DOS COLUMNAS FUNDAMENTALES EN EL TOREO: LA VERÓNICA y EL PASE NATURAL.

REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   De acuerdo a los más rancios principios establecidos en la tauromaquia, el lance a la “Verónica” y el “pase natural”, vendrían siendo considerados como las columnas vertebrales de una expresión en la que los diestros deben partir, estableciendo primero que conocen perfectamente su propósito y luego que saben cómo ponerlo en práctica.

   De ese modo, cuando pude apreciar a doble página, este claro ejemplo de la “verónica”:

El Ruedo de México. Año VIII, N° 56. México, 6 de diciembre de 1951. (Páginas centrales).

…me di cuenta que lo dicho allí es –hay que decirlo-, irrebatible.

   Primero, porque la “verónica”, es el lance fundamental del toreo con el capote. Lo demás son suertes de adorno, es decir todos aquellos lances que en su día tuvieron propósito de auxilio, y que eran los “quites”, los cuales ya no existen; o por lo menos ya no pueden citarse o referirse así pues ello significa la pérdida casi total, de la suerte de varas. Ello como consecuencia de varias razones, no necesariamente las atribuibles a la reducción de la casta en el toro, pues entra en juego la natural evolución del espectáculo, su cuestionado valor de maltrato animal e incluso, el de aquel lamentable punto (es un secreto a voces), donde los matadores giran órdenes precisas para pegarles más, desentendiéndose luego, pues para sacar al toro de jurisdicción están los subalternos.

   El hecho es que las “suertes de adorno” deben ser vistas hoy día como el intento del matador en turno, o el que por reglamento –y más aún, por usos y costumbres-, y que acude a generar competencia; como lances cuya ejecución y representación, significan alarde, en unos. En otros, convocan a la belleza y terminan siendo un rico catálogo de lances con los que se evita fundamentalmente la monotonía o el minimalismo en que suele caer el primer tercio de la lidia.

   Termino retomando lo escrito en mayúsculas en la impresionante composición que se logró a doble página en la célebre publicación dirigida por D. Manuel García Santos. Va así:

DOS TOREROS –SEVILLANOS LOS DOS-, HAN LLENADO DE PERSONALIDAD LA VERÓNICA. EL UNO FUE JUAN BELMONTE, QUE LE TRAZÓ RUMBOS NUEVOS AL TOREO. EL OTRO FUE “GITANILLO DE TRIANA” QUE HIZO DEL RITMO LENTO Y DE LAS MANOS BAJAS UNA NORMA. ENTRE LA VERÓNICA DE JUAN Y LA DE CURRO, ESTÁ ESA VERÓNICA –FLOR QUE SE ABRE EN ESENCIAS TORERAS-, DE “CHICUELO”, DE PEPE LUIS VÁZQUEZ, DE MANOLO GONZÁLEZ… EN LAS FOTOS, A LA IZQUIERDA, BELMONTE, Y A LA DERECHA, MANOLO GONZÁLEZ, EN EL LANCE FUNDAMENTAL DEL TOREO CON EL CAPOTE.

   Y si lo es para la capa, también existe para la muleta. Se trata del “pase natural”. Hace muy poco lo vimos desarrollado en la interesante faena que realizó Juan Pablo Llaguno a uno de Caparica:

Disponible en internet febrero 7, 2018 en:

http://altoromexico.com/index.php?acc=galprod&id=5291. Fotografía: Sergio Hidalgo.

Y Juan Pablo, se elevó a alturas insospechadas para lograr este prodigio fue, entre otras cosas por algo que al escribirlo días después de su actuación, estaba convencido de ello:

   Los tres espadas, muleta en mano, desplegaron lo mejor de sus conocimientos en la lidia, con objeto de pulir asperezas y prepararlos para el debido lucimiento. No hacerlo significó apuros y más de algún arropón, incluyendo el dramático momento en que Juan Pablo Llaguno fue lanzado de fea manera por los aires, saliendo ileso de milagro. De este joven matador debo apuntar sus buenas y clásicas maneras, al dar cara a sus enemigos con los que demostró capacidades envidiables como lidiador.

   Si por su sangre circulan esos genes de la virtud, diría sin equivocación, que le ha bebido los alientos en espíritu, a aquel antiguo torero de origen sevillano, y que se llamó Manuel González Cabello. “Manolo” González se entrelazó con la familia Llaguno, lo que ha significado para este joven la mejor forma de materializar tan valiosa herencia. Y Juan Pablo se sabe responsable de esa razón, por lo que su actuación parecía el resultado de un diestro que no para de torear. Lamentablemente llegó a la “México” con tres corridas en su haber. Aún así, dejó una impronta que tardará mucho tiempo en olvidarse.

   Y si hay que conocer cartas-credenciales del sevillano, nada mejor que con esta imagen, donde a fuerza de reconocimiento, nos encontramos con una de las mejores explicaciones del pase natural:

El Ruedo de México. Año VIII, N° 56. México, 6 de diciembre de 1951.

   Sin propósito alguno de “ismos” que pueden ser mal interpretados, lo único que busco aquí es demostrar que sí existen, y han existido grandes ejecutantes en la “verónica” y el “pase natural”, mismos que honran y seguirán honrando lo más esencial en el contenido de dos “Tauromaquias”, la de “Pepe Hillo” y “Paquiro”. En ambas, estas dos razones poseen un peso que se busca reafirmen una tarde sí, y otra también quienes se visten de luces.

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