SOBRE LAS EFEMÉRIDES TAURINAS MEXICANAS.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 

El Redondel. El periódico de los domingos. Agosto de 1981.

   Desde que contamos con el apoyo de diversas publicaciones, sobre todo hemerográficas, sabemos que ahí encontraremos noticias y acontecimientos que, inmediatamente se convierten en efeméride.

Es curioso que esta definición se aplique a la posición astronómica y al estudio de los cuerpos celestes, sobre todo porque ese análisis sucede a diario, de ahí que podamos conocer puntualmente la ocurrencia de cuanto movimiento es visible en la bóveda celeste. Sin embargo, ese registro se ha convertido en la recolección de aquellos sucesos que rememoramos frecuentemente no solo en el núcleo familiar, sino que cada hecho recuperado puede recordar grandes personajes, hechos o sucesos históricos que, por su naturaleza recobran el significado, por lo que siempre se encuentran presentes en nuestra memoria, en el imaginario colectivo.

Respecto a las efemérides taurinas mexicanas, se trata de un cúmulo interminable de acontecimientos que van de 1526 y hasta nuestros días. Muchas de ellas, han pasado a formar libros, folletos, memorias y demás registros, todos ellos de enorme utilidad.

Ya la Gaceta de México, en el número 12, publicado “Desde primero, hasta fin de Noviembre de 1728”, recordaba lo ocurrido en 1529, justo cuando la autoridad había consolidado la celebración del “día de San Hipólito”, como eje rector de una fiesta oficial que todavía habría de realizarse, ya sin los valores originales, comenzado el siglo XIX.

Al aparecer en 1884 El Arte de la lidia, bajo cuya dirección estuvo encargado Julio M. Bonilla Rivera, cada número no solo daba registro puntual de las noticias que sucedieron entre ese año y poco antes de que estallara la revolución (la publicación tuvo, a lo largo de los años muchas irregularidades), a causa de la muerte del periodista la cual ocurrió a causa de un accidente en que resultó atropellado el 8 de marzo de 1909. También nos pone al alcance un conjunto notable de noticias ocurridas lustros o décadas atrás, con lo cual ha sido posible articular un verdadero escenario sobre cuanto significó el toreo, por ejemplo durante el siglo XIX en nuestro país.

Y como esa publicación, muchas otras han cumplido con tales propósitos, lo cual es de agradecer. Ya los Bibliófilos Taurinos de México, lograron en su momento, y bajo la coordinación de Luis Ruiz Quiroz (q.e.p.d.) las Efemérides Taurinas Mexicanas (2006), obra que alcanzó las 441 páginas.

Sin embargo, y dada su dinámica y acumulación, las efemérides siempre han tenido un lugar en la prensa. Por tanto, considero a título personal, que una de las fuentes a las que acudimos con frecuencia, y en cuyas páginas son abundantes ese tipo de notas, es El Redondel. El periódico de los domingos, publicado ininterrumpidamente desde el 4 de noviembre de 1928 y hasta el 22 de marzo de 1987, alcanzando las 3022 ediciones, lo que no es poca cosa, bajo la dirección de dos periodistas señores: Abraham Bitar y Alfonso de Icaza.

Dignos sucesores en esa aventura editorial, fueron Alberto A. Bitar y Alberto de Icaza (26.11.1999). Del primero, también hay que apuntar sobre el hecho de que su célebre columna “Los puntos sobre las íes” sigue vigente, sobre todo cada quince días en un espacio que le cede generosamente el diario La Jornada, la cual es leída con auténtico deleite.

Quien se acerque a esta colección para consultarla, sabe que el semanario taurino es un banco de informes y registros como pocos. Incluso, llegó a publicar en la mayoría de sus ejemplares columnas dedicadas al solo asunto de las efemérides, con lo que al encontrarlas, valoramos en la medida de lo posible el que quede memoria de acontecimientos cuyos niveles de importancia no desestimaban –por ejemplo- aquellas notas apenas perceptibles por haber ocurrido en sitios distantes o donde sus protagonistas no tendrían entonces talla de figuras.

Durante muchos años, uno de sus colaboradores más frecuentes y que se ocupó del asunto fue el recordado Leopoldo Beristáin.

Titánica tarea la tendrá quien se proponga recoger el que primero será un juego nemotécnico y luego el lucido ejemplar donde aparezcan las más destacadas. Y si a ello puede agregarse la iconografía respectiva, el resultado no podrá ser sino el de una digna publicación.

El aficionado a los toros, sobre todo aquel que decide hacer un acopio ordenado de información, sabe que las efemérides son indispensables para un mejor conocimiento en el recorrido histórico de la tauromaquia mexicana. Por eso, ahora que sabemos que en ocho años se rememorarán los 500 de convivencia, sobre todo en la historia cultural, de la vida cotidiana, el punto deberá ir adquiriendo una dimensión capaz de proporcionarnos la mayor información posible sobre lo que fue, ha sido y será el destino de esa diversión popular.

Muchos recuerdan que todos los domingos, después del festejo capitalino, buena cantidad de aficionados se acercaban a las calles del centro de la ciudad para obtener su ejemplar de El Redondel. El periódico de los domingos, con lo que podían conocer de inmediato el pulso de aquellas crónicas que iban tejiéndose a través del hilo telefónico. Así que cada número era per se, una suma de razones e ilusiones que los taurinos fueron concibiendo para fortalecer, en la mayoría de los casos, su afecto a tan singular puesta en escena.

Hoy día, con la desaparición de las publicaciones taurinas, salvo Suerte que comanda nuestro buen amigo Juan Antonio de Labra, o Matador, que ya ha salido bajo la dirección de Rafael Cué y, por novena ocasión en forma de anuario, son las dos últimas que siguen dándose a conocer en papel (salvo que me equivoque). Muchas más, se encuentran en forma digital a través de la internet. En ellas, no podía ser la excepción, la o las efemérides aparecen como columna vertebral de su composición, de ahí que esté garantizada su continuidad.

Afortunadamente en ese universo de la hemerografía taurina mexicana, y que rebasa varios cientos de títulos a lo largo de al menos 134 años (de 1884 y hasta nuestros días), y dada a conocer a lo largo y ancho de nuestro territorio, son el medio que permite acercarnos para conocer estilos, formas, maneras en que se manejó la crónica. También las técnicas de impresión, que fueron de publicar caricaturas a la fotomecánica y luego otros estilos contemplados por las editoriales ya más avanzado el siglo XX.

A todo lo anterior, no podemos dejar de mencionar una parte sustancial de su contenido, y que aquí he procurado, al resignificar el valor de las efemérides.

Y para terminar, dos efemérides dos:

El lunes 18 de julio de 1887, se celebraron dos corridas en las plazas del Paseo y San Rafael de la ciudad de México. En la primero toreó una cuadrilla en que figuraba como espada el banderillero Atenógenes de la Torre. Por aquello de lo baratísimo de los precios de entrada la Plaza del Paseo se vio con bastante concurrencia, sobre todo en el departamento de sol. La corrida en lo general fue mala, pues ni toros ni toreros cumplieron con su cometido. Los espadas ni mencionarlos, la plaza un herradero y la Presidencia completamente desacertada.

A la corrida de la Plaza de San Rafael, torearon los espadas Manuel Díaz Lavi “El Habanero”, José Sánchez Laborda y Antonio González “Frasquito”.

También en Toluca hizo aire…

PLAZA DE TOROS EN TOLUCA, MÉX. Para las fiestas del Carmen los días 18 y 19 de julio. Gran corrida de Toros. Lunes 18: Juan León (a) El Mestizo. Se lidiarán a muerte 4 bravos toros de la propiedad de D. Rafael Barbabosa, Sucesores: 2 del Cercado de Atenco y 2 de la Vaquería.

De estos festejos dice El Arte de la Lidia:

Toros en Toluca.-Las corridas celebradas en esa ciudad con motivo de las fiestas del Carmen, los días 18 y 19 del actual, han estado concurridas y animadas. Los toros de Atenco que se lidiaron, fueron buenos, no dejando nada que desear en ley y bravura. Los de la Vaquería, cumplieron. El espada Juan León “El Mestizo” y su cuadrilla dejaron satisfechos los deseos del público, estando muy certero aquel en sus estocadas. Los picadores de Atenco fueron aplaudidos y de los banderilleros se les aplaudió un buen par al “Mochilón”. (El Arte de la Lidia, año III 3ª época. México, domingo 24 de julio de 1887, N° 38, p. 3).

Cartel de la ocasión. Col. del autor.

   Los anteriores, son datos recolectados por un servidor en mi serie APORTACIONES HISTÓRICO TAURINAS MEXICANAS Nº 109, que en 2015 se vio enriquecida con el ANUARIO DE AVISOS, CARTELES y NOTICIAS TAURINOS MEXICANOS. (AÑO DE 1887), p. 165-6.

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