CALAVERAS TAURINAS. SIGLOS XIX AL XXI. ÚLTIMA PARTE…, POR AHORA.

RECOMENDACIONES y LITERATURA. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

1887

 

LA TARASCA DEL PUEBLO MEXICANO

VIENDO TOREAR DE NUEVO AL GRAN PONCIANO

 

Ahora si que está de buenas

este suelo mexicano,

pues de nuevo va a torear

nuestro querido Ponciano.

 

El jueves nueve de junio,

día de Corpus memorable.

Veremos torear de nuevo

al torero inimitable.

Ahora sí que es indudable

que México va a gozar,

pues que volveré a admirar

arrojos y valentías

que sólo Ponciano Díaz

a cabo puede llevar.

 

Los toros, que ya han sabido

que Ponciano va a torear.

Unos de miedo están malos

y otros se han puesto a rezar.

Ya todos van a elevar

un ocurso al Presidente

suplicando humildemente

se les conceda la paz,

y ya no se mate más

en la época presente.

 

Triste y desconsoladas

las pobres vacas están:

Ya no quieren tener hijos

y hasta a divorciarse van.

Sus hijos esconderán

en el centro de la tierra.

Hasta que pase la guerra

que todos han declarado,

al desgraciado ganado

se la Frontera y de la Sierra.

 

Algunos toros matreros

que son grandes pensadores

quieren en último caso

vengarse en los picadores.

Y aunque sufran los dolores

de alguno que otro pinchazo

les darán más de un pinchazo.

Destrozándoles los jacos,

que ni por viejos ni flacos

les dejaron un pedazo.

De esta fecha es bien seguro

que ni un toro va a quedar,

pues el valiente Ponciano

ni uno solo va a dejar.

ninguno se ha (de) escapar

de la certera estocada,

que nuestro primer espada

le pone a los más rejegos

pues que con él no hay juegos

ni mucho menos lazada.

 

Saludamos entusiastas

al valiente mexicano,

al renombrado Ponciano.

Mas no ha trabajado en vano

por conquistarse su fama,

que todo el pueblo lo aclama

como el rey de los toreros.

Primero entre los primeros

y al que más el pueblo ama.

 

¡Hurra el valiente torero!

¡Hurra el valiente Ponciano!

Que será siempre el primero

en el suelo mexicano.

 

A ver torear a Ponciano

todos irán en tropel,

porque nadie es tan querido

ni mimado como él.

 

De México y los Estados

ansiosa acude la gente

para admirar los capeos

de un mexicano valiente.

 

No hay otro que en banderillas

pudiera ser su rival,

porque siempre las ha puesto

en su merito lugar.

 

Para matar no hay como él

quien tan bien use la espada

porque nunca necesita

dar la segunda estocada.[1]

   Y todavía más. Traigo hasta aquí, algunos datos reveladores que tienen que ver con los anónimos autores de esos versos, asunto del cual me ocupé en mi libro (inédito): José Guadalupe Posada en los toros. Cronista de la imagen, en cuyo capítulo XXV refiero lo siguiente:

 esta-es-la-segunda-parte

Esta “hoja de papel volando”, presenta un grabado que, en principio y por los rasgos peculiares, debe atribuirse a Manilla, aunque existen varias fuentes que le dan validez a José Guadalupe Posada como su creador directo.

   Ahora bien, y como apunta Agustín Sánchez González,[2] él o los creadores de esas cuartetas características, con las que se estimuló el proceso de los “corridos” entraron en un sendero de lo marginal. Veremos por qué.

   La enorme producción generada en los talleres de Vanegas Arroyo requirió el concurso de muchos escritores que, en su mayoría, se encuentran en el olvido.

   El más famoso entre ellos, o cuando menos el más señalado, fue Constancio S. Suárez, de origen oaxaqueño, de quien Antonio Rodríguez escribe: “En su Gaceta, Posada proveía noticias frescas y un reportaje pictórico, mostrando un sinfín de temas dibujados con gran realismo, con textos que describían “los hechos hasta alcanzar el clímax que el título anuncia” […] Con la maleabilidad que sólo los verdaderos artistas poseen, Constancio S. Suárez empleaba, para cada tema, el lenguaje que él requería. Era romántico y dulce en las novelas pasionales como Amar sin esperanza, en las cuales habla de “almas cándidas como azucenas”, o del “dulcísimo rocío de los maternales besos”; burlón con las “jóvenes de cuarenta años” que pedían al milagroso San Antonio de Padua consuelo para sus penas; feroz con las doñas jamonas; jocoso en los pleitos de vecindad; sutil en la descripción y comentario de los sucesos políticos; y severo, ponderado y rico en la exaltación de los hombres valiosos, como Vanegas Arroyo”.

   (…) Alfredo Guati Rojo también menciona al grupo de escritores cercanos a Vanegas y además indica la especialidad de cada uno: “Constancio S. Suárez estaba dedicado a los cuentos, las pastorelas y las comedias; los versos festivos a Rafael García y Rafael A. Romero; los versos para enamorar salían de la pluma de Ramón No. Franco.

   Nicolás Rangel anota como colaboradores de Vanegas Arroyo a Manuel Romero, Constancio S. Suárez, Manuel Flores del Campo, Francisco Zacar, El Chóforo, Ramón N. Franco y Pablo Calderón de Becerra; en otros textos se señala a otros autores, cuyos nombres se pierden en la historia, como Armando Molina, Gabriel Corchado y Abundio García.

   Lector paciente: vaya usted a saber quién de todos ellos pudo haber sido autor de estos versos y de otros muchos que, con motivo y razón taurinos, se desplegaron en diversas publicaciones que circularon en forma generosa por aquellas épocas, de entre siglos.

legitimos-versos

   Ahora bien, en esta reproducción, que recrea la tragedia de Lino Zamora, comparten sus quehaceres tanto Manilla como Posada, lo que explica el hecho de que finalmente el editor, Antonio Vanegas Arroyo haya decidido sacarlo en esta forma con objeto de darle realce a un hecho que si bien, no correspondía con los tiempos en que se publicó (hecho que debe haber ocurrido a finales del siglo XIX o comienzos del XX) pero que, por otro lado, seguía formando parte de un conjunto de historias y sucedidos que, el imaginario popular seguía alentando, sobre todo con motivo de la tragedia, cuyo relato en verso se incluía en esta “hoja de papel volando”.

   Contando con alguna idea más precisa al respecto de la construcción de dichas piezas literarias, cuyo motivo puede surgir de las diversas dinámicas que perviven en una sociedad o de sus integrantes más notorios o protagónicos. Incluso de acontecimientos que sirven como pretexto para hilar una historia, conviene seguir rastreando algunas referencias que podrían ser de nueva lectura, aún tratándose de hechos cuyos datos más antiguos se desarrollaron en 1825, pero que por su contenido, parecen ser interesantes en la medida en que ofrecen detalles poco conocidos.

1825

   En el Aguila Mexicana, D.F.,  del 23 de octubre de 1825, p. 3 se publicó la siguiente nota:

Se está levantando en la plaza mayor una especie de barraca indefinidamente prolongada para festejar dizque a las calaveras. Habrá paseo a pie en armoniosa competencia, mucho galanteo, dulces, frutas y otras muchas cosas que no sé si agradarán a todas las almas benditas. Ya daremos razón de lo que ocurra y podamos olfatear; salvando, sin embargo, todo aquello que no sea digno de la luz pública.

1835

   El Mosquito Mexicano, D.F., del 30 de octubre de 1835, p. 4:

No estamos porque se suprima ningún paseo, sino porque se contenga el desorden que hubiese en ellos. Es muy peligroso en cualquiera nación quitar de un golpe una costumbre, y este carácter tiene en México el paseo de las Calaveras, aunque de estragadísimo gusto, pues es más a propósito para mostrar incivilización, que para recrear. Un sentimiento religioso, por no decir de fanatismo, lo ha ocasionado; pero no se ve en él sino el desenfreno de los vicios, la desmoralización. A las almas benditas está consagrado ese paseo… ¿Pero, qué será lo que llegue al purgatorio?

   Apostamos, sin comprometernos a registrar ese lugar, a que jamás ha llegado a él por ese medio el alivio de las benditas almas, y sí el aumento de sus penas, entre las cuales es gravísima la aflicción moral, y no podemos persuadirnos que les sea indiferente la compañía de almas que se hospedarán desde tal día a buen escapar, en aquel seno, o despidiendo el tufo del chiguirito, o destilando sangre. Ni se nos arguya que esto no pueda suceder al espíritu que es inmaterial, como pueden hacerlo nuestros críticos; porque nuestro intento es muy perceptible, y qui potest capere capiat. Leyes y policía es lo que necesitamos. EE.

1872

La Bandera de Juárez, D.F., del 31 de octubre de 1872, p. 3:

LA CALAVERA.

   Antigua costumbre es entre nosotros la de regalar el día de difuntos algún objeto a nuestros deudos o amigos, a nuestros criados, etc., etc., cuyo toma el nombre de calavera. En ese día, los que a más de pobres de espíritu, lo están de dinero, tienen que encerrarse en su casa, por temor a… los asaltos. En este año creemos que esto no sucederá, pues hay muchos que ellos mismos se van ofreciendo como calaveras, recomendándose nada menos que para mandarines. ¡No vinieran mal a estos calaveras… que le dieran otra calavera!

1878

La Gacetilla, D.F., del 10 de noviembre de 1878, p. 3:

El Republicano de San Luis Potosí, inserta en su número correspondiente al 1° de Noviembre una poesía (?) titulada “Conmemoración de difuntos y calaveras”, formada por un Sr. Arévalo.

   ¿Oiga vd. amigo Arévalo, de buena fe, cree vd. que lo que escribió son versos?

   Y si lo cree, que todo puede ser, ¿le parece a vd. que esas calaveradas le están permitidas a cualquiera? ¿No le parece a vd. que el sentido común se ha de haber sentido abofeteado con sus perversos versos?

   Este otro ejemplo gráfico, fue publicado en 1888, precisamente en La Patria Ilustrada, D.F., del 5 de noviembre de aquel año:

ponciano-y-el-cuerno-de-la-abundancia

   Al pie del mismo dibujo, del que todo parece indicar fue elaborado por José Guadalupe Posada, aparece la siguiente cuarteta:

PONCIANO DÍAZ.

 

Al bajar a los infiernos,

Ponciano, con arrogancia

Dijo: -Para mí los cuernos

Son cuernos de la abundancia.

   Pues bien, ha llegado la hora de traer hasta aquí el manojo de “calaveras” halladas en el camino de una lenta y también larga búsqueda que por años ha sido parte de otra labor igual de abrumante. Me refiero al Tratado de la poesía mexicana en los toros. Siglos XVI-XXI, del cual proviene la mayoría de los materiales aquí reunidos. Además, conviene advertir que intercalaré algunas de las evidencias en que se podrán apreciar los curiosos trabajos que surgieron, en su mayoría de la imprenta de don Antonio Vanegas Arroyo, y donde se encontrará una variedad de temas, todos ellos sujetos a la curiosa presencia de calaveras y más calaveras…taurinas, por supuesto.

Programa de mano. Teatro “Arbeu”. Jueves 1° y viernes 2 de noviembre de 1888.


[1] Ib., p. 142-144.

[2] Agustín Sánchez González: La portentosa vida de José Guadalupe Posada. México, Ediciones de Don Lupe, 2013. 231 p. Ils., fots., grabs., p. 138-140.

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