CALAVERAS TAURINAS. SIGLOS XIX AL XXI. SEGUNDA PARTE.

RECOMENDACIONES y LITERATURA. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Precisamente en dicha figura, quedaron también muchas evidencias del tema taurino, de las cuales existen ejemplos tan antiguos como el que se remonta al año de

1810

   Un júbilo especial es el que comparto a continuación. En intensas búsquedas que no terminan, y gracias al hallazgo de esta ocasión, puedo mencionar que he localizado una pequeña publicación denominada: 2 Romances mexicanos del comienzo de la guerra de Independencia. Obra del Lic. Don Terencio Higareda e Íjar del que prácticamente no se tiene y por ahora, noticia alguna sobre su vida así como por su trabajo creativo. Sin embargo, en ese documento que salió de la imprenta de Mariano Ontiveros en 1810, se incluyen “Carrera militar del Cura Hidalgo” donde a ratos aparecen citas taurinas, donde el famoso torero “Marroquín”, además de sus virtudes de matar con la espada a toros bravos, era la de matar a ciudadanos muchas veces indefensos en auténticas carnicerías, como fueron aquellos capítulos oscuros durante el curso del movimiento de emancipación. Me parece oportuno incluir tanto el romance denominado “Carrera Militar del Cura Hidalgo”, como el “Corrido (Romance) del Torero Marroquín”, refiriéndose el autor a Agustín Marroquín, quien para 1811 fue uno más de los reos de insurrección en Chihuahua, mismos que fueron aprehendidos en dicho distrito, tal y como se muestra en la “Causa militar contra Miguel Hidalgo y Costilla” de 1811:

   “El presente escribano actuario. Certifique a continuación lo que consta de las declaraciones de los reos de insurrección Ignacio Allende, Juan Aldama, José María Jiménez, José María Chico, Agustín Marroquín, y Mariano Hidalgo, en comprobación de la identidad en la persona del cura que fue de Dolores Miguel Hidalgo y Costilla, y de haber éste sido uno de los principales cabezas de la insurrección y mandante de los asesinatos cometidos en la ciudad de Valladolid y Guadalajara, por copia a la letra de las cláusulas que lo acrediten, y conste de las respectivas declaraciones de los enunciados reos, el señor juez comisionado así lo mandó y firmó, por ante mí el presente escribano de que doy fe.⎯ Avella.⎯ Ante mí.⎯ Salcido”.

   Por cierto en el sumario que se formó contra todos estos reos, Marroquín declaró a pregunta expresa que le planteó Francisco Salcido el 5 de julio de ese año:

   “Que en Guadalajara fue mucha la gente europea que pereció según oyó decir; pero el declarante solo concurrió a una de cómo cuarenta y ocho sujetos poco más o menos en la misma noche en que salió de avanzada con sus ciento y cincuenta hombres para el ejército del señor Calleja, lo cual aconteció de este modo. El cura Don Miguel Hidalgo Generalísimo, y caudillo de la insurrección que se hacía dar el tratamiento de Alteza Serenísima mandó al Coronel Alatorre, que todos los individuos constantes en la lista que le entregó, y se hallaban presos en el Colegio de San Juan, los mandase sacar al silencio de la noche, y los llevase a paraje donde todos pereciesen: que en efecto los sacó y trasladó a un paraje llamado San Martín, distante como dos leguas de Guadalajara custodiándolos el declarante con su gente y la del regimiento que mandaba el mismo Alatorre, quien iba a su cabeza, y allí los degollaron a todos, y en un hoyo que hicieron dejaron los cadáveres, después de cuya operación siguieron su camino para invadir el ejército del señor General Calleja”. A la pregunta siguiente, que refiere a cuántos había degollado el declarante Marroquín por su propia mano expresa a la letra lo que sigue “Y aquí añade, que habiendo salido el cura Hidalgo de Matehuala en compañía de sus mozos, del exponente, y de los que traía en su compañía, tomando el camino del tanque de las vacas al rancho de Guachichil para el Saltillo, y encontrando en un carro dos europeos con sus familias que traían a su lado, los mandó degollar, cuya operación ejecutó uno de sus mozos”.[1]

   Finalmente, es de llamar la atención el hecho de que en el mismo juicio, Marroquín fue definido, junto con Vicente Loya, y un nombrado coronel Alatorre y otro Muñiz como “ministros de estas bárbaras ejecuciones” con lo que se entiende la extrema violencia con que actuó en el que en otros momentos era un valiente “torero”.

2-romances-mexicanos

CARRERA MILITAR

DEL CURA HIDALGO.

 

ARIETES.

 

Desde este Mirador

esta noche agradable,

seré un observador

que cante lo notable

de Hidalgo, el Campeador

del nuevo cuño, y diga

del modo que esta fiera

marchó, marchó, marchó,

y empezó la carrera

De la desolación.

De los Dolores sale,

Señores, atención:

a San Miguel el Grande

lleva la seducción;

y logra que un torero,

rapaz y carnicero

lleno de presunción:

traición, traición, traición,

gritara, y al graznido

la tropa se juntó.

Ya camina, Señores,

el nuevo Campeador,

rodeado de canalla

la mas vil y feroz:

llegaron a Zelaya,

Señores, atención;

pues grita su Excelencia,

“ladrón, ladrón, ladrón,

“que viva la rapiña

“y muera el Español.

Aquí se alarman todos,

porque es la Capital

de la Excelencia nueva

que nos viene a ilustrar:

aquí también descuella

la doctrina infernal,

que con sagacidad

quitó, quitó, quitó,

a los Indios la paz

que España les plantó.

Ya todo es confusión:

la doncella: ¡qué horror!

la viuda: ¡compasión!

todo el pueblo lloró:

¡terrible! ¡amargo día

se erigió la anarquía!

solo se oyó esta voz:

furor, furor, furor,

a Guanaxuato todos,

y muera el Español.

Se mete allí, Señores,

toda la rebelión

de la chusma rebelde,

¡estragos! ¡división!

Matan al Intendente,

¡furor! ¡gritos! ¡terror!

se destroza la gente,

¡dolor! ¡dolor! ¡dolor!

Aquí fue Guanaxuato,

Aquí fue: ¡se acabó!

Ensangrentado el tigre

tirano, Cura Hidalgo,

de aquella suerte sigue

corriendo como galgo:

la seducción le rinde

los pueblos que ha pisado,

y así glorioso dice:

“valor, valor, valor

“un torero me sigue,

“y me alaba un traidor.

Por esto muy ufano

en un caballo altivo,

fogoso y placentero

se ríe del mundo entero,

señoreándose esquivo:

con la bandera en mano

los Indios al estribo,

llegó, llegó, llegó,

hasta el pueblo cobarde

que solo se entregó.

Señores, atención:

ya está en Valladolid,

ya el Obispo se huyó

temeroso del tigre

que á nadie perdonó;

pero ya no hay temor,

no hay que tener cuidado,

valor, valor, valor,

Valladolid ha sido

triunfo de la traición.[2]

¡Albricias! se triunfó

gritaba el Cura Hidalgo,

luego que lo saqueó:

y que hizo: ¡pero callo!

¡no se ofenda el pudor!

sigamos, atención,

que llega lo bonito;

giró, giró, giró,

contra México ingrato

que no lo proclamó.[3]

Señores, ya llegó

al Monte de las Cruces

por Toluca, y halló

un banquete de balas

que allí le preparó

México y su Virey:

¡albricias! ya tragó;

tragó, tragó, tragó,

¡fuego! Lo que era suyo

el Diablo se llevó.

Una tropa aguerrida,

un Truxillo veloz,

un Mendivil activo,[4]

lanzeros: ¡qué sé yo!

lo que el Señor Venegas

allí le remitió:

solo sé que encontró

valor, valor, valor,

su castigo el malvado,

fuego la seducción.

¡Abur Seor (sic) general!

¡Abur Seor seductor!

¿Dó está la semillita

que á los tontos venció?

¿Dó está la seducción?

¿Dónde está aquel torero?

¿Dónde el orgullo? ¡horror!

¡cayó! ¡cayó! ¡cayó!

de la cima soberbia

el maldito Dragón.

Vivan los Mexicanos,

Truxillo, las tres Villas,

los Milicianos vivan,

los lanzeros de Yermo,

todos los otros digan:

viva México entero,

el gran Venegas viva;

viva, viva, viva,

para eterna memoria

de la lealtad patricia.[5]

¿Pero qué veo? Señores,

Hidalgo se reanima,

y sigue su carrera

la Excelencia pasiva.

la tropa de Calleja

dizque ya se le arrima:

¡Abur! La Comadreja

llegó, llegó, llegó,

a donde no hará letra

su rabo seductor.

El Señor Brigadier,

¡Españoles, valor!

el inmortal Calleja

dicen que llegó ayer

a los campos de Aculco

con una tropa vieja,[6]

y ya empezó la guerra;

valor, valor, valor,

Españoles, al arma,

muera la seducción.

Así fue, ya tronó;

¡Abur, el equipage (sic)!

¡once coches perdió!

ciento veinte caxones (sic)

de pólvora infernal!

¡la gente! ¡los cañones!

¡todo se le quitó!

¿qué tal? ¿qué tal? ¿qué tal?

esta fue la carrera

de Hidalgo el General.

 

Terencio Higareda e Íjar.[7]

CONTINUARÁ.


[1] Archivo General de la Nación, ramo “Historia”, Vol. 595, f. 51 y 51v.

[2] Entre las mentiras que sembró en Valladolid, se dice que aseguró que había rendido a México su Capitán Allende, y que por esto no lo acompañaba.

[3] Alude a que estando Hidalgo en Zelaya dixo: me la han de pagar los Mexicanos.

[4] Dice el autor: Véase la Gazeta extraordinaria de la guerra del Monte de las Cruces, en que el Señor Truxillo alude al inmortal Mendivil y demás tropa.

[5] La posteridad alabará según corresponde la fidelidad y lealtad de todo el pueblo de México, que aquellos días en que temió la entrada de los enemigos, solo pensaba en acabar co ellos en compañía de su Virey, nuestro amartelado Venegas. Yo ví un trozo de más de quarenta en mi barrio, y a una voz gritaban: vamos al campamento a hacer la guerra a esos demonios.

[6] Alude a que Hidalgo llama especies viejas las que se han escrito contra él, y así corresponde que nosotros llamemos viejos a los soldados que lo han vencido. = L.F.E.

[7] 2 Romances Mexicanos del comienzo de la guerra de Independencia. Impresos en México por Mariano Ontiveros en 1810. (…) Con superior permiso. En la Oficina de D. Mariano Ontiveros, año de 1810. 8 p. La portada del impreso es un trabajo ex profeso, realizado a mano, quizá por el propio autor, del que no aparece su crédito en la obra, ¿o es que Terencio Higareda e Íjar quiso pasar o atribuirse como el autor encontrando en dichos versos la versión anónima? Además, me parece que los bocetos a tinta que fueron hechos en forma deliberada, no tienen ni por asomo, nada que ver con el estilo de la época, tanto en rasgos, como en el uso de la tinta. El exagerado adorno con que están hechas una y otra portada pareciera que fueron hechos en otro momento, totalmente distinto al de la publicación, por lo que es probable que en principio pudiera tratarse de obras anónimas, y que con alguna astucia el propio Higareda e Íjar supo aprovechar con sumo beneficio de su persona y autoría.

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