HOY, HACE 80 AÑOS MUERE EL PERIODISTA TAURINO FERNANDO QUIJANO RAMOS, CUYO SEUDÓNIMO FUE “EL PADRE PADILLA”.

EFEMÉRIDES TAURINAS MEXICANAS DEL SIGLO XX. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

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Grabado que se publicó en El Puntillero, N° 20, del 21 de octubre de 1894, p.2. Por el trazo de este y otros en números anteriores de la misma publicación, se puede apreciar la impronta de José Guadalupe Posada, probablemente colaborador anónimo, pues sus trabajos no están firmados.

    Hubo, en los tiempos virreinales un religioso agustino, de nombre José A. Padilla el cual adquirió notoriedad, seguramente por sus sermones o por esa vida entregada a dar consuelo entre los más pobres. Inquieto en sus deberes, andaba de aquí para allá corriendo muchos peligros. Tanto se sabía de él en este o aquel poblado que hasta el pueblo deslizó un dicho satírico “Vete a donde estuvo el Padre Padilla”, seguramente para encontrar alivio espiritual o sentirse a buen recaudo bajo su sombra.

   Pues bien, con los años y en la entonces provinciana capital de San Luis Potosí, vino al mundo (allá por 1871) Fernando Quijano Ramos, hermano menor de otro importante periodista taurino de la época. Me refiero a D. José María Quijano Ramos, quien firmaba sus escritos como Joseíto. Don Fernando ya un profesional distinguido, se tituló en la Escuela Nacional de Comercio en su natal San Luis como Contador Público.

   Una primera reseña que nos acerca a tan eminente potosino apareció en El Puntillero. Semanario de toros, teatros y variedades, esto a finales de 1894. En ella apunta con toda seguridad Rafael Medina que El Padre Padilla tuvo sus primeras incursiones periodísticas en “El Boletín Taurino”, donde firmó sus colaboraciones como Armilla– dicho “boletín” lo impulsó la entonces famosa agrupación “Centro Taurino Espada Pedro Romero”

   El Dr. Vicente Morales alias P.P.T., eminente médico y quien atendió a muchos toreros heridos desde finales del siglo XIX y hasta avanzado el XX, escribió en La Lidia. Revista gráfica taurina una serie de semblanzas, dedicadas a evocar la persona y el quehacer de diversos “Periodistas Taurinos Mexicanos”. En dicha relación, que apareció entre los meses de diciembre de 1942 y mayo de 1944, José y Fernando Quijano ocuparon el octavo capítulo de tan importantes notas que nos recuerdan a la “vieja guardia” del periodismo taurino en nuestro país, y del que de vez en cuando debe recordarse en forma especial (donde por cierto el propio P.P.T. así como el Dr. Carlos Cuesta Baquero fueron los grandes ausentes entre aquellos valiosos datos, por lo que están pendientes reposadas y caudalosas páginas que recuperen su notable quehacer).

   Pues bien, en esos apuntes de los que retomo su hilo conductor, nos dice que Fernando era, en su trato “aspecto de un religioso”. De ahí que probablemente encontraran cercanía con la pequeña anécdota que abre las presentes líneas. Nuestro personaje fue socio del “Centro Taurino Pedro Romero”, uno de los cenáculos más notables que se concibieron al finalizar el siglo XIX, el cual estaba integrado por aficionados de prosapia así como de muchas lecturas en su haber. Muy pronto dedicaré algunos pasajes relacionados con esa apreciada sociedad que formó aficionados cabales.

   Poco se sabe sobre el hecho de que El Padre Padilla impulsó al antiguo espada potosino Pedro Nolasco Acosta para dar marcha a la construcción de la plaza de toros “El Paseo”, misma que fue propiedad en alguna época del entonces ganadero Manuel Labastida. Quijano era además un entusiasta aficionado práctico y compareció en infinidad de ocasiones, sobre todo en aquellos festejos que se desarrollaban con fines benéficos.

   En su aspecto eminentemente periodístico, El Padre Padilla colaboró en varias publicaciones como “El Zurriago Taurino”, “El Correo de San Luis” o los muy apreciados números especiales de “Toros y Toreros” que salieron a la luz en los primeros años del siglo pasado. Fundó en su matria el periódico “La Lidia”. Gracias a dicho impreso se tiene noticia de la tauromaquia regional.

   De algunos textos que se han consultado para tener puntual idea sobre las opiniones emitidas por nuestro personaje, debo decir que se nota en ellas el buen uso del lenguaje, pero sobre todo el amplio conocimiento que adquirió en torno a la materia tauromáquica. Uno de ellos, publicado en 1906 en número extraordinario de “Toros y Toreros” y que tituló “Cada cabeza es un mundo” nos dice:

   “Ha dicho no sé quién, pero, bien podemos colgar este milagro al famoso “vox populi” y quizá estemos más cerca de la verdad, si no es que en ella misma.

   En materia de toros, es más aplicable este dicho vulgar porque no solo cada cabeza es un mundo, si no cada una, encierra muchos mundos. Y esto es cierto.

   La apreciación de las distintas suertes del toreo sobre el terreno de la práctica, en la plaza de toros, es en cada individuo completamente distinta; las reglas taurómacas son aplicadas en mil y una ocasiones, de diversa manera por aquellos que se tienen por doctos y entendidos y el trabajo de los toreros sujeto a las alzas y bajas de las simpatías de los críticos de temporada.

   El criterio sano y la opinión sensata de la afición es en la actualidad [recuérdese que son notas de 1906] la que desgraciadamente forma la minoría; la apasionada, la que lleva otras miras la extraviada, es inmensa. Y entre esta hay tal diversidad de pareceres y tal pluralidad de aberraciones que solo así se explica, cómo hay exigencias que llegan a lo imposible y cómo hay rigoristas que parecen necios.

   Precisamente, no hace mucho tiempo que la prensa profesional de México, levantó una polvareda con amenazas de tempestad, por nimiedades y sutilezas en la ejecución de cierta suerte que practica un diestro sevillano con más o menos perfección, según unos y muy feamente, según otros, pero juzgado entre estos últimos, con notoria carencia de imparcialidad. Todos, o casi todos, desconocen lo esencial de la suerte, niegan al ejecutante todo mérito, pasando desapercibido lo fundamental de ella y puntualizando lo secundario se ensañan en lo que más fácilmente se presta para la crítica netamente vulgar. (…)”

   Hasta aquí la cita, que continúa en largo discurso de otros tantos párrafos.

   Sin embargo, lo que es de destacar es su probada posición imparcial de suyo, en eso de las labores periodísticas que se corresponden con la filosofía de un personaje dispuesto a “…quitar los humos a muchas testas y orientar la opinión en el camino del verdadero arte; que esta difícil y peliaguda tarea corresponde de derecho a la afición sana, imparcial, desinteresada, que ni busca el lucro ni tiene miras bajas y mezquinas”.

   Avecindado en la ciudad de México, donde ejerció su profesión en el “Banco Lacaud”, fue a radicarse a la entonces “vecina ciudad de Tacubaya”, tal cual la calificara Vicente Morales en su puntual reseña. En tal espacio citadino falleció el 11 de enero de 1937 y como lo lamenta P.P.T.El Padre Padilla”- fue ignorado entre los taurómacos, y por eso no se cantaron dignamente sus méritos.

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La Lidia. Revista gráfica taurina. Año I, N° 43. México, 17 de septiembre de 1943.

   Entre sus últimas colaboraciones se encuentran aquellas que, a invitación expresa de Carlos Quiroz de apodo Monosabio, escribiera al respecto de los festejos celebrados en la entonces plaza de toros La Lidia, o Chapultepec en 1923.

   Hoy, a 80 años de distancia ha tocado evocar a una figura que ya casi nadie conoce y que merece revalorarla por haber formado parte de aquella generación de aficionados que adquirieron por primera vez un conocimiento que los llevó a entender de mejor manera la tauromaquia. Antes de esa etapa hubo en muchas plazas de toros entusiastas asistentes que disfrutaban del espectáculo; dominados en buena medida por la pasión. Con personajes como El Padre Padilla” y todos los de su época, se puso en marcha un proceso de aprendizaje emparejado con la razón, mismo que no quedó en buenas intenciones. El despliegue que de esto hicieron en la prensa de aquellos tiempos. Y más aún en las publicaciones taurinas, logró permear en buena parte de quienes, como ya lo advertía, se convirtieron en auténticos aficionados a los toros.

   Loor al periodismo taurino mexicano.

   Loor a Fernando Quijano Ramos, evangelista taurómaco de entresiglos.

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