Archivo mensual: septiembre 2016

UNA CRÓNICA ENTRESACADA DEL OLVIDO.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO, y OTRAS NOTAS DE NUESTROS DÍAS. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   En el quehacer permanente que, como historiador llevo a cabo pude encontrarme hace algún tiempo un interesante material que se remonta al 1° de julio de 1935. Es una crónica del reconocido periodista y escritor Manuel Horta, quien colaboró muchos años en Excelsior. El periódico de la vida nacional. Horta fue, además autor de varios libros entre los cuales se pueden citar: Siluetas en la neblina, obra de referencia para quien pretenda seguir el ejercicio periodístico. También no puede faltar en esta pequeña relación su Ponciano Díaz. Silueta de un torero de ayer, Estampas de antaño; y, Miniaturas Románticas, Vida ejemplar de D. José de la Borda, El caso vulgar de Pablo Duque y Vitrales de capilla.

   Don Manuel formó parte de esa generación colonialista, que comenzó Vicente Riva Palacio, siguió Luis González Obregón y continuó con Artemio de Valle-Arizpe, Genaro Estrada, sin olvidar a don Manuel Romero de Terreros, Marqués de San Francisco, Francisco Monterde o José de Jesús Núñez y Domínguez.

   Su oficio también tuvo que ver con algunas obras de preciosa manufactura como

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Disponible en internet septiembre 29, 2016 en: http://hildegardalibros.blogspot.mx/

   Pero don Manuel también escribió crónica taurina. Y la que fue hallada, tiene que ver con un festejo novilleril celebrado el 30 de junio de aquel 1935, en el que ante ejemplares de Quiriceo, actuaron Miguel González “El Temerario”, Alfonso Ramírez “Calesero” y Fermín Rivera. Para deleite de los lectores, viene a continuación tal cual se publicó en Excelsior el texto de don Manuel, a quien hoy evoco con entusiasmo.

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Excelsior. El periódico de la vida nacional. Lunes 1° de julio de 1935. Segunda sección, p. 3.

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SOBRE LOS VERSOS DE TEMA TAURINO QUE ESCRIBIERA GUILLERMO PRIETO.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO, y OTRAS NOTAS DE NUESTROS DÍAS.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

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Entre los integrantes de la que, para 1848 fue la sociedad literaria “La Familia Rennepont” se encontraba el joven escritor y poeta Guillermo Prieto. En Revista de Revistas. El Semanario Nacional, año XXV N° 1302, del 28 de abril de 1935. Col. del autor. Daguerrotipo.

   Un enorme esfuerzo, el que se ha concretado en mi “Tratado de la poesía mexicana en los toros. Siglos XVI-XXI”, y que actualmente reúne más de dos mil muestras. Gracias a dicho trabajo es posible compartir en esta ocasión, una serie de versos que, siendo de la autoría del célebre “Fidel”, seudónimo de Guillermo Prieto, los mismos guardan relación directa ya con la tauromaquia, ya con la charrería. Veamos.

Ca. 1850-1860.

PLACERES CAMPESTRES

RODEO, COLA Y CAPAZÓN.

 

Entre las quiebras del monte,

Bajo el estrellado cielo,

Se oyen correr los caballos

De los traviesos rancheros;

Ya al ganado se despierta

Y ya comienza el rodeo;

Reluce de la mañana

El matutino lucero

Alegre anunciando gozos,

Feliz llamando a festejos.

Vaqueros y aficionados

Forman un círculo inmenso,

Y los toros y las vacas

Van reconociendo un centro

En donde está la parada,

Que es a la falda de un cerro,

Como desgracia espinoso,

De altos peñascos cubierto,

De enmarañados espinos

Y precipicios horrendos.

Como las sombras discurren

Tras las reses los rancheros,

Y en el oscuro horizonte

Se ven sus perfiles negros.

Inquietos braman los toros,

Audaces ladran los perros,

El ¡oh! Se percibe agudo

De caporales expertos,

Y ronco suena el bramido

Del solícito becerro;

Pero una luz blanquecina

Que oscurece los luceros,

Sobre las crestas del monte

Esparce dulces reflejos;

Se tiñen las nubes de oro,

De topacio y grana el cielo

Y brota al fin el sol puro

En el limpio firmamento.

¡oh cuadro! ¡divino cuadro!

¡Cómo halagaste mi pecho!

¡Cómo acariciar viniste

Mi mirada de extranjero!

¡Cómo en tus variadas tintas

Exaltabas el contenido!

¡Cómo disfrutado hubiera

Contigo goces sin cuento,

Si mi corazón marchito

Capaz fuera de consuelo!

Cuadro de tierna inocencia

Y de júbilo perfecto,

Abismo de luz y aromas

Para el Hacedor excelso…

Pintar no puede ese cuadro

Quien no tenga pincel diestro;

Pero mucho hace el que emprende

Y tiene el pulso resuelto.

 

RODEO

 

Tendiéndose entre montañas

Se mira apacible valle,

Que corre desde el Oriente

Hasta el Ocaso distante;

Lo ciñen montes enormes

Cubiertos de peñascales,

De tan agrupadas rocas,

De tan áridos breñales,

Que apenas entre sus grietas

Transita medroso el aire;

Son tan peladas sus piedras,

Sus picos tan desiguales,

Que apenas el pensamiento

Osa por allí treparse;

Cuelgan de entre aquellas rocas

Toscas biznagas salvajes,

Las de púas afiladas

Y los cardones punzantes.

Al lado opuesto se miran

Continuas desigualdades,

Los bajíos más risueños,

Los rastros de los raudales,

Y la arcilla colorada

Donde ni la yerba nace,

Pero do brotan cardones

Y mesquites y nopales

Y con todo esto el bajío

Tiene conjunto agradable;

Y a la luz del sol naciente

Y al manso correr del aire,

Cobraba aquella corrida

Encantos inexplicables.

Ya de muy lejos vaqueros

Disperso torete traen

En tropel alborotado,

Obligándole tenaces

A que venga a la parada,

Aunque bufe y aunque rabie.

Unos rancheros dejando

A los caballos colgarse,

Son inmóviles custodios

Del ganado que allí pace,

Otros furiosos persiguen

Al toro que se retrae;

Todos los ojos espían

La res que quiere fugarse;

Y ellos forman remolinos,

O solitarios se esparcen,

Con ¡oh! ¡jo! llenando el aire,

Sin reir ni distraerse,

Pero momento a momento

Salta el toro, inquieto vase,

Corren en tropel los buenos,

Círculos hace en el aire

La gaza extensa del lazo,

Como ellos dicen, mecate;

Se alza entonces la algazara,

Vense correr y ocultarse

Los entusiastas vaqueros

En quiebras y matorrales,

Ladran los perros corriendo,

El toro cual rayo parte,

Por fin, córtanle la vuelta

Y a la parada lo traen.

Otras veces un becerro

Logra azorado espacarse,

Y como liviana cabra

Sobre las rocas treparse;

Allí va feroz ranchero,

Compite, salta, encarámase,

Escúrrese entre las grietas

De los altos peñascales;

Nadie le dice: “Detente”,

Nadie grita: “No te mates”,

Y vuelve con su becerro

Y del pescuezo lo trae.

 

PARADA

 

Entre tanto en la parada,

En revuelto torbellino

De astas, de lomos y colas,

Se oyen amantes bramidos,

Con mayor indiferencia

Ningún héroe fue al martirio,

Ni en los asientos de amores

Vi corazones más finos,

Que se embriagan de placeres

Al borde del precipicio,

Cuando a trozar sus delicias

Va el carnicero cuchillo.

A veces se encela un toro

O hace de Otelo un torito,

Que al bravo rival emplaza

A tremendo desafío;

Y se apartan y se chocan,

Dando feroces bramidos,

Lanzando chispas sus ojos,

Lleno de espuma el hocico;

Los agudos cuernos traban,

Se alejan enfurecidos

Y tornan en rudo choque

Y permanecen unidos

Resoplando furibundos,

Topándose con ahinco.

En esos tremendos lances

Tronchan mesquites y espinos,

Y queda rastro sangriento

En donde fue el desafío.

El amor en todas partes

Hace fieros desaguisos,

Aunque no entre los cornudos,

Que siempre son mansos bichos,

Digo los de cara blanca,

No los mecos, ni los pintos.

Acabóse la parada,

Ya de marcha se dio el grito;

Llegan al corral los toros

En carreras y amoríos;

Cabe el corral, se halla el toldo;

Mas antes de ver el sitio,

A tomar un refrigerio

Nos llama el amo político,

Bajo del pajizo techo

Que prestó contento el indio,

Donde en el suelo se mira

Extendido el mantel limpio.

 

ALMUERZO

 

Venga el de tuna encendido

Y la blanda barbacoa,

Que se sienta por el suelo

Esa concurrencia toda,

Y cuando se alegra el vientre

Las lenguas están de gorja.

El tlecuil, como una hoguera,

Les da existencia a las gordas…

Muchachos! como se pueda,

Beban y gocen y coman,

Así en círculos sentados…

-Qué hombre! parece una bola,

-Si embiste con el cabrito,

Ni los huesos le perdona!

Rebosando el colorado

Vierte su linfa espumosa

Sobre los labios sedientos

Del que primero lo toma;

La cocinera contenta,

Con su faldero gibornia,

A la puerta los sirvientes

De la alegre comilona;

Allí el punzante epigrama,

Allí la confianza loca,

Allí el nácar cuentecillo,

Allí la amistosa broma,

Allí al colegial las burlas

Y al ranchero las lisonjas.

Veloces del corderito

Desaparecen las lonjas,

Y en un estanque de caldo

El chile relleno asoma.

¡On qué divina franqueza,

Oh qué holganza generosa!

¿Quién, en tu amistoso seno,

Tus convites ambiciona,

Corte, que en doradas copas

Brindas con hiel y ponzoña?

Vamos a apartar, muchachos!

Gritan, y a caballo montan,

Que ya se acerca el momento

De la carrera y la cola.

 

APARTADO, COLA Y CAPAZÓN

 

Está reunido el ganado,

Haciendo tales diabluras

Que no son para contadas

Por mi pudorosa pluma.

Es amor al viento libre…

Las campestres hermosuras

Lo miran desde la cerca

Como quien ve cosas chuscas

Y… los puntos suspensivos

Esta introducción concluyan.

Allí se opera el divorcio

Y se ven vacas viudas

Consolarse de sus penas

Con esposos de remuda;

Que estas hembras por lo menos

De la fe común no abusan,

Ni cubren sus gatuperios

Con la sombra de la tumba.

 

Apartados, al martirio

De Orígenes van los toros;

Pero antes en la carrera

Y en la cola unos tras otros

Darán pábulo al contento,

Serán objeto de holgorio.

En las trancas, frente al lienzo

Hay un valladas vistoso

Formado por los jinetes

Que están esperando al toro,

Del lienzo casi al extremo,

Que es un extremo remoto.

Se agrupan los lazadores

En caballos menos briosos,

De ancho y de carnudo encuentro,

Firmes patas y buen lomo,

Ya se nombró la parada,

Ya se apartó ardiendo un josco,

Y ua, viendo el toro un claro,

A correr se lanza bronco.

 

Retienbla el suelo al escape,

Un jinete se ampareja

Y tras el ligero toro

Veloz como el viento vuela;

Los gritos pueblan los aires,

El brioso corcel se empeña,

Brillan con el sol luciente

Su piel de oro y manchas negras;

Ya el hombre tomó la cola,

Ya diestro se valonea,

Mete cuarta, avanza fiero,

Redobla su ligereza,

Alza la pierna y estira

Y… el toro cae y da vuelta

Y la faz de aquel jinete

De gusto relampaguea.

Gritos y vivas se escuchan,

Todo tiene aire de fiesta;

Apenas el toro se alza

Los lazadores se aprestan,

Y con un tino exquisito

Lo lazan o manganean;

Brama el toro de coraje

Cayendo en tierra humillado

Y viene luego el verdugo,

Con ansia de buitre llega,

Y torpe, vil cirujano,

Con mano tosca lo opera;

Muge de dolor el toro,

Con su sangre el suelo riega…

Ya puede servir de eunuco

Y de irrisión a sus bellas…

Y se transforma en cuitada

Su hermosura naturaleza,

De buey el nombre ha tomado

Y vil coyunda lo espera.

Pero tornando a los gozos

Y a los placeres de gresca,

En cada toro de cola

Se repiten las escenas;

Ya se corrió tal jinete

Porque a la cola no llega;

Otro queda descontento

De sólo dar media vuelta;

Y en el caballo desquita

Su desdicha o su torpeza.

Sucede en tales festejos

Con desgraciada frecuencia,

Que corredores y toros

Inadvertidos tropiezan;

La fiesta se torna en duelo,

Los gritos de gozo en quejas;

¡Cuántos ayes doloridos

Y cuántas profundas penas!

Al corredor desdichado

Lo arropan y lo confiesan

Y luego en tosca zaranda

Su estropeado cuerpo llevan;

Pero en esta hermosa frasca

Ni hubo heridos ni reyertas,

Las caras de gozo llenas

Todos se miran amigos

Y huye lejos la etiqueta.

El corral quedó desierto,

Las chican dejan la cerca;

Formando nubes de polvo

Los concurrentes se alejan,

Y yo tomo fatigado

(Como acaso el lector queda)

Entre jarillas y espinos

El camino de la hacienda.

 

Guillermo Prieto.[1]

Enorme semejanza de estos versos con los que Luis G. Inclán escribiera en 1872 bajo el título de “Capadero en la Hacienda de Ayala”.

Ca. 1855-60.

TRÉPALE QUE ES MANSITO

 

Como después de la lluvia

que destierra la sequía,

parece más lindo el cielo

con cara lavada y limpia,

lloran de placer las ramas,

los sembrados resucitan,

las flores alzan el rostro

saludando al Sol que brilla,

y las corrientes del suelo

se juntan, se arremolinan

y parece que retozan

pereciéndose de risa,

así en Zapotlán pasaba

tras la negra tiranía,

con la lluvia de chinacos

que hizo su poder cenizas…

 

Horita ¡Van a los toros!

Y la plaza se improvisa

con carretas y tablones

y está dialtiro maciza.

 

Forman inmenso cuadrado,

de las carretas las filas,

y dejan al medio un campo

de primor para la lidia.

 

Engalanan las carretas

arcos de ramas, cortinas,

y un celemín de rancheros

y de muchachas bonitas.

Ellos bota de campana

y botonadura rica,

con la camisa bordada

y toquilla de chaquira;

 

Y ellas de enagua encarnada

y lentejuelas que brillan,

rebozo de seda y seda,

redibada la camisa,

y como frescas manzanas

las abultadas mejillas.

 

Pero hay debajo los toldos

mil catrines y catrinas,

con tápalos de burato,

con sus mascadas de la India,

con sus peinetas de gajos

y sogas de perlas finas;

 

Y más arriba del coso

hecho de robustas vigas,

están señores y jefes

que son de primera fila.

Allí estaba el Don Santitos

asomando la carita;

pero a la verdad pelada,

que ninguno en él se fija.

Que unos le conocen muchos,

y otros no le conocían.

 

Y que comienzan los toros,

y empieza la gritería,

que es la salsa de la fiesta,

de peligro y fechorías:

 

Hay sus saltos de garrocha,

capeo de muletillas,

y sus flores delicadas,

y vistosas banderillas;

y hay también sus revolcados

entre palmadas y trisca,

que se alzan atarantados

y corren sin salida…

En esto, que sale un toro

que al redondel ilumina…

Cornicorto, grueso el cuello,

soberbio, ligero, altivo,

eran llamas sus dos ojos,

y era su conjunto lindo,

y era marrajo de genio,

y era muy matrero el bicho;

para la capa, mañoso,

para la garrocha, esquivo,

para el lazo, inconsecuente,

para la cola, tardío…

 

-¡Que lo monten!- grita el pueblo;

y entre zambras y silbidos

que con el toro en la tierra

y le trepan los más listos…

 

Pero uno y otro sucumben

y pierden el equilibrio,

quedando el toro triunfante,

y los toreros corridos…

 

-¡Apriétele ese braguero!-

gritó en lo alto Don Santitos.

Todos el catrín burlaron,

de su audacia sorprendidos…

 

-¡Túmbenlo por aquí enfrente!-

con tono imperioso dijo…

y comenzó la maniobra

del pretal, como previno…

 

-¡Triple vuelta!-…

            -¡Más forzado!-

-¡Así le hiere el codillo!…

-¡Menos abierto ese nudo!…

-¡Ora bueno!…

                        -¡Está bien fijo!-

dijo entonces satisfecho

el catrín desde su sitio.

 

-¿Quién lo monta? –dijo entonces,

y estallaron encendidos

un “¡Móntalo tú!” en mil voces

y entre golpes inauditos…

entonces, con gran calma,

don Santos desciende al circo,

sin ambages, sin espuelas.

Muy modesto y espedido…

se afianza bien, salta al toro,

repite terribles brincos,

y el jinete sube y baja,

pegado cual con tornillos…

se alza, se sienta la bestia.

Culebrea el cuero liso.

y él, en el lomo clavado,

fuerte como un martillo…

 

-¿Quién es ese hombre? –Preguntan

los rancheros más peritos,

y responden orgullosos

los de Morelia aguerridos;

 

-¡Ese es Santos Degollado,

ese es nuestro Jefe invicto!…

-¡Viva el héroe de Zamora!-

-¡Viva, viva Don Santitos!…

Las damas le arrojan flores

los jefes le hacen cumplidos,

y suenan dianas alegres

en el aire conmovido,

el ejército y el pueblo

ensalzan a su caudillo,

mientras Comonfort le abraza

con sincero regocijo.

 

Don Santos a Colima

con mando reconocido;

y Comonfort, justiciero,

le dio el mando de Jalisco,

para bien de nuestra causa

y en premio de sus servicios.[2]

 

Guillermo Prieto.

Romancero Nacional. 

1887

 Un pollo en los toros.

 

Rendido a Baco el matutino culto

con seis cocteles[3] métese a Iturbide;

come, y bebiendo siempre, se decide

a seguir de los Toros el tumulto.

Llega a la plaza, y con semblante estulto

el redondel con la mirada mide,

¡Toroo! con vos aguardentosa pide

y a cada picador grita un insulto

y ¡bruto! a aquel que se salvó de un salto.

Y ronco de gritar como un carnero,

ya de resuello y de vergüenza falto,

al ver un volapié del Habanero,

arroja al redondel su sombrero alto

con una interjección de carretero.[4]

    Seguramente con el tiempo se hallarán algunos otros escritos en la monumental colección de OBRAS COMPLETAS (17 tomos) que CONACULTA editó hace ya algunos años.


[1] Luis G. Inclán. Guillermo Prieto. Reseña de Dos capaderos y algo más… Prólogo de Rosalío Conde. México, ediciones Mundo Charro, 1979. 162 p. (Colección Charrerías, 1)., pp. 145-162.

[2] El Eco Taurino. México, D.F., 19 de enero de 1939, Nº 469. Este verso se encuentra fechado el 7 de marzo de 1894.

[3] Cok-Taill.-Mezcla de jarabe, amargos, cognac y hielo.

[4] Las hijas del Anáhuac. Ciudad de México, 4 de diciembre de 1887, p. 8.

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JOSÉ RODRÍGUEZ “JOSELILLO” CARA A CARA CON “OVACIONES”. 28 DE SEPTIEMBRE DE 1947.

EFEMÉRIDES TAURINAS MEXICANAS DEL SIGLO XX.  

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

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Joselillo en una tienta celebrada justamente en la ganadería de Santín, de donde un día salió Ovaciones, el novillo que le infirió la cornada aquel 28 de septiembre, y cuyo desenlace, 16 días después, conmocionó a la sociedad mexicana durante el mes de octubre de 1947. Fotografía: Carlos González. Col. del autor.

   El Dr. Raúl Aragón López y un servidor venimos preparando de un tiempo a esta parte el libro “Historia de la cirugía taurina en México”. En dicho volumen, queremos plantear cuál ha sido la evolución de dicha especialidad en el tratamiento y recuperación a heridos por cuerno de toro, así como ocuparnos de casos muy concretos, por documentados, sobre todo de aquellos donde puede realizarse una valoración comparativa entre la medicina y la historia. Creo que ese trabajo promete ser una obra de referencia.

   Considerando que hoy, por razones muy particulares se rememoran los 69 años transcurridos en que el sobresaliente novillero recibió una cornada en la ingle derecha, con sección total de la arteria femoral, misma que 16 días más tarde fue causa de la muerte, la efeméride permite evocar a la “…actitud [misma] de Joselillo frente al toro; ese heroico querer que fue la sustancia misma de su personalidad de hombre y de torero; esa inmóvil guardia caballeresca, altiva y resignada, que él levantó siempre, en cada muletazo frene al cementerio del testuz. Esa herencia tremenda y gloriosa de Manuel Rodríguez que Joselillo quiso tomar sobre sus hombros jóvenes con el humilde orgullo y la voluntaria renunciación de quien sabía que con ello tomaba la cruz”, a decir de Carlos Septién García.[1]

   Hasta el momento, la mayoría de las apreciaciones hechas para esta obra (Historia de la cirugía taurina en México), son fruto de una contemplación imaginada, cuyo sustento es la lectura de múltiples obras, periódicos, escritos y testimonios de diversa índole. Para conformar el perfil de cada uno de los protagonistas ha sido necesaria una imparcialidad a la que se le ha marcado la sana distancia con las pasiones encontradas. Y es que un novillero como Laurentino José López Rodríguez, mejor conocido como Joselillo, fue capaz -en su corta aparición en escena-, de provocar batallas campales debido al personal discurso que propuso, basado en una tauromaquia profundamente dramática, escalofriante, donde al parecer se desquiciaban todas las normas de la tauromaquia que quedaban sujetas al riesgo y a la emoción del vértigo.

   Laurentino José López Rodríguez, había nacido en el pueblo de Nocedo de Curueño, provincia de León, España el 12 de julio de 1925. Apenas un adolescente en cierne, llega a nuestro país en el verano de 1932, quien junto con su hermano José Luis atenderían diversos negocios en una tienda de abarrotes. A finales de 1944 Laurentino viste por primera vez el traje de luces en Tepeji del Río, estado de Hidalgo, aunque fuera solo para permanecer la mayoría del tiempo detrás del burladero.

   José, seguramente quiso someter la técnica y la estética con un estilo que iba camino de la madurez, aunque para eso fuera necesario más tiempo, y no pudo ser. Tuvo que ponerse al tú por tú con una buena cantidad de novillos, a los cuales aprovechó hasta donde pudo, empleando métodos poco escolásticos pero convincentes y tanto, que la popularidad de su quehacer y su figura pronto se ganaron lugar destacado en el ambiente taurino mexicano, por el cual pasó en fugaz trayectoria entre los años de 1944 y 1947. Lamentablemente, en la mayoría de sus apariciones, sufría más de un susto o percance, de ahí que Rodolfo Gaona dijera de él: “No le he visto aunque por lo que me han dicho, parecer ser un chico muy valiente, que sin embargo está casi siempre a merced de los toros…”[2].

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Heriberto Lanfranchi: La fiesta brava en México y en España 1519-1969, 2 tomos, prólogo de Eleuterio Martínez. México, Editorial Siqueo, 1971-1978. Ils., fots., T. I., p. 522. La fotografía fue realizada por uno de los integrantes de la entrañable zaga “Mayo”.

   Joselillo estaba absolutamente convencido de lo que quería: convertirse en una gran figura del toreo, aunque para ello le fuera la vida. Y así fue. Cada lance, cada pase elevaban la tensión ya por lo arriesgado, ya por el drama consumado en permanentes percances. Y en medio de esos vaivenes, la alternativa estaba planeándose para que Luis Procuna fuera su padrino, ocurriendo tal acontecimiento en la próxima feria del Señor de los Milagros, precisamente para el 19 de octubre de 1947 en la plaza de “Acho”, en Lima, Perú. Calificado de “fenómeno” en más de una crónica, fue capaz, con su sola presencia de convocar a la afición de diversas latitudes, provocando llenos y pasiones en medio de una trayectoria cubierta de irregularidades, aunque destacando en aquellas donde el triunfo era legítimo. Pero por otro lado, Don Martín, escribía en el Excelsior del 22 de septiembre de 1947:

“Para el sensacional Joselillo hay una exigencia cruel y un ambiente de hostilidad que no se justifica. A su toro lo saludó con verónicas limpias, citando desde largo, y en su faena de muleta hubo destellos de arte, de valentía, de aguante como en esos derechazos profundos y en esas manoletinas en que envolvió todo su cuerpo en caricias de la muerte. Mató de media estocada en todo lo alto y mientras la mayoría aplaudía con fervor, los eternos reventadores chillaban de lo lindo. ¡Cuántos quisieran ver al ídolo ensartado entre los cuernos como un pelele trágico! Pero Joselillo ya está aprendiendo el oficio y no quiere ser carne de enfermería”[3].

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Heriberto Lanfranchi: La fiesta brava en México y en España 1519-1969, 2 tomos, prólogo de Eleuterio Martínez. México, Editorial Siqueo, 1971-1978. Ils., fots., T. I., p. 523. La fotografía fue realizada por Carlos González, justo cuando más que el diagnóstico, la sonrisa del torero, insinuaba que el riesgo quedaba atrás.

   El percance del 28 de septiembre de 1947 en la plaza “México”, cuando Ovaciones de Santín le infirió una cornada fue en principio muy grave. El buen desempeño del cuerpo médico lo ponían lejos de todo peligro, aunque no los dejara tranquilo la presencia de una infección mayor. Los días de recuperación pasaron sin mayores complicaciones. Lamentablemente una complicación cardiaca segó amargamente la ilusión del toreo y de la afición en un momento que esta seguía padeciendo las tremendas sacudidas que estaban ocasionando las recientes muertes de Manolete y de Carnicerito de México, presencias las dos que no era posible aceptar como ausencias de una manera tan violenta, tan rápida, sin permitir tomarse apenas un respiro, y ahora un nuevo golpe llegaba con la noticia amarga de que Joselillo también se marchaba el 14 de octubre, cerrándose de momento aquel martirologio.

   En rigor, sufrió una tromboembolia pulmonar, lo que hoy se controla con medias antitrombóticas que hacen una compresión de los vasos sanguíneos para que la sangre circule correctamente. Además, se aplican medicamentos llamados anticoagulantes.

   En su figura más bien delgada se agitaba no un guerrero. Más bien todo un ejército, dispuesto a mantenerse en la línea de fuego. Que una acción más rápida del enemigo obligara esa terrible derrota, pudiera parecer un acto normal en medio de lo que para muchos es simplemente la guerra.

   ¿Dónde empieza y dónde termina la tragedia de este novillero envuelto en el velo del más absoluto de los misterios?

¡Precisamente aquí, en el testimonio de unas imágenes, las pocas que sobre él existen (como por ejemplo las que se incluyen en el largometraje “Torero”) y que nos dan apenas vaga idea de la puesta en escena de aquello que se debatía entre saborear sus alardes y sufrir sus temeridades, las que lo llevaron hasta el sacrificio último para convertirlo en la figura rota de una mitología taurina que sigue evocándolo…

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Heriberto Lanfranchi: La fiesta brava en México y en España 1519-1969, 2 tomos, prólogo de Eleuterio Martínez. México, Editorial Siqueo, 1971-1978. Ils., fots., T. I., p. 523. Fotografía, Carlos González. José Luis López Rodríguez, hermano de “Joselillo” llora al pie del lecho mortuorio después de haber sufrido una tromboembolia pulmonar.

  Joselillo, a los 69 años de aquel percance y su desafortunada desaparición sigue siendo un icono entrañable, a pesar de lo fugaz y efímero de su presencia, y de que se convirtió -lamentablemente- en una esperanza frustrada.


[1] Carlos Septién García (seud. “El Tío Carlos – El Quinto”): CRÓNICAS DE TOROS. Dibujos de Carlos León. México, Editorial Jus, 1948. 398 p. Ils., p. 323.

[2] José Ramón Garmabella: Joselillo. Vida y tragedia de una leyenda. México, Panorama, 1993. 168 pp. Ils., fots., p. 137.

[3] Op. cit., p. 136.

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LA IRRUPCIÓN DE ANTITAURINOS EN LA PLAZA “MÉXICO” y UNA LECCIÓN HISTÓRICA. (II).

EDITORIAL. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   La presencia de lo sobrenatural ha privilegiado a la tauromaquia, al punto de que esta se convierta en la suma de diversos misterios, revelados las más de las veces con uno de los factores más claros y contundentes: el sacrificio y muerte de un toro[1] y que hoy lo mismo asombra que causa polémica, dada la naturaleza de nuestra sociedad, la cual se debate en múltiples ideologías, formando un complejo enredo que entra en confrontación permanente. Religiones y creencias, usos y costumbres se ponen en duda mientras el mundo todo intenta evolucionar (¿o involucionar?).

   Vuelvo a Graulich quien afirma, amparado en Platón:

   (…) Los dones son agradecimiento, reconocimiento de estatus, “el cuidado […] que los esclavos dan a sus amos”, pero también “homenajes, honores y […] una manera de resultar grato” (Platón, Eutifrón, XV, VIII) para merecer recompensa. Do ut des, “doy para que me des”. “Aquí tienes la mantequilla, ¿dónde están tus dones?”, dice el ritual védico.y Sócrates: “Sacrificar ¿no es darles presentes a los dioses; y rezar, pedirles algo?” (Platón, Eutifrón, XIV).[2]

   La fuerte carga de elementos rituales de que consta concebir la tauromaquia en cuanto tal es, hoy día el centro de una de las discusiones que refieren, por parte de sus oponentes el argumento de tortura.[3] A lo largo de muchos siglos, esa condición ha imperado como factor de sometimiento entre los hombres. En todo caso, lo que va a suceder con los animales proviene de otras causas –hoy confundidas gracias a una mala interpretación, e incluso a la excesiva presencia de eufemismos que van generando una mala lectura de las cosas. Me refiero, y no puede ser otra la razón que al sacrificio. Y el sacrificio, como ofrenda de vida-alimento de lo capturado en la caza o en la guerra, procede entonces del don. Veamos en ese sentido que el “don”

En el dominio religioso es un instrumento extremadamente valioso porque, como don, puede presionar a los que supuestamente controlan la marcha del universo, y el mayor sacrificio, el sacrificio humano, puede desde ese momento ser visto como el esfuerzo más patético del hombre para controlar su ambiente y el universo.

   No obstante, el sacrificio ocupaba un lugar aparte por tratarse de seres vivos ejecutados. Esto le confería un valor particular y además llegó a engendrar especulaciones que en ciertos casos lo hacían salir de la categoría del sacrificio-don en sentido estricto.[4]

   El hombre involucrado con la evolución consideró, entre otras cosas, que la culpa se puede pagar con objetos de sustitución exteriores al culpable, ofrendas y, mejor aún, sacrificios de animales o de hombres, que desempeñan el papel de símbolos expiatorios. (Graulich, El sacrificio humano…, 40). Es decir, se fueron distinguiendo una serie de condicionantes relacionadas con la dimensión no solo de diversos actos en los que estuviesen relacionados los hombre entre sí, sino también de factores externos y naturales causantes de una mayor urgencia para obtener dones o superar circunstancias extremas (inundaciones, sequías, plagas, etc.).

   Muchos pueblos antiguos, entre ellos los aztecas, siempre consideraron al Sol como fuente de todas las fuerzas vitales. En ese sentido, vuelvo de nuevo con Graulich: “Los aztecas son el pueblo del Sol: se encargan de guerrear para alimentar al astro; son los colaboradores del Sol, pues luchan de su lado, el del bien, contra las fuerzas de las tinieblas y del mal” (Op. Cit., p. 43).

   Es decir, que justo en tiempos en que dicho imperio se iba consolidando,[5] y obligados por esa necesidad de dominio, predominio y control sobre otros grupos, construyeron elementos de la cosmogonía que permitieron alentar andamiajes hegemónicos, pero también la mitología con lo que fue posible pasar de la ideología a la materialización concreta, entre otras cosas, del sacrificio humano.

   Esta y otras condiciones fueron el conjunto de escenarios con que los conquistadores españoles se encontraron a su arribo justo el 8 de noviembre de 1519 a la ciudad de México-Tenochtitlan, sin embargo, los hispanos ya se encontraban en estas tierras desde abril de aquel mismo año.

   Para entender el proceso bélico que derivó de las diversas hostilidades generadas por uno y otro bando, conviene tener al alcance una serie de fechas claves, reunidas en la siguiente Cronología de la conquista.[6]

 Año de 1519

21 de abril – Cortés llega a la Isla de Cozumel, procedente de Cuba.
22 de abril – Fundación de la Villa Rica de la Vera Cruz en Chalchicueyecan.
24 de abril – Cortés se reúne por primera vez con los embajadores de Moctezuma.
15-25 de mayo – Creación del primer cabildo español en la Villa Rica.
1-3 de junio – Viaje a Cempoala, alianza con los zapotecas y traslado del cabildo a Quiahuiztlan.
Julio – Quema de las naves españolas.
16 de agosto – Parte la expedición de conquista hacia México-Tenochtitlan.
18 de agosto – Paso por Xalapa.
1-10 de septiembre – Combates con los tlaxcaltecas
16-18 de octubre – Matanza de Cholula
3 de noviembre – Paso por Amecameca.
8 de noviembre – Arrivo a Mexico-Tenochtitlan.
14 de noviembre – Prisión de Moctezuma.

Año de 1520

10 de mayo – Salida de Cortés a Cempoala, al encuentro de Pánfilo de Narvaez.
15 de mayo – Matanza del Templo Mayor, se inician las hostilidades armadas con los mexicas.
24 de junio – Cortés vuelve a Mexico-Tenochtitlan.
30 de junio – Derrota de la Noche Triste y retirada de los invasores.
7 de julio – Batalla de Otumba
8 de julio – Regreso a Tlaxcala.
Julio-octubre – Cortés reafirma alianzas, recibe refuerzos considerables y prepara su regreso a Tenochtitlan.
30 de Octubre – Cumpleaños 35 de Córtes.
25 de Noviembre – Cuitlahuac muere de viruela. Lo sustituye Cuauhtémoc.
Diciembre – Se prepara el asalto a Tenochtitlan y se realizan matanzas en los pueblos aledaños al lago.

Año de 1521

Enero-abril – Cortés duplica el número inicial de guerreros.

Marzo – Se terminan en Tlaxcala las 12 embarcaciones que Cortés necesita para asaltar la isla de Tenochtitlan.
16 de abril – Los ejércitos invasores entran a Xochimilco.
30 de mayo – Da inicio el asalto y asedio a Mexico-Tenochtitlan.
13 de Agosto, captura de Cuauhtémoc, matanza de Tlatelolco y fin de la guerra.

   En la próxima entrega, se hará un profundo análisis sobre lo que significó el encuentro de dos culturas, en principio diametralmente opuestas pero donde una y otra ejercieron, por vía de la guerra sus más avanzadas estrategias.

CONTINUARÁ.

27 de septiembre de 2016.


[1] Esto nos remite a la antigua práctica que el hombre ha sostenido con distintas especies animales ya sea para sobrevivir o para domesticar.

   “Sacrificio” (Enciclopedia Universal Ilustrada, T. 52, p. 1159): Ofrenda a una deidad en señal de homenaje o expiación. // Fig. Acto de abnegación inspirado por la vehemencia del cariño.

   Sacrificio cruento: Inmolación de una víctima ofrecida a la divinidad.

   Sacrificio cruento o con sangre, llámanse aquellos que se ofrecían con efusión de sangre de animales, ya que Dios, como él mismo dice, dio la sangre como medio de expiación. Las víctimas que podían sacrificarse eran solo los animales llamados puros o aptos para los sacrificios, que son los que se indican en el sacrificio de Noé (Gén., 8, 20) y se expresan en el de Abraham (Gén., 15, 9). Estos, a no ser que en casos especiales se determinase otra cosa, podían ser de cualquier sexo o edad, pero solamente de cinco clases o especies, entre otras el buey o vaca o becerro, carnero u oveja o cordero, macho cabrío, cabra o cabrito (…).

[2] Op. Cit., p. 38.

[3] Ellos, los que se oponen, emplean palabras como “crueldad”, “tortura”, “sacrificio” desde unas connotaciones verdaderamente extremosas, por no decir que tendenciosas, contando para ello su credo, que a veces raya en lo intolerante.

   Ahora bien, me parece en todo esto que la razón básica de la diferencia ha creado, desde muchos siglos atrás, la más importante de las razones en la que se establecen posiciones, criterios, creencias, ideologías y demás aspectos que han permitido a las sociedades mantenerse en esa permanente situación de conflicto, más que de acuerdo. Cuando todos esos elementos se integran en la dinámica que establecen los tiempos que corren, sucede que sus individuos asumen diversas posiciones, hasta llegar a unas condiciones tan específicas como heterogéneas que acaban siendo muy particulares. Cuando se ha llegado a estos puntos, es porque ya no se tolera al otro y hay que atacarlo. Incluso destruirlo.

   En los toros sucede algo así.

   Más que decodificar, necesitamos entender en su verdadero contexto los términos, palabras y expresiones usadas para descalificar o devaluar el sentido de una corrida de toros. Veamos qué significan al menos dos de esas palabras: “tortura” y “sacrificio”.

   “Tortura” en la Enciclopedia Universal Ilustrada, T. 62. p. 1556 nos remite al sentido del: Dolor, angustia, pena o aflicción grandes.

TORTURA. Der. V. Tormento.

TORTURA. Hist. V. Tormento.

   Del lat. Tormentum. Acción y efecto de atormentar o atormentarse. Angustia o dolor físico. Dolor corporal que se causaba al reo contra el cual había prueba semiplena o indicios para obligarla a confesar o declarar.

   El tormento –en cualquiera de sus expresiones para conseguir su propósito-, era una prueba y medio para descubrir la verdad, decían los defensores de la tortura; pero, realmente era una prueba sumamente inútil y desigual, en la que siempre el inocente perdía y el delincuente podía ganar; porque, o confesaba el inocente, y era condenado, o negaba, y después de haber sufrido el tormento que no merecía, sufría una pena extraordinaria que tampoco merecía.

[4] Graulich, Ibidem, p. 38.

[5] Consolidación que se alcanza según todo parece indicar en una primera etapa (1375),  justo en los momentos en que los mexicas escogieron a su primer rey, Acamapichtli. En 1427 los aztecas vencen a los tepanecas y se consolida la triple alianza –México-Tenochtitlan, Texcoco y Tlacopan- de la que se esperaba gobernaría el Imperio azteca hasta el final..

   Llegado el momento en que Ahuizotl ocupó el trono (1487), este tuvo el deseo de demostrar cuán fuerte podía ser el imperio que encabezaba, por lo que para inaugurar el templo principal en México-Tenochtitlan fueron sacrificados, en tres o cuatro días unos 80,400 guerreros.

[6] Datos que provienen de: http://conquistamex.blogspot.mx/2006/11/cronologia-de-la-conquista.html

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LA IRRUPCIÓN DE ANTITAURINOS EN LA PLAZA “MÉXICO” y UNA LECCIÓN HISTÓRICA.

EDITORIAL. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Los antitaurinos tuvieron, hasta hace poco, el propósito de llevar a cabo manifestaciones a las afueras de la plaza de toros “México”. Se les veía y escuchaba con actitud respetuosa por parte de los aficionados que asistimos a dicho espacio donde es posible presenciar una representación festiva denominada tauromaquia. Sin embargo, la tarde del 25 de septiembre de 2016, su desplazamiento alcanzó los tendidos del coso capitalino.

   Dado el aviso de la autoridad para dar inicio al espectáculo, aquel grupo de más o menos 50 personas comenzó a lanzar gritos de reclamo y protesta que derivaron en la necesaria presencia de la policía, misma que se encargó de retirarlos entre la no menos importante actitud de los asistentes que se vieron impulsados a defender un territorio cada vez más cuestionado por parte de aquellos que, defendiendo una causa –que respetamos pero que no compartimos-, pretenden imponer por vía de un discurso, “su discurso”. Es decir, que me refiero al de ciertas ideas que no se corresponden con la realidad, a menos que sea necesario entrar en materia antropológica e histórica (y si cabe la posibilidad lo será en términos de la filosofía, la sociología y otras ramas del saber), como es el caso en esta colaboración. Minutos más tarde de aquel altercado, las cuadrillas partieron plaza y, a la mitad del desfile surgió un peculiar grupo de niños, acompañados por sus padres, corroborando que la presencia infantil en la plaza no es, por ningún motivo para forjar asesinos en potencia. Sería, en todo caso condicionante –de parte de los contrarios-, el hecho de afirmar que un niño en la plaza de toros es un formativo de la violencia canalizada, instrumentación perfecta en y para la ideología animalista o cosa por el estilo, pero siempre con propósitos e información que ponemos en duda.

   Sabemos que desde el momento en que el hombre dio forma a aquella condición denominada “sociedad”, se creaban también una serie de factores en los que se forjaron diversos aspectos que permitirían evolucionar ese esquema de su estadio más primitivo a otro u otros, hasta llegar al que actualmente impera en este mundo globalizado.

   Para ello, han tenido que transcurrir miles de años donde grupos más cohesionados tuvieron que dominar a otros por vía de la fuerza o de las ideas. Entre estas, hay dos expresiones que llaman poderosamente la atención. Una es la domesticación de animales, plantas y peces. La otra, tiene que ver con lo ritual, aspecto que involucra la creación de diversas creencias o religiones así como de su correspondiente cosmovisión, es decir, una manera de interpretar, de comprender el mundo.

   Veamos primero este aspecto desde una mirada antropológica.

   Aquel propósito entretejió una complicada red de fundamentos (e incluso de fundamentalismos) en los que bajo el principio en el que se entendían los ciclos agrícolas, vinculados con la presencia solar, y desde luego todo aquello que implicaba las que para nosotros son la presencia de cuatro estaciones al año. Para esos hombres y con ciertos misterios por resolver, Michel Graulich apunta que

Mary Douglas [establece en Purity and Danger. Concepts of Pollution and Taboo. Routledge, Nueva York, 1971] ha llamado [cuando se refiere a entidades como los montes, las aguas, fuentes, desfiladeros, árboles, animales salvajes y serpientes, al Sol, la Luna, las estrellas, las nubes y los aguaceros, en suma a toda la creación y a todos los dioses] a esto el pensamiento precopernicano: así como para el hombre de las sociedades tradicionales el Sol parece subjetivamente girar alrededor de la Tierra, así el universo en su totalidad parece habitado por intenciones y voluntades dirigidas a él. Desde ese momento se trata de que el hombre establezca comunicación con las cosas sobrehumanas o sobrenaturales para obtener favores, controlarlas, controlar gracias a ellas, acceder a ellas. Los medios de esta comunicación son los mismos que los de la comunicación entre los hombres y, más precisamente, de los hombres con sus superiores o sus enemigos: la palabra para rezar, saludar, alabar, halagar, implorar, preguntar, someterse, reconciliarse, consagrar, dialogar y actos como los gestos de expiación, de saludo, de postración, el don, las purificaciones (con agua, sangre, fuego…), los ascensos (de montañas naturales o artificiales, de mástiles o de postes, de escaleras) que nos acercan a la divinidad, la comida de comunión que une a hombres y dioses, la danza, el trance, que permite participar aún más en lo sobrehumano. Por otro lado, también están las privaciones (ayuno, continencia) que, como los dones, piden igualmente favores, además de facilitar e incrementar la parte espiritual e inmaterial en cada uno.[1]

En dicha panorámica parece encontrarse la génesis de aquellos propósitos en los que el hombre estableció condición, símbolo e incluso desenlace y que operaron bajo un complejo proceso que devino ritual.

   Y el ritual en la Tauromaquia, está metido hasta la entraña.

   Incluso, circunstancias bélicas como la actual guerra sostenida por el Estado Islámico o las protestas raciales en Charlotte (E.U.A.), la guerra en Alepo, desplazados y refugiados tienen de fondo implicaciones de esta naturaleza mezclada, inevitable ya, con el amargo elemento de la guerra. Sea por razones ideológicas, religiosas e incluso por aspectos raciales o de color, pero siempre habrá un dominante sobre un dominado.

CONTINUARÁ.

27 de septiembre de 2016.


[1] Michel Graulich: El sacrificio humano entre los aztecas. Trad. De Julio Camarillo. 1ª ed. en español. México, Fondo de Cultura Económica, 2016. 477 p. (Sección de Obras de Antropología), p. 36.

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SOBRE JUAN DE DIOS PEZA.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO, y OTRAS NOTAS DE NUESTROS DÍAS. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

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Colección del autor.

   De este autor memorable (1852-1910), sólo se sabe en forma general de su gran producción poética, típicamente romántica y nacionalista. Esta se divide en cuatro grandes grupos, a saber:

Hogar y patria: Cantos del hogar; Romances; Leyendas, tradiciones y Monólogos.

El arpa del amor: Horas de pasión; El arpa del amor; Musa de viaje.

Recuerdos y esperanzas: Poesías; Romances nacionales y Monólogos.

Flores del alma y versos festivos.

   A su vez, una buena parte de la obra de Peza está en prosa. De ella son de particular interés los Panoramas literarios, sus Memorias, reliquias y retratos (1900), y los Recuerdos de mi vida (1907) que conservan datos muy importantes para la historia literaria de México.

   Pues bien, este gran autor mexicano, gloria de las letras nacionales, también tuvo algún tiempo para dedicarlo a unos versos taurinos, muy arraigados a la expresión popular, pero con las normas vigentes dentro de lo establecido por la academia.

   En El Correo de los Toros, aparece un poema más del eximio autor mexicano Juan de Dios Peza.

Ca. 1888

MATAR Y MORIR

 

¡Terrible fatal instante!

El bicho ya va a morir

quiere con furia embestir

y está el matador delante.

Un pase… dos… otro más

y otro porque así conviene

y listo el diestro va y viene

adelante y atrás.

Sigue la brega: atención;

en redondo tres iguales

y luego dos de telón.

La gente se desespera

y en los tendidos se agita

y algún chulo que grita

¡Está de Dios que no muera!

En frente del matador

muy serio y muy enfadado

y en la barrera sentado

mira el coso y gran actor.

Con gesto de rabia y susto

cansado de ver la brega

su estentórea voz desplega

en un grito de disgusto…

¡Cobarde, cíñete allí

¡no saltes como gazapo!

¡Mandilón extiende el trapo!

¡Vamos… no corras así…!

¡Se nos acaba la tarde!

¿Y para esto hicimos los gastos?

¡Quítate, deja los trastos,

métete a cura, cobarde!

Volvió el rostro el matador

que de rojo figuraba

y así dijo al que gritaba,

al mismo y renombrado actor:

“En el teatro yo sé

morir de mentirijillas,

aquí muere de chipé…

Cambiaremos las costillas

compare ¿qué dice uste?

Esto en caló de la corte

casi equivalió a decir:

“Non es lo mesmo morir

que parale de la morte”[1]


[1] El Eco Taurino, Nº 429 del 14 de enero de 1937. Col.: Julio Téllez García.

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NOTABLE ACTUACIÓN DE “EL MESTIZO” EN TOLUCA, EN SEPTIEMBRE DE 1885.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO, y OTRAS NOTAS DE NUESTROS DÍAS. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

Va de notas taurinas que provienen de mi “Anuario Taurino Mexicano del año 1885”, mismo que pueden ustedes apreciar en su totalidad si acceden al portal “MéxicoMío” de mi buen amigo Oskar Ruizesparza (véase: http://www.mexicomio.com.mx/index.html). En seguida, y en el “Menú principal” aparece poco más abajo la cejilla “Grandes Plumas”. En ella, aparecemos cuatro autores. Si usted da “clic” en José Francisco Coello Ugalde, podrá encontrar esta dirección: http://www.mexicomio.com.mx/html/libros.php?f=4775434/10569544&cat=c. Así podrá acceder al documento arriba mencionado.

PLAZA DE TOROS DE TOLUCA. 16 de septiembre de 1885. Escogidos toros de la antigua hacienda de Atenco!! De cinco a seis años de edad.  La prensa, originalmente anunciaba bajo la condicionante de que “Tal vez trabaje en esta corrida el aplaudido diestro Juan León “El Mestizo”, sin embargo el cartel quedó integrado de la siguiente manera:

Cuadrilla mexicana capitaneada por el diestro matador José María Hernández. Toro embolado.

   Tal festejo, según lo reseña El Diario del Hogar, D.F., del 19 de septiembre de 1885, p. 3, indica que no fue la tarde del 16, sino la del 17 cuando se celebró el festejo. Agrega que

   La novedad del espectáculo consistía en que el afamado torero Juan León El Mestizo, haría por primera vez su presentación ante aquel público tan aficionado al arte de Cúchares y Pepe Hillo.

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   Según nuestras noticias, la corrida estuvo espléndida, quedando los concurrentes sumamente satisfechos, tanto del ganado de Atenco, como de la cuadrilla lidiadora.

   En el Diario del Hogar, del 9 de agosto de 1885, p. 5 y 6 se publicaron las siguientes noticias:

revista-taurina

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PLAZA DE TOROS EN TOLUCA. 17 y 19 de septiembre de 1885. Juan León “El Mestizo” lidiando toros de Atenco.

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PLAZA DE TOROS EN TOLUCA, MÉX. 20 de septiembre de 1885. Sorprendentes novedades! Maravillosas y lucidas suertes en las banderillas! Ejecutadas por el inimitable Juan León (a) “El Mestizo”. Cuatro escogidos toros de la antigua hacienda de ATENCO. Banderillas CON LOS PIES dentro de un aro de media vara. Toro embolado para los aficionados.

   Además, intervinieron José María Hernández, su hermano Felipe y Antonio Antunes el “Tovalo” o “Tobalo”.

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   Sin embargo, lo más destacado de aquel interesante torero español fue haber ejecutado una suerte que llamó poderosamente la atención. Aunque no ha sido posible localizar el retrato que corresponde al momento en que el español posa para la cámara, aquí muestro otra de las suertes practicadas por el mismo torero.

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No es precisamente la imagen que daría sentido a estas líneas, pero la ilustración es otra de las suertes que ejecutó Juan León “El“Mestizo” por aquellos años.

   Corría la segunda quincena del mes de septiembre de 1885. En la ciudad de Toluca todo era expectación pues entre los festejos que fueron celebrándose hubo uno, justo el que se desarrolló el 17 y donde intervino, entre otros, el diestro español Juan León “El Mestizo”, quien ya era conocido en plazas como las del estado de México (el Huisachal, Cuautitlán, Texcoco y Tlalnepantla), Puebla, Veracruz y Orizaba. Y la nota de la prensa divulgaba con entusiasmo el hecho de que “El Mestizo” ejecutó las siguientes suertes: cambio de rodillas con el capote, cambio a cuerpo descubierto, banderillas al quiebro y banderillas de frente hasta llegarle a la cabeza del toro.

   No conforme con aquellas demostraciones, el propio torero quedó anunciado para la tarde del 20 de septiembre siguiente (es decir hace 131 años cabales cumplidos ayer), en donde el cartel, ese valioso documento que mostraba, con lujo de detalles las que serían una serie de suertes y representaciones, junto con la ilustración que lo enriquecía más, indica lo siguiente:

¡SORPRENDENTES NOVEDADES!

¡Maravillosas y Lucidas Suertes en las Banderillas!

EJECUTADAS POR EL INIMITABLE JUAN LEÓN (A)

EL MESTIZO.

   Y poco más adelante el propio documento nos dice en qué consistían dichas suertes…

ORDEN DE LA FUNCIÓN

1° Entre doce y una del día el paseo recorrerá las principales calles de la ciudad.

2° A la una de la tarde se abrirán los expendios y puertas de la plaza

3° Desde las tres, la música tocará escogidas y varias piezas

4° A las tres y media previa orden de la autoridad, se presentará la cuadrilla a pedir el permiso de costumbre

5° Se lidiarán a muerte CUATRO ESCOGIDOS BICHOS de la mencionada HACIENDA DE ATENCO.

   EL MESTIZO pondrá un lucido par de banderillas, con los Pies dentro de un aro de media vara de diámetro.

6° Después del arrastre del último toro de lid, saldrá un toro a propósito para que se diviertan los aficionados a mediar el suelo con las costillas (Es decir, se trataba del “Toro Embolado”).

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Detalle del cartel…

   Pues bien, Juan León incluía otra de esas suertes prácticamente desconocidas entre los espectadores a la tauromaquia, acostumbrados a otras tantas igual de fascinantes, justo en una época en que se prodigaban los nuestros a pie o a caballo.

   Así que con dichas curiosidades o extravagancias, algunos toreros hispanos y durante aquellos años clave, previos a la consumación de la “reconquista vestida de luces” lucieron sus habilidades; sorprendieron con suertes que fueron bien vistas y aceptadas por los públicos en aquellas provincias donde se realizaban festejos taurinos. Vale la pena recordar Recordemos que para 1885, las corridas de toros seguían prohibidas en la ciudad de México.

   Criticado en su propio país por no tener una idea precisa sobre la tauromaquia, Juan León emigró a América, y fue en nuestro país donde encontró espacio para demostrar lo poco o mucho que sabía sobre el oficio. Al parecer no le fue tan mal, aunque ese paso fue efímero.

   Tiempo más tarde, y durante el mismo año, fue a Venezuela, donde falleció.

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