DOS AUTORES: CAYETANO DE CABRERA y QUINTERO, BERNARDINO SALVATIERRA y GARNICA, UNA CUENTA DE GASTOS Y LA “RELACIÓN” DE FIESTAS EN 1732. (SEGUNDA y ÚLTIMA PARTE).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    De 1732 existe una Relación en quintillas del Bachiller don Bernardino de Salvatierra, a propósito de las fiestas con las que se celebró en la capital de la Nueva España la noticia de la toma de la plaza de Orán, por las tropas españolas durante ese año. Desgraciadamente se encuentra perdida y no podemos imaginarnos su contenido, hoy tan valioso para este trabajo que se queda en el vacío no sólo por la referida relación, sino por otros muchos enfoques que, tarde o temprano se podrán exhumar. Incluso, José de Jesús Núñez y Domínguez, en su desesperación ha dicho: “por más diligencias que se han hecho no ha sido posible encontrar unos ejemplares de esta descripción”.[1]

En la misma obra del citado erudito, a la sazón, miembro de la Academia Mexicana de Historia, correspondiente de la española, cita otra relación de fiestas,[2] en la que queda consignado “con estilo gongorino que entonces privaba en la literatura”, la siguiente descripción:

1723

De plata, cristal y seda…

 

De plata, cristal y seda

todas las paredes viste

(. . . . . . . . . .)

En la plaza de los toros,

del sol fue el desquite,

dando con tantas hermosuras,

en cada deidad su efigie.

Para que si allá en los rayos

vencerle, no fue difícil,

lo sea aquí, cuando los Soles

en su espera multiplique.

(. . . . . . . . . .)

Era el gyro de la plaza

un ochavo, que al pulirle,

parece que hizo el cuidado,

que el arte se demasíe.

Pues en su círculo, el jaspe

pintó con tales perfiles

que no fue mucho que de él

la naturaleza fíe.

Ricos doseles y bellos

tafetanes carmesíes,

era el cóncavo hermoso

vistosísimos melindres.

De suerte, q`al ver, que en campo

encarnado, se convinen

también diamantes y estrellas,

azucenas y jazmines.

Sin duda corrido el campo

oy está en la plaza, dixe.

De veer que en su tierra, el cielo

viene a plantar sus Abriles.

(. . . . . . . . . .)

A tal influjo, en Passeo

la Regia Guardia consigue,

que del vulgo impertinente

el circo todo se limpie.

Diestros algunos zagales

quedan, solo a que examinen

la heroica verdad, que al hombre

la más cruel fiera se rinde.

(. . . . . . . . . .)

Unos con rejón en mano,

otros con la lanza en ristre,

aquellos que les enojen

y aquestos que les piquen.

Así quedó en siete tardes

para que mejor se lidien

cien Toros, que a ser vinieron

víctimas que sacrifiquen.

Tan célebre, que parece,

que el dictamen los elige

solo para que entretengan,

no para que perjudiquen.

Y con razón, pues no la hay

para que el tal bruto quite

vida, al que es en arriesgarla

con lo que a tal dueño sirve.

(. . . . . . . . . .)

Esta la demostración

fue, con que al Quinto PHELIPE

en su amor siempre constante

en su lealtad siempre firme,

México noble, a sus aras

vota, ofrece, postra y rinde

para que así en holocausto

su obediencia sacrifique.[3]

    Existe un dato que no ha sido posible localizar, pero se da como referencia consultada por algunos otros bibliófilos. Se trata de la Descripción segunda de las fiestas que celebró esta nobilísima ciudad de México, a la feliz restauración de la Plaza de Orán, en África, escrita en quintillas por el bachiller don Bernardino de Salvatierra y Garnica.[4]

Durante el siglo XVIII se siguió manteniendo una poesía erudita, basada en métodos inspiradores a partir de don Luis de Góngora (y no de sor Juana como se le ha atribuido, a pesar de su importantísima participación en las letras durante el siglo XVII). La poesía nacía y se alimentaba en las aulas; la cultivaban, en sus ocios, personas de prosapia universitaria y de bueno o mediado acomodo civil o eclesiástico. La circunstancia de inspiración fue entre otras, la de las entradas de los virreyes, conclusión de guerras, nacimientos de los herederos de la monarquía y otros motivos plausibles de mejor imbricación para lograr obras a propósito en donde pudiesen estar contenidos los sucesos de fiestas taurinas.

En la parte correspondiente al siglo XVIII, y en el año particular de 1732, se tenía por cierto que, la relación de fiestas que rememoraba el “buen suceso de la empresa contra los otomanos en la restauración de la plaza de Orán”, escrita en romance octosílabo, fue inspiración del bachiller don Bernardino de Salvatierra y Garnica. Sin embargo, menciona José de Jesús Núñez y Domínguez

   El señor (Nicolás) Rangel consigna que de esas célebres fiestas “hizo una relación en quintillas el Bachiller don Bernardino de Salvatierra” y que “por más diligencias que se han hecho no ha sido posible encontrar unos ejemplares de esta descripción”.[5]

   Sin embargo, en una nueva búsqueda emprendida en el catálogo de la Biblioteca Nacional, ha aparecido la siguiente ficha del Fondo Reservado:

Nº Sistema: 000555341.

Colección: Archivos y Manuscritos (BN-FR).

Clasificación: MS. 29

Clas. Local: MS.29.

Autor principal: Cabrera y Quintero, Cayetano de, 1698-1775.

Título: Borradores de Cabrera 4 [manuscrito].

Descripción: [1], 295 h. núm., [1]: il.; 22 cm.

Idioma: spa.

Nota: Título tomado del lomo Signaturas antiguas en la cubierta: 462 (en tinta negra), # 550 (en tinta roja). M.F.: Cto. S. Fpe. Neri.

Sellos en tinta: Biblioteca Nacional México. Departamento de Manuscritos Estampas e Iconografía.

Papel de trapo, con filigranas.

Reclamos en algunas hojas.

Deteriorado (Manchas).

Con: Comedia famosa y [palabras tachadas] nueva El Iris de Samalanca –Discursos christianos y politicos en el govierno de la monarchía de España en el reinado de Phelipe IV el Grande / por Antonio Hurtado de Mendoza –Lo que mucho vale mucho cuesta… –Horóscopo hispano en el nuebo [sic] reinado de n[uest]ro catholico monarcha Philipo V –Breve discurso sobre las fiebres en particular la que oi es tan fatal a los yndios con su verdadera curación –El muerde quedito– Viva copia de el magnánimo, sagrado machabeo Joan Hyrcano, el illustríssimo señor doctor d. Joan Antonio de Vizarron, y Eguiarreta… –El alva hermosa y fria… –Fiestas de gobierno que hizo Mex[i]co a la toma de Orán: quintillas –[Apuntes de aritmética] –Elementos geométricos. –Preludio geométrico para la inteligencia y práctica del thaumaturgo óptico, o, Prospectiva curiosa necesario –Preguntas varias de un discípulo al maestro Cortés, curiosas, y una parte provechosas –El arte maestra: discurso sobre la pintura que muestra el modo de perficionarla con varias invenciones y reglas practicas pertenecientes a esta materia –Forma del tablero– Tractado vnico para jugar con destresa el juego de damas llamado marro– Lances sueltos pa[ra] dar a escoger curiosos.

Resumen: Volumen misceláneo de obras atribuibles a Cayetano Cabrera y a otros autores, sobre teatro, geometría, filosofía, astrología, poesía, pintura, juegos de damas, etc.

Pues bien, varias cosas son de llamar la atención. Por un lado, el hecho de que la mencionada ficha refiera a obras de Cayetano de Cabrera y Quintero. Pero además, al hecho de que entre ese conjunto de trabajos, reunidos como “Borradores de Cabrera”, se incluyan las “Fiestas de gobierno que hizo México a la toma de Orán”, y que tales “Borradores” se encuentren escritos en quintillas, lo que nos haría presumir sobre el hecho de que no siendo Bernardino de Salvatierra y Garnica el autor, pero sí Cayetano de Cabrera y Quintero, esto confirma –en parte-, lo dicho por Nicolás Rangel. Se trata sí, de una relación o descripción de fiestas escrita en quintillas. Pero no es de Salvatierra y Garnica sino de Cabrera y Quintero. Será de mucha utilidad acceder a tal manuscrito para asegurar el presupuesto aquí planteado.

Sugiero consultar, de manera adjunta la siguiente ficha, que proviene del mismo Fondo Reservado:

Nº Sistema: 000360716.

Colección: Archivos y Manuscritos (BN-FR).

Clasificación: MS.10191

Clas. Local: MS.10191.

Título: Cuenta de toros en la celebridad de la restauración de Oran y Mazaelquibir [manuscrito].

Año: 1731-1734.

Descripción: [66] p. en 50 h. cosidas; 31 cm.

Nota: Ciudad de México.

34 hojas son de papel con sello real tercero de 1731-1732, y sello real de un cuarto de 1733-1734, de Felipe V.

Algunos ms. ológrafos del escribano real Pedro de Marchena.

Papel de trapo con marca de agua.

Deterioro y manchas en el papel.

ORLAS

Finaliza el año de 1732. Un hecho significativo fue dado a conocer el 18 de noviembre donde se

Hizo notoria, a voz de Pregonero, y con toda la solemnidad de Clarines, y Timbales la feliz Restauración a los Dominios Católicos de la Plaza de Orán, y Fortaleza de Mazalquivir, que á el aplauso de recobro tan dichoso se iluminase toda la Ciudad, sus contornos, y arrabales las noches de los días veinte y siete, veinte ocho, veinte y nueve y treinta, destinados para la Procesión, y funciones de iglesia.[6]

   Así lo informaba la Gazeta de México Nº 60 que cubrió las noticias “desde primero hasta fin de Noviembre de 1732”. Era el principio de un dilatado festejo que se extendió hasta el mes de diciembre siguiente.

Reinaba el Borbón Felipe V. a su vez, el alter ego novohispano era el XXXVII virrey, D. Juan de Acuña y Bejarano, Marqués de Casa-Fuerte, quien gobernó del 15 de octubre de 1722 al 17 de marzo de 1734, día en que murió.

Las primeras tres décadas que comprende el reinado de la casa de los borbones puede decirse que alcanza niveles importantes en cuanto a celebraciones de índole varia, misma que son recogidas por diversos cronistas, así como por aquella publicación periódica, la Gazeta de México (1722-1742), bajo la égida de Castorena y Ursúa así como de Sahagún de Arévalo Ladrón de Guevara, quien anunciaba en gaceta posterior a estos hechos lo siguiente:

D. JUAN FRANCISCO SAHAGÚN DE ARÉVALO LADRÓN DE GUEVARA, Presbítero, primer Historiador, y Cronistas General de la Insigne Ciudad de México, Reinos, y Provincias de Nueva España; suplica a los Señores Prelados Eclesiásticos, y Seculares de las Capitales le comuniquen las novedades que allí acaecieren dignas de la luz pública, para que en los meses futuros se participen á el público.[7]

   Ya en mi libro que, sobre el tema de la poesía en los toros en los siglos XVI al XXI, reúno para el siglo XVIII y muy en particular para su primer tercio abundantes datos que citaré en su momento.

Sin embargo, la importancia capital de esta investigación se sustenta en la reunión de tres importantes documentos que fijan su atención en las fiestas que, con el motivo de la “Restauración de la plaza de Orán” se celebraron en tres diferentes fechas: 27 al 30 de noviembre; 1º, 2, 3, 4, 10 y 11 de diciembre; así como entre los días 13 al 17 del mismo mes. Pero además, se tiene la oportunidad de disponer de la cuenta de gastos documento oficial expedido por la autoridad así como por los “Diputados de fiestas”, con lo que tenemos un panorama más que completo de aquella ocasión. Con alguna desilusión apuntaré que todavía hay un cuarto registro –esto sí sin paradero preciso-. Se trata de la Descripción segunda de las fiestas que celebró esta nobilísima ciudad de México, a la feliz restauración de la Plaza de Orán, en África, escrita en quintillas por el bachiller don Bernardino de Salvatierra y Garnica.[8]

Tales quintillas de Salvatierra y Garnica, es probable que sean sustituidas por otras, pero escritas por Cayetano de Cabrera y Quintero. Eso lo veremos cuando lleguemos a la parte de los descubrimientos.

Antes de entrar en materia de aparato crítico y erudito cabe la pena establecer una serie de elementos para explicar y explicarnos la suma de circunstancias con las que ocurrían aquellos festejos, el apoyo de unas autoridades enfrentadas ya al racionalismo ilustrado que si bien no fue el mismo bajo la égida de Carlos III o Carlos IV,[9] ya se dejaba notar por el sólo hecho del origen francés de los borbones, pero sobre todo por el testimonio que Nicolás Fernández de Moratín dará hacia 1730. el barroco aún es intenso y en medio de esa intensidad el protagonismo en los espectáculos sigue detentado por los nobles. El toreo a caballo gracias a ciertas reglas impresas, así como a normas escritas o no, estaba alcanzando una madurez sin precedentes, lo que permite contemplar no sólo su inusitado derrumbe sino la inmediata adaptación que tuvo que poner en práctica para no perder protagonismo. Será a partir del último tercio del siglo XVIII en que de primeros actores pasaron a lugares de tercer orden como resultado de la nueva composición en la que, los de a pie se convierten en la voz cantante de la tauromaquia considerada como moderna que patentizó tanto la “Noche fantástica, ideático divertimento, que demuestra el método de torear a pie”, escrito por: D. Eugenio García Baragaña, 1750; así como por La Tauromaquia o Arte de Torear. Obra utilísima para los toreros de profesión, para los aficionados y toda clase de sujetos que gustan de toros. Por José Delgado “Pepe-Hillo”, 1796. Pero ambos, primeros grandes soportes del toreo tal y como lo entendemos evolucionado y todo, en nuestros días.

Pues bien, dada la naturaleza de estos tres documentos que considero inéditos y que se ocupan de un mismo hecho, pasemos a su revisión previo marco histórico.

La historia de los festejos durante el virreinato, así como fue motivo de exhaustivo seguimiento por parte de la autoridad, y esto se comprueba por los registros tanto de las Actas de Cabildo como de cuentas de gastos y otros, se sumaba al gran cúmulo de celebraciones que autoridades civiles, religiosas e incluso universitarias preparaban bajo el rigor establecido a partir de la dimensión del motivo y por los protocolos del caso. Así también existe toda una literatura que recogió en relaciones o descripciones de fiestas, nos dejan importantes testimonios de lo sucedido en la Nueva España, provincias y extramuros.

Fue así como dada a conocer la noticia el 18 de noviembre de 1732 que ya vimos, se echó a andar toda una pesada maquinaria burocrática a la que se unió la iglesia y configuraron en tiempo relativamente corto todos los elementos para celebrar “el buen suceso de la empresa contra los otomanos en la restauración de la plaza de Orán”.

Juan de Acuña, Marqués de Casa-Fuerte. 1722-1734.

   Bajo el gobierno del virrey Juan de Acuña, Marqués de Casa-Fuerte, ocurrieron los siguientes acontecimientos festivos, donde destaco los de carácter taurino:

Triumphal Pompa, que la… Ciudad de México, dispuso a la entrada del Exmo. Señor, Marqués de Cassa Fuerte… México: José Bernardo de Hogal, 1722.

LÓPEZ, Patricio Antonio. General aclamación de la lealtad mexicana; en la más solemne jura de… Luis Primero… México, 1724.

RAMÍREZ DEL CASTILLO, Pedro. Hércules coronado, justa académica, palestra ingeniosa… México: José Bernardo de Hogal, 1724.

RUIZ GUERRA Y MORALES, Cristóbal. Letras felizmente laureadas y laurel festivo de letras que con ocasión de la jura de nuestro amado rey Luis Fernando el primero, brotó a influjos, no a golpes de Minerva, en el celeste suelo de su Real y Pontificia Academia, Atenas de las Indias Septentrionales…Por (…), de la Orden de San Juan de Dios… México: José Bernardo de Hogal, 1724.

LEVANTO, Dionisio. El sol de el oriente, y de el occidente aplaudidos, en la solemne fiesta… por la coronación de… Luis Primero… México: Her. Vda. Francisco Rodríguez Lupercio, 1725.

VALLE Y GUZMÁN, Francisco del. Relación de las fiestas… con que la… Ciudad de Durango… celebró la Regia Proclamación de… Luis Primero… México: José Bernardo de Hogal, 1725.

AGUIRRE Y VILLAR, José de. Estatua de la Paz… México, 1727.

LÓPEZ, José. Solemne jura de la soberana reyna de la América María Santissima… México: José Bernardo de Hogal, 1727.

GUERRERO Y VILLANUEVA, Nicolás Gil. Canonización festiva de la cordera del cielo, la esclarecida virgen Santa Inés de Monte Policiano… México: Her. Vda. Francisco Rodríguez Lupercio, 1728.

LARRIMBE, José. Canonización festiva de la cordera del cielo, la esclarecida virgen Santa Inés de Monte Policiano… México: Her. Vda. Francisco Rodríguez Lupercio, 1728. En Sermones varios.

Relación de los desposorios de los príncipes… México: Imprenta Real del Supremo Gobierno, 1728.

XIMÉNEZ DE BONILLA, Joachin Ignacio, et. Al. El segundo quince de enero de la corte mexicana. Solemnes fiestas… a la canonizaci{on del mystico doctor san Juan de la Cruz… México: José Bernardo de Hogal, 1730.

CABRERA Y QUINTERO, Cayetano. Viva copia del magnánimo, sagrado machabeo Joan Hyrcano, el ilmo señor doctor don Joan Antonio de Vizarrón, y Eguiarreta… México: José Bernardo de Hogal, 1732.

MORENO Y CASTRO, Alonso Francisco. La Divina Generala de las armas españolas en Italia… en acción de gracias por la coronación del señor infante don Carlos rey de Nápoles… México: José Bernardo de Hogal, 1734.

El Carmelo regocijado y con él la Corte Imperial de México y otras ciudades del Reyno, con fiestas de Canonización sin segundas del Santo más aplaudido de Dios, y celebrado de los hombres, por más amante de la Nada, y más negado del Mundo, San Juan de la Cruz Carmelita descalzo, Coadjutor y compañero de su Madre Santa Teresa de Jesús en la Reformación del antiguo y Religioso Carmelo y Doctor Místico de la Católica Iglesia.

   Descríbelas como testigo de vista, modo histórico y con visos de Panegírico y Poético, por mandado de sus Prelados y en nombre de su muy Religioso convento de Carmelitas Descalzos de San Sebastián de México, uno y el menor de los hijos del nuevo Santo Canonizado Natural y Profeso de en Andalucía, este año de 1729, en que se comenzaron a celebrar en México el día 6 de Enero y prosiguieron los siguientes.[10]

Por otro lado, se ha hecho referencia de aquellos aspectos de gran envergadura. No olvidemos que, por lo menos en ese período de doce años ocurrió otro notable número de festejos, probablemente menores en cuanto al pretexto que los movía, pero sucedieron bajo el rigor de las fiestas “votivas”,[11] de “tabla”[12] o por la dedicación de algún convento o iglesia, las dispuestas por la Universidad o las que eran animadas por los gremios. Las impulsadas por la autoridad eran aquellas cuyos beneficios servían a la obra pública o civil.

Sin embargo, las que ocurrían al llamado de hechos externos cobraba fuerte significado pues generaban el movimiento de todas las estructuras, elevando el grado de importancia justo igual al equivalente de la razón de origen. Por eso, celebrar fiestas por razones como la recuperación de una plaza como la de Orán en las circunstancias del significado militar habido de por medio, representaba elevar el ánimo, engrandecer el espíritu no solo de la corona. También de la patria que equivalía a recuperar viejos principios de expansión, tal y como ocurrió a partir de 1492.

Ya para el día 23 de noviembre, el Señor Arzobispo hizo saber que se concedía

Indulgencia Plenaria a todos los Fieles de uno y otro sexo, que haciendo las diligencias acostumbradas, hiciesen Oración, y visitasen su Metropolitana, en los expresados días veinte y siete, veinte y ocho, veinte y nueve y treinta, y pidiesen a Dios por la Exaltación de su Santa Fé, prósperos sucesos de las Armas Católicas.[13]

   Pero entre los festejos que iban celebrándose o preparándose, se encontraba la ciudad con que el

Día 27, a el medio día, y a la tarde, luego que en la Metropolitana, se entonó el Te Deum, a el aplauso de la feliz Restauración de la Plaza de Orán, se repicó generalmente, a vuelta de Esquila, en todas las Iglesias, Capillas, Hermitas y Capiteles, así de dentro, como de los contornos y extramuros, y al mismo tiempo se fue ordenando la grave, devota y majestuosa Procesión, a que daba principio un número copiosísimo de Congregaciones, Cofradías, y Hermandades con sus Insignias, Estandartes y Guiones, a que se seguían los Terceros ordenes de San Agustín y San Francisco, e inmediatamente guardando las preferencias, según sus fundaciones) las Sagradas Comunidades, con Cruces. Ciriales y Ministros, luego la Cruz de la Santa Iglesia, y demás Parroquiales, y a su continuación el numeroso, y lucido Clero, a que se seguía el Venerable Cabildo con Capas blancas Plubiales, y bajo de rico Palio, el hombros de los Capellanes de Coro, la Preciosísima Imagen de Oro de N. Señora de la ASSUMPCION, Titulas de esta Santa Iglesia, de peso de sis mil novecientos y ochenta y quatro castellanos, después el Ilmo. Señor Arzobispo revestido de pontifical, y acompañado de sus Asistentes, y a lo último la Nobleza, Cabildo Secular, Oficiales de la Real Hacienda, Tribunal de Cuenta, y Señores de la Real Audiencia, que cerraban la dilatada, y ostentosa Procesión.

   La Santa iglesia por sus interiores, y exteriores, la cera del Empedradillo, Portales, Casas del Ayuntamiento, Plaza, Esquina de provincia, Calle del Relox, por donde transitó, y todas las restantes de esta Corte, se admiraron estos días, vistosa, rica, y galanamente adornadas de telas, tapizes, colgaduras, listadas flámulas, volantes gallardetes, airosas banderas, y erguidos pendones; pero es cierto, que la de los Plateros se llevó en esta, como en todas ocasiones, la mayor atención, pues parecen, que como nunca hizo ostentación de sus brillos en los muchos, que hacían, las preciosas halajas de diamantes, perlas, oro y plata, con que (a esmeros de la industria, y del arte) desde el pavimento a la cumbre, se percibía forrada; aumentándose tan nunca vistos lucimientos, las noches de estos días, en que (dejando a parte la general iluminación de todas las calles de la Ciudad) se vieron en esta, a expensas de la misma Platería, varias, y exquisitas Invenciones de fuegos artificiales, que reverberando en los nobles, y bruñidos metales, también alumbraban a el curioso concurso para ver, como a el vistoso adorno para poder lucir.

   El día siguiente 28, se continuaron estas celebridades en la misma Santa Iglesia Metropolitana, celebrando su Illma. en Ponficiales, y siendo el Orador el Dr. y Mró. D. Bartolomé Phelipe de Yta, y Parra, su Canónigo Magistral, a que asistió a su Exc., Real Audiencia, Tribunales, Ayuntamiento, Prelados, Nobleza, e innumerable concurso de todos estados, calidades, y esferas, que acudió de esta Ciudad, y de las Provincias, y Lugares comarcanos, para hallarse en tan Regia, insigne, y solemne función.[14]

   Como se puede apreciar, todas las autoridades, componentes y jerarquías intervenían en la articulación, al menos de dichas fiestas, lo que nos da una idea del grado de importancia que podían cobrar celebraciones del calibre aquí revisado.

 Esta información procede de mi trabajo inédito:

José Francisco Coello Ugalde: “Curiosidades Taurinas de Antaño exhumadas Hogaño y otras notas de nuestros días, N° 40. Fiestas de toros durante el gobierno de D. Juan de Acuña, Marqués de Casa-Fuerte. 1722-1734”. 84 p. Ils., fots., facs.


[1] José de Jesús Núñez y Domínguez: Historia y tauromaquia mexicanas. México, Ediciones Botas, 1944. 270 p., ils., fots., p. 28.

[2] Op. Cit., p. 25-30. SIETE CORRIDAS CON 100 TOROS EN EL SIGLO XVIII. Facsímil de la DESCRIPCIÓN POÉTICA / DE LAS / FIESTAS / CON QUE LA NOBILÍSIMA / CIUDAD DE MÉXICO / CELEBRÓ / EL BUEN SUCESSO / DE LA EMPRESSA / CONTRA LOS OTOMANOS / EN LA RESTAURACIÓN / DE LA PLAZA DE ORÁN / CON LICENCIA DE LOS SUPERIORES. / (Obra, al parecer del Bachiller don Bernardino de Salvatierra. N. del A.) /  En México por Joseph Bernardo de Hogal (en realidad el editor. N. del A.), / Ministro, e Impreffor del Real, y Apostólico Tribunal / de la Santa Cruzada en todo este Reino. Año de 1734.

[3] Ibidem., p. 28-30.

[4] Rangel: Historia del toreo…, op. cit., p. 129. Cfr. Coello Ugalde: Relaciones Taurinas…, op. Cit., p. 121.

[5] José de Jesús Núñez y Domínguez: Historia y tauromaquia mexicanas. México, Ediciones Botas, 1944. 270 p., ils., fots., p. 28.

[6] Juan Ignacio María de Castorena y Ursúa,  Juan Francisco Sahagún de Arévalo: GACETAS DE MÉXICO. CASTORENA y URSÚA (1722) – SAHAGÚN DE ARÉVALO (1728 a 1742). Introducción por Francisco González de Cossío. México, Secretaría de Educación Pública, 1950. 3 V. (Colección “Testimonios mexicanos”, 4-6). Vol. 2, p. 68.

[7] Op. Cit., p. 234. Gazeta de…Nº 86, desde principio, hasta fines de enero de 1735, p. 234.

[8] Nicolás Rangel: Historia del toreo en México. Época colonial (1529-1821). México, Imp. Manuel León Sánchez, 1924. 374 p. Ils., facs., fots., p. 129. Cfr. José Francisco Coello Ugalde: Relaciones taurinas en la Nueva España, provincias y extramuros. Las más curiosas e inéditas 1519-1835. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, 1988. 293 p. facs. (Separata del boletín, segunda época, 2)., p. 121.

[9] Fue hasta 1767 y 1768 en que se divulgan las primeras ordenanzas que se convierten en antecedente más que claro de los futuros reglamentos taurinos. Al menos, habría que agradecerles a los monarcas de esos años el hecho de que su iluminismo intervino en el nuevo orden de la lidia que hoy día sigue vigente.

[10] Artemio de Valle-Arizpe: Doña Leonor de Cáceres y Acevedo y Cosas tenedes. Madrid, Tipográfica Artística, 1922. 236 p. Ils., p. 140.

[11] En realidad se han tenido bastantes dificultades para dar con el paradero de tales fiestas, pero si como “votivas” se entienden a las fiestas expiatorias, de ofrecimiento o de dedicación, estamos frente a aquellas que, por su índole o carácter religioso, que las hubo, y muchas durante el virreinato, se celebraron constantemente, siendo su origen el milagro, y en México, el milagro principal que viene celebrándose es el de la aparición de la virgen de Guadalupe, aparte de los efectos “milagrosos” ofrecidos por un conjunto importante de imágenes que se utilizaron para paliar inundaciones, sequías, epidemias y otras calamidades. Ahí está el caso de la Señora de los Remedios, como uno de los casos más evidentes de “salvación”. De igual forma, el “Santo señor de Chalma”, era otra de las figuras centrales que resultaban importantes para atenuar estas contingencias naturales. Sin embargo, pocas son las relaciones de fiestas que se ocupan en atender el caso, y menos las que refieren concretamente la condición de “fiestas votivas”, de las cuales encontramos mencionada alguna de ellas en la larga lista levantada por José María de Cossío en su monumental enciclopedia LOS TOROS. TRATADO TÉCNICO E HISTÓRICO. Véase: José María de Cossío: Los toros. Tratado técnico e histórico. Madrid, Espasa-Calpe, S.A. 1974-1998. 12 v. Vol. 2: APÉNDICE I. RELACIONES DE FIESTAS, p. 560-578.

[12] Las fiestas de tabla (así también llamadas por estar consideradas en aquel impresionante contexto de celebraciones novohispanas), fueron aquellas que, incrustadas en el ámbito cotidiano y por costumbre, consideraron entre otras, a la fiesta barroca concepcionista como celebración política, religiosa y cultural en Nueva España que dogmatizaban su condición.

   Carla Isadora Zurián de la Fuente en su tesina: “Fiesta barroca mexicana y celebraciones públicas en el siglo XVII: La Inmaculada Concepción de Nuestra Señora”, Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras, 1995, dice:

   “A los vínculos sociales que entretejen el trabajo y la fiesta, se añade el religioso preámbulo solemne; vínculo que re-liga al hombre, en la soledad y precariedad de su vida, con la ecclesia y lo divino. Aunque la fiesta no necesita de exordios políticos o teológicos para justificar su sentido lúdico y libertario, lo sagrado, en buena parte de los casos, estará presente en ella” (pág. 4).

Es interesante mencionar que durante el barroco surgieron formas artísticas y culturales que utilizaron el “pavor demoníaco” elevando el temor hacia los santos y el temor a Dios, pavor que se manifestó en forma de devoción, devoción reflejada en la grandiosidad de la fiesta pública. De ahí la celebración de obras teatrales con una fuerte carga religiosa pero también profana.

   El carácter religioso elevó templos, santuarios, iglesias y capillas en medio de un sentido celebratorio. Además toda su iconografía fue motivo en diferentes fechas y por diferentes motivos de manifestaciones donde la fiesta fue pretexto, magnificándolo con corridas de toros, peleas de gallos, mascaradas, representaciones de comedias -tanto en Palacio como en el patio del Hospital Real-, juegos como el palo encebado, la cucaña, los danzantes enmascarados, los fuegos de artificio, las carreras de caballos, las obras teatrales y muchas otras diversiones que desde fines del siglo XVI tuvieron espacios permanentes que enmarcaron la intrincada sociedad barroca novohispana.

[13] Castorena y Ursúa: Gazetas…, op. Cit., p. 68.

[14] Ibidem., p. 68-9.

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