MÁS SOBRE PLAZAS DE TOROS. LA DE TACUBAYA EN 1850.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

El cartel…

   En la entrega anterior, pudimos conocer datos relacionados con algunas plazas de toros que se levantaron en el curso de la primera mitad del siglo XIX. Ya tenemos idea, por lo menos de las de Necatitlán, la plaza Nacional de Toros y la de la Alameda.

En esta ocasión, mencionaré otras de las que apenas tenemos escasa información, la que se justifica por tratarse de una época en la que se desarrollaba el proceso de emancipación y que dio paso a un nuevo estado-nación, así como porque tras ese hecho, privó un espíritu antiespañol, sobre todo entre los integrantes de la prensa, quienes se dieron a la tarea de una permanente descalificación, destacando aquí la labor que desempeñaron en ese sentido Carlos María de Bustamante o José Joaquín Fernández de Lizardi Hubo incluso alguien que, con las iniciales F.P.R.P. firmó un soneto antitaurino, y aún más. De la imprenta de Ontiveros, salió en 1820 una edición atribuida a Gaspar Melchor de Jovellanos titulada Pan y Toros que por cierto, debe haberse vendido muy bien.

De aquellos espacios, donde se desarrollaron festejos taurinos se pueden citar plazas como la de Don Toribio (1813-1828), Jamaica (1813-1816), la de Los Pelos (1803), Tarasquillo (1803), Boliche (1819-1833) y la de Villamil, cuyas fechas en las que funcionó son imprecisas. Estos datos, los podemos conocer en el excelente trabajo del Doctor en Historia Benjamín Flores Hernández: La afición entrañable. Tauromaquia novohispana del siglo XVIII: del toreo a caballo al toreo a pie. Amigos y enemigos. Participantes y espectadores. Aguascalientes, Universidad Autónoma de Aguascalientes, 2012. 420 p. Ils., retrs., facs., planos.

Se sabe, según testimonio de Armando de María y Campos en Imagen del Mexicano en los Toros (1953), que el 13 de agosto de 1808 (probablemente sea 1818), se presentaron allí Luis y Sóstenes Ávila para entendérselas con toros de Puruagua. Que la plaza se encontraba en el predio que ocupaban las casas 10, 11 y 12, muy cercano a donde también estuvo la de la Alameda; es decir donde anteriormente se encontraba el palacio de los Mariscales de Castilla –de ahí probablemente el nombre de la Mariscala-.

También hecha alguna revisión en el quehacer de los viajeros extranjeros, poco o nada se ha encontrado al respecto, y vaya que en otros casos abundan las descripciones, como las de Luis de Bellamare, madame Calderón de la Barca, Joel R. Poinsett, C. C. Becher, W. H. Hardy o Mathieu de Fossey.

No queda sino tomar un coche de los que salen de la carrocería del Puente de Peredo, con rumbo a Tacubaya. Allá nos vemos.

Habiendo llegado a la entonces municipalidad de Tacubaya -ya estamos en 1850-, es por el hecho de que entre el 19 de mayo y el 2 de junio se celebraron cuatro festejos, para lo cual se levantó una plaza, efímera como muchas de las que se armaron por entonces. Lamentablemente las pocas que estaban construidas de mampostería, y que son, a mi entender tres, a saber: la de Cañadas, Jalisco, la de Real de Catorce, en San Luis Potosí y la de Tepeapulco, en el actual estado de Hidalgo estaban distantes de las capitales importantes. Sólo una, la hoy llamada Rodolfo Gaona en Cañadas, y cuya construcción se remonta a finales del siglo XVII, sigue en funciones. La disposición del espacio donde se realizan las corridas de toros es peculiar, pues tiene forma rectangular, conservando así la que por entonces regía.

De nuevo en Tacubaya. Los carteles anunciadores nos refieren lo siguiente:

PLAZA DE TOROS DE TACUBAYA, D.F. Domingo 19 de mayo. El domingo 19 se jugarán cuatro tapados de a 50 ps. cada uno, y un mochiler de a 100, comenzando en punto de las 12, para dar lugar a que se presente el hábil profesor en la tauromaquia D. Bernardo Gaviño, a lidiar cinco toros de la acreditada raza de Atenco.

PLAZA DE TOROS DE TACUBAYA, D.F. Lunes 20 de mayo. Los gallos serán lo mismo que el día anterior, y en los toros se presentarán dos indios legítimos comanches, quienes matarán de un flechazo a un toro, y se ejecutarán otras varias equitaciones que agradarán al público. Participa la cuadrilla de Bernardo Gaviño.

De hecho, se entiende que los toros procedían de Atenco. (N. del A.)

PLAZA DE TOROS DE TACUBAYA, D.F. Martes 21 de mayo. Después del mochiler habrá Moros y Cristianos, siguiéndose la tapada y concluyendo con la última corrida de toros; en donde habrá uno embolado que será lidiado por los hombres Gordos de Europa. La empresa no ha omitido gasto ni sacrificio de ninguna clase para complacer al público con la función que ha arreglado en muy poco tiempo. Los toros serán todos puntales y de muerte. De hecho, se entiende que los toros procedían de Atenco.

Los vestidos de los lidiadores llamarán la atención por su riqueza y novedad. Participa la cuadrilla de Bernardo Gaviño.

 PLAZA DE TOROS DE TACUBAYA, D.F. Domingo 2 de junio. Deseosos los encargados de estas funciones de corresponder debidamente a la buena acogida que han merecido del público, no han perdonado medio ni gasto de ninguna especie para que esta corrida sobrepuje, si es posible, a todas las anteriores.

   Los toros que se han de lidiar, son de la muy conocida y acreditada ganadería de ATENCO, los cuales, para que el público pueda conocerlos como es de costumbre en todas las plazas, se distinguirán con lujosas divisas, de la manera siguiente:

La cuadrilla está a cargo del muy acreditado y conocido primer espada, Bernardo Gaviño.

Para el último toro, que será embolado, están dispuestos los Hombres gordos de Europa que tanta aceptación tuvieron en la última corrida.-Dicho toro será muerto con flecha por uno de los indios comanches de la cuadrilla.

La corrida dará principio a las cuatro en punto de la tarde.

Si bien Heriberto Lanfranchi nos dice en su muy conocida obra La fiesta brava en México y en España. 1519-1969 que, en 1852 se registra la primera crónica taurina, en un festejo celebrado el 23 de septiembre de aquel año, puedo afirmar que, al dar lectura al texto aparecido en El Monitor Republicano del 6 de junio de 1850, p. 6 y 7, este fue escrito por Joaquín Jiménez, español de origen, y firmado con el seudónimo El Tío Nonilla. Por su extensión, y por ello obligada revisión y análisis, sugiero a los lectores de “AlToroMéxico.com” remitirse a la siguiente liga, donde encontrarán el desenlace de este interesante caso (https://ahtm.wordpress.com/2016/05/31/se-publica-un-6-de-junio-de-1850-la-primera-cronica-taurina-debida-al-tio-nonilla/).

Finalmente, se entiende que aquellos cuatro festejos fueron organizados en torno a una feria, tan similar a aquellas que se celebraban en San Agustín de las Cuevas, por ejemplo. Sólo que con la particularidad de que además de los muy arraigados juegos de gallos, se sumó como novedad, la presencia de esas corridas, encabezadas no por cualquier improvisado. Se trataba, ni más ni menos que de Bernardo Gaviño, quien se comprometió a actuar en todos ellos lidiando sus toros consentidos: los de Atenco.

Terminará esta pequeña semblanza en la próxima entrega. Gracias.

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