LOS TOROS: ¿NUEVA MATERIA DE LA ARQUEOLOGÍA O DE LA ANTROPOLOGÍA?

A TORO PASADO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Las siguientes notas fueron escritas en el año 2003. Han transcurrido 15 años entre la razón de su escritura y estos momentos, en los que recuperarlas, significa encontrarse con un muy parecido escenario. Veamos cuáles podrían ser las diferencias, pero también los síntomas que parecen seguirse registrando en este aquí y ahora, que todavía no depara un claro futuro para la tauromaquia.

LOS TOROS: ¿NUEVA MATERIA DE LA ARQUEOLOGÍA O DE LA ANTROPOLOGÍA?

Solo es cuestión de pensar en el museo pertinente y así hacerle llegar mi rica colección de piezas taurinas, cuyo valor supongo, irá a la alza en los momentos en que las corridas de toros dejen de tener interés, y lo peor de todo: dejen de celebrarse.

Así, cualquiera de esos grandes espacios dará fe y testimonio de lo que fue el toreo en México, luego de acumular casi 5 siglos, pero que, por las razones de una economía con crecimiento 0 %, un grupo empresarial encabezado por el más retrógrado y primitivo de ellos, y una afición en peligro de extinción, a causa de una cada vez más peligrosa disminución en el número de festejos, harán que este espectáculo toque fondo y allí se quede.

Allá, por los años 30 del siglo pasado, ese gran torero que fue “Paco” Gorráez fascinaba a la afición con la sola ejecución de un quite. ¿Cómo habrá sido aquel momento, en el que el queretano detuvo el tiempo?

Grandes culturas que nacieron, florecieron, mantuvieron su hegemonía, entraron en crisis y finalmente desaparecieron, hoy son motivo de estudio y revisión que se enriquecen y a su vez nos sorprenden cada vez que conocemos su peso y su significado. Para nosotros no son ajenos aquellos imperios indígenas que marcaron verdaderos hitos gracias a su presencia que no solo fue un despliegue de cultura. También en la guerra. Y en todo esto brillaron. Hoy, los estudiosos de dichas sociedades se encuentran con significados muy serios de su organización ciudadana que, junto a la cotidiana integran entre muchos otros el peso de su natural importancia, resolviendo –no podía ser la excepción-, los diversos enigmas para un mejor entendimiento, bajo el sustento de la arqueología por un lado, y de la antropología por otro.

El diestro de Ronda, tuvo entre sus virtudes, la de rematar el prodigio de una faena alcanzando el “estado de gracia” que arrancaba palmas y admiración desde los tendidos.

Que no se me tome esta situación a la ligera, porque es un asunto que comienza a tomar forma, primero frente a las condiciones de crisis enfrentadas de manera cíclica, y segundo ante un espectáculo que se resiste a desaparecer, apoyado en una bien articulada estructura de organización con notorios perfiles de industria (sobre todo en España) y de negocio inestable en México. Además, la presencia de grupos ecologistas cada vez más formales en su planteamiento, van fijando posturas en busca de una legislación que ponga cercos a los propósitos tradicionales del espectáculo.

Entonces, ¿dónde está el meollo del asunto, para el análisis planteado?

Me parece que vamos a dar en ese ámbito encontrado, donde los choques entre tradición y modernidad; caos y estabilidad se adueñan de posiciones cada vez más estratégicas. Los estallidos de uno y otro han dañado el campo de batalla al grado de que este es cada vez más sensible de soportar cruentos enfrentamientos o lo que es lo mismo, daños irreversibles por lo que el futuro da pocas garantías. Ojalá me equivoque, pero es tal su condición de inestabilidad, de relajamiento y de incumplimiento que los resultados pueden saltar a la vista más pronto que ya. Por un lado grandeza, por otro razones que la destruyen, la minan, nos orillan a esta reflexión, que por ese prevé el ingreso del espectáculo taurino a las interpretaciones arqueológicas y  antropológicas, las cuales no han dejado de darnos elementos del pasado más remoto, y por eso nos explicamos ante lecturas concluyentes como la que hace José Carlos Arévalo cuando apunta:

La sensación de avanzar a través de lo imaginario nos lleva a pensar que la fiesta o la corrida han sido siempre un acto alucinado. Se trata de una ceremonia, compuesta de un ritual estrictamente cumplido, pero al igual que con los ritos de los viejos mitos olvidados, los participantes parecen desconocer el significado último de la representación y el papel exacto que juegan en la acción. Lo que ocurre es que el ensamblaje entre lo real y lo imaginario es tan perfecto, y la incrustación del juego tan admitida por la costumbre, que casi parece mentira, y muchos son los espectadores que pasan por la plaza sin enterarse. (6TOROS6, Nº 389, del 11 de diciembre de 2001, p. 35).

Vieja estampa de un duro enfrentamiento. Tumbo impresionante, puyazo que no culminó y todos los de a pie pendientes de intervenir en la batalla.

Los toros: ¿Nueva materia de la arqueología o la antropología? Quizás sea muy temprano hacer tan arriesgada afirmación, pero tampoco es tarde para continuar con los finos trabajos de interpretación, antes de pensar que el toreo pase, como pasará a algún museo mi colección de piezas taurinas que sirvan para abrir nuevas líneas de investigación.

Lo anterior tendré que decidirlo profundamente, porque ese legado documental permite a cualquier estudioso del tema taurino, tener un acercamiento concreto con el espectáculo, entendiéndolo a la luz de tan abundante información, y no de otra forma más que esta. Así habrán de enterarse las nuevas generaciones sobre el devenir milenario y secular de una diversión popular que, en nuestro país entrañó de manera definitiva.

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