MUERE EL 27 DE JULIO DE 1956 D. AGUSTÍN CRUZ BARBABOSA, DUEÑO DE SANTÍN.

EFEMÉRIDES TAURINAS DEL SIGLO XX. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   El personaje que hoy evocamos, tuvo a su cargo la emblemática ganadería a partir del 28 de octubre de 1930, fecha del fallecimiento de D. José Julio Barbabosa, su padre. Del Ing. Agustín Cruz Barbabosa se tienen pocos datos sobre su trayectoria, salvo por el hecho de que en el curso de los años cuarenta y cincuenta acumuló un buen número de tardes en que dio la vuelta al ruedo acompañado de los mejores novilleros y matadores de toros de aquellas épocas.

AGUSTÍN CRUZ BARBABOSA_EL ESPARTERO

Probablemente se trate de la tarde del 27 de abril de 1941, cuando en aquella ocasión alternaron Manuel Gutiérrez “El Espartero”, Antonio Toscano y Ángel Procuna. Fotografía de Luis Reynoso.

   A Agustín Cruz Barbabosa se deben una serie de labores perfectibles en la ganadería de Santín, puesto que se pueden comprobar las constantes tientas que celebró acompañado de su guía espiritual, el “tío” Antonio Barbabosa, amplio conocedor y “veedor” como pocos en aquellas épocas en las que ambos tuvieron oportunidad de decidir los destinos de nuevas generaciones de “santineños”, tomando en cuenta que dichos toros habían dejado de ser los “toros nacionales” a partir de 1924, cuando hubo una cruza con vacas y sementales españoles procedentes de la ganadería de D. Antonio Flores, formada a su vez por razas como las del Duque de Braganza, Marqués del Saltillo y Santa Coloma.

   En aquellas tientas a que me refiero, pueden verse entre otros diestros a Domingo Ortega, “Morenito de Talavera”, incluso al propio Dr. Joel Marín, muy cercano a la casa “Santín”.

   Don José Julio Barbabosa y Saldaña, fue un acreditado ganadero pues era una persona de gran escrupulosidad y responsabilidad en todos sus negocios, así como un conocedor nato de estos asuntos y con una fuerte afición taurina. Como era un hombre sumamente trabajador, no sólo conservó sino que la fortuna que heredó de su padre la incrementó, dejando a su muerte, a su único hijo, el ingeniero Agustín Cruz Barbabosa, antes citado, un magnífico capital, que se componía entre otras cosas de la fracción de la hacienda de Santín que se encontraba a su nombre, pues esta había sido hábilmente repartida por don José Julio entre varias personas, entre las que estaban don Carlos B. Zetina, don Julio Zetina, hermano del anterior, doña Celia García de Cruz, nuera de don José Julio Barbabosa, doña Celia Cruz y García, don Agustín Cruz y García, el propio ingeniero Agustín Cruz, Dolores F. Terrón, Manuel Terrón y otros más, logrando de esta forma que esta propiedad se salvará totalmente de la repartición agraria y además no se desmembrara ni saliera de la propiedad familiar hasta 37 años después de la muerte de don José Julio. El Ingeniero don Agustín Cruz Barbabosa pudo así conservar la posesión de la ganadería y de la hacienda bajo su responsabilidad hasta el año de 1956 en que falleció heredándola sus diez hijos e hijas los Barbabosa y García.

   Entre aquellos herederos se encontraba Celia Cruz Barbabosa, que llevó los destinos de Santín hasta que en 1968 decidió aprovechar fierro quemador y colores de la divisa (azul y rojo) para continuar con aquella labor, la de su padre, abuelo, bisabuelo y tatarabuelo. En 1974, adquiere todo el ganado que había sido repartido entre sus hermanos y lo traslada a un rancho que se ubica en el municipio de Jerécuaro, Guanajuato que luego cruzó con sementales de encaste Llaguno. Por tanto, la presencia de Santín aún se debe dejar notar, ahora que está cumpliendo sus 180 años de existencia, justo cuando José Julio Barbabosa declaraba en 1886: “He aquí el Inicio de la ganadería con “el deseo de tener mayor número de bravos, a cuyo efecto D. José Julio Barbabosa –abuelo de este otro José Julio- mandaba poner de padres a los becerros q.e con mayor empeño y decisión, lidiaban…” (allá por 1836).

   El Ing. César Barbabosa heredero de esa estirpe ganadera, tiene enorme entusiasmo en recuperar la mayor parte posible de la historia que se construyó al interior de Santín. Afortunadamente y como autor de estas notas, puedo afirmar que desde hace unos 30 años he venido realizando una muy afortunada investigación sobre dicha hacienda ganadera que espero culminar en este 2016. Sobre todo por el hecho de que se integra a toda esa memoria un conjunto caudaloso de documentos cuyas fechas extremas van de 1616 a 1960 aproximadamente, mismos que han servido para afianzar cada vez más su propia historia.

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