NOTAS DEDICADAS A TEPEYAHUALCO EN 1901.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Por aquellos años, el periodista Carlos Quiroz “Monosabio” ya era corresponsal desde México, junto con Lauro E. Rosell para la prestigiada publicación semanal Sol y Sombra, editada en Madrid. Publicaba generalmente crónicas y reseñas de los festejos celebrados en plazas capitalinas como la de Bucareli, y concretamente la “México”, ubicada en la calzada de la Piedad. Seguramente en afán de posicionarse como un periodista con amplios conocimientos en el arte de torear, abrió el abanico de posibilidades para proponerle a la redacción algunos temas que sirvieran para ampliar el panorama sobre aspectos que daban forma a la tauromaquia nacional. Fue por ello que a partir del año V, y en su número 254, publicado el 12 de diciembre de 1901, comenzó a aparecer la serie “Ganaderías mexicanas”, dedicando el capítulo inicial a la de Tepeyahualco.

   Afortunadamente herramientas como la “Biblioteca Digital de Castilla León” (aquí la liga: http://bibliotecadigital.jcyl.es/bdtau/es/micrositios/inicio.cmd), nos ha permitido a investigadores e interesados acercarnos a un amplio menú de posibilidades, tal cual lo ofrece también la Hemeroteca Nacional de España (aquí la liga: http://www.bne.es/es/Catalogos/HemerotecaDigital/), donde encontramos –en una o en otra-, esa serie de materiales periodísticos o revistas seriadas, que comprenden el tema de los toros. Allí fue posible localizar el ejemplar que ahora es motivo de comentarios y análisis.

   “Monosabio” aprovechó la oportunidad para realizar un amplio reportaje de cuatro páginas donde puso al día el estado de cosas que privaba en asuntos taurinos en nuestro país por aquel entonces. Su planteamiento inicial se refiere a un hecho contundente: “Abundan en el país los toros bravos, aunque son pocas las ganaderías propiamente dichas que a este negocio se dedican”. Desde luego eran tiempos en que el espectáculo se estaba profesionalizando en muchos aspectos, y uno de ellos, la ganadería no podía ser la excepción. Por tanto, y desde 1887 comenzó una etapa nueva para la cabaña brava, puesto que fueron adquiridos diversos sementales de procedencia española traídos por aquel sólido grupo de diestros hispanos que constituyeron esa etapa que he denominado desde tiempo atrás como la “reconquista vestida de luces”. El ganado con que se encontraron era criollo en su mayoría, por lo que optaron generar un negocio de venta de diversos sementales que adquirieron otros tantos hacendados, aunque el balance a los pocos años de ocurridas las cruzas no fue el que se esperaba, de ahí que hubiese nuevas etapas de adquisición en términos de una selección más rigurosa. Entre los diversos propietarios se encontraba D. José María González Pavón, dueño de Tepeyahualco (en el actual estado de Tlaxcala), quien adquirió por aquellos años varios sementales, cuyo orden fue el siguiente: un toro del Duque de Veragua (1892), Miura y Muruve (1899) y finalmente otros tantos ejemplares de la ganadería del Exmo. Sr. Marqués del Saltillo (1901).

   La tienta que se practicaba en dicha ganadería era un procedimiento que nada tenía que ver con el que se realizaba en España, lo que significa que se trataba de un aspecto muy particular implantado por este y otros ganaderos que tenían claros sus propósitos de selección. Tepeyahualco, al igual que Atenco ostentaba en los colores de su divisa el blanco y el azul y fue una ganadería que con los años (sobre todo entresiglos) se afirmó a plenitud como una de las favoritas, pues de ella salían ejemplares cuyas pintas dominantes era la negra, pero también los había castaños, chorreao en verdugo (es decir con la mezcla de los tres pelos: blanco, negro y colorado) así como berrendos. Además, se trataba de toros de gran poder y codicia en el primer tercio mismos que ofrecían una pelea digna; conservando facultades en el tercio final, circunstancia más que favorable para cualquier criador que se precie.

   Me parece más que apropiado traer hasta aquí la versión del reportaje mismo, con objeto de que se conozcan esos otros detalles que imágenes, como las obtenidas para el mismo por Lauro E. Rosell, vienen a convertirse en registros que al apreciarlos, parecieran reforzar la idea de un pasado decimonónico, ese que todavía alcanzó a extenderse durante los primeros años del siglo XX. Afortunadamente poseen un sello que matiza ese sabor campirano, así como la presencia de vaqueros y desde luego otras que merecieron la atención del fotógrafo: los sementales mismos, uno de los cuales aparece de perfil, en tanto que el otro se aprecia la firmeza de los cuartos traseros (tendencia que fue común en el proceso fotográfico en aquellos años, lo cual no tengo claro si tuvo un propósito específico o deliberado). La del inicio del reportaje permite apreciar en todo su esplendor al semental del Marqués del Saltillo, un cromo auténtico.

FIERRO QUEMADOR DE TEPEYAHUALCO

Fierro quemador de Tepeyahualco que luego siguió siendo utilizado en la ganadería de Zotoluca.

SOL y SOMBRA_254_p. 8 SOL y SOMBRA_254_p. 9 SOL y SOMBRA_254_p. 10 SOL y SOMBRA_254_p. 11

Revista Sol y Sombra. Madrid, año V, N° 254, del 12 de diciembre de 1901, p. 8-11.

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