de México:

 (…) podrán contrahacer la gallardía,

brío, ferocidad, coraje y gala

de México y su gran caballería.

 

Que así en estas grandezas se señala:

casas, calles, caballos, caballeros,

que el mundo junto en ellas no le iguala.

 

Los caballos lozanos, bravos, fieros;

soberbias casas, calles suntuosas;

jinetes mil en mano y pies ligeros.

 

Ricos jaeces de libreas costosas

de aljófar, perlas, oro y pedrería,

son en sus plazas ordinarias cosas.

    Obra trazada en epístolas poéticas y en tercetos endecasílabos como los aquí expuestos y éstos a su vez, molde procedente de la Italia renacentista que Balbuena admiraba a través de los poemas caballerescos:

(…) en México al primer lugar subiera,

aunque para alcanzarlo le ayudaran

las espuelas del tiempo y su carrera:

 

que los que dellos más gallardearan,

al huello de su plaza en brío y arte

el cuello altivo y la cerviz bajaran.

(. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .)

    La grandeza no tan sólo debe estimarse por lo que valga como poema, sino también como documento histórico, usándole con las precauciones debidas (Joaquín García Icazbalceta).

 Regalos, ocasiones de contento.

(…) Recreaciones de gusto en que ocuparse,

de fiestas y regalos mil maneras

para engañar cuidados y engañarse;

 

conversaciones, juegos, burlas, veras,

convites, golosinas infinitas,

huertas, jardines, cazas, bosques, fieras;

 

aparatos, grandezas exquisitas,

juntas, saraos, conciertos agradables,

músicas, pasatiempos y visitas;

 

regocijos, holguras saludables,

carreras, rúas, bizarrías, paseos,

amigos, en el gusto y trato afable;

 

galas, libreas, broches, camafeos,

jaeces, telas, sedas y brocados,

pinte el antojo, pidan sus deseos.

    Erudita alabanza de los caballos bravos y ligeros, ricamente enjaezados (como veneración también a su apoyo al contexto de las fiestas o juegos de cañas o a las suertes de la lanzada, que entonces predominaban como típicas demostraciones) y de la destreza de los jinetes.[4]

 (…) fiestas, regalos, pasatiempos, gustos,

contento, recreación, gozo, alegría,

sosiego, paz, quietud de ánimos justos,

 

hermosura, altiveces, gallardía,

nobleza, discreción, primor, aseo,

virtud, lealtad, riquezas, hidalguía,

 

y cuanto la codicia y el deseo

añadir pueden y alcanzar el arte,

aquí se hallará, y aquí lo veo,

y aquí como en su esfera tiene parte.[5]

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Bernardo de Balbuena: Grandeza mexicana y fragmentos del Siglo de Oro y El Bernardo. (Véase nota 3).

CONTINUARÁ.


[1] José Deleito y Piñuela: …También se divierte el pueblo. Recuerdos de hace tres siglos. Romerías / Verbenas / Bailes / Carnaval / Torneos / Toros y cañas / Academias poéticas / Teatros por (…) Catedrático de Historia en la Universidad de Valencia Correspondiente de la Real Academia de la Historia, de Madrid. Miembro titular de la “Sección de Síntesis histórica” del Centre International de Synthèse, de París. Madrid, Espasa-Calpe, S.A., 1944. 299 p. Ils., fots.

[2] Nicolás Rangel: Historia del toreo en México. Época colonial (1529-1821). México, Imp. Manuel León Sánchez, 1924. 374 p. fots., p. 57.

[3] Bernardo de Balbuena: Grandeza mexicana y fragmentos del siglo de oro y El Bernardo. Introducción: Francisco Monterde. 3ª. Ed. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1963. XLIV-121 p. Ils. (Biblioteca del estudiante universitario, 23)., p. X.

[4] Op. Cit., p. XXIX.

[5] Ibidem., p. 21-46.

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