MARÍA AGUIRRE “LA CHARRITA” MEXICANA, FUE EN EL SIGLO XIX UN “GARBANZO DE A LIBRA”.

FIGURAS, FIGURITAS y FIGURONES

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Durante el siglo XIX varias mujeres toreros se hicieron presentes en los ruedos mexicanos. Entre otras, se encuentran: Victoriana Sánchez, Dolores Baños, Soledad Gómez, Pilar Cruz, Refugio Macías, Ángeles Amaya, Mariana Gil, María Guadalupe Padilla, Carolina Perea, Antonia Trejo, Victoriana Gil, Ignacia Ruíz “La Barragana”, Antonia Gutiérrez, María Aguirre “La Charrita Mexicana” y también la española Ignacia Fernández “La Guerrita”.

   La Charrita Mexicana nace en Zamora, Michoacán el 3 de marzo de 1865. Muere el 30 de diciembre de 1963 en la ciudad de México. Su solo paso por la vida, bien merece la siguiente semblanza.

María Aguirre decidió seguir una línea poco común en cuanto a la presencia que la mujer tuvo en México a finales del siglo XIX, asumiendo y haciendo suyo por tanto un papel protagónico donde la podemos ver participando activamente en quehaceres al parecer solo privativos del sexo masculino en eso de montar a caballo y realizar suertes arriesgadas.

Había estupendas actrices, cantantes, autoras, pero una que se distinguiera manejando las riendas, sentada al estilo de las amazonas, y colocando un par de banderillas a dos manos, como lo muestra el impecable grabado de José Guadalupe Posada, francamente era un “garbanzo de a libra”. De ahí que la “Charrita mexicana” escalara rápidamente hacia una cima, en la que, si no se mantuvo por mucho tiempo, lo hizo en cambio con bastante consistencia.

José Guadalupe Posada. Un par de banderillas a caballo colocado por “La Charrita mexicana”. Grabado en relieve de plomo. Fuente: Carlos Haces y Marco Antonio Pulido. LOS TOROS de JOSÉ GUADALUPE POSADA. México, SEP-CULTURA, Ediciones del Ermitaño, 1985.

Esposa en primeras nupcias con Timoteo Rodríguez. (María actuaba como amazona en el circo Toribio Rea, donde conoció a Timoteo Rodríguez, casándose con él hacia 1885. Montaba de amazona y ponía los dos palos a la vez, con una mano, a la media vuelta). El “acreditado artista” Timoteo Rodríguez era un consumado gimnasta, que para eso de los “trapecios leotard, el bolteo en zancos o los grupos piramidales” en que participaba no tenía igual, pues era de los que arrancaban las palmas en circos como el de la INDEPENDENCIA, ubicado en la calle de la Cruz Verde Nº 2. Precisamente, el admirable vuelo conocido con el célebre nombre LEOTARD, fue la última invención del acróbata, suerte ejecutada por un solo individuo en dos trapecios, lo cual “causa admiración y sobresalto ver al artista salvar tan largas distancias cual lo puede hacer solo un ave”. A la muerte de este, ocurrida luego de padecer una cornada el 10 de marzo de 1895 y en la plaza de Durango, festejo a beneficio de su esposa, cornada que le causó un toro de Guatimapé. Por alguna razón, que llamaría descuido, se declaró la gangrena con tal rapidez que 4 días después falleció el que fue acróbata y torero al mismo tiempo. Curada la herida de la primera viudez, María casó una vez más, ahora con el cubano José Marrero, quien ostentaba el remoquete de Cheché. Este era otro torero de la legua, por lo que pronto se entendieron. Ambos continuaron sus andanzas, sobre todo al norte del país, sin dejar de hacerlo también en más de alguna plaza del centro del país.

La vigorosa ejecución de tan arriesgada suerte, el buril firme y seguro de Posada hacen que el resultado de la colocación de ese par a dos manos desde el caballo que hoy adorna las presentes notas, siga levantando carretadas de ovaciones, a más de un siglo de haber ocurrido. Cuarenta años después, una guapa peruana recuperó –con otro estilo- la presencia femenina en los ruedos. Me refiero a Conchita Cintrón, de la cual se guardan gratos recuerdos.

Una calavera le fue dedicada a María Aguirre en 1894 así:

 La Charrita.

 La cojió un toro de Atenco

al poner las banderillas

y al caerse del caballo

se deshizo la Charrita.

María Aguirre La Charrita Mexicana en una de tantas imágenes ya en plena época madura. La Lidia. Revista gráfica taurina. México, D.F., 26 de febrero de 1943, Año I., Nº 14.

   Un año más tarde, la prensa trataba su caso en los siguientes términos:

Con motivo de un posible viaje por parte de María Aguirre a España, el Suplemento a El Enano, Madrid, del 18 de julio de 1895, p. 4, expresaba lo siguiente:

De El Arte de la Lidia, de México:

“Es un hecho que en este año, emprenderá viaje a España con el objeto de trabajar en las principales plazas de la Península, la popular y aplaudida Charrita mexicana, María Aguirre de Marrero.

En su viaje le acompañará su esposo el valiente matador de toros José Marrero Cheché, quien piensa tomar la alternativa en Madrid para después regresar al país”.

Ya verá la Charrita

y ya verá Cheché

que aquí los cornúpetos

no son de Guanamé.

    En una gira que María y José Marrero realizaron por los Estados Unidos, los llevó hasta un sitio conocido como Cripple Creek, Columbia, allá por el mes de agosto de 1895. La prensa daba cuenta de aquel suceso anotando que su presencia había resultado todo un éxito, pues el programa “ha sido cumplido en todas partes, incluso la corrida de toros como había sido anunciado.

“Esa corrida de toros ha sido enteramente al estilo mexicano.

“Ha llamado mucho la atención el capitán Cheché y la simpática Charrita, que tan justa fama gozan en México.

“Ha sido la primera corrida de toros en un redondel de los Estados Unidos”. (En La Patria, del 28 de agosto de 1895).

De hecho, Ponciano Díaz se había presentado años antes, justo en Nueva Orleans, entre el 7 y el 26 de diciembre de 1884, con la consiguiente nota exaltadora que se ubica en El siglo XIX que apuntaba:

“UN TORERO MEXICANO. Sabemos que Ponciano Díaz, bien conocido por diestro y arrojado en las plazas de toros de la República, está causando un verdadero furor entre nuestros primos de Orleans. Y eso que los bichos que lidia en la ciudad americana no deben ser como los bravos de Atenco.

Ponciano Díaz fue obsequiado en una de las últimas corridas con una corona de oro”.

Todavía, a principios de siglo XX, María Aguirre seguía actuando con cierta frecuencia, hasta que su nombre poco a poco fue perdiéndose… Con los años, algunas publicaciones periódicas, como Revista de Revistas la “desempolvaron” del olvido, trayendo desde aquel territorio, y en varias entrevistas de nuevo a la “palestra” a quien fuera famosa amazona, esposa de dos toreros, Timoteo Rodríguez y José Marrero, a quienes vio morir con motivo de percances en el ruedo con muy pocos años de diferencia. Así, la valiente “charra” fue soportando la vida, hasta que, llegado el año de 1963 y casi con un siglo de vida, terminaron sus días, rodeados de recuerdos y amarguras…

Este quizá se convierta en uno de los últimos carteles (año de 1917) donde aparece su nombre para una más de esas notables actuaciones suyas. Col. del autor.

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