MÁS DATOS DE UN LIBRO INÉDITO DEDICADO A LA HISTORIA DE SANTÍN.

RECOMENDACIONES y LITERATURA. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

No hace mucho, justo el 18 de diciembre de 2016, daba a conocer la que, a mi parecer, es la conclusión de un trabajo de largo aliento. Dicha investigación comenzó en 1985 y culmina 31 años después. Junto a ella, también hubo oportunidad de acercarse a otros temas, a cual más importante. Me refiero concretamente a las haciendas de Atenco, San Diego de los Padres, así como a dos personajes fundamentales en el curso del siglo XIX: Bernardo Gaviño y Ponciano Díaz.

Al cabo de esas poco más de tres décadas, los hilos conductores entre esos cinco asuntos tuvieron feliz consecuencia y una de ellas es precisamente la de Santín, libro inédito de 358 páginas profusamente ilustradas, y del que ahora comparto con ustedes el prólogo del mismo.

…AL QUE LEYERE… HISTORIA SOBRE LA RAZA BRAVA DE SANTÍN.

PRÓLOGO

Conforme avanzan una serie de investigaciones que he venido realizando desde 1985 y hasta la fecha, la información que ha ido surgiendo no sólo para el caso de Atenco, San Diego de los Padres o Santín, motivo este último del presente trabajo, han permitido abandonar la idea de que los datos son mínimos. Por fortuna, en el caso concreto de Atenco ha resultado muy positivo, tanto que esto produjo suficiente material para integrar mi proyecto de tesis doctoral.[1] Ahora bien, en importancia ha seguido Santín y espero que en algún momento, suceda lo mismo con San Diego de los Padres.

Por ahora Santín es centro de atención y a ello dedicaré las siguientes notas de apertura.

Aunque su origen como hacienda cuyo ganado se destinó a festejos taurinos, se remonta al año 1836,[2] se tienen datos que ubican su formación e integración como unidad de producción agrícola y ganadera a partir de 1590. Fue en el curso del siglo XVIII en que adquiere su primera denominación como hacienda de la Santísima Trinidad de Santín, que con los años pasó a ser propiedad de un tal Pedro Santín, mismo que le dio su nombre. Para el siglo XVIII adquirió otro nombre: el de hacienda de San Nicolás, según el censo de fincas del Valle de Toluca de 1776 y en este, ya aparece como dueño don Felipe Barbaboza y Quijano de Alcocer, quien la compró en 1767 al propio Pedro Santín, de acuerdo con la “Memoria de los S. S. Barbabosa” de octubre de 1863, que incluye los “Apuntes Exquisitos Sucedidos en mi Casa”, que se inician con datos desde el año de 1778, y que fueron escritos por el licenciado don José Antonio de Barbabosa y Díaz de Tagle, hijo de don Felipe. Sin embargo el patrón de la hacienda no es San Nicolás, sino la Santísima Trinidad. No es raro que la denominación original se haya olvidado. Por otra parte el de San Nicolás Canaleja, San Nicolás Tolentino, San Nicolás Peralta, esto es explicable ya que en ese lugar tuvieron varias propiedades y por ello influencia los Padres Misioneros de Filipinas que pertenecían a la Orden de los Agustinos Descalzos y que debieron ser los que por devoción a ese santo pusieron a las fincas antes mencionadas bajo su protección.

José Julio Barbabosa, una de las fuentes principalísimas en este estudio, proporciona información de primer orden, en el sentido de que

(En 1836 fue el) Inicio de la ganadería con “el deseo de tener mayor número de bravos, a cuyo efecto D. José Julio Barbabosa –abuelo de nuestro personaje del mismo nombre- mandaba poner de padres a los becerros q.e con mayor empeño y decisión, lidiaban…”[3]

Para ello, la mejor manera de comprobar el ritmo o pulso en que Santín estuvo presente, al menos de 1836 a 2016, puede encontrarse en la “Relación de corridas de toros de la hacienda de Santín, localizadas en las diversas fuentes de consulta a que tuvo acceso el autor”.

Conforme va uno enfrascándose en el informe que cotidianamente fue concibiendo J. J. Barbabosa, se tiene suficiente idea del modo en que Santín fue articulándose como una hacienda ganadera en lo fundamental, entre cuyos fines estuvo el de destinar toros a las diferentes fiestas organizadas con ese objeto. Llama la atención que el tipo de ganado criado a propósito, tuvo unas características en las que se respetó lo que podría considerarse en términos archivísticos como “orden de procedencia” o en la industria vitivinícola la “denominación de origen”. Lo que en otras palabras podría entenderse como pureza, pues se trataba de ganado criollo, que no se cruzó con ninguno otro, hasta que el 8 de septiembre de 1924

(…) a las 11.35 min de la mañana llegaron a Santín los 6 cajones con las 4 terneras y 2 toros españoles que deseabamos, desde luego los llevamos a la manga de la Loma y ahí les abrimos los cajones, dos terneras y un toro dieron firmeza sobre los caballos de los vaqueros que estaban deteniendo unas terneras mansas que pusimos para que les sirvieran de cabestros. Llegaron en perfecto estado de gordura y demás, por desgracia son de tres años y no de dos como los encargué y según dicen, los han tentado 3 veces, que se yo lo que habrá de verdad respecto a su vista, debo confesar con toda verdad como lo acostumbro, mi torpeza o mi mal gusto, me parecen / (p. 67) feos y que no se pueden comparar con los de aquí, pero me conformo deseando den excelentes crías, aunque sean feas. Vinieron los toros No. 7 Vigilante, No. 32 Pelofino, negro entrepelado, y las terneras son la No. 446 negra Alcoaleana la No. 457, negra, Balconera, la No. 477 Almendrilla, negra también, y la No. 480 Rondeña, negra entrepelada. Todas estas reses son de la ganadería de D. Antonio Flores, de las razas del Duque de Braganza, Marqués del Saltillo y Santa Coloma. Las mandó el Sr. Alfredo Alonso de Sevilla, asegurándome que son de sangre pura saavedreña. Esta rama saavedreña del Mayorazgo Núñez de Prado, fue primitivamente de D. Francisco Pacheco y Núñez de Prado, Marqués de Gandul, que vendió su mayor parte a D. Juan Vázquez, que la llegó a Gerena, este la cedió al Marqués de Villamarta que la traspasó con gran utilidad al Sr. Oleas, que la llevó a Castilla, de donde vinieron las vacas paridas a poder del actual poseedor Sr. Antonio Flores Yñiguez, que la conserva pura, aunque viven unidas a la ganadería que enagenó el Duque de Braganza, Rey de Portugal, formada con vacas de Veragua, y toros de Ybarra que vio tentar el Sr. A. Alonso. Por supuesto que todos estos datos los obtuve del Sr. Alfredo Alonso a quien conoce personalmente el amigo del Rivero, y este asegura que aquel es todo un caballero, y hombre honorable en todo sentido.

Cuando me manden la cuenta y sepa lo que costaron estos animales lo anotaré.[4]

Retrato del señor José Julio Barbabosa (1860-1930), protagonista principal en esta obra.

Por cuanto puede verse, hubo entre 1836 y 1924 una especie de práctica endogámica, de ahí que las características fenotípicas de los “santines”, permitió que fueran siendo conocidos como los “toros nacionales”. Por ejemplo, no se parecen a los de Atenco que, para esas épocas mostraban ya fuerte presencia navarra. Sin embargo, por el registro fotográfico del que se valió J. J. Barbabosa para demostrar o comprobar el envío de sus toros a las plazas, puede concluirse en su morfología que no estaban presentes esos elementos criollos de los que se jactaba, pues habría sido muy notorio el hecho de que un ganado con tal peculiaridad, que es ganado criollo por donde quiera vérsele; se distanciara en sus condiciones de trapío respecto al ganado “santineño”, mismos que poseían armonía y robustez. Su cornamenta era otra de esas particularidades pues en su mayoría era –en cornamenta- corniabierta, y hasta “alacranados”. En cuanto al juego que desempeñaban en el ruedo, todo parece indicar que eran muy bravos y duros, aunque no faltaban aquellos en que la reputación de la ganadería quedaba en duda.

Además de los documentos que aquí son centro de atención, serán incluidos en forma facsimilar otros de la misma importancia y contenido, mismos que se detallarán en pequeñas fichas, así como una importante cantidad de imágenes y fotografías, que permitirán conocer con más detalle, el curso que fue tomando, al cabo de los años hacienda tan notable y que, como muchas, también entró en su fase natural de decadencia, hasta su lamentable desaparición.

Toro de Santín a finales del siglo XIX.

Tengo la impresión de que me estoy adelantando a mostrar las maravillas que ofrece …AL QUE LEYERE… HISTORIA SOBRE LA RAZA BRAVA DE SANTÍN, cuyo valor se debe, en buena medida a la información inédita que puso a mi alcance Salvador Barbabosa, a quien debo mi agradecimiento muy especial por encontrarme con las abundantes fuentes originales de que se vale este trabajo y con lo que emprendí la gozosa tarea de estructurarlo en la forma en que el lector tendrá forma de conocerlo a partir de estos momentos. Que su lectura, como la mía, produzca el deleite, el asombro y la curiosidad.

Ciudad de México, noviembre de 2016

M. en H. José Francisco Coello Ugalde.


[1] José Francisco Coello Ugalde: “Atenco: La ganadería de toros bravos más importante del siglo XIX. Esplendor y permanencia”. México, Universidad Nacional Autónoma de México. División de Estudios de Posgrado. Colegio de Historia, 2006. 251 p. + 654 p. de anexos. Ils., fots., facs., mapas.

[2] Aunque ya se dispone de un dato que se ubica un año antes. Véase la “Relación de encierros de la Hacienda de Santín localizados en las diversas fuentes de consulta…” en este mismo trabajo. (N. del A.).

[3] José Julio Barbabosa: Nº 1. Orijen de la raza brava de Santín, y algunas cosas notables que ocurran en ella. José Julio Barbabosa. Ms. Santín. Nbre. 1/1886, p. 3.

[4] José Julio Barbabosa: Nº 3 Orijen de la raza brava de Santín, y algunas cosas notables q.e ocurran en ella (…). Santín, Noviembre 2/1914 y ss.

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