SE ESCUCHA EL HIMNO NACIONAL EN LA PLAZA DE TOROS “MÉXICO”.

CRÓNICA. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.  

   Hoy, 5 de febrero de 2017, fue un día marcado por diversas efemérides que por sí mismas, se han tornado en datos para la historia de nuestro país en lo general, y de la ciudad de México en lo particular. Y es que hace un siglo cabal, en Querétaro se promulgaba la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que sigue en vigor, a pesar de las 552 veces que ha sido modificada, por lo que, en buena medida requiere ser puesta al día, y adaptarla a la realidad presente antes que todo ese conjunto de variantes –que ya no se corresponden con la realidad-, siga perjudicando la esencia de un país que en estos últimos tiempos viene sufriendo humillaciones así como un resquebrajamiento social, político y económico que, como un auto sin frenos, podría encontrar pronto el barranco donde terminar su loca carrera o el muro donde estrellarse sin remedio.

   Del mismo modo, hoy 5 de febrero de 2017 se promulgó la Constitución de la Ciudad de México, documento que, como lo califica el maestro Bernardo Bátiz, es de “avanzada” y será modelo a seguir por otros estados del país, como lo asevera también Porfirio Muñoz Ledo.

   También este 5 de febrero y ya en lo estrictamente taurino, se conmemoró el 71 aniversario de la inauguración de la plaza de toros “México”, acontecimiento que contó con un marco admirable, poco antes de que sucediera el paseíllo y durante el curso de este. Aunque a las afueras del coso se apreciaba un ambiente de día de fiesta, el hecho es que al interior, los tendidos no se llenaron en su totalidad…

   Habiendo ocupado mi lugar, observé que en el ruedo, además del arreglo floral que acostumbran colocar en ocasiones como estas, se encontraban cuatro tarimas. Faltando unos 15 minutos para comenzar el festejo, salió un grupo de cuatro parejas ataviadas con el traje de charros y “chinas poblanas” que bailaron, al son del “Jarabe Tapatío” tan hermosa pieza interpretada por la banda de la plaza. Con ellos también estuvieron varios jóvenes que se lucieron, dos a pie y dos a caballo con suertes del floreo, y las crinolinas y otras proezas que suelen ejecutar con la reata. Total, que el cuadro resultó muy atractivo, aunque faltara una voz que por medio del pésimo sonido anunciara aquella escena llena de nacionalismo. Pocos minutos después, la propia banda interpretaba como parte de un repertorio más nutrido, la introducción de la ópera “Carmen” de George Bizet, siendo precisamente la marcha del “Toreador”, pieza que hacía mucho tiempo no se escuchaba en esta plaza.

   Y desde el palco de la autoridad, solícitos parches y clarines dieron la señal de comenzar el espectáculo. Los toreros tardaron más de lo debido en salir de aquel patio de cuadrillas que se encontraba lleno a rebosar, sobre todo de aquellos encargados de la cobertura del festejo, y donde eran interminables los flashes con que fueron integrando sus respectivos reportajes. Para entonces, y por la puerta de picadores, salieron cinco charros suntuosamente vestidos, y montados en hermosos caballos tomaron puesto en medio del ruedo. Quien encabezaba el grupo, empuñaba en su mano diestra la bandera nacional. Y con toda marcialidad comenzó el paseo de cuadrillas, mismo que se detuvo con todo y ritmo del acostumbrado “Cielo Andaluz” para que la ya citada banda, transformara aquel compás de pasodoble por las notas marciales del Himno Nacional –aunque por lógicas razones estuviese ausente la “marcha de honor”-, lo que obligó a todos los asistentes a ponerse de pie y entonar poco a poco la letra que para ese canto patriótico escribiera Francisco González Bocanegra. Quizá faltó un toque marcial más pronunciado, e incluso con buen sonido de por medio, pero el hecho es que se escuchaba un himno vibrante sí; que de pronto emocionaba hasta el punto de causarnos un nudo en la garganta. Pero el hecho es que sentí en todo esto una interpretación triste, poco emotiva, quizá producto de ese tenso ambiente que se vive nada más comenzar el año en medio de las embestidas mal intencionadas del gobierno que, con el solo “gasolinazo” produjeron reacciones de elevado repudio. O las que vinieron del despreciable personaje que recientemente ascendió a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica y quien no se ha cansado de humillar a los mexicanos en su conjunto, sin que haya de por medio una reacción del estado, haciéndole notar lo que significan esas ofensas.

   Fueron gratos y solidarios instantes donde se percibió una extraña unidad, solidaridad que tiene el mexicano en cuanto tal. Pues bien, lo anterior me llevó a hacer una rápida contemplación para recordar en qué otras épocas se registraron hechos como este. Y es que podría rememorar los días, allá por el siglo XIX en que ya instaurada la ejecución del Himno Nacional, este fue interpretado en diversas ocasiones en plazas como el Paseo Nuevo (tiempos de Zuloaga, Comonfort o Juárez), y luego en la de Bucareli (allá por 1888). Se pueden recordar otros pasajes justo cuando acudieron a los toros diversos presidentes de la República, como el General Porfirio Díaz, el Lic. Francisco I. Madero, los generales Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles. Su presencia era suficiente razón para que se interpretara el himno nacional. Y esto mismo, ya en menor medida siguió ocurriendo en otras ocasiones. Probablemente la última de ellas (penúltima en este caso) haya sido aquella en la que acudió el Lic. Adolfo López Mateos acompañado por el Mariscal Josip Broz Tito presidente de Yugoslavia, justo la tarde del 6 de octubre de 1963 a esta misma plaza. No tengo hasta ahora una afirmación que sostenga el hecho de que en aquella jornada se realizara el protocolo militar que significaba, entre otras cosas, honores a la bandera y la correspondiente interpretación del himno nacional.

   A todo lo anterior, debe agregarse un pasaje anecdótico a cual más. En Orizaba hubo una gran tarde el 19 de enero de 1946, Alfonso Ramírez “Calesero” alternaba con “Manolete” y Fermín Rivera. Y nos cuenta don Alfonso:

   Fermín y yo no habíamos tenido suerte en nuestros primeros toros. “Manolete” tenía en su haber una oreja de cada toro. Al sexto toro de LA PUNTA, lo cuajé. Estando haciendo la faena, el jefe de la banda comenzó a dirigir el Himno Nacional. Yo estaba enredado con el toro, y al pegar el pase de pecho volteé a los tendidos y la gente estaba sin sombrero, los guardias presentando armas y yo seguía con el toro hasta que le pegué un estoconazo. Corté el rabo y me sacaron en hombros. Descansando en el Hotel de Francia, donde nos vestíamos los toreros me dijeron:

   Metieron al director de la banda a la cárcel. Yo era muy amigo del Presidente municipal y allí estaba precisamente conmigo, por lo cual le pedí que sacáramos al director de la cárcel. Al llegar al lugar, Alfonso Ramírez vestía de paisano, no de torero, lo cual no le permitió al músico reconocerlo. Le dice el presidente al director: ¿Por qué tocó usted el Himno Nacional?

   Hombre, mire usted. El torero mexicano le está dando la pelea al torero español, yo dije, porqué no tocarle el Himno Nacional…

   Y tocó el himno nacional.

   Pero no sabe que el himno se toca en actos a la bandera

   Sí señor. Pero yo cometí el desacato y, ni hablar. Ya lo hice.

   Pero sabe usted que tiene quince días de arresto.

   Si señor y cumpliré lo que ustedes digan.

   No más una cosa le digo: si vuelve a torear ese hombre como toreó, se lo vuelvo a tocar!

   Hubo otras ocasiones, particularmente los días en que se celebra a las fuerzas armadas, y donde era costumbre que acudiera el presidente de la república en turno. Uno de los últimos que así lo hizo fue el Lic. José López Portillo… de ahí en adelante no se volvieron a realizar esos festivales con toque taurino en la plaza “México”, sitio escogido para tan significativa ocasión…

   Y ha sido hasta hoy, en fecha particularmente especial en que esta plaza monumental sirvió como escenario para que se escucharan las notas marciales del Himno Nacional cuya música escribió Jaime Nunó. Así que de comprobarse el dato que alude aquella presencia, la de López Mateos y “Tito” se concluye que transcurrieron largos 54 años. Si tal no fuese así, creo que el dato anterior se pierde en la noche de los tiempos, aunque sería posible ubicar la fecha, siendo una de ellas la tarde del 10 de abril de 1938, ocasión en que se celebró la “Gran Corrida Patriótica pro-pago de la deuda petrolera” de la que incluyo parte de la tira de mano:

cartel_p-de-t-el-toreo_10-04-1938_beneficio-pago-deuda-petrolera

   Por lo demás, y en breve, les compartiré el complemento de esta crónica tan especial.

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