500 AÑOS DE TAUROMAQUIA EN MÉXICO. EL SIGLO XIX MEXICANO. (XI). PARTICIPACIÓN DEL GANADO BRAVO DE ATENCO DURANTE EL SIGLO XIX MEXICANO Y LOS PRIMEROS AÑOS DEL XX. (1815 – 1915).

500 AÑOS DE TAUROMAQUIA EN MÉXICO. EL SIGLO XIX MEXICANO. (XI). PARTICIPACIÓN DEL GANADO BRAVO DE ATENCO DURANTE EL SIGLO XIX MEXICANO Y LOS PRIMEROS AÑOS DEL XX. (1815 – 1915).[1]

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

JUSTIFICACIÓN A ESTE APARTADO.

   Habiendo iniciado esta fascinante aventura allá por 1985, cuando me di cuenta de la importancia que cobraba día a día el protagonismo de tres historias entrelazadas: la hacienda de Atenco, Bernardo Gaviño y Ponciano Díaz, hoy, a 25 años de haber realizado ese “periplo”, tengo muy claro diversos aspectos que pretendo desarrollar aquí como un balance de todo ese quehacer. Fue necesario para ello realizar una exhaustiva revisión a diversas fuentes y luego, ya con todos los datos reunidos al respecto, concebir tres diferentes trabajos[2] que quedan concluidos de manera definitiva. Y lo digo así, contundentemente, puesto que puedo afirmarlo sobre el hecho de haber reunido si no toda, al menos sí la mayoría de la información que me permitiera generar una serie de conclusiones al respecto.

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Vista de Atenco N° 6. Col. del autor.

   En el caso particular aquí planteado, tengo que establecer algunos parámetros que permitan entender la dinámica a que fue sometida la rigurosa reunión de datos, misma que, por razones de ajuste viene a integrarse como un capítulo más de la tesis doctoral, no previsto en su idea original; más bien como un agregado posterior, alterando, pero enriqueciendo al mismo tiempo dicha investigación.

   Nunca imaginé que, como resultado de tan acuciosa revisión, tuviese reunido más de un millar de informes sobre la presencia de esta hacienda ganadera en el periodo 1815-1915, por lo que me parece oportuno presentar a continuación algunos aspectos interpretativos.

   A este trabajo podría denominarlo también como “… de los mil… encierros de Atenco”, como si me refiriera a la genial octava sinfonía “De los mil”[3] de Gustav Malher, monumental en sí misma, y que así se conoce por el hecho de que debe ser interpretada por 850 cantantes y 171 instrumentos que constituyen el gran orgánico que merece considerarla así.

   En el balance general que debo plantear, existe un importante conjunto de condicionantes que nos van a permitir entender la dinámica de esta hacienda ganadera misma que, por su capacidad primero. Y por su extensión después, (incluyendo los diversos conflictos que enfrentó), la capacidad para cumplir con todos y cada uno de los compromisos establecidos, mismos que aquí se relacionan.

   A lo largo de esta complicada revisión, entre bibliográfica y hemerográfica, sin dejar de incluir la del documento de archivo, carteles o impresos, puedo adelantar el siguiente balance:

1.-Que de una primera etapa de revisión hecha entre 1985 y 2006, se contaba únicamente con los datos reunidos en la tesis doctoral, además de aquellos tomados de las biografías de Ponciano Díaz Salinas y Bernardo Gaviño y Rueda. Para entonces, uno y otro mostraban los siguientes números:

De la tesis doctoral: 523 encierros.

Bernardo Gaviño: 532 festejos, de los cuales, 322 correspondían a ganado de Atenco;

Ponciano Díaz: 352 festejos, de los cuales, 35 correspondía a ganado de Atenco.

   Hoy día, en este último balance, el resultado es como sigue:

De la tesis doctoral: 1177 encierros (mismos datos que se encuentran reunidos en el presente trabajo);

Bernardo Gaviño: 725 festejos, de los cuales, 391 corresponde a ganado de Atenco;

Ponciano Díaz: 713 festejos, de los cuales, 75 corresponde a ganado de Atenco.

2.-Ahora bien, del balance a que me refiero, y para poder entender algunas de sus circunstancias, se aplicaron para ello varios criterios de justificación, a saber:

a)Cronológico. Originalmente estaba previsto todo el siglo XIX. Sin embargo, dado que sólo se encontraban datos hasta 1815, decidí desplazar el rango a 1915, mismo que ahora tiene el presente trabajo.

b)Gráfico y estadístico, contando para ello con varias tablas:

            b.1)La general, que diera en un gráfico de barras la presencia anual de los encierros en su conjunto;

            b.2)La particular por población, ciudad o país (sabiendo que no fue México el único país donde se lidió dicho ganado, sino también en Cuba, Guatemala y los E.U.A.);

            B.3)La de las plazas donde fueron lidiados;

            b.4)La de los toreros que los enfrentaron;

            b.5)La de carteles o comparecencia sin datos;

            b.6)Otros no previstos.

3.-Los criterios o síntomas que debieron producir ausencia de datos concretos, tales como:

a)Antihispanismo;

b)Antitaurinismo;

c)Periodos de prohibición o de irregularidad en la integración no sólo de carteles, sino de temporadas más o menos estables;

d)Posturas ideológicas o políticas de la prensa, reflejadas en el hecho de que mientras un periódico sí reportaba el cartel de cierto festejo para una fecha determinada, otro no lo hacía, aún a pesar de que en la sección de avisos, diversiones o diversiones públicas sí aparecieran otros datos que correspondían, en todo caso a funciones de teatro, pero no de toros;

e)La natural repugnancia en la mayoría de las notas. El ejercicio de la crónica fue dándose lentamente y en otro sentido, es claro encontrar en posturas contrarias, como la de Guillermo Prieto y Enrique Chávarri en El Monitor Republicano por ejemplo, la crónica en sentido favorable o desfavorable, según aparecieran sus apuntes diaria o semanalmente, y

f)Omisión de datos.

4.-La irregularidad en los festejos y su poca formalidad, en apego a la costumbres a ciertas normas, formó una idea de la poca seriedad en la organización del espectáculo en su conjunto.

atenco-la-capilla2Vista de Atenco N° 7. Col. del autor.

   Sin embargo, con el balance alcanzado puede tenerse una idea del significado que alcanzó a tener esta hacienda ganadera, que no alcanzó, por otro lado El Cazadero, hacienda que ni siquiera le iba a la zaga, pero que era con la que más encuentros tuvo a lo largo del siglo XIX.

   Ahora bien, a raíz de la exploración documental que se llevó a cabo, es preciso puntualizar que los valores se modificaron, por lo que ello significó la necesaria adecuación en los tres trabajos que se convirtieron en fuente original de información. Además, los datos se enriquecen con la evidencia gráfica de carteles e inserciones periodísticas, así como por la presencia de nuevas poblaciones y otros protagonistas que participaron a lo largo del siglo XIX mexicano. Es de hacer notar que la preponderancia de la hacienda de Atenco se elevó significativamente en el número de participaciones con el ganado que se enviaba a las plazas, así como por datos de su presencia no sólo en el país; también en el extranjero. Por lo tanto, como ya se sabe, el número se elevó a 1177, resultado de una minuciosa revisión. Es de lamentar que la prensa, en dos distintas corrientes y tendencias, así como por los intereses creados a su alrededor, no haya sido un elemento donde quedaran plasmados esos datos contundentes y comprobatorios alusivos al asunto aquí tratados. Esa “oscuridad” en los registros sobre diversiones como las corridas de toros dejen ver que el espectáculo no gozaba de buena reputación, fundamentalmente por razones en las que la empresa en turno estaba detentada por personajes “non gratos” o posicionados en una condición política de privilegios, lo cual también era reflejo de que los periódicos demostraran o minimizaran aquella actividad lúdico-comercial.

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Fierro quemador de Atenco con la divisa y sus colores que la distinguen: azul y blanco.

   Uno más de los efectos era la caótica composición de la corrida, pero sobre todo, con motivo de que seguía siendo un legado de herencia española y por el hecho de conservar fuertes síntomas de barbarie y retroceso, cuestionables a los ojos de mentalidades más avanzadas, que sellaron un pacto con el progreso. Asimismo, no debe olvidarse que a esa importante cantidad de festejos asistieron personajes de la política que impusieron sus reglas, o sus tendencias políticas que afectaban seriamente los intereses de una prensa limitada en su libertad de expresión, así que ignorando los entornos donde se movían dichos personajes, generaban su propio campo de difusión. Es curioso que durante la celebración de una corrida, el registro se diera en un periódico pero en otro no, lo cual conlleva un significado de circunstancias como las referidas aquí.

   El rubro de las diversiones públicas ocupó, en términos de avisos e inserciones un espacio destacable, pero son las corridas de toros uno de esos elementos que no gozaron de buena reputación. Tan es así que en las notas aisladas que se publicaron al respecto, era notorio el rechazo con que se redactaba y salvo la apertura de algunos, se publicaban comentarios, sobre todo cuando se exaltaba el hecho de que la finalidad del festejo fuese con fines benéficos. De ese modo, y hasta antes de la aparición de la que se cree es la primera crónica taurina (El Orden. Nº 50, año I, del martes 28 de septiembre de 1852, correspondiente al festejo de dos días atrás en el Paseo Nuevo) la postura mediática era radical; dejándose notar el repudio a tal “diversión” pero sobre todo al hecho de lo que apuntaba líneas atrás; es decir, al rechazo a una herencia española que quedó grabada en el imaginario colectivo del nuevo país, al punto de su pervivencia y permanencia hasta nuestros días.

   Finalmente, debo mencionar que las ciudades o poblaciones a donde fueron lidiados los toros de Atenco, son entre otras, las siguientes:

   Desde luego, las plazas de toros en la ciudad de México como el Paseo Nuevo, San Pablo, y luego la de Bucareli, Paseo, Colón, Mixcoac, Tacubaya, la “Bernardo Gaviño”, y la de San Agustín de las Cuevas, en Tlalpan. También la “México” de la Piedad, la de la Villa de Guadalupe, Chapultepec y “El Toreo”. En el estado de México, las de Toluca, Amecameca, Tenango del Valle, Tenancingo, Texcoco, Calimaya, Zinacantepec, Santiago Tianguistenco, Cuautitlán, Tlalnepantla y el Huisachal, Mineral del Oro y San Bartolo Naucalpan. En Puebla, la de la ciudad capital. Pachuca, Hidalgo; en Veracruz, tanto la del puerto como en Orizaba. En Cuernavaca, Cuautla y Miacatlán. San Juan del Río, y la “5 de mayo” en Querétaro; León e Irapuato, Guanajuato; Morelia y Zitácuaro, San Luis Potosí, Monterrey, Nuevo León, Nuevo Laredo, Tamaulipas; y Saltillo, Coahuila.

   En el extranjero, cito los siguientes datos:

1895: CORRIDA VERIFICADA EN LA EXPOSICIÓN DE ATLANTA, ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA. 2, 3, 4, 5, 6 y 7 de diciembre

1897: PLAZA DE TOROS “CARLOS III”, LA HABANA, CUBA.-Domingo 25 de abril. Por primera vez se lidiaron toros mexicanos en el extranjero y fueron 2 de Atenco que estoqueó Juan Jiménez “El Ecijano”.

1898: PLAZA DE TOROS DE REGLA, LA HABANA, CUBA. 30 de enero. Existe el registro en verso de la corrida.[4]

PLAZA DE TOROS DE LA HABANA, CUBA. El Toreo, Madrid, del 28 de febrero de 1898, p. 4, aparece el siguiente e interesante dato:

    Habana.-De la corrida que se celebró el día 20 del actual se nos comunica por cablegrama el siguiente dato:

   “Se lidiaron tres toros de Miura y tres de Atenco, que no dieron buenos resultados.

   La corrida fue organizada por la colonia vasco-navarra.

   “Mazzantini, que mató los seis toros, logró cumplir. (En realidad, alternó con él José Centeno).

   “Al quinto lo banderilleó, siendo muy aplaudido”.

1907: PLAZA DE TOROS EN GUATEMALA. En El Toreo, Madrid, del 25 de febrero de 1907, p. 4, aparece la interesante nota que a continuación reproduzco:

 Guatemala 17 de febrero.

   Los toros de Atenco (4) fueron buenos y despenaron seis caballos.

   “Saleri” lanceó muy bien de capa los cuatro toros, escuchando palmas.

   A dos de ellos les puso banderillas al quiebro, siendo ovacionado.

   Y, por último, mató los cuatro bichos con tanta habilidad, que el público le sacó de la plaza en hombros, hasta dejarlo en el carruaje que le había de conducir al hotel.

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Revista El Toreo, año III Nº 78, del 17 de noviembre de 1920, p. 2 a.

   Y luego, como balance final de este amplio estudio, incluyo a continuación las

CONCLUSIONES.

   Al concluir este extenso trabajo, la sensación que queda al respecto, es la de considerar a la hacienda de Atenco como una de las unidades de producción, agrícolas y ganaderas más importantes en el curso del siglo XIX (junto con la deliberada extensión que el presente trabajo le da hasta 1915) en este país. Tal cantidad de encierros que corresponde al número de 1177 deja claro el nivel de importancia, pero sobre todo de capacidad en cuanto al hecho de que, al margen de los tiempos que corrieron, y de las diversas circunstancias que se desarrollaron a lo largo de esa centuria, sea porque se hayan presentado tiempos favorables o desfavorables; ese espacio fue capaz de enfrentar condiciones previstas o imprevistas también.

   Por tanto, y aquí concluyo, es bueno destacar lo significativo del asunto. No estamos ante una casualidad. En todo caso, Atenco se convirtió en toda una realidad y con todo el recuento logrado de manera puntual y a detalle, queda más que comprobada su hegemonía y trascendencia que hoy, a poco más de cien años vista, se reconoce en su auténtica dimensión.

CONTINUARÁ.


[1] NOTA ACLARATORIA: Tras exhaustiva investigación a fuentes bibliográficas, hemerográficas, de archivo; colecciones particulares y carteles, concluyo que en el periodo de un siglo de revisión, fue imposible localizar datos en 16 distintos años relacionados con los toros de Atenco; a saber: 1816-1817, 1819-1823, 1828-1829, 1831-1832, 1835-1837, 1839, y 1845.

[2] José Francisco Coello Ugalde: Bernardo Gaviño y Rueda: Español que en México hizo del toreo una expresión mestiza durante el siglo XIX. Prólogo: Jorge Gaviño Ambríz. Nuevo León, Universidad Autónoma de Nuevo León, Peña Taurina “El Toreo” y el Centro de Estudios Taurinos de México, A.C. 2012. 453 p. Ils., fots., grabs., grafs., cuadros.

–: APORTACIONES HISTÓRICO-TAURINAS MEXICANAS Nº 13, SERIE: BIOGRAFÍAS TAURINAS, Nº 2. “Ponciano Díaz Salinas, torero del XIX, a la luz del XXI. (Ampliado al año 2010). Biografía. Prólogo de D. Roque Armando Sosa Ferreyro. Con tres apéndices documentales de: Daniel Medina de la Serna, Isaac Velázquez Morales y Jorge Barbabosa Torres”. México, 2010, 383 p. Ils., fots., cuadros. Inédito.

–: APORTACIONES HISTÓRICO-TAURINAS MEXICANAS Nº 16. “Atenco: La ganadería de toros bravos más importante del siglo XIX. Esplendor y permanencia. Tesis que, para obtener el grado de Doctor en Historia presenta (…). México, Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras. División de Estudios de Posgrado. Colegio de Historia, 2007. 251 p. + 134 de anexos. Ils., fots., maps., cuadros.

[3] Monumental sinfonía coral compuesta entre junio y agosto de 1906 y orquestada y finalizada en la primera mitad de 1907. Estrenada en el Neue Musikfesthalle Múnich el 12 de septiembre de 1910, fue el mayor éxito del compositor durante su vida.

[4] Mismo que más adelante se incluye en su totalidad. (N. del A.)

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