SOBRE ALGUNAS PLAZAS DE TOROS DESCONOCIDAS EN EL SIGLO XIX. LA ALAMEDA.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 

Posible ubicación de la antigua plaza de toros de la Alameda, en un plano de la ciudad de México. 1858. Se encontraba en el predio que marcan las calles de la Mariscala, la del Puente de los Gallos y la calle del Puente de la Mariscala. Tomado de un plano de la época.

    Compartiré con ustedes los datos de algunas plazas de toros que, además de las célebres de San Pablo y Paseo Nuevo, se levantaron en el curso del siglo XIX en la capital del país.

Las hubo en efecto, por diversas partes de la ciudad y si bien destacaban en el casco antiguo de la misma, con el tiempo ya se les podía apreciar a las “afueras”; es decir por los rumbos de Tacubaya, Mixcoac, San Ángel; Tacuba, Azcapotzalco o la Piedad.

Efímeras algunas. Otras se conservaron algún tiempo, pero ninguna alcanzó los años de permanencia deseable debido, sobre todo a que se construyeron con madera.

Una de ellas, que fue célebre en sus días, fue la de la Alameda, instalada en el cruce de las actuales avenidaS del eje central Lázaro Cárdenas y Av. Hidalgo. En efecto, se alineaba con la frondosa “Alameda”, de ahí su nombre. Hace más de un siglo, Alberto Leduc –padre a su vez de Vicente y Renato Leduc-, colaborador en el semanario ilustrado México Taurino, y cuyo director era el Dr. Carlos Cuesta Baquero, publicó algunas notas dedicadas a enriquecer la historia de la tauromaquia en México. En su texto puede entenderse la presencia de algunos elementos con los que se constituyó esta diversión durante los siglos pasados. El esfuerzo de Leduc, nos lleva hasta las notas en que se ocupa sobre la plaza que en esta ocasión es motivo de este pequeño pero no por ello insignificante recuerdo.

Antes, advierte que por aquellos días de 1833, y en diversos sectores del país asolaba a la población la epidemia del “cólera morbo”, que causó efectos devastadores. A pesar de ello, la vida debía continuar, y entre otras circunstancias, se celebraban diversos festejos en la ya conocida plaza de la Alameda, de la que Vicente Leduc nos comparte su contenido:

TOROS EN LA ALAMEDA

Deseoso el empresario de la plaza de toros de la Alameda de obsequiar el gusto del público ilustrado de esta capital, y de prolongarle más la diversión y agrado que ha tenido con lo exquisito y selecto del ganado que ha visto lidiar; no menos que por la singular aplicación y habilidad de las respectivas cuadrillas, le participa haber electo para la tarde del próximo domingo, las más divertidas suerte y siete toros de la hacienda de Xajay.-México, 17 de abril de 1833.

Tomado de El Fénix de la Libertad, del 19 de abril de 1833, p. 4.

   “Los toros, eran entonces, como lo indica el autor que voy a citar, el espectáculo único, que los ancianos conservadores no negaban a sus hijas. Imagina, mi cronista, una familia compuesta de un viejo monarquista, de una dueña y de una muchacha locamente enamorada de un joven a quien el vejete no acepta.

Un año después de haberles caído en una cita y cuando ya el buen hombre, supone que la imagen del novio se ha borrado del cerebro de la chica, arrepentido de tanta dureza y compadecido de la resignada actitud de su hija la lleva a los toros a la Plaza de la Alameda.

“Ya estamos en los toros, dice el novelista, por todas partes de oyen los gritos de:

A dos por medio las rosquillas de almendra! Dulces para tomar agua! Quesadillas! Empanadas!

   Los soldados han partido la plaza con una poco difícil evolución; los ociosos se han retirado a sus asientos y todos aguarda, ni más ni menos, que en el día del juicio el sonido de la destemplada corneta que anuncia el toro.

   “Aquí, empinándose un fashionable echa el lente a una lumbrera donde hay dos niñas y una vieja; allá un militar de barragán con casaca de uniforme y sombrero jarano, brujulea a una ciudadana de reboso de bolita y túnico blanco que campea en un ángulo saliente del tendido, entre otra multitud de tan pública notabilidad como ella; acullá cuatro cajeritos del Parián, de los que no salen por la noche se cuentan mutuamente las aventuras del día, al evacuar las citas de damas caritativas que recibieron en la semana detrás del mostrador…

“Sigue la intriga amorosa en la que supone el cronista, que al terminar la corrida y valiéndose de la confusión, el novio ayudado por sus amigos, se roba a la muchacha y pasados algunos días se casa con ella, y hace que el vejete los perdone”.

El mismo Leduc apunta que por esos años la primera plaza formal que se construyó, si mis datos no son erróneos, es la de Necatitlán que se inauguró por los años de 1823 o 24 y estuvo situada en la rinconada de Necatitlán…, hasta aquí don Vicente.

Por cierto Necatitlán quiere decir “cerca de la carne”. Duro poco tiempo; era pequeña y de muy mal gusto.

También existió la “Plaza Nacional de Toros”, de la que ya me he ocupado. Se inauguró, al parecer en 1821 y dejó de funcionar al menos cinco años más tarde. Y junto a ellas, la del Boliche, de la que espero localizar alguna información para traerla hasta aquí.

Algunos datos más que se tienen sobre la plaza de la Alameda, nos los proporciona don Carlos María de Bustamante a través de su Diario Histórico de México (1822-1848) junto con algunos datos provenientes de la prensa de la época. Veamos.

Domingo de Pascua, 7 de abril de 1833

(Mucho calor)

Esta tarde se ha estrenado una magnífica plaza de toros en el barrio de San Pablo, construida de cuenta del coronel Barrera en el mismo lugar donde estaba la que se quemó el día que por desgracia llegó a Veracruz Mr. Poinsett. La concurrencia ha sido numerosísima y brillante con asistencia del vicepresidente Gómez Farías y el Ayuntamiento, pues dizque se hizo la función en celebridad de la instalación del Congreso y no en aumento y utilidad del bolsillo de Barrera. Excelentes caballos de los picadores, buenos arneses, pero mal ganado, sin embargo fueron despanzurrados dos caballos. También hubo toros en la plaza de Necatitlán y en la Alameda, he aquí una ciudad torera, que retrograda a la barbarie en vez de marchar a la ilustración gótica en el siglo XIX. El gobierno cree que así aleja las conspiraciones, como creen todos los tiranos cuando le hacen ruido al pueblo para que no piensen sobre su posición.

Sobre Poinsett, se refería Bustamante concretamente al primer ministro de los Estados Unidos de Norteamérica ante México, Joel R. Poinsett.

Y vienen hasta aquí, los que se localizaron directamente en la prensa de la época, donde predomina cierta austeridad o desdén al tratar el asunto de esas diversiones.

EL FÉNIX DE LA LIBERTAD, D.F., del 6 de abril de 1833, p. 4: TOROS EN LA PLAZA DE LA ALAMEDA. Con motivo de haberse esparcido varias especies tan infundadas como equívocas en orden a dicha plaza, atribuyéndolas gratuitamente, ya al gobierno, ya al empresario, se ha juzgado necesario para desengaño del público participarle que la próxima pascua verá comenzar sin variación alguna la nueva temporada de toros, de que se ha recibido una remesa de las haciendas de Sajay, la Cueva y los Molinos, a toda prueba buena y escogida, y que difícilmente se mejora, pudiéndose decir sin temor de errar, que puede competir con la que se le presente, lo que calificará y no podrá desmentir, el juicio imparcial y buen gusto de los inteligentes. Las diversiones dispuestas para dicha pascua en las tres corridas de once que habrá, podrán verse en el cartel y anuncios de estilo que se han fijado.

LA ANTORCHA, D.F., del 7 de abril de 1833, p. 4: TOROS. En la plaza de S. Pablo, en las tardes de estos tres días y en la de Necatitlán, hoy y mañana, de once; y pasado mañana en la tarde.

LA ANTORCHA, D.F., del 9 de abril de 1833, p. 4: TOROS. Esta tarde en las plazas de S. Pablo y Necatitlán.

LA ANTORCHA, D.F., del 20 de abril de 1833, p. 4: TOROS. Mañana en la tarde, en las plazas de S. Pablo, Necatitlán y Alameda.

LA ANTORCHA, D.F., del 4 de mayo de 1833: TOROS. En la plaza de la Alameda, de once; y en la de S. Pablo y Necatitlán, por la tarde.

LA ANTORCHA, D.F., del 18 de mayo de 1833, p. 4: TOROS MAÑANA. En la plaza de la Alameda de once, y en la de Necatitlán y S. Pablo en la tarde.

LA ANTORCHA, D.F., del 25 de mayo de 1833: TOROS. En las plazas de S. Pablo y Necatitlán, por la tarde; y en la Alameda de once.

En esa plaza, y para terminar, los días en que no se celebraban festejos taurinos, se aprovechaba para funciones de circo y equitación, las que por otro lado, también congregaron a buen número de asistentes.

Aunque conviene hacer caso al aviso que el propio Fénix de la libertad nos ha hecho en el ejemplar del 20 de mayo siguiente, pues para la próxima semana, el viaje lo haremos hasta el hermoso sitio de Tacubaya.

 

 

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO, EXHUMADAS HOGAÑO.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s