LA NUEVA EMPRESA SIGUE DE TROPIEZO EN TROPIEZO.

EDITORIAL. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Es increíble que una nueva empresa como la que actualmente regentea la plaza de toros “México” siga sin dar pie con bola. Su primer gran desacierto: subir el precio de los derechos de apartado así como el de las entradas de forma considerable. Lo anterior vino a sumarse al hecho de ofrecer una temporada con festejos sábados y domingos, y en el arranque mismo de esa temporada grande mezclar los tres últimos festejos novilleriles que fueron además un auténtico fracaso (sobre todo en balance y en entradas, las tres menores con menos de quinientos asistentes promedio). Tuvieron que echar mano de la promoción, ofreciendo el pago de una localidad –para el sábado o el domingo-. Pero el hecho es que el tenedor o quien así adquiriera su boleto, contaba con el regalo de otro como opción para uno y otro día. Y el resultado fue de miedo. Tres mil asistentes el sábado 26 y otro tanto el domingo 27. El domingo, nada más fue llegar al coso de Insurgentes y lo que nos tenía preparada la empresa era otro de esos errores que no aciertan corregir, pues consideró que en el espacio que queda en la zona de entrada, nada más uno traspasa la puerta principal de sombra, era el indicado para poner un conjunto musical, como si aquello fuera un salón de baile, con el escándalo consiguiente. Pero ese propósito no se corresponde con el espíritu, naturaleza y hasta con los usos y costumbres que han prevalecido en los festejos hasta ahora celebrados en la plaza capitalina.

   Otra falla notoria es su obsesión en programar los festejos a las cinco de la tarde. Medio festejo lo vemos con luz de día o lo que queda de este, y el resto en la penumbra, aunque con el apoyo de la iluminación, misma que, salvo cumplimiento reglamentario, todavía deja mucho que desear en términos del requisito en lúmenes obligados. El sonido también no ha sido resuelto del todo, así que persisten esos problemas técnicos que deberán ser atendidos y resueltos a la brevedad.

   Es cierto, ya se ven cambios que no son meramente cosméticos, sino de fondo. Las nuevas butacas en barreras de sol y sombra dan mejor imagen, lo mismo que los baños, a los que también ya atendieron, luego de que eran auténticos chiqueros. Se aprecia también el remozamiento en escalinatas y localidades numeradas pues eran evidentes miles de fracturas del viejo cemento. Incluso, la isóptica original prácticamente ya se perdió por la aplicación permanente de capas y más capas en los asientos de cemento, consiguiendo únicamente “tapar el ojo al macho” con lo que la solución temporal servía para salir airosos de la situación, pero no se ponía remedio definitivo al deterioro que año tras año ha venido sufriendo un inmueble de estas dimensiones y con una muy marcada antigüedad. Llama la atención el hecho de que hayan colocado una escultura de enorme formato frente a la puerta de “pases”. Por lo menos en sus características artísticas no encontramos relación alguna con tema taurino, lo cual rompe con el equilibrio del conjunto escultural que rodea a través del muro perimetral a toda la plaza

   Si bien este tipo de espectáculo no se ha renovado en ciertos aspectos. Pero por otro lado, conserva fuertemente la tradición, el arraigo, y alterarlo como lo pretenden ahora arruina o afea esa imagen tradicional. Es cierto, deben hacerse esfuerzos por tener una puesta al día, aunque para ello es necesaria la intervención equilibrada de quienes pretendan tamañas modificaciones.

   Me parece, a título personal que estos no son los medios apropiados para atraer a una afición que se ha alejado, primero por mantenerse bastante engañada, luego por los altos precios de las localidades. También por la idea equivocada (y esto corresponde directamente a la empresa)  de que se puedan llenar los tendidos al solo anuncio de carteles en los dos días finales de la semana. Y ahora hasta nos quitan el aliento con detalles como el del conjunto musical, lo cual deja mucho que desear por el solo hecho de preguntarnos a quién se le ocurrió tamaña tontería. Creo que en términos de publicidad, y publicidad muy bien pensada o diseñada, deben existir infinidad de posibilidades de crear un ambiente más propicio, afortunado, que sea dirigido a una afición constituida por nuevos y viejos aficionados con el propósito de disuadir sus sospechas y generar desde luego, con buenos resultados, el retorno o la atracción que suponga el buen manejo de campañas, dirigidas a encontrar una mejor imagen del espectáculo. Y si a todo lo anterior, la empresa decide entregarse para ofrecer el mejor producto, créanme que los resultados definitivamente van a ser otros… pero como van, todo parece indicar que los esfuerzos por mejorar la imagen del espectáculo estarán condenados al fracaso.

   Justo en estos momentos es cuando más se necesita fortalecer la imagen de la tauromaquia en México, darle credibilidad, usar mecanismos de mensaje que generen fortaleza, confianza. E incluso, hasta puede haber un punto en el que si la apuesta es tal, la empresa, con la enorme capacidad económica que tiene detrás, podría decantarse por propuestas más atrevidas (ofrecer los precios que imperaron durante la temporada 2015-2016, por ejemplo), pero sin llegar a extremos como los que se han venido apuntando hasta aquí y que devalúan o generan desaliento entre los clientes potenciales, que es la afición en su conjunto.

   Los 3 mil o 5 mil asistentes promedio que hubo este fin de semana son el resultado de un conjunto cautivo de aficionados que suelen acudir con frecuencia al espectáculo, pero la plaza tiene 42 mil localidades y no la llenan ni con la confección de los “mejores” carteles que se propusieron ofrecer.

   Hace muchos años que la plaza no registra los llenos esperados, a pesar de que ha habido carteles sumamente importantes (lo del mano a mano entre José Tomás y “Joselito” Adame se convirtió en un asunto atractivo y fallido a la vez, pues los festejos que siguieron al de tan mediática propuesta, la plaza volvió a sus medias entradas de siempre).

   Finalmente debo reiterar que seguir por ese sendero, el de abaratar y devaluar la imagen del espectáculo taurino, primero que todo va en menoscabo de la tradición misma. Y lo otro, es que urge hacerse de un buen conjunto de asesores, capaces de pretender recuperar la honra de la tauromaquia mexicana. Gente experta en mercadotecnia, campañas publicitarias (hechas por taurinos, e incluso por quienes no lo son, pero al final gente sensible), es uno entre los muchos pendientes que nos debe la nueva empresa; claro si quiere recuperar desde luego la confianza de todos sus clientes potenciales, que seguimos siendo los aficionados a los toros.

   Se ha terminado el beneficio de la duda y ahora lo único que esperamos los aficionados es un mejor espectáculo, que para organizarlo con mayor calidad deben dejarse de lado desaciertos como los que hasta aquí he referido. Mi opinión no pretende ser más que el eco de otras tantas que queremos levantar la voz y protestar, reclamar y pedir insisto calidad, no cantidad.

27 de noviembre de 2016.

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