TESTIMONIOS DE JESÚS MARÍA BARBABOSA, ACERCA DE SANTÍN EN 1889.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

“El Garlopo” y probablemente la cabeza disecada de “Camelio”, lidiados en forma destacada en 1880 y 1889 respectivamente. Cortesía de Salvador Barbabosa.

   En 1894, El Puntillero. Semanario de toros, teatros y variedades convocó a diversos hacendados de entonces, para que contribuyeran con sus testimonios sobre las ganaderías de cartel que por aquella época proporcionaban toros para la fiesta que se desarrollada a finales del XIX. Uno de ellos fue el conocido Jesús María Barbabosa, propietario de Santín, célebre ya desde varias décadas atrás y que seguiría nutriendo de ganado por lo menos hasta 2014. Evidentemente esta hacienda ganadera, desde que posee dicho nombre, derivado del apellido que ostentaba el señor Pedro Santín allá por el siglo XVIII, es motivo de diversas etapas, mismas que parten desde su origen mismo, el que estuvo bajo la égida de quien fuera primer arzobispo en la entonces Nueva España. Me refiero a Fray Juan de Zumárraga quien desde 1536 declara poseer tierras en los rumbos del valle de Toluca, siendo las que en su momento se concentraron ya en el conocido territorio de Santín, motivo de esta colaboración.

Pues bien, el testimonio que conoceremos a continuación, es el resultado de una larga experiencia que acumuló Jesús María, por lo menos desde 1853, en que toma las riendas de diversas propiedades y hasta su muerte, ocurrida en 1892. Tuvo Jesús María la costumbre de dejar testimonio por escrito de diversas actividades, tanto al interior como al exterior de Santín, y cuyos datos hoy conocemos gracias a que se conservaron buena parte de aquellos informes, aunque otros se perdieran en un desagradable incendio.

Volviendo a la convocatoria de El Puntillero [en cuyos números 13 y 16 del 2 y 23 de septiembre de 1894, se publicaron dichas notas respectivamente], diré que no deja de ser interesante la forma de manejar el asunto que ocupó varias páginas de tan rara como poco conocida publicación que circulaba hace poco más de 120 años. Veamos.

GANADERÍAS DE CARTEL. SANTÍN.

“Hoy comenzamos a dar lugar en nuestras columnas a las contestaciones que tenemos en nuestro poder, procedentes de los propietarios de ganaderías de cartel, a los que en su oportunidad se dirigió el Centro “Pedro Romero” en solicitud de algunos datos que, si no forman historia completa, cosa difícil, si se tienen en cuenta las dificultades porque siempre ha atravesado la diversión y el tiempo en que estuvo en receso, forman, en cambio un conjunto interesante que servirá de base para dicha historia”.

Solo con objeto de aclarar dos detalles, y antes de continuar, valen la pena las siguientes notas.

Refiriéndose al Centro “Pedro Romero” lo hacen para identificar al que fue aquel cenáculo, grupo de aficionados taurinos que formaron dicha sociedad, y donde uno de sus más caros propósitos fue dar relevancia a los conceptos teóricos sobre la tauromaquia, tanto en lo técnico como en lo estético en una época que necesitaba estas consideraciones, con objeto de que se diseminaran entre la nueva afición que estaba gestándose justo en la época posterior en que la fiesta “estuvo en receso”, como quedó señalado en el párrafo anterior. Y es que el redactor de El Puntillero nos recuerda el hecho en el cual desde 1867 y hasta 1886 las corridas de toros estuvieron prohibidas en el Distrito Federal, con lo que tales festejos encontraron posibilidades de continuidad en plazas provincianas, incluso algunas de ellas “a un paso del Distrito Federal”, como fue el caso del Huisachal, por ejemplo.

“He aquí la que escribe el Sr. Jesús M. Barbabosa, propietario de la ganadería de Santín, primero en el orden de obsequiar bondadosamente nuestros deseos:

“Señor Secretario de la Sociedad Centro Taurino Pedro Romero.

   “El que suscribe tiene la honra de contestar la atenta circular de vd., que recibió el 8 del que rige, manifestándole, en primer lugar, su satisfacción por haberse instalado una asociación que, no duda el que habla, llevará a efecto al pie de la letra su programa circunscrito a proceder en todo y por todo con justicia, verdad e imparcialidad, y en segundo lugar, a decirle, respecto del primer dato que desea saber esa Sociedad, que la ganadería de Santín, propiedad del que habla, ha tenido su origen, a más de setenta años en la propia finca, del ganado de la propia casa, sin haberse traído para formarla reses de alguna otra parte.

“En cuanto al segundo dato que desea esa Sociedad, le manifiesto que siempre han jugado los toros de esta ganadería con divisa cuyos colores son el verde, blanco y encarnado, y que aunque antes de 1884 se acostumbraba poner el fierro que aparece al margen en la pierna izquierda, y el del año en que nacía cada res en la pierna derecha, desde el año mencionado solo se pone a cada macho el del año en que nace, en la pierna izquierda, y el que le corresponde en la ganadería en la pierna derecha.

“Por lo que mira al tercer dato que quiere esa Asociación, le manifiesto que los toros de la ganadería de que vengo hablando, han jugado por primera vez en la plaza de Toluca, en 1853, con una cuadrilla que presentó el espada Mariano (González) La Monja.

“Por último, respecto al cuarto dato que se pide: aun cuando el que suscribe podría citar varios hechos de muchos toros dignos de mencionarse, para excusar una difusión tal vez fastidiosa, solo hace mención de dos, justificados competentemente, porque no quiero que se me crea bajo mi palabra.

“Sea el primero el que tuvo lugar en Puebla el 28 de marzo de 1880, cuando se estrenó la plaza de San Francisco por la cuadrilla de Bernardo Gaviño, compuesta de 14 personas, en cuyo estreno se jugaron toros de Santín, y el primer toro que jugó llamado Garlopo, (aún lo conservo disecado) fue noble, valiente, de mucho empuje, jugó a satisfacción del público, mató siete caballos con solo nueve varas que recibió, no permitiéndose tomara más varas por la escasez de caballos. Lo expuesto consta en los anuncios y certificado extendido por la autoridad que presidió la corrida [el señor Ignacio Torres, juez de plaza en aquella ocasión], los que conservo en mi poder a disposición de cuantos quieran verlos.

“El segundo hecho es tan reciente que excuso hablar de él. Se trata del segundo toro que jugó en la plaza de Colón el 3 de marzo del corriente año, denominado “Camelio”, cuyo toro tenía en la pierna izquierda el número 84, año de su nacimiento, y en la derecha el número 15, que le correspondió en la ganadería. Tal toro fue jugado por la cuadrilla de Fernando Gómez “El Gallo” como primer espada, y por Carlos Borrego “Zocato” como segundo espada, quien mató dicho toro, cuya cabeza conservo disecada.

“Repito que como este hecho es tan reciente, al público que concurrió a la corrida, entre quienes estuvo alguna persona de las que forman esa Asociación, le consta de vista el juego de dicho toro, su nobleza, bravura, ley y demás pericias que tuvieron lugar. En consecuencia, pongo punto final a mi contestación, persuadido de que con lo expuesto he dado respuesta a los cuatro datos que se me piden, suplicando a vd., señor secretario [Carlos M. López “Carolus”], dé cuenta con la presente a la mencionada Sociedad, para que haga uso de ella como lo estime conveniente.

“Santín, noviembre 12 de 1889. Jesús M. Barbabosa”.

Como podrá apreciarse, se trata de un testimonio que nos da idea sobre el desarrollo que adquirió Santín, y cuyo prestigio se debió a que aquellos toros, denominados como “nacionales” o criollos, tuvieron una morfología característica. Eran de gran alzada, silletos (es decir cuando es notorio un hundimiento en el espinazo) una buena mayoría de ellos. Ostentaba cornamentas muy desarrolladas, y más que cornivueltos, en muchos se pueden apreciar testas alacranadas, de puntas astifinas, unos; astigordos otros tantos. Se puede entender que era común también el lidiarlos con edades que podrían haber superado los cinco años. En el caso de “El Garlopo” es posible que dicho ejemplar haya nacido entre 1874 y 1875, por lo que llegó a la plaza cumpliendo con 5 o 6 años. “Camelio” por su parte, “jugó de 4 años 9 meses 24 días de edad, era hermoso, tanto por su color como por su precioso corte…” según lo expresa José Julio Barbabosa en Origen de la raza brava de Santín…, 1886-1900, cuaderno manuscrito que por fortuna se conserva hasta nuestros días, y en el cual puede conocerse una buena parte de un conjunto de propósitos que se emprendieron al interior de la hacienda, con el objeto fundamental de consolidar la crianza de los toros “santineños”.

Con los años, los colores de la divisa cambiaron para quedar definitivamente en azul, blanco y rojo. Y entre los siguientes propietarios de tan emblemática ganadería, estuvieron al frente José Julio Barbabosa, Agustín Cruz Barbabosa y luego –entre los hijos de este último-, deben considerarse a tres de ellos: Carlos, Salvador y a doña Celia Cruz Barbabosa.

Quiero terminar las presentes notas refiriendo que las mismas provienen de “Historia sobre la raza brava de Santín”. 358 p. Ils., fots., facs., tablas, libro de mi autoría y que actualmente se encuentra inédito.

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