JORGE ALBERTO MANRIQUE CASTAÑEDA. IN MEMORIAM.

DE FIGURAS, FIGURITAS y FIGURONES. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   Hace unos días murió el reconocido maestro Jorge Alberto Manrique Castañeda (1936-2016). En su labor profesional destacó como historiador, investigador y académico, actividades que realizó fundamentalmente con la Universidad Nacional Autónoma de México. La gran mayoría de los medios de comunicación en estos días han trascendido su obra, su trayectoria, su influencia.

   Acudía frecuentemente a las corridas de toros, y de este fenómeno cultural, dejó un aporte: “Toreo. Tránsito y permanencia”. En: El arte efímero en el mundo hispánico. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Estéticas, 1983. 389 p. ils. (Estudios de arte y estética, 17). (p. 191-200). Además, y esto lo apunto a nivel personal, tuve el privilegio de que dirigiera mi tesis de Maestría, la cual lleva el siguiente título: “Cuando el curso de la fiesta de toros en México, fue alterado en 1867 por una prohibición. Sentido del espectáculo entre lo histórico, estético y social durante el siglo XIX”. Tesis que, con objeto de obtener el grado de Maestro en Historia, presenta (…). México, Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras. División de Estudios de Posgrado. Colegio de Historia, 1996. 318 p. Ils., fots., facs.

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   Me parece que dedicarle estas líneas, es o será apenas un minúsculo reconocimiento al gran historiador que formó a otras tantas generaciones, sabedoras de que su labor como maestro tendría enorme significado, debido al amplio conocimiento que supo desplegar y compartir como nadie. Lamentablemente no tuve ese privilegio, pero el seguimiento que tuvo mi investigación me permitió conocer a un hombre sensible, capaz de emitir opiniones y sugerencias que dieron finalmente al trabajo los propósitos que buscaba en lo personal.

   Desde aquí hago patente mi homenaje a un universitario que, entre otras cosas tuvo por los toros particular preferencia, de ahí que sea importante comentarlo. Considero que encontró suficientes razones para afirmar su bagaje cultural. Al revisar su Curriculum vitae se pueden encontrar las múltiples aristas por donde discurrió, lo mismo como ponente que como autor. Los premios y reconocimientos son abundantes, en proporción al legado que nos deja, con la idea de darle continuidad, cosa que haremos quienes nos consideramos comprometidos con el quehacer como historiadores.

   Con mi respeto y admiración…

ca. 1970

ca. 1970. Jorge Alberto Manrique en su biblioteca, “un verdadero campo de batalla”.

Foto: Archivo Fotográfico IIE.

Disponible en internet noviembre 4, 2016 en:

http://www.esteticas.unam.mx/revista_imagenes/rastros/ras_curiel07.html

   Por último, agrego un reconocimiento, emitido por el Dr. Alfredo Ávila, actual Presidente de la Mesa Directiva del Comité Mexicano de Ciencias Históricas y editor de H-México (http://www.h-mexico.unam.mx/):

H-México y el Comité Mexicano de Ciencias Históricas lamentan el fallecimiento del gran historiador del arte mexicano Jorge Alberto Manrique, y expresan sus condolencias a sus seres queridos, así como a la comunidad del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Este 2 de noviembre murió el gran historiador Jorge Alberto Manrique, poco tiempo después de que su casa, la Universidad Nacional Autónoma de México, le organizara un merecido homenaje con motivo de sus ochenta años de vida. En efecto, el maestro Manrique nació en el entonces Distrito Federal, el 17 de julio de 1936. Licenciado en Historia por la Universidad Nacional, realizó estudios de posgrado en París y Roma. No parece extraño que su primer trabajo de investigación fuera sobre su natal Azcapotzalco, una tesis de licenciatura que, aunque titulada “Los dominicos y Azcapotzalco”, en realidad ponía atención al convento de esa orden. Poco después, pondría atención a la presencia de las culturas indígenas mesoamericanas en el barroco de Nueva España y, a partir de entonces, toda su producción, salvo alguna rara excepción, estaría dedicada a la historia del arte mexicano.

Fue profesor en varias instituciones de educación superior, empezando por la Universidad Veracruzana. En El Colegio de México y en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional formó varias generaciones de historiadores. Desde 1968 se integró como investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional, que en el año 2000 lo reconoció con el emeritazgo.

Fundador y director de varias instituciones, se le recuerda por el buen trabajo que desempeñó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Veracruzana, en el Museo Nacional de Arte, en el Museo de Arte Moderno y también en la dirección del propio Instituto de Investigaciones Estéticas. Entre 1980 y 1982 formó parte de la Mesa Directiva del Comité Mexicano de Ciencias Históricas. Ocupó el sillón siete de la Academia Mexicana de la Historia.

Incansable, lo mismo estudió la obra de Guillermo Khalo que el manierismo en Nueva España. Publicó varias obras en coautoría, en especial con Teresa del Conde. Reconoció en Edmundo O’Gorman a su maestro y formador. Su erudición contrastaba con el medio académico actual, cada vez más especializado.

Su impronta en los estudios de la historia del arte mexicano será duradera.

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