LA VERÓNICA DE GAONA.

REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Gracias a la fascinante herramienta que nos ofrece la página de internet http://www.bibliotoro.com/index.php, podemos acceder a “Impresos digitalizados”, donde nos encontramos con esta especie de telón a punto de levantarse…

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   Agradezco desde aquí la labor, tanto del Dr. Marco Antonio Ramírez, propietario e impulsor del “Centro Cultural y de Convenciones Tres Marías” (en Morelia, Michoacán), como del señor Salvador García Bolio, responsable de la biblioteca, y cuyas iniciales hoy dan nombre a dicho repositorio: GARBOSA. Del mismo modo, también este agradecimiento comprende la labor de José Moisés Ponce Domínguez, joven estudiante que ha adquirido la experiencia como bibliotecario, atendiendo a los usuarios “in situ”. Lo anterior también proviene de hacer extensivo el hecho de que, en buena medida, tal colección biblio y hemerográfica dan sustento al que es mi proyecto de tesis doctoral: “LOS IMPRESOS y DOCUMENTOS TAURINOS EN MÉXICO. SIGLOS XVI AL XXI. (EL CASO DE DOS BIBLIOTECAS y HEMEROTECAS TAURINAS: MADRID y MORELIA)”, mismo que vengo realizando como estudiante en el colegio de Bibliotecología y Estudios de la Información, adscrito a la Facultad de Filosofía y Letras de la U.N.A.M. La titulación está planeada para el segundo semestre de 2018.

   Pues bien, todo lo anterior es una de muchas razones para decir sobre lo valioso que resulta en estos momentos “acceder” a información que hasta hace un tiempo resultaba impensable. No se puede afirmar que hoy día internet lo tenga todo. Creo que esa sería su propósito, pero definitivamente pasará mucho tiempo para que tal empeño se cumpla a cabalidad. En todo caso, contamos ya con una serie de elementos que, como el que habrá de comentarse en seguida, es resultado de esa intención la cual pretende acercarnos a otras tantas piezas del complejo con el que ha ido siendo posible configurar el discurso de un proceso histórico tan particular como la tauromaquia misma.

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Disponible en internet septiembre 16, 2016 en:

http://www.bibliotoro.com/digital.php?nt=124&s=80&palabras=#top

   Felix Miret, al igual que otros fotógrafos extranjeros, tal el caso de C. B. Waite y Winfield Scott, realizaron un trabajo que comprendió varias aristas de la vida de muchos mexicanos de hace poco más de un siglo. Sus ojos abarcaron lo mismo a la élite porfiriana que a las capas sociales marginadas. En ese sentido, la fiesta de los toros no les fue ajena, e incluso se dejaron fascinar por la misma, de tal forma que el resultado es una serie de registros que hoy día podemos admirarlos en diversas fuentes y soportes, incluyendo el electrónico o digital.

   En esta postal, es posible apreciar la arrogancia, de un Rodolfo Gaona que ya, para esos momentos en que fue registrada (esto durante la temporada taurina de 1909-1910), el futuro “Pontífice” afirmaba su presencia a partir de una bien aprendida y aprehendida lección que asimiló de las duras enseñanzas impuestas todavía por el que era su tutor espiritual: Saturnino Frutos “Ojitos”.

   Y es que lo que legaba el viejo banderillero español era un conocimiento, la amplia experiencia que hizo suya cuando formó parte de aquellas cuadrillas encabezadas por Salvador Sánchez “Frascuelo” y Rafael Molina “Lagartijo”. Aquel estaba dotado de una capacidad técnica inmejorable. Este, de la estética sin par. De ese modo, “Ojitos” tras el viaje en el que se integró a la cuadrilla de Ponciano Díaz, y decidir quedarse en nuestro país, lo que logró fue establecer una escuela de tauromaquia, misma que fue una realidad en León de los Aldamas, punto desde donde surgiría aquella “Cuadrilla juvenil mexicana”, entre cuyos alumnos más sobresalientes estaba ese muchacho que respondía al nombre de Rodolfo Gaona Jiménez.

   Diseminada aquella experiencia, la cual bebió Gaona como si hubiese ido a un manantial sagrado, el resultado fue esa serie de imágenes que moldearon a un torero que se sabía heredero natural de aquellas clásicas expresiones transmitidas gracias al puente de comunicación establecido por Saturnino Frutos y que se concretó en esa dimensión capaz de traspasar fronteras nunca antes previstas, con lo que para José Alameda quedó resuelto en aquella sentencia donde terminó considerándolo como un “torero universal”.

   La “verónica” que quedó perpetuada en esta imagen, además de poseer el rancio sabor de lo antiguo, desvela el impecable toque de la gracia, donde al estilo de la época, hace poco más de un siglo, concibió ese lance tal cual estaba indicado en tauromaquias como la de “Pepe-Hillo” o la de Francisco Montes; perfeccionadas por “Lagartijo” y “Frascuelo”; y luego superadas en sus propias manos.

   Hacer reseña de este solo lance nos puede llevar por el sendero donde podría caerse en el riesgo de los eufemismos, cuando es una la razón que nos detiene para degustarla. Gaona con el capote fue capaz de esto y más, que ya le conocemos esas virtudes, mismas que puso en práctica durante todo su “imperio”.

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