DE LA FORMA EN CÓMO SE DESCUBRIERON LOS “TESOROS DE LA FILMOTECA U.N.A.M. SERIE: TAUROMAQUIA. I.-DANIEL VELA: 1941-1946”. (IV).

RECOMENDACIONES y LITERATURA. 

SOBRE LA COLECCIÓN TESOROS TAURINOS DE LA FILMOTECA DE LA U.N.A.M. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Así como el quehacer de los antropólogos ha sido rastrear, recuperar, identificar y ubicar todos aquellos documentos conocidos como códices, que recuerdan no solo la gloria de determinados personajes, sino las guerras, así como los diferentes sistemas políticos de un pueblo o su religión. También no dejan de inscribirse valores de vida cotidiana, con lo que nos acercamos a una idea más precisa de cómo se desarrollaron determinados momentos, tiempos o épocas de un pasado que parecían irrecuperables, aunque por fortuna tan inmediatos gracias a su rescate, resguardo e interpretación precisos.

   Del mismo modo, existen otra serie de testimonios que fortalecen en esa medida la circunstancia del pasado, con lo que nos es más inmediato, de ahí que lo podamos conocer un poco más, pero también un poco mejor.

   Los archivos fílmicos vienen a convertirse en invaluables acervos, colecciones y reuniones de “códices de la imagen” los cuales reúnen y recogen todos aquellos síntomas en los que se movió determinada sociedad, documentos conocidos en nuestro país desde 1896.

   Desde hace 56 años, la Universidad Nacional Autónoma de México consciente del significado del cine como un instrumento de divulgación histórica, formó la FILMOTECA (1960), como principal repositorio donde habrían de rescatarse, cuidarse, mantenerse y clasificarse -siguiendo el modelo de los antropólogos respecto a los códices- todos aquellos materiales que, en sí mismos encierran el valor de hechos y testimonios relacionados con acontecimientos históricos, sociales, artísticos, sin faltar los que comprenden aspectos de vida cotidiana. En este último apartado quedan incorporadas las corridas de toros, con imágenes que se remontan a 1895; llegan a 1975, momento en que la generación del cine es desplazada por el video, pero que no por ello deja de registrarse en ese nuevo formato que cada vez evoluciona y que incluso sirve para resguardar los viejos materiales sometidos al riesgo del paso del tiempo.

   Ahora bien, entre otros fines concretos de la FILMOTECA de la U.N.A.M. se encuentran los del rescate de películas de ficción. Gracias a otros documentos como los ya indicados, y que no solo provienen del trabajo de, por ejemplo: los hermanos Alva, Jesús H. Abitia, Salvador Toscano y otros plenamente reconocidos. También están los materiales logrados por diversos anónimos y personas que tuvieron, además de los recursos para realizar dicha actividad, la pasión y un sentido por el rescate de la memoria.

   Lo verdaderamente notable es que estos documentos recogen a los héroes populares, esos que se pensaban perdidos hasta que al volverse a destapar viejas latas y colocarlas en enormes proyectores retornan en el tiempo hasta nosotros, con lo que nos damos cuenta del significado que tuvieron y que tienen. Esas imágenes nos permiten entender la forma en cómo evolucionó la selección y gusto de la sociedad por diversiones como la de toros. De ahí que volvamos a fijarnos en una más de las herramientas de la antropología, unidas también al quehacer histórico y sociológico que acude para enriquecer el soporte interpretativo necesario para entender mejor el contexto resguardado en viejos nitratos.

ROSELL_p. 49

Aquí tienen ustedes a Diego Prieto, a través de una tarjeta de visita, cuyo registro data de 1887 aproximadamente. “Cuatro Dedos” vino a México en ese año y pasadas dos décadas se despidió en la plaza de Puebla el 27 de octubre de 1907. luego fue empresario, asesor taurino con una voz absolutamente autorizada por vía de su experiencia. Me adelanto a comentar que precisamente el cine recoge unos momentos, apenas unos cuantos, en los que aparece este sevillano colocando un par de banderillas, vestido de civil, justo la tarde del 20 de abril de 1913 y en “El Toreo” de la Colonia Condesa. Al admirar por primera vez a un diestro decimonónico que tuvo enorme influencia en la reconstrucción de la tauromaquia mexicana, el cine se configura como un elemento arqueológico cuya utilidad será invaluable justo a la hora de repensar el toreo de entresiglos. Lo anterior puedo afirmarlo y confirmarlo pues realizo por estos días una actividad en la Filmoteca de la U.N.A.M. que consiste en la revisión de un fondo muy especial, del que espero dar más adelante más datos al respecto.

La imagen proviene de la obra de Lauro E. Rosell: Plazas de toros de México. Historia de cada una de las que han existido en la capital desde 1521 hasta 1936. Por (…) de la Sociedad Mexicana y Estadística, y del Instituto Nacional de Antropología e Historia. México, Talleres Gráficos de EXCELSIOR, 1935. 192 p., fots., retrs. ils., p. 49.

   Por razones que se desconocen, pero que pueden ser simple y llanamente indiferencia o desinterés, muchos historiadores, intelectuales y gente de la cultura ligada al cine manifiestan su rechazo por la fiesta brava, misma que pasa a ser excluida de la historia como registro documental, lo cual mueve a concientizar a quienes se ven involucrados para que, dejando a un lado ciertos prejuicios, valoren la calidad de muchos materiales hoy sujetos al riesgo de que desaparezcan si no se atienden a tiempo y con un criterio común, tal y como se aplica para otros materiales que ya vemos no deben ser nada más las películas de ficción. Allí están -entre otros- los documentales. Probablemente sean mucho más importantes aquellas imágenes sin argumento específico, pero que poseen uno propio inmensamente rico. Y no nos referimos exclusivamente al asunto taurino -del que se hace énfasis-, sino también de otros géneros y ámbitos cotidianos que no pueden quedar excluidos por ningún motivo.

   Recientemente el valioso rescate de la producción silente “¡Viva Madrid que es mi pueblo!” –como uno más de los importantes esfuerzos de la FILMOTECA de la U.N.A.M-,. logró sacudir conciencias, porque al llegar la copia a la Filmoteca Nacional de España y ser exhibida por aquellos rumbos, causó verdadera conmoción. “Sacudir conciencias” porque la respuesta fue más contundente en España que entre nosotros, lo cual habla de que debe intensificarse la capacidad de importancia y ser equiparables al mismo entusiasmo que se proyecta en otras latitudes.

   Así como en el ámbito taurino los libros, viejos carteles, litografías, fotografías son sumamente codiciados (no se diga de la obra pictórica que llega a ser en algunos casos inaccesible), el cine parece ir en sentido contrario, pues hoy día se conservan relativamente pocos testimonios, a pesar de que la modernidad, con todos los avances tecnológicos volcados en una infraestructura que ha evolucionado en estos 107 años de historia cinematográfica en México, no ha ofrecido -al parecer- los suficientes motivos para ser rescatado como cualquier otro gran tema de nuestra historia en el último siglo que ha transcurrido.

   La fascinación del cine entra por la senda de las nuevas tecnologías, y consciente de esto, la Filmoteca de la U.N.A.M. ha hecho suyo este compromiso gracias, entre otras cosas, a la generosa donación que los familiares de Daniel Vela Aguirre hicieron de diversos materiales filmados entre 1941 y 1946. Dicha colección reúne en su totalidad, escenas de un buen número de festejos taurinos –entre novilladas y corridas de toros-, que ocurrieron en ese periodo preciso. El prominente industrial zacatecano adquirió una cámara marca Bell & howell de 16 mm, con la cual recogió en cintas de color o blanco y negro diversos festejos que hoy, a 60 años vista, nos permite redescubrir acontecimientos de lo que solo teníamos la impresión tanto de la prensa, como de los viejos aficionados de la época que presenciaron aquellas jornadas, muchas veces sumidas en el encanto de la emoción que produce el arte del toreo.

   Luego del traslado de su formato original a video, comenzó una minuciosa labor de identificación, clasificación, a las que posteriormente se unió la selección de todo aquel conjunto de imágenes elegidas para trasladarlas a lo que fue finalmente  el disco DVD.

   En medio de aquella producción, quienes estuvimos a cargo de proyecto, nos enfrentamos a diversos dilemas. Uno de ellos era como valorar imágenes aparentemente frías, distantes de la emoción que produce el momento presente y efímero, el cual para muchos aficionados es insustituible. Un manejo inconsciente aseguraba dejarnos llevar por ese mismo estado de ánimo, para lo cual se aplicó un criterio de pertinencia histórica, aconsejados por aquel postulado de Jacob Burckhart que dice: “No regañemos a los muertos. Entendámoslos”, pero dejando en absoluta libertad a los observadores para permitirles una desmitificación plena, la cual garantiza apreciar esos hechos tal y como ocurrieron, sin que esto sea una deliberada condición, al modo de cómo Leopold von Ranke supone desde sus obras de teoría histórica que deben entenderse los hechos del pasado, simplemente por la razón de que esos hechos son imágenes evidentes y no hay nada y ni hubo algún medio o intención de alterarlas. No era el propósito. De ahí que se tomara la decisión de mostrarlas –eso sí-, tal y como quedaron filmadas. Es decir, se trata de una auténtica joya en bruto, con el pulimento apenas suficiente para eliminar aquellos cuadros fuera de foco, con perforaciones o manchas.

   Con las imágenes seleccionadas, fue posible la confirmación de diversos factores. Primero, de cómo se divertían en los toros nuestros abuelos; en algunos casos nuestros padres y, en la razón excepcional, algunos de aquellos que siendo niños, hoy todavía nos acompañan y comparten con nosotros aquellas añoranzas. También es posible entender que ni los toros son lo grandes que dicen que fueron los recuerdos imaginarios. Ni tampoco los toreros son todo lo heroicos que nos cuentan quien sabe qué extrañas e inciertas historias las cuales son divulgadas por coros que exigen creer todo esto a pie juntillas.

   Allí está un grupo de faenas y momentos de suyo importantes en manos de Fermín Espinosa “Armillita”, Silverio Pérez, Lorenzo Garza, David Liceaga, Ricardo Torres, Jesús Solórzano, Luis Castro “El Soldado”, José Ortiz, Carlos Arruza o Manuel Rodríguez “Manolete”. De igual forma, podemos ver las hazañas novilleriles que protagonizaron Carlos Vera “Cañitas”, Luis Procuna, Luis Briones, Gregorio García, Antonio Velázquez o las tremendas escenas donde Félix Guzmán se convierte en una figura camino del sacrificio.

   Por cierto, el tipo de ganado que podrá verse con reposo, es, en su mayoría el toro que se lidiaba en aquellas épocas: ni muy grande, pero tampoco pequeño, aunque los hay de repente más chicos para una época y una afición acostumbrada a exigir, a pesar de que el reglamento entonces vigente (del 26 de marzo de 1941), indicara cuatro años de edad y no pasar de los cinco y medio, por ser esta la época de su vida en que el animal alcanza sus mayores facultades para la lidia.

   Destaca una de ellas, la faena a “Mañico”, que con ese nombre fue bautizado un novillo de Matancillas, inmortalizado por Rafael Osorno, la tarde del 30 de agosto de 1942, en la vieja plaza del “Toreo” de la colonia Condesa. Osorno fue un novillero que surgió de una generación integrada entre otros, por Luis Procuna, Carlos Vera “Cañitas”, “El Espartero” y Félix Guzmán. Cada quien con un estilo peculiar, trascendió la tauromaquia, contando para ello la enseñanza de notables maestros a los que se sujetaron con vehemencia, por lo que esos novilleros notables deseaban convertirse un día en matadores de toros. Así lo lograron Procuna, “Cañitas” y “El Espartero”. El capítulo trágico lo cubrió Félix Guzmán y el sueño, lo que solo fue un sueño pero no realidad, le correspondió a Rafael Osorno, quien a pesar de convertirse en un héroe celebrado, no fue el héroe consagrado.

   “Mañico” es aquella derivación afectiva del “maño”. “Maño”, cuya raíz latina magnus, se refiere a alguna cosa grande, es también la forma cariñosa que en su gentilicio tienen los aragoneses, y la manera en que algunos españoles asignan como una circunstancia de trato cordial hacia los mexicanos. La faena de la que hablamos trascendió tanto, al grado de que a 60 años de haber sucedido, sigue siendo uno de los grandes paradigmas, junto a otros capítulos protagonizados por jóvenes promesas o las figuras ya consagradas, en diferentes épocas del siglo XX.

   Entre otras, se encuentran las imágenes en las que aparecen juntos Luis Castro “El Soldado”, Manuel Rodríguez “Manolete” y Luis Procuna, quienes inauguran el 5 de febrero de 1946 la monumental plaza de toros “México”, escenas que por cierto, cierran el periplo de recuerdos reunidos en este trabajo, a los que se sumó –no podía ser la excepción-, un repertorio musical de época, que incluyó diversos pasodobles como: “Armillita”, “Tarde de toros”, “Novillero”, “Lorenzo Garza”, “La Virgen de la Macarena”, “Cañita”, “Maravilla del toreo”, “Arruza”…, y dos canciones representativas del momento: “Humanidad” y “Perfidia”, proporcionadas generosamente por la Asociación Mexicana de Estudios Fonográficos, A.C.

   ¿En qué consiste la tecnología del disco DVD?

   Digital Versátil Disc, es un disco óptico con pistas microscópicas para almacenar video, audio y datos. Sus aplicaciones son múltiples, pues abarcan: música y audio, videos, videos musicales, películas, animaciones, entretenimiento y capacitación, educación, software, multimedia, video juegos, publicaciones periódicas, mercadotecnia y medios de comunicación. Pasa luego por una codificación, edición y programación de los datos sujetos a una interfase de control, con lo que los diferentes elementos allí reunidos formarán parte del producto final en formato DVD. Los formatos aceptados son en video (Betacam, DV, SBHS); audio (DA-88-, ADAT, CD y DAT). En lo relativo al concepto de arte considera los archivos gráficos. Las fases del proceso se someten a las siguientes etapas: planeación del proyecto, administración de espacio, captura de elementos, authoring y formato.

   La planeación del proyecto comprende el alcance y estructura, complejidad e interactividad, un diagrama de flujo y el aspecto general de la obra.

   La administración de espacio se refiere fundamentalmente a definir prioridades, capacidad vs. calidad en audio y video. La captura de elementos codifica el audio, el video que incluye, desde luego arte gráfico., la composición del video y los subtítulos.

   El Authoring o integración y arreglo de elementos, procesa los archivos de audio y video, subtítulos, menús y botones, capítulos, multi-historia, multi-ángulo, multi-lenguaje así como la protección contra copia y regionalización. Por último el formato concentra toda la información en un disco duro que se traslada a un DVD-R como copia para el cliente y se concluye con el DLT, replicación o multicopiado.

   La versatilidad del DVD en su parte puramente técnica, nos permitió diseñar un trabajo que no solo se atuviera al principio de ese gran material. Era necesario echar una mirada a los acontecimientos políticos, económicos o sociales que cimbraban al país y al mundo en esos años. De esa manera, el marco histórico garantizó tales alcances, en los que fue posible tener una dimensión del México bajo el régimen del General Manuel Ávila Camacho, así como de otros personajes entrañables que surgieron precisamente del cine o el teatro. Algunos de ellos eran, además, excelentes intérpretes de la canción vernácula, de los boleros y otros ritmos musicales que escucharon nuestros padres o nuestros abuelos a través de la radio, vehículo de la comunicación que se consolidaba con gran fuerza. También fueron los años de la segunda guerra mundial que conmovieron a la humanidad. De igual forma, también se consideró la necesidad de incluir un “trailer” que anunciara la salida del siguiente material, considerando que el tema LOS ORÍGENES: 1895-1930, posee, en sí mismo una dimensión extraordinaria, puesto que encierra todo aquel material taurino localizado en los repositorios de la Filmoteca de la Universidad, dueño además de una peculiaridad sin igual, de la que sabemos ya con toda certeza la siguiente historia:

    Desde el viernes 18 de enero de 1895 ocurrió la primera exhibición de cine realizada en México, por los señores Maguire, Bacus y John D. Roslyn, representantes de Thomas Alva Edison, usando para tal ocasión un kinetoscopio. Entre las películas que fueron presentadas en el salón de la 3ª calle de San Francisco Nº 6 fueron incluidas dos cintas de asuntos mexicanos: Lasso Thrower y Mexican Knife Duel, filmadas en algún estado de la nación norteamericana –y a finales de 1894-, cuando pasaba por aquellos lugares una compañía circense. Las imágenes de Lasso Thrower recogen la actuación de Vicente Oropeza, quien fue, a la sazón, miembro de la cuadrilla de Ponciano Díaz. Oropeza, además de ser un hábil picador de toros, también se convirtió en el mejor charro mexicano de finales del siglo XIX. Es decir, que sin ser escenas de carácter eminentemente taurino, se convierten en las primeras que recogen a un protagonista de esta diversión popular.

   Un año más tarde, se presenta en la ciudad de México un kinetófono junto a un fonógrafo, invenciones ambas de Edison, con las que se tuvo la idea de unir imagen y sonido al mismo tiempo, sueño que con el tiempo se volvería realidad. Para el 6 de agosto de aquel 1896, los señores Ferdinand Von Bernard y Gabriel Veyre, representantes de la casa Lumière, ofrecieron la premiere de diversos materiales filmados por otros mensajeros de aquella firma al General Porfirio Díaz en el Castillo de Chapultepec, residencia del Presidente de la República. Aquellos acontecimientos ocurridos en un tiempo relativamente corto, representaron un importante capítulo que vino a dar un vuelco definitivo, tanto en las costumbres como en la asimilación de una nueva forma de ver el mundo, partiendo de condiciones absolutamente ingenuas, por lo mismo incapaces de aceptar un agresivo desplazamiento de lo que para entonces era el terreno dominado por la fotografía. De igual forma, el hecho de tenerse que adecuar a un nuevo lenguaje “cinematográfico”, obligó a las sociedades a buscar rápidamente las expresiones adecuadas para definir y entender al cine. Porfirio Díaz vio en aquello, un instrumento publicitario del que se sirvió para incrementar su imagen. Sin embargo, nunca imaginó que a pesar de aquella buena oportunidad, se vería rebasado por el número de filmaciones con tema taurino que se presentaron desde enero de 1895 hasta la fecha en que tuvo que renunciar, en mayo de 1911, fecha en la que se obtuvo un importante triunfo de la Revolución Mexicana. En una relación preparada ex profeso para este trabajo, se han encontrado arriba de cien diferentes materiales con tema taurino que abarcan ese periodo, en el que se incluyen filmaciones logradas en México, España y Francia por camarógrafos tales como: los representantes de Thomas Alva Edison, los señores Von Bernard y Veyre, representantes de la casa Lumière. Se suman a esta relación a Albert Promio, Enoch C. Rector, Otway Latham, Louis Currich y Enrique Moulinié. Fred Blechynden, quien trabajó junto al productor James White, sin faltar los trabajos de Salvador Toscano, los hermanos Becerril, los hermanos Alva, Carlos Mongrand, Julio Kennedy, Enrique Echaniz Brust, Juan C. Aguilar, Enrique Rosas Priego y José Cava, por mencionar a todos aquellos que trabajaron en la primera época del cine en su formato más primitivo.

   Puede decirse con toda seguridad, que después de “Corrida de toros”, trabajo de Enoch C. Rector, escenas logradas en febrero de 1896 en la plaza de toros de San Pablo, Chihuahua; y “Una corrida de toros” filmada por Otway Latham en nuestro país entre finales de 1895 y comienzos de 1896, la que tiene una resonancia que incluso llega hasta nuestros días es “Corrida entera de toros por la cuadrilla de Ponciano Díaz”, filmada en Puebla, el 2 de agosto de 1897 por los señores Currich y Moulinié, con lo cual se convierten en el primer trabajo fílmico logrado en México. Lamentablemente estas tres producciones se encuentran perdidas.

   Mientras tanto, el cine, expresión que fue adquiriendo una relevancia sin par en nuestro país entrado ya el siglo XX, logra que sean llevadas a la pantalla las producciones con tema taurino que se incrementaron notablemente, lo cual generó un mercado sujeto a las competencias leales y desleales, pues tanto camarógrafos como productores y distribuidores se peleaban las novedades que fueron expuestas en los teatros más sobresalientes, tanto de la capital como de la provincia. Más tarde, las necesidades de consumo obligaron a los productores y camarógrafos a “emplazar sus cámaras” por otros senderos: los de la producción de cine con argumento, del que “Santa”, dirigida en 1918 por Luis G. Peredo, y producida por Germán Camus viene a convertirse en el primer gran trabajo con esos alcances. Después vendrían “La puñalada” de 1922, en la que uno de los protagonistas es Antonio Fuentes, “Susana” de United Artist (1921), “Oro, sangre y sol” de Miguel Contreras Torres, con Rodolfo Gaona (1923), “Último día de un torero o la despedida de Rodolfo Gaona” de Rafael Trujillo y Rafael Necoechea (1925), “La sirena de Sevilla”, “El Relicario” de Miguel Contreras Torres (1926), “El tren fantasma” de Gabriel García Moreno (1927), “los amores de Gaona” de María Luisa Garza “Loreley” (1928), hasta llegar a la primer gran super-producción: “¡Que viva México!” del director soviético Sergei M. Eisenstein, filmada y producida en nuestro país en 1931.

   Tal conjunto de situaciones no escapó a dicha revisión, integrada al corpus de este primer disco, dentro de la colección “Tesoros de la Filmoteca U.N.A.M. Desde aquí, un sincero agradecimiento a las autoridades universitarias, al maestro Ignacio Solares, quien al frente de la Coordinación de Difusión Cultural de la U.N.A.M., proclama su afición a los toros y apoya este proyecto. Del biólogo Iván Trujillo, encargado de la Filmoteca de la U.N.A.M., el cual nos abrió las puertas de este importante depósito de la memoria para acercarnos a un pasado donde -curiosamente- las máquinas allí utilizadas, vuelven a darle vida una y otra vez a todo aquello que no necesariamente se convierte en material archivado; o lo que es peor, olvidado. Puedo confesarles que la oportunidad que, como investigador tengo en estos momentos de acercarme a semejantes tesoros, es de privilegio, única e inolvidable.

   Así que todo aquel aficionado a los toros, dispuesto a conocer una parte del notable recorrido del siglo XX, tiene en LOS TESOROS DE LA FILMOTECA DE LA UNAM, y con este, su primer disco dedicado a la colección “Daniel Vela”, la enorme oportunidad de acercarse a lo que fueron y significaron aquellos momentos de particular significado para el toreo en nuestro país, agregando al gozo de su observación, una calidad insuperable en el acabado de las imágenes, de la fidelidad de los sonidos; o de lo preciso y puntual de sus diálogos que terminan convirtiéndolo en pieza y documento insustituibles. Trabajo sin precedentes, útil e indispensable para entender cual ha sido la expresión de arte y técnica, pero sobre todo la forma de ser de un espectáculo en los últimos 100 años, fundamental y particularmente en México, y que hoy se encuentra a su alcance.

   No quiero dejar de mencionar aquí el trabajo de conjunto que realicé con mi amigo y colega el Lic. en Historia Ángel Martínez Juárez, Jefe del Departamento de Catalogación (Filmoteca de la U.N.A.M.). De igual forma con Francisco Ohem, Subdirector de Cinematografía (Filmoteca de la U.N.A.M.). Jesús Brito, Jefe del Departamento de Producción (Filmoteca de la U.N.A.M.), Enrique Ojeda Castol, editor en la Filmoteca de la U.N.A.M. La locución corrió a cargo tanto de Alejandra Montalvo, como de quien esto escribe. De la colaboración especial del Lic. Julio Téllez García, a quien agradezco sus opiniones y recomendaciones, lo mismo que de las invaluables sugerencias de Juan Felipe Leal, Eduardo Barraza y Carlos Arturo Flores Villela.

   Mi última recomendación: ¡Disfruten este maravilloso trabajo!

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