POR UNA MEJOR TAUROMAQUIA EN MÉXICO.

EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 

¡Va por ustedes! Grabado de José Guadalupe Posada. Col. digital del autor.

 Todavía parece largo el camino que nos permita alcanzar el año 2026 con el que habrán de cumplirse los 500 de la primera celebración taurina en estas tierras. Ese hecho, conviene recordarlo, ocurrió el 24 de junio de 1526.

Desde entonces y hasta hoy, el recuento de festejos alcanza cifras imposibles de medir. Es una fiesta concebida a partir de otros tantos pretextos que le dan un significado profundamente valioso, el cual le confiere el inapreciable valor de patrimonio.

Inmoderada tradición que derivó de un duro proceso como la conquista, se mantiene hoy en medio de una confrontación, la del pro y el contra, pero también de cara a lo inestable de un destino el cual debemos entender como el de su fin natural.

Sin embargo, existe un aliento de esperanza, fundado en la positiva acción y reacción de todos aquellos “taurinos” que se sienten comprometidos con la recuperación de su grandeza. Muchos otros se han alejado en medio del desencanto, el que observan cuando esa fiesta a la que deben profundos y entrañables recuerdos, se convierte en rehén de unos cuantos que la han lastimado y ofendido hasta su extremo, y son ellos quienes la vulneran en forma vergonzosa.

Y pregunto, como aficionado qué ocurre con la frecuente presencia de ganado que no cumple con lo establecido no solo por reglamento, sino hasta por sentido común lo que, en forma contundente genera la primera gran sospecha. No es solo engaño, es fraude y escamoteo.

Créanme que entre los últimos festejos que se celebran al finalizar el año, son días de fiesta, pues son las pocas oportunidades de apreciar al toro en toda su dimensión (recordamos a los de Barralva, o ese encierro de San Mateo que se lidiará el próximo 13 de enero), para luego observar el derrumbe con la reaparición de esas ganaderías “que son garantía de espectáculo”, pero que son también innombrables.

Esperamos con impaciencia que las empresas en su conjunto se apliquen, intentando corregir sus desaciertos (y que conste, no son todas) y que han causado la más importante respuesta de la afición, misma que consiste en que no se colmen los tendidos. El que una plaza como la “México”, por ejemplo, tenga pésimos balances en sus entradas, produce preocupación. La empresa a estas alturas ya debería tener controlada y corregida una situación que como esa, afectaría a cualquiera. Sin embargo, dicho asunto parece no preocuparlos.

No se deben esperar fechas o “tablitas de salvación” como los festejos organizados alrededor del aniversario de esa plaza. Aun así, a pesar del cartel o los carteles que se monten, puedo decir con certeza que el coso de Insurgentes no se ha llenado a su máxima capacidad desde hace muchos años. Por tanto, esa es una gran tarea a resolver.

Justo por estos días se celebran en territorio estadounidense diversos partidos de futbol americano que convocan a miles de aficionados y dada la dimensión de esos encuentros, la impresionante cobertura mediática (dentro y fuera de los estadios), y otros aspectos en torno a ese aspecto, hacen que aquello se convierta en una afortunada circunstancia que garantiza el negocio desde cualquier punto de vista. Aquí, y tratándose de los toros, ese punto parece manejarse como artículo de segunda mano.

Creo que al margen de si son necesarios o no verdaderos profesionales de la mercadotecnia, lo que funciona o funcionaría muy bien es recuperar, en la medida de lo posible, y sin alterarlo, el peso de la costumbre. Quizá deba renovarse en la forma, pero no en el fondo. Incluso, ni siquiera es prioritaria esa alternativa, pues la sola continuidad de una costumbre como es la de los toros tiene garantizado un importante peso en su poder de convocatoria…, pero hay que saber encontrar el “quid” del asunto.

Por ejemplo, las fiestas patronales y toda su organización, responden favorablemente a la articulación de corridas de toros, peleas de gallos, coleaderos, palenques, montaje de juegos mecánicos y otros pues se involucran empresarios, mayordomos y otro conjunto de personas cuya participación hace que brillen con luz propia todas esas conmemoraciones.

Un buen amigo me platicaba haber estado en una de las más recientes ferias en Autlán de la Grana, y lo que observó fue un festejo taurino con excelentes resultados: plaza llena, buen cartel, buenos toros, buenos precios. Claro, me estoy refiriendo a una plaza cuya capacidad es de seis mil asistentes. Pero aun así, lo que se tuvo como balance es que la organización en su conjunto, busca que quien llegue a un poblado como Autlán, o como muchos más, y que entre sus atractivos se encuentren este tipo de actividades, pues parece ser conveniente para reconocer que algo se hace en bien de la fiesta.

Conviene poner en valor la presencia de la prensa, ese poderoso vehículo de información que incluye el noble ejercicio de la crítica, síntoma que desde hace tiempo es un ausente notorio. No basta la lectura de noticias, basta también tener visible una postura imparcial, esa que permite a quien da uso de los medios masivos de comunicación para que fluyan opiniones y luego se conviertan estas en referencia. También en ese sentido, son muy pocos quienes emiten ese tipo de reflexiones, por lo que es imperativo decir aquí sobre el hecho de que en este aquí y ahora, ya deben estar influyendo tres o cuatro plumas o voces, convertidas en referencia, tal cual sucedió en su momento con José Alameda o Paco Malgesto, y vaya que uno y otro tuvieron en su momento “cola que les pisaran”.

La dimensión que alcanzan las tecnologías de información y comunicación (TIC, por sus siglas) es impresionante. Portales de internet, blogs y nanoblogs; la creación de comunidades homogéneas que persiguen fines específicos y otras circunstancias a veces se desperdician en el tráfago de su manejo, por lo que siendo un instrumento que manejan o administran de mejor manera las juventudes, sea también la forma para que a través de esos “hilos invisibles, por virtuales” se alcance a cubrir un verdadero propósito. Evidentemente lo hemos podido comprobar, y uno de esos valiosos resultados se concretó luego del terremoto del 19 de septiembre de 2017, por ejemplo. Esa cohesión, ese organizarse y ese responder a situaciones adversas permite alcanzar a entender, como ya lo dijo hace unos días el religioso dominico Miguel Concha Malo en que “Si bien es cierto que las redes sociales, con sus llamadas “tendencias”, hoy hacen contrapesos en la opinión pública, también es verdad que, por mucho, las movilizaciones sociales en las calles tienen cargas simbólicas y políticas que convocan a una amplia diversidad de grupos en México”.

Pues bien, ahí están una serie de respuestas que pueden ser útiles en verdad si en la misma medida, responden quienes quieren o desean que mejore el destino de la tauromaquia en México. Al comenzar un nuevo sexenio y apreciar cómo se van desmontando auténticos imperios de corrupción y miseria, de poderes fácticos que dañaron en profundidad a la población de este castigado país, bien merecería que la tauromaquia fuera sometida a procesos de depuración como los apuntados. Quien quita y podamos tener esa TAUROMAQUIA, ahora sí con mayúsculas, privilegiada y con mejor trato y condición.

Termino diciendo que no se entienda lo anterior como una tardía carta a los reyes, sino la forma más honesta de retomar cada quien desde su parcela, el papel asumido que ya no es solo pasivo. Se trata de una respuesta activa y reactiva a la cual sumamos lo mejor de cada uno de nosotros.

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