OPINIÓN SOBRE EL TORO DE LIDIA EN 1888.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

 

Representación de un toro de Guanamé en 1888. Cromolitografía publicada en La Muleta, en 1888. Col. Julio Téllez.

    En 1887, hace 130 años cabales, fueron reanudadas las corridas de toros en el entonces Distrito Federal. 19 años y unos cuantos meses habían pasado desde que en 1867, un decreto firmado por los licenciados Benito Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada un decreto que imponía la suspensión de los espectáculos taurinos en la capital del país. La causa, según conclusiones, a las que llego en mi tesis de maestría: “Cuando el curso de la fiesta de toros en México, fue alterado en 1867 por una prohibición. Sentido del espectáculo entre lo histórico, estético y social durante el siglo XIX”. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras, División de Estudios de Posgrado, 1996. 228 p. Ils., retrs., facs, se debe al hecho de que la empresa de la plaza de toros del Paseo Nuevo, regenteada por el Sr. Jorge Arellano Arellano no estaba cumpliendo el pago de impuestos o gabelas, razón que demandaba la “Ley de dotación de fondos municipales”, misma que aludía al derecho que tenían los ayuntamientos para imponer contribuciones a los giros de pulques y carnes, para cobrar piso a los coches de los particulares y a los públicos para cobrar por dar permiso para que hagan diversiones públicas (de las cuales, la de toros resultó ser la más afectada).

Pues bien, y de nuevo con el curso de los acontecimientos en 1887, debo mencionar que entre otras cosas, comenzaron a circular diversas publicaciones periódicas más o menos estables, y con propósitos firmes con objeto de diseminar la cultura taurina que para entonces era escasa y se confundía con muchos aspectos que aún predominaban en el medio, debido a la enorme influencia que ejercieron dos personajes fundamentales: Bernardo Gaviño y Ponciano Díaz. Ambos, impulsaron un toreo mestizo e híbrido a la vez (a pie y a caballo), mezclado con extravagancias como las mojigangas, coleaderos, jineteo, e incluso hasta representaciones de fuegos de artificio, como final de cada espectáculo, lo cual debe haber sido una puesta en escena fascinante.

Entre aquel conjunto de impresos se encontraba La Muleta. Revista de Toros, cuyo responsable fue el entonces ingeniero Eduardo Noriega, mejor conocido en el medio como Trespicos. Justo en la edición del 19 de febrero de 1888, y en su número 25, el propio Noriega redactó unas notas a las cuales dio el título de “Los toros de lidia”.

Considerando sobre los últimos acontecimientos –en este 2017-, cuando se han presentado en la plaza de toros “México” los últimos cuatro encierros, en los que por sus características particulares destacó el de Piedras Negras, conviene volver la vista atrás para entender en qué medida el papel de los hacendados de aquellas épocas que hoy nos ocupan, sirvió para configurar o no el destino de la ganadería de bravo en nuestra república. Labor nada fácil, aunque en aquella época y bajo condiciones absolutamente distintas a las que privan en nuestros días, esos “hacendados que se hicieron ganaderos” se fueron acoplando al nuevo estado de cosas para definir aspectos que ya iban en consonancia con el propósito de conseguir un toro de lidia acorde a la tauromaquia que también estaba sentando sus reales por aquellos días.

Veamos la opinión de Noriega con objeto de interiorizarnos en el común denominador de los acontecimientos hace la friolera de 13 décadas.

LOS TOROS DE LIDIA.

“Después de mucho luchar, de sufrir los ataques continuados de una turba de aficionados de pega que precisamente por no saber lo que dicen es por lo que creen que tienen razón, vamos a demostrar, conforme a nuestras escasas facultades este principio:

“Siempre que en México no se despierte en los ganaderos la afición, las corridas de toros serán perfectamente deslucidas.

“En efecto el primer elemento para que una corrida de toros tenga todo el lucimiento de que es susceptible, se necesita que los toros que se lidien sean bravos y de poder.

“La bravura es el factor principal, sin ella no hay ni puede haber diversión posible.

“Este es un principio que no admite discusión, veamos ahora si en México se tienen los elementos necesarios para proveer de toros a las plazas.

“En la temporada que termina hoy se han lidiado toros de las ganaderías siguientes. Atenco, S. Diego, Santín, Cieneguilla y Guanamé.

“De estas ganaderías la mayor parte de los toros, han sido medianos; pero algunos han sido superiores. Estos muy castigados, no han vuelto la cara ni un momento y han llegado a la muerte con facultades, aquellos han sido el padrón de ignominia para el ganadero que ofrece bueyes en vez de toros de lidia.

“¿De lo expuesto puede deducirse aunque no hay toros de sangre? Creemos que no, y sí, que la poca afición y cuidado de los ganaderos los obliga a creer que cuantos toros hay en sus Haciendas son propios para la lidia.

“Si se escogieran con gran cuidado y afición, si viniera el descrédito sobre el ganadero que diera más ganado, si la autoridad obligara a los mismos ganaderos a que dieran toros y no bueyes, entonces, es verdad que no habría muchos toros; pero también no es que los pocos que hubiera serían de otra clase que los que hoy se lidian.

“Hemos querido que el público, es decir los buenos aficionados se persuadan de lo que hoy decimos con todas sus letras y antes lo hemos indicado en nuestras revistas, convencidos de que este y no otro es el remedio único para que pisen la arena de nuestros redondeles toros de lidia y no bueyes de carreta”.

Hasta aquí Eduardo Noriega.

Lo que debe agregarse es que por aquellos días habría de comenzar un proceso en el que contribuyó el contingente de toreros españoles que estuvo desde 1887 en adelante, entre cuyos integrantes hubo varios diestros que fueron intermediarios para la venta de algunos toros más que trajeron desde la península ibérica; con vistas a que sirviesen como pie de simiente entre las diversas haciendas mexicanas; y con ello encontrar, al paso de algunos años más, los resultados que eran de esperarse. Sin embargo, los cálculos fallaron. Las cruzas también, y no se definieron con claridad.

Por ejemplo, y esto sólo como un antecedente ocurrido en noviembre de 1884, los espadas José María Hernández El Toluqueño y Juan Jiménez Rebujina andaban haciendo ruido por Toluca. En la reseña, el “reporter” lo hace en estos términos:

   Las reses que se lidiaron en la plaza de Toluca fueron de la acreditada hacienda de Atenco, y al mentar esta ganadería, no se puede decir nada de elogios, porque la verdad, la cosa está probada con hechos muy grandes. Son toros de origen de raza navarra, de buena ley, listos, valientes y de mucha gracia y renombre en la República (…)

   Los toros que se jugaron en esta corrida, fueron como vulgarmente se dice, de rompe y rasga, es decir, que se prestaron con brío, ligereza y empuje a todas las suertes de los diestros. (El Arte de la Lidia, año I, Nº 4, del 7 de diciembre de 1884).

Por su parte José Julio Barbabosa, anota en “Orijen (sic) de la raza brava de Santín, y algunas cosas notables q.e ocurran en ella J(…) J(…) B(…). Santín Nbre 1º/(18)86”. 178 p. Ms., p. 7:

(era la (Antigua de Atenco), mezclada con S. Diego de los padres, y Atenco con Navarro (ví jugar este toro, p.a mi cualquier cosa) con Miura, Saltillo, Benjumea, Concha y Sierra y con toro de Ybarra, (feo pero buen torito), además, las cruzas de estos toros con vacas de S. Diego, por tanto no bajan de tener 12 clases diferentes de toros en el repetido Atenco, ¿cuál de tantas razas será la buena? (incluyendo, evidentemente lo “navarro”. Notas escritas en noviembre de 1886).

   De lo anterior, conviene recordar que aquel fue un periodo de “acierto y error” que definió el curso de la ganadería mexicana, obteniendo mejores resultados casi al finalizar el siglo XIX. Al comienzo del XX, las condiciones definitivamente eran más favorables y en buena medida, es porque ya se había consolidado el factor de profesionalismo en la crianza del toro de lidia, mismo que comenzó en 1887 mismo, obligado por esa reanudación de la que ya mencionaba sus aspectos fundamentales. Pero por encima de eso, el que iba a ser el ingreso de la tauromaquia por el sendero de la modernidad, la que se desplegó desde aquellos momentos y hasta nuestros días, en que ya evolucionada, ha trascendido a otros niveles que siguen adaptándose a los tiempos que corren.

Dígalo si no esta interesante imagen, en la que es se aprecia evolución en diversos aspectos que incluyen, no podía ser la excepción los elementos estéticos. Disponible en internet marzo 27, 2017 en:

https://desolysombra.com/2015/04/24/javier-conde-de-nuevo-en-mexico/

   Complicado asunto que si no se aprecia debidamente, perdemos de él sus elementos y razones principales, con lo que esta columna pretende contribuir para su mejor entendimiento.

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