CLAUDE POPELIN OPINA SOBRE EL TORO MEXICANO EN 1964.

APORTACIONES HISTÓRICO TAURINAS MEXICANAS.

 RESEÑA DE UN ARTÍCULO DEL AUTOR FRANCÉS, POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

“Pardito”, semental de Mimiahuapam. El Ruedo. Madrid, España.

    Claude Popelin estuvo en México durante el verano de 1964. Como resultado de su visita, y entre otras cosas, pudo llevar a cabo una auténtica exploración por diversas ganaderías de toros bravos de lo cual encontramos un interesante balance en su artículo “El toro mejicano” (sic) publicado en la célebre revista El Ruedo, en su número 1056, del 15 de septiembre (p. 18-20).

Al parecer este no era su primer contacto con nuestro país, y en particular con el toreo que por entonces alcanzaba ya dimensiones muy importantes. Un año atrás dictó la conferencia “Méjico, segunda patria del Toreo” en el Club Taurino de París, lo que significa que gozaba de información y conocimiento plenos lo cual, por otro lado nos propone llevar a cabo la búsqueda respectiva de ese texto.

Popelin no era ajeno a este ambiente, pues llegó a publicar un buen número de libros lo que significa entenderlo como un aficionado pensante. En “El toro mejicano”, sus primeras apreciaciones nos hablan de un país en el cual se celebraban hace poco más de medio siglo 150 corridas y 300 novilladas, tomando en cuenta que la glosopeda o fiebre aftosa seguía siendo un factor de crisis en el campo, pues desde 1942 en que se declaró este mal, hubo necesidad de cerrar las fronteras aplicando fuertes controles sanitarios, y de que todo aquel ganado que hubiese adquirido la enfermedad o mostrara síntomas de la misma fuese separado y sacrificado. Como no había certeza de aquello, el sacrificio fue colectivo y en grandes cantidades. Es bueno recordar que la fiebre aftosa se produce por causa viral, muy contagiosa, afectando ganados mayores y menores, con síntomas como fiebre alta y el desarrollo de úlceras en el hocico así como erosiones en vesícula y ampollas de gran tamaño en pezuñas y ubre.

De inmediato nos da otra razón de peso a aquel estado de cosas argumentando que frente al problema representado por aquella enfermedad, hubo épocas, como las del siglo XIX en que la fiesta de toros en este país se sirvió de su ganado “criollo”, del que sin mala intención se puede decir que era más o menos “morucho”. No fue sino hasta comienzos del XX en que por intervención de Antonio Llaguno, fundador en su condición de ganadería brava de San Mateo, hubo desde aquellos tiempos una afortunada aplicación selectiva con productos de tal origen. Y va más allá al escribir:

“De mil vacas así compradas no conservó, después de tentarlas, sino veinticinco, de las que salió el primer toro, de acuerdo a lo que le fue compartido al autor, entre otros títulos de “Los toros desde la barrera”, el cual fue lidiado por Ricardo Torres “Bombita” en la plaza de Aguascalientes en 1906 (¿se trata del célebre “Húngaro”?) y así es, en efecto pues refiere que su cabeza, ya disecada se conservó en casa del hermano de Alfonso Ramírez “Calesero”.

Más adelante refiere que “Valiéndose de su personal amistad con Bombita, el escrupuloso ganadero logró del marqués de Saltillo varias remesas de vacas y de sementales a partir del año 1909. Esta nueva línea de pura ascendencia andaluza se utilizó con el tiempo para formar una serie de ganaderías que conservan las características primitivas. Son esencialmente hoy día los Torrecilla propiedad desde 1932 de Julián Llaguno (hermano de Antonio); los Mimiahuapam, Valparaíso, Santo Domingo, Tequisquiapan, Javier Garfias, Jesús Cabrera, San Antonio de Triana, Villacarmela, Cerro Gordo, Juan Aguirre…

Luego pone su mirada en el campo tlaxcalteca, sobre todo a partir de la ganadería madre más estable por entonces: Piedras Negras, la cual “después de haber adquirido algunos sementales de Murube recogió la sangre de Saltillo en los antiguos Tepeyahualco. A su vez, la venta de sus productos ha contribuido a crear otras ganaderías de calidad, tal como La Laguna”.

Sobre Pastejé apunta: “se han formado en gran parte con los de San Diego de los Padres, procedentes en un principio de cruces con sementales de Ibarra y de Pablo Romero, pero que se abrieron ulteriormente a una larga aportación de reses también oriundas de Saltillo”.

Popelin dice que La Punta, constituida en principio con sangre de San Mateo (vía Saltillo), fue “prácticamente eliminada en 1925 y la ganadería se reconstituyó con reses de Campos Varela, a la que los hermanos Madrazo (Francisco y José) han añadido posteriormente sementales de Domingo Ortega, entre otros”.

En aquel 1964 ya había en todo el país 114 ganaderías integradas a la entonces Asociación de Criadores de Toros con lo que estaban garantizados los festejos que empresas desplegadas por el territorio nacional organizaron por entonces. Por lo tanto, su primera gran conclusión fue “…que el toro borrego no se da. Lo que sí ocurre, y ha ocurrido siempre, es que marcan una frecuente tendencia a aplomarse en el último tercio. Es consecuencia de un poder más relativo, debido a las distintas condiciones de su alimentación. En España, el ganado tiene normalmente asegurada la hierba durante ocho meses del año. En el altiplano de Méjico, por razones metereológicas, sólo dispone de ella durante poco más de cuatro meses. Además, la ley Agraria limita los pastos a 500 cabezas de ganado mayor, aplicando un índice de aridez variable según los estados…”

Y no dudó en preguntar directamente a Luis Barroso Barona –entonces propietario de San Miguel de Mimiahuapam– sobre el hecho de que unos toros vienen a caerse y otros no.

“Intervienen tres causas distintas: la insuficiente alimentación de madres e hijos; el engordamiento precipitado de los toros en los tres últimos meses, y la consaguinidad”, me contestó sin vacilar.

Sobre aquel Mimiahuapam, el de su primera época hace evocaciones que recrean ese pedazo de campo bravo como sigue: “Monte arriba de la bella hacienda, dentro de sus potreros (sinónimo mejicano de cercados) individuales están los siete sementales: “Emperador” (hijo de un semental oriundo del Conde de la Corte y de una vaca de San Diego de los Padres, el cual, con los dieciséis años cumplidos, se conserva todavía por haber sido el fundador de la ganadería). “Cominito” (que ha engordado de una manera descomunal, porque ha aprendido a beberse el aguamiel de los magueyes), “Sereno” (indultado por su bravura excepcional en Querétaro el 25 de diciembre de 1962). “Mejicano”, “Pardito”, “Vencedor”, “El Cid”. Acompañado de Guadalupe, el mayoral [o vaquero] azteca, los he visitado uno después de otro”.

Describe a continuación la serie de obras emprendidas para dar un mejor tratamiento al ganado en un territorio ubicado a 2,700 metros de altura (le sorprende mucho el detalle de la altitud). Por ejemplo, el llevar agua a los abrevaderos, sitio en el que se encontró con 220 vacas de vientre, las cuales, acompañadas de sus becerros, “comían la hierba joven del inmenso ‘corredero’ de más de dos kilómetros de largo por ochocientos metros de ancho, que ha sido previsto para las tientas por derribo de machos… Los vaqueros mejicanos no llevan jamás la vara en el campo; les basta con hacer restallar su lazo para repeler cualquier res que se desmande”.

Por aquel entonces todos los animales de la ganadería, machos y hembras, llevaban marcados con hierro detrás de la oreja izquierda la reproducción de su número de orden y, detrás de la derecha, la fecha exacta de su nacimiento, con mención del día, mes y año. De esa forma, el fraude era imposible de consumar.

Viene a continuación un hermoso retrato que describe así: “Al pisar el ruedo de la placita de tienta y encontrarse delante de vacas tan bien encastadas, se creería uno… en Andalucía, si no fuera por dos detalles: que la Santa Imagen de la Virgen de Guadalupe ocupa el sitio de la de la Virgen del Rocío, y que en el horizonte los picos nevados de los volcanes parecen a su vez presenciar la faena”.

Lo que habrá de decir al final, es un balance concreto, pues determina que en el resto de las ganaderías no encontraba la misma homogeneidad, “sea porque los cruces con sementales españoles no ligaron igualmente bien, sea porque sus propietarios no han tenido los recursos necesarios para mejorar adecuadamente la cría. Les toca abastecer de ganado a los espectáculos de menor categoría y, entre ellos, a gran parte de las novilladas”. Otro factor importante fue sugerir el exterminio y control de la glosopeda, aspecto que vino a superarse al finalizar el siglo pasado, con los primeros experimentos logrados a partir de la inseminación artificial, mismos que han ido presentando resultados que muestran y demuestran que, con un trabajo constante, sólido y siempre dirigiéndolo a los propósitos fijados por los ganaderos mismos, las aspiraciones se concretarán felizmente.

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