MUERE UN 3 DE AGOSTO DE 1939 D. JOSÉ DEL RIVERO, EMPRESARIO y PERIODISTA TAURINO.

EFEMÉRIDES TAURINAS MEXICANAS DEL SIGLO XX.  

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   El 3 de agosto de 1939 murió en la ciudad de México el reconocido empresario y periodista taurino José del Rivero. Según la nota respectiva que se puede leer en El Redondel del domingo 6 de agosto siguiente, se menciona entre otras cosas que como empresario “ganó millones de pesos con sus negocios en grande escala”. ¡Y cómo son los contrastes de la vida!, fue a morir en la Casa de Salud “Mier y Pesado”, víctima de una pulmonía apenas contraída unos días atrás. Uno de los pocos y cercanos amigos, Ricardo Toledo costeó la intervención en dicha casa de salud así como el funeral.

   “¡Qué dura fue para él la vida!

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Retrato de José del Rivero publicado en El Redondel, con fecha 6 de agosto de 1939.

   “Habiéndolo tenido todo en una época, de todo careció en los amargos días de su vejez”, sigue apuntando el reconocido semanario taurino.

   José del Rivero había nacido en la población de Hércules, Querétaro en 1867, cursando en la ciudad de México, además de sus estudios básicos los de Leyes, carrera de la que solo aprobó las tres primeras asignaturas, pues abandonó los salones de clase para dedicarse a actividades concretamente como empresario en 1888 cuando ya inaugurada la plaza de toros “Bucareli” se asoció a Ponciano Díaz con la razón social “Campos, Rocha y Rivero”.

   También fue dueño de una imprenta en la entonces calle del Sapo, en cuyo local se reunían con Del Rivero, aficionados viejos, entre los que se contaban los hermanos Neymann y los Pesado. Fue el 18 de noviembre de 1895 en que sale a la luz el primer número del Toreo. Semanario Ilustrado, mismo que dirigió desde esa fecha y hasta el 28 de mayo de 1899 en que dejó de circular. En dicha publicación hizo célebre su famoso seudónimo de “Fierabrás”, alias que recuerda aquella actitud que asume alguna persona de mal carácter… “Eres un Fierabrás”.

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Portada de la publicación que dirigió Del Rivero entre 1895 y 1899. Col. del autor.

   Su declaración de principios quedó más que clara en el número inaugural de esta publicación:

¡GUAY DE LOS MALETAS!

¡GUERRA A VILLAMELÓN!

   Nuestro programa es bien sencillo y se reduce a estas tres palabras: Intransigencia, Independencia, Imparcialidad.

   Seremos intransigentes con todo aquello que a nuestro juicio perjudique o pueda perjudicar los intereses de la afición; con las empresas que ofrezcan liebre y del gato; con los maletas que llenos de humos quieran explotar con sus camandulerías la buena fe de los aficionados, haciéndose pasar por medio del réclame como maestros, cuando ni para mozos de estoques servirían; con los lanceros que a guisa de picadores pisan los redondeles, sin saber ni qué es ni para qué sirve la suerte de varas; con los Presidentes que por complacencia o debilidad consientan los abusos, y en fin, con todos aquellos que, por sus hechos, procuren más la decadencia del arte que su engrandecimiento.

   La imparcialidad será la que guie todos nuestros actos, y sin distinción de categorías ni de personas, al que se haga acreedor a una alabanza, se la haremos, lo mismo que al que se merezca una censura.

   Si alguna vez llega el caso de disculpar a alguno, nosotros seremos los primeros en hacerlo, cuando esa disculpa sea justa y razonable; pero jamás tendrán cabida en nuestras columnas las escusas dictadas por intereses personales.

   Respecto a nuestra independencia, sólo diremos que no es el deseo del lucro el que nos hace emprender la tarea que hoy comenzamos, sino el afán de procurar, por los medios que nos sean posible, el engrandecimiento del espectáculo más entusiasta del universo, al que no han podido hacer competencia ninguno de los hasta hoy inventados, y el que a pesar de la protestas de los sensibleros sigue en auge y seguirá mientras haya un corazón viril sobre la tierra.

   De hoy para siempre haremos constar, que ni solicitamos ni admitimos subvenciones de ningún género; que si publicamos los retratos de algunos toreros, será por formar una galería, pero no porque tengamos liga alguna con ellos, ni menos obligación de alabarlos o disculparlos incondicionalmente.

   Si nuestra opinión llega a provocar alguna discusión, admitiremos la que sea razonada; pero si fuere injuriosa, la veremos con el desprecio que se merezca.

   De los aficionados lo esperamos todo; si dejamos satisfechas sus aspiraciones, habremos triunfado.

   Sin desmayar en la lucha y despreciando las dificultades, seguiremos hasta el fin nuestro lema:

   ¡Guay de los maletas!

   ¡Guerra a villamelón!

   Los grandes negocios de Del Rivero se iniciaron a principios del siglo pasado, siendo en 1906 cuando nuestro personaje motivó a don Manuel Fernández del Castillo a construir la plaza de “El Toreo”, habiéndose asociado en la empresa don Alberto González Montalvo, el doctor don Carlos Cuesta y otros conocidos hombres de negocios de la época. Esa empresa quebró, pasando el coso a ser propiedad de don Ignacio de la Torre.

   Del Rivero trajo a México a Antonio Fuentes, a Ricardo Torres “Bombita”, a Antonio Montes y a todos los diestros famosos que actuaron en las más importantes plazas durante buen número de años. También sus negocios incluyeron la contratación de Enrique Caruso, Titta Ruffo; la bailarina sin par Anna Pawlowa; el violonchelista Pablo Casals o los patinadores que se presentaron en el antiguo “Olimpia”, entre otros varios artistas y compañías.

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Sistema Nacional de Fotografía (SINAFO). Instituto Nacional de Antropología e Historia. N° de catálogo: 119432. Fotografía que se remonta al año de 1913, en que vino a México por primera vez el diestro español Juan Belmonte. Entre otros: Antonio Llaguno, Juan Belmonte, José del Rivero, José Romero “Frascuelillo” y posiblemente el también periodista Pedro Marroquín.

   Y pasaron los años, hasta que Del Rivero se enfrentó a una situación en la que mermados sus ahorros, estuvo cerca de la miseria, como ocurrió y sigue ocurriendo con otros tantos seres humanos que de la opulencia pasan a la decadencia.

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