SOBRE “RELACIONES DE SUCESOS” EN LA NUEVA ESPAÑA.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 

Dos importantes “Relaciones de Sucesos”: la de María de Estrada Medinilla (1640) y la de Alonso Ramírez de Vargas (1677). Col. del autor.

    Con la capitulación de la ciudad de México-Tenochtitlan, hecho ocurrido el 13 de agosto de 1521, comenzó de inmediato una etapa considerada como de la dominación española. Así, a partir de 1522 recayó en Hernán Cortés el cargo de Gobernador y Capitán General. Años más tarde (entre 1531 y 1535) entraron en funciones dos audiencias y, en ese mismo 1535 comenzó el periodo virreinal, con la presencia de 63 virreyes, siendo el primero Antonio de Mendoza, y el último de ellos, solo en papel pero no en la práctica, Juan de O´Donojú en 1821.

   Durante aquellos 293 años, el influjo español permeó en una sociedad con fuerte y profunda carga de elementos y valores construidos por diversas comunidades indígenas. Ambas, cohabitaron hasta amalgamarse en un mestizaje que procuraba el equilibrio en medio de marcadas diferencias en sus formas de ser y de pensar; en sus ideologías y religiones.

   Si bien no se superó el conflicto de fondo, el hecho es que al convivir, consiguieron armonizar en ciertos aspectos donde, particularmente la razón festiva se hizo visible en forma por demás intensa y lúdica.

   Para las muchas conmemoraciones ya por motivo civil, religioso, académico o, de aquellas que dio pretexto la corona española misma, una de las más importantes conmemoraciones fue la surgida desde el ámbito de la tauromaquia, expresada a caballo durante más de dos siglos. El resto de aquellos años, fue una puesta en escena compartida entre nobles caballeros y plebeyos a pie, hasta que hubo un tiempo en que el protagonismo recayó definitivamente en estos últimos, durante el curso del siglo XVIII.

   Hoy día, y gracias a la presencia de diversas fuentes de información, conocemos la manera en que se desarrollaron aquellas fiestas. Esas fuentes son, en esencia, las que se consideran en su mayoría como “Relaciones de Sucesos”, y que alcanzan cerca de 400 impresos. Algunas de ellas describen él o los acontecimientos con notoria brevedad, en tanto que otras son auténtico despliegue de información y detalle.

   Pero, ¿qué son en realidad las “Relaciones de Sucesos”?

   En opinión de Judith Farré Vidal, se trata de

   “El despliegue espectacular del fasto público, efímero por naturaleza, concluye en el relato de su relación. La ocupación excepcional del medio urbano y la recreación de unas especiales coordenadas de espacio y tiempo que alteran el ritmo cotidiano de la ciudad, transformándola, adquieren plena trascendencia cuando se describen en el impreso de la relación. El testimonio escrito representa, por un lado, la oportunidad de que permanezca la experiencia del fasto y de esa realidad embellecida, y, por otro, permite revelar todas las claves de su entramado, desde la explicación simbólica del significado de las arquitecturas efímeras y de sus entresijos técnicos, hasta la identidad de sus mecenas. Por ello, este tipo de impresos están íntimamente ligados al “contexto ritual” en el que se proyectan, y se codifican según un “registro narrativo” sobre el que se asienta el modelo del género literario de las relaciones (mismas)”. En: Espacio y tiempo de fiesta en Nueva España (1665-1760). México, Bonilla Artigas Editores, S.A., de C.V., 2013. 311 p. Ils., facs., p. 51.

   Las hay en verso y prosa. Unas, escritas por célebres plumas como Carlos de Sigüenza y Góngora, el jesuita Rafael Landívar o Cayetano de Cabrera y Quintero. No faltan aquí otras celebridades como José de Hogal, autor e impresor, Bernardino de Salvatierra y Garnica, e incluso aunque de manera más informativa que descriptiva Gregorio de Guijo y Antonio de Robles que hicieron cada quien, en el célebre “Diario de Sucesos Notables”, auténtico registro de diversas circunstancias y acontecimientos, ocurridos de 1648 a 1703.

   Entre las muchas referencias destacan tres que no pueden eludirse, pues sus autores tratan el asunto con notable amplitud. Me refiero, en orden de aparición a María de Estrada Medinilla (1640), Alonso Ramírez de Vargas (1677) y Manuel Quiros y Campo Sagrado (1786).

   Apenas hace unos años, Dalmacio Hernández y Dalia Pérez, del Instituto de Investigaciones Bibliográficas (U.N.A.M.) ubicaron en una “Miscelánea” la relación de “Fiestas de toros, juego de cañas, y alcancías, que celebró la Nobilisima Ciudad de México, a 20 de noviembre deste año de 1640, en celebración de la venida a este Reino, del Exmo. Señor Don Diego López Pacheco, Marqués de Villena, Duque de Escalona, Virrey Capitán General desta Nueva España”, obra salida de la imprenta de Francisco Robledo en 1641, y financiada por el Ayuntamiento de la propia ciudad.

   Se trata no solo de una rareza en tanto joya de la literatura novohispana, sino también como por su hechura. Escrita en octavas reales detalla los festejos celebrados en honor de tan notable personaje, ni más ni menos que el alter ego, en ese entonces de Felipe IV.

   María de Estrada, a diferencia de muchas mujeres de su época, vivió al margen de lo sagrado y en esta como en otra obra, escrita a raíz de la misma recepción virreinal del momento, enviada “a una religiosa moja prima suya”, deja ver lo gozoso en su mirada, que consigue interpretar en cuidados versos, sorprendiendo además por seguirle los pasos a Catalina de Eslava (poeta o poetisa a finales del siglo XVI) y adelantarse por tres décadas más o menos a la luminosa presencia de otra mujer que cautivó a propios y extraños. Me refiero a sor Juana Inés de la Cruz.

   La sola razón de este redescubrimiento permitirá conocer a través de los investigadores que la ubicaron, un trabajo que esperamos ansiosamente, como una publicación más impulsada por nuestra Universidad Nacional.

   Sobre Alonso Ramírez de Vargas, debo apuntar el hecho de que en su Sencilla Narración… de las Fiestas Grandes… de haber entrado… D. Carlos II, q. D. G., en el Gobierno, México, Vda. De Calderón, 1677, encontramos que dicha obra celebra las Fiestas por la mayoridad de D. Carlos II, 1677. El Capitán D. Alonso Ramírez de Vargas y ofrece una delectación indigenista en esta Sencilla Narración… donde refulge su célebre Romance de los Rejoneadores, una de las más garbosas relaciones taurinas  que bien podrían estar al gusto de Calderón de la Barca.

   Del Capitán Ramírez de Vargas (1662-1696), quien a decir de Octavio Paz “fue poeta de festejo y celebración pública”, entre los que hubo en la Nueva España “mediano… pero digno”. Autor “de varios centones con versos de Góngora, fue sobre todo un epígono del poeta cordobés, aunque también siguió a Calderón, a Quevedo y, en lo festivo, al brillante y desdichado Anastasio Pantaleón de Ribera, muerto a los 29 años de sífilis”. Ramírez de Vargas –sigue diciendo el autor de Las trampas de la fe-, tenía buena dicción y mejor oído…” Pues bien, de tan loado autor es su famoso Romance de los Rejoneadores, parte también de la Sencilla Narración…, bella pieza que deja evidencia de la actuación de dos nobles caballeros, Francisco Goñi de Peralta y don Diego Madrazo a los que les

 Salió un feroz Bruto, josco

dos veces, en ira y pelo,

el lomo encerado, y

de Ícaro el atrevimiento.

La testa, tan retorcida

en el greñudo embeleco,

que de Cometa crinito

juró, amenazando el cerco.

   En ese sentido, también se encuentra con semejanzas notables en aquello que escribió el padre José Mariano de Abarca y Valda en 1747 y que es su célebre relación de fiestas intitulada El Sol en León. Solemnes aplausos con quien el rey nuestro señor D. Fernando VI, Sol de las Españas, fue celebrado el día 22 de febrero del año de 1747 en que se proclamó su Magestad…por la Muy Noble y Muy Leal, Imperial Ciudad de México… México, María de Ribera, 1748…, acontecimiento iniciado el martes 14 de noviembre en la plaza del Volador.

   Abarca y Valda describe pormenorizadamente trajes, cuadrillas y demás fascinaciones que fueron posibles apreciarse en la plaza durante la celebración de las representaciones ecuestres y taurinas.

   Como ya va quedando poco espacio, ofrezco para la próxima ocasión, ocuparme de Manuel Quiros y Campo Sagrado, autor cuya sola obra es motivo para nuevos apuntes. Por ahora, muchas gracias.

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