UN 12 DE ABRIL…, PERO DE 1885 SE CELEBRÓ INTERESANTE FESTEJO EN ZACATECAS.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

Agustín Oropeza, picador de toros de origen poblano. Revista de Revistas. El semanario nacional, año XXVII, Nº 1439, 19 de diciembre de 1937.

Y de hecho, ya era el segundo de la temporada, y del que apenas se ha llegado a conocer detalle del mismo, gracias a la consulta que pudo hacerse al semanario El Arte de la lidia, año I, N° 17, del domingo 19 de abril de 185, p. 2.

Por cuanto podemos encontrar en la reseña con que “Un aficionado” redactó la misma, es que en ella predominan aspectos que fueron común denominador en los festejos taurinos previos al episodio que he denominado “reconquista vestida de luces” (desarrollada casualmente desde ese mismo 1885 en adelante), la cual debe quedar entendida como ese factor que significó reconquistar espiritualmente al toreo, luego de que esta expresión vivió entre la fascinación y el relajamiento, faltándole una dirección, una ruta más definida que creó un importante factor de pasión patriotera –chauvinista si se quiere-, que defendía a ultranza lo hecho por espadas nacionales –quehacer lleno de curiosidades- aunque muy alejado de principios técnicos y estéticos que ya eran de práctica y uso común en España.

A lo que se ve, el asunto tiene más picos que una custodia. Entre otras cosas, porque los mexicanos que hicieron suya esta manifestación, fueron fieles a la independencia taurina y esta dio pie a una libre y abierta expresión, que fue la que trascendió en México. Lo curioso es el afecto y admiración por Bernardo Gaviño, diestro de origen gaditano, aspectos que permitieron comprenderlo como un español que en México hizo del toreo una expresión mestiza durante el siglo XIX. En ese sentido, Gaviño fue consciente de aquel estado de cosas y apoyó a los diestros nacionales bajo peculiar dirección.

Así pues, y de regreso con lo ocurrido en la hermosa Zacatecas, dejemos que el “Reporter” nos ponga al tanto del festejo ocurrido hace ya 132 años.

“Ayer domingo 12 se verificó la segunda corrida de la temporada, tal como lo anunció la Empresa, lidiándose cinco bravos y hermosos toros de la Hacienda de Trujillo.

“El resultado de la función fue el siguiente:

Primer toro, meco (hoy castaño verdugo) de muchas arrobas, gran poder y de siete años de edad. Se prestó con brío a todas las suertes. Los picadores la pasaron muy mal. Jacas fuera de combate y muchos porrazos a jinetes y corceles. Carlos Sánchez bien en banderillas, Fontela en la suerte de muerte, un pinchazo y una estocada de meteisaca (sic) hasta los gavilanes.

Segundo toro. Salió flojo y volvió al chiquero.

Tercero. Negro, grande, de mucha edad, juego y bravura. Fue banderillado por Jesús Blanco con tres y medio pares. Carlos le dio muerte, largando un pinchazo y un meteisaca regular.

“El cuarto de igual color que el anterior, fue más grande que los otros y de doble juego. Tomó muchos puyazos, quedando herido en un muslo el picador Antonio Camacho. El otro picador, Agustín Oropeza, lo picó después, mereciendo por su arrojo que le regalaran el toro. Emeterio Garnica con gran trabajo le dejó cuatro pares de palos. Fontela bien en la suerte de matar; un pinchazo empuntando por el mollar del brazo (¿estocada pescuezera?) y una baja de meteisaca. Estando el ficho fuerte y receloso, el puntillero lo concluyó.

“El quinto de la tarde, salió ligero, de bonita estampa y de juego. Entró regular a la pica. Carlos Sánchez en banderillas a caballo hizo lo que pudo, pues el corcel era bastante brioso y no se prestaba para la suerte. Fontela lo mató con una estocada por todo lo alto que le valió nutridos aplausos.

“El sexto que cerró plaza fue josco (hoy albardado), grande y de libras. Hirió en la pierna derecha a un picador de reserva y fue banderillado pasaderamente. Carlos lo despachó largando un meteisaca.

“Resumen: Corrida en general buena; ganado bastante bueno. Caballos muertos once. Dos picadores heridos. Lleno completo. Para la próxima corrida el mismo ganado”.

Para los lectores de este blog, y en particular de los zacatecanos, la presente evocación reúne varias e interesantes particularidades que van desde el hecho de la lidia de toros que procedían de una hacienda ubicada en el propio estado, propiedad de don Diego de Ibarra varios siglos atrás, situada entre los límites de Zacatecas y Durango, y donde hubo año como el de 1586 en que llegaron a herrarse hasta ¡treinta y tres mil becerros!

Otro dato particular es que justo en esa época del año se desarrollaba la “temporada”, lo cual tiene significados especiales en función de procesos económicos donde el espectáculo taurino ha participado de diversas maneras, siendo esta una razón más que podría explicar dicho aspecto.

En cuanto a la lidia, se percibe la práctica de viejos procedimientos que iban de ponderar la suerte de varas, como un paso relevante durante la lidia. Del mismo modo, el recurso del “meteisaca” era común denominador, lo mismo practicado por Ponciano Díaz que por Carlos Sánchez, quien encabezaba esa “compañía de gladiadores”, como entonces se denominaba a las cuadrillas, y entre cuyos integrantes se encontraba el picador Agustín Oropeza, cuya “tarjeta de visita” ilustra las presentes notas.

Junto a Carlos Sánchez, alternó Andrés Fontela, otro de los diestros que se formaron bajo la sombra del “torero con bigotes”, pero que fincaron esa especie de feudos que mantenían férreamente, con objeto de no verse desplazados por otras compañías de toreros que buscaban contratarse, pero que resultaban una amenaza para quienes ya se sabían seguros, por lo que se comprueba que fue en diversas partes del país donde ese síntoma “feudal” fue una constante, hasta que el dominio impuesto por Ponciano Díaz primero, terminó por derribar aquellos propósitos. Más tarde los propios toreros españoles harían su parte en la consolidación del proceso de “reconquista” que ya había adelantado párrafos atrás.

También es posible apreciar el hecho de que Carlos Sánchez, en suerte muy común por entonces, también colocó banderillas desde el caballo, con lo que se entiende que Ponciano no detentaba tal circunstancia, aunque tuvo el privilegio de ser el que mejor la practicaba (y no es hacer menos a Ignacio Gadea. Tampoco al propio Bernardo Gaviño, Lino Zamora o Pedro Nolasco Acosta que también hicieron lo mismo). El hecho es que gracias a una notable evidencia iconográfica, el de Atenco ganó popularidad y su “fama no desmereció”, según lo cantaban los versos por aquel entonces.

¿A qué arrojo se referirá el “reporter” para que Agustín Oropeza se hiciera acreedor al regalo de uno de los toros?

Evidentemente que por aquella época dicho “regalo” consistía en la concesión de la carne, de ahí que los beneficiados tuviesen una ganancia extra. Sin embargo, tanto Agustín, como su hermano Vicente se caracterizaban en una suerte peculiar. Esta consistía en el hecho de que si perdían el caballo por algún tumbo, entonces enfrentaban el toro a pie, tomándole por los pitones, con tal fuerza que terminaban derribándolos hábilmente. Esto les garantizaba carretadas de aplausos, la admiración del público y, evidentemente el generoso regalo con que Agustín se vio favorecido.

Como hemos visto, el toreo que se practicaba por entonces incluía un espíritu eminentemente nacionalista, así como notoria carga rural, y un toque de originalidad y fascinación.

¡Más no se podía pedir!

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO, EXHUMADAS HOGAÑO.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s