ANUARIO DE AVISOS, CARTELES y NOTICIAS TAURINOS MEXICANOS. 1887. (2 de 2).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

“El toro embolado” haciendo de las suyas. Grabado de Manuel Manilla. Imagen disponible en internet febrero 19, 2019 en: http://ipm.literaturaspopulares.org/Inicio

    Mientras tanto, la ciudad de México era el centro de atención debido a la intensa actividad taurina que se generó desde el 20 de febrero de 1887, cuando fue inaugurada la plaza de San Rafael, la primera de varias que se levantaron entre ese año y 1889.

 PLAZAS – GANADERIAS – TOREROS.

Hemos visto al inicio de este capítulo lo relacionado a plazas de toros, de las cuales se levantaron un buen número y en poco tiempo por diversos puntos de la ciudad.

Por ejemplo, San Rafael fue inaugurada el 20 de enero de 1887. Colón y Paseo el 10 de abril del mismo año; Coliseo el 18 de diciembre, también de 1887. Bucareli, 15 de enero de 1888. Ese mismo año, Ponciano Díaz quien era dueño en sociedad con José Cevallos de la de Bucareli, estrena otra plaza más en la Villa de Guadalupe. Y, aunque de menor trascendencia, en el barrio de Jamaica se instaló la plaza Bernardo Gaviño. Se sabe que hubo una más por el rumbo de Belem y otra más que sirvió para ensayos. Como es de notarse la efervescencia del toreo creció notablemente y las plazas surgían casi como hongos en la tierra. Claro que de las plazas aquí reseñadas (a excepción de Bucareli 1888-1899) no resistieron más que las broncas despiadadas por males tardes o la inclemencia del tiempo, puesto que solo eran levantadas con madera. Años más tarde, y tras la prohibición de 1890-1894, las plazas de Tacubaya, Mixcoac, y una improvisada en Tlalpan, junto con la de Ponciano Díaz -ya en propiedad de la empresa J. Ibáñez y Cía.- siguieron proporcionando espectáculos.

Iniciada la segunda mitad del siglo que nos congrega, puede decirse que las primeras ganaderías sujetas ya a un esquema utilitario en el que su ganado servía para lidiar y matar, y en el que seguramente influyó poderosamente Gaviño, fueron San Diego de los Padres y Santín, propiedad ambas de don Rafael Barbabosa Arzate, enclavadas en el valle de Toluca. En 1835 fue creada Santín y en 1853 San Diego que surtían de ganado criollo a las distintas fiestas que requerían de sus toros.

Durante el periodo de 1867 a 1886 -tiempo en que las corridas fueron prohibidas en el entonces Distrito Federal- y aún con la ventaja de que la fiesta continuó en el resto del país, el ganado sufrió un descuido de la selección natural hecha por los mismos criadores, por lo que para 1887 da inicio la etapa de profesionalismo entre los ganaderos de bravo, llegando procedentes de España vacas y toros gracias a la intensa labor que desarrollaron diestros como Luis Mazzantini y Ponciano Díaz. Fueron de Anastasio Martín, Miura, Zalduendo, Concha y Sierra, Pablo Romero, Murube y Eduardo Ibarra los primeros que llegaron por entonces. La familia Barbabosa, poseedora para entonces de Atenco, inicia esa etapa de mezcla entre su ganado criollo y uno traído ex profeso para la reproducción y selección, obligadas tareas de un ganadero de toros bravos. Por una curiosidad, puede decirse que retorna a Atenco el honor de ser -de nuevo- la ganadería de toros con el privilegio -ahora sí- del concepto profesional para la crianza y todos sus géneros del toro bravo.

Junto a esta ganadería y en 1874, don José María González Fernández adquiere todo el ganado -criollo- de San Cristóbal la Trampa y lo ubica en terrenos de Tepeyahualco. Catorce años más tarde este ganadero compra a Luis Mazzantini un semental de Benjumea y es con ese toro con el que de hecho toma punto de partida la más tarde famosa ganadería de Piedras Negras la que, a su vez, conformó otras tantas de igual fama. Por ejemplo: Zotoluca, La Laguna, Coaxamaluca y Ajuluapan.

La reanudación de las corridas de toros en el Distrito Federal significó uno de los acontecimientos sociales más interesantes de aquel momento. De pronto surgió una efervescencia sin precedentes al construirse varias plazas de toros. También circularon distintas publicaciones taurinas favorables al toreo mexicano o al español, según la formación y filiación de sus redactores, mostrando incluso, una calidad de edición similar a las que se editaban en España. En fin, el ambiente recuperó rápidamente su ritmo y la ciudad volvió a estar de fiesta.

Día a día se mostraba un síntoma ascendente y asimismo constante. Quedaron atrás aquellas manifestaciones propias de aquel toreo que se mantuvo sin tutela, muestra por valorarse así mismos y a los demás por su capacidad creativa como forma continua de la mexicanidad en su mejor expresión. Por otro lado, es algo así como la búsqueda del eslabón perdido donde se daba cabida a la sucesión de invenciones. Tras la prohibición ya mencionada como objeto de este estudio puede decirse que veinte años no significaron ninguna pérdida, puesto que la provincia fue el recipiente o el crisol que fue forjando ese toreo, el cual habría de enfrentarse en 1887 con la nueva época impuesta por los españoles, quienes llegaron dispuestos al plan de reconquista (no desde un punto de vista violento, más bien propuesto por la razón).

De ahí que el toreo como autenticidad nacional haya sido desplazado definitivamente concediendo el terreno al concepto español que ganó adeptos en la prensa, por el público que dejó de ser público en la plaza para convertirse en aficionado, adoctrinado y con las ideas que bien podían congeniar con opiniones formales de españoles habituados al toreo de avanzada.

Al mencionar ahora a los toreros, debe este apunte basarse en dos líneas que luego se fusionaron para el logro definitivo de la sola expresión impuesta como la más razonable, en virtud de sus mejoras, avances, manifestaciones y demás esplendores, como es el toreo de a pie a la usanza española y en versión moderna.

Por el lado de los mexicanos, Ponciano Díaz (1856-1899), torero con bigotes como los demás de esa época, formado bajo la tutela de expresiones nacionales y en el campo, fundamentalmente. Los públicos de entonces dejan llevarse y forman parte a su vez, de una idolatría que muy pocos diestros han conseguido a lo largo de las distintas épocas del espectáculo. Rompió con los feudos establecidos de lustros atrás y supo incorporarse a la actividad provinciana con éxitos inenarrables (si no, que lo digan versos populares, prensa a su favor, retratos, fotografías, anécdotas, entre otras cosas). De él se puede hablar y hasta dedicarle espacios más significativos.

Todo lo anterior, pude ponerlo en reflexión en un trabajo inédito que lleva el siguiente título: “Ponciano Díaz, torero del XIX. A 100 años de su alternativa en Madrid. (Biografía). Prólogo de D. Roque Armando Sosa Ferreyro. Con tres apéndices documentales de: Daniel Medina de la Serna, Isaac Velázquez Morales y Jorge Barbabosa Torres”. México, 1989 (inédito). 404 p. Ils., retrs., facs., cuadros.

Cuadrilla de Ponciano Díaz hacia 1885 con banderilleros y “topadores”. En: SOL Y SOMBRA. SEMANARIO TAURINO NACIONAL del 19 de abril de 1943.

   Retomando el hilo de la lectura, debo decir que larga es la lista, por lo cual prosigo con quienes actuaron entre 1887 y 1888:

(T) Torero; (B) Banderillero; (P) Picador; (O) Otros.

 Pedro Nolasco Acosta (T)

Arcadio Reyes «El zarco» (B. y desde el caballo)

Gerardo Santa Cruz Polanco (T)

María Aguirre «La Charrita mexicana» (desde el caballo)

Braulio Díaz (B).

José de la Luz Gavidia «El Chato» (T)

Atenógenes de la Torre (P)

Rafael Calderón de la Barca (T)

Felícitos Mejías «El Veracruzano» (T)

Genovevo Pardo «El Poblano» (T)

Carlos Sánchez (B)

José Ma. Mota (P)

Agustín Oropeza (P)

Celso González (P)

Carlos López «El Manchao» (B)

Abrahám Parra «El Borrego» (T)

Pedro García (B)

Natividad Contreras «El Charrito del siglo) (T. y desde el caballo)

Ramón Márquez (B)

Pompeyo Ramos (B)

Casto Díaz (B)

Antonio Vanegas «Chanate» (B)

José Basauri (T)

Timoteo Rodríguez (T)

Jesús Adame (T)

Ignacio Gadea (desde el caballo)

Antonio González «El Orizabeño» (T)

Refugio Sánchez «Lengua de Bola» (B)

Valentín Zavala (T)

Francisco Aguirre «Gallito» (B)

Adalberto Reyes «Saleri mexicano» (B)

Miguel Acevedo (P)

Francisco Anguiano (P)

Jesús Carmona (P)

Vicente Conde «El Güerito» (T)

Ireneo García (P)

Piedad García (P)

Antonio Mercado «Santín» (P)

Cándido Reyes (P)

DIESTROS ESPAÑOLES

Carlos Borrego «Zocato»

Juan Antonio Cervera «El Cordobés»

Antonio Escobar «El Boto»

Francisco González «Faico»

Antonio Guerrero «Guerrerito»

Manuel Hermosilla

Juan Jiménez «El Ecijano»

Gabriel López «Mateito»

José Machío

Valentín Martín

Luis Mazzantini

Tomás Parrondo «El Manchao»

Diego Prieto «Cuatro Dedos»

Enrique Santos «Tortero»

NOVILLEROS

Joaquín Artau

Leopoldo Camaleño

Manuel Cervera Pacheco

Antonio Díaz Lavi

Manuel Díaz Lavi «El Habanero»

Juan José Durán «Pipa»

Pedro Fernández «Valdemoro»

Andrés Fontela

Fernando Gutiérrez «El Niño»

Juan León «El Mestizo»

Manuel Machío

José Machío Trigo

José Martínez Galindo

Juan Mateo «Juaniqui»

Juan Moreno «El Americano»

Vicente Navarro «El Tito»

Arturo Paramio

Diego Rodríguez «Silverio Chico»

José Romero «Frascuelillo».

Desde el primer domingo de enero hasta el domingo 30 de diciembre del año 1888, se han celebrado en las cinco plazas de la capital de la República 127 corridas lidiándose 723 toros de ganaderías mexicanas y españolas como se verá por los siguientes datos:

Se jugaron en dichas corridas 723 toros de 53 ganaderías mexicanas y 9 españolas, distribuidos de la siguiente manera:

Ganaderías mexicanas.-Venadero 61, Cazadero 44, Atenco 42, San Simón 41, Canario 41, Soledad 30, Jalpa 23, Cieneguilla 22, Guanamé 21, Mezquite Gordo 21, Jalapilla 19, Salitre 18, Desconocidas 18, Ramos 17, Santín 15, Buenavista 14, Guatimapé 13, San Diego de los Padres 12, Parangueo 12, Canaleja 12, Montenegro 12, Maravillas 12, Meztepec 11, Bramino de Arandas 11, Estancia Grande 10, Santa Cruz 10, Fortín 10, Cercado de Bayas 9, San Pedro Piedra Gorda 7, Ortega 7, Cuatro 7, Nopalapan 6, Jaral 6, San Francisco 6, Guaracha 6, Sauceda 6, Rosario 6, Cubo 6, Santa Lucía 5, San Antonio 5, Calera 5, San Diego Xuchil 5, Ayala 5, Plan de la Barca 4, Tulipan 4, Bringas 4, Noria de Charcas 3, Hacienda de la H 3, San Isidro 3, San Gerónimo 3, San Cristóbal 3, Santa Rosa 1, San Clemente 1.-Total 697 toros.

Ganaderías españolas.-De Heredia 6, Hernán 3, Saltillo 3, Benjumea 3, Conde de la Patilla 3, Concha y Sierra 3, Miura 2, de procedencia desconocida 2, Anastasio Martín 1.-Total 26 toros.

De éstos, dos no se mataron, siendo uno de Concha y Sierra y otro de Anastasio Martín.

En las 127 corridas verificadas en México en el año 1888, han tomado parte en la lidia 170 diestros y 35 aficionados.

Espadas.-Artau Joaquín, Borrego Carlos «Zocato», Díaz Ponciano, Díaz Lavi Manuel el «Habanero», Fontela Andrés, Flores Antonio, Gadea Ignacio, Gutiérrez Fernando el «Niño», González Antonio «Frasquito», Hermosilla Manuel, Jiménez Juan el «Ecijano», López Gabriel «Mateíto», Lobo Fernando «Lobito», Leal Cayetano «Pepe-Hillo», León Juan el «Mestizo», Mazzantini Luis, Martín Valentín, Machío José, Moreno Juan el «Americano», Navarro Vicente el «Tito», Prieto Diego «Cuatro dedos», Parrondo Tomás el «Manchao», Polanco Gerardo, Zavala y otro espada.

Picadores.-Blázquez Laureano, Carmona Jesús, Carmona Pedro, Conde Vicente el «Güerito», Conde Vicente (h), Conde Emilio, Camacho Antonio, Cueto Félix, Figueroa Eulogio, Gómez Cornelio, García Piedad, García Ramón, García Pedro, García Federico, García Ireneo, García Juan, Bayard José «Badila», González Celso, Gochicoa Federico, González Filomeno «Cholula», González Nieves, Hernández J.M., Mota J.M., Mota Domingo, Mercado Ramón «Cantaritos», Mercado Pablo, Morales Guadalupe, Mosqueda Francisco, Morales Amado, Oropeza Agustín, Oropeza I.M., Pérez Antonio el «Charol», Pérez Manuel el «Sastre», Reyes Arcadio, Rodríguez Manuel «Cantares», Reyes Adolfo, Recillas Juan de la Luz, Romero Antonio, Reyes Ramón, Rosas Manuel «Pelayo», Rodríguez Antonio el «Nene», Ramón Jesús, Nava Manuel, Sánchez Enrique el «Albañil», Saez Rafael el «Pintor», Sierra Benigno, Talavera Demetrio, Tovar Pascual, Vargas Juan «Varguitas» y un desconocido.

Banderilleros.-Anaya Anastasio, Adame Ángel, Blanco Manuel «Blanquito», Bonar Francisco «Bonarillo», Barreras Elías el «Aragonés», Antúnez Antonio «Tovalo», Calderón de la Barca, Blanco Jesús, Cañiveral Ramón el «Campanero», Cermeño Juan, Carbajal Francisco el «Pollo», Cortés José León, Cao Faustino el «Rochano», Diego Francisco «Corito», Delgado Luis S., Domínguez Manuel, Escacena José, Fragoso Jesús el «Mutilado», García Antonio el «Morenito», Gómez Antonio el «Chiquitín», González Antonio el «Orizabeño», Galea José, Gallegos Vicente, Gadea Amado, Gadea I.M., Gadea Ignacio (h), González Patricio, Garnica Emeterio, García Emeterio, García Florencio el «Tanganito», García Carlos, Gutiérrez Benito el «Asturiano», Gudiño Juan, Girón Aurelio, García Antonio «Alegría», Hernández José el «Americano», Hernández Mauricio, Hernández Francisco, Lobato Francisco, López Ramón, López José «Cuquito», Lobo Antonio «Lobito Chico», Lara Eugenio el «Maestro», Muñoz Joaquín el «Belloto», Muñoz Rafael el «Mochilón», Mejía Francisco, Manero Manuel «Minuto», Mercado Jesús, Miranda Antonio el «Pipo», Morales Manuel «Mazzantinito», Mendoza Diego el «Curro», Marquina Francisco «Templao», López Carlos el «Manchado», Mejía Manuel «Bienvenida», Machío Manuel, Mazzantini Tomás, Monje José «Candelas», Márquez Ramón, Mercadilla Antonio «Zenzontle», Navarro Miguel el «Cartagenero», Nava Julián, Pujol Alberto el «Cubano», Pardo Francisco el «Trallero», Osed Agustín, Pérez Ramón, Pardo Genovevo, Pompeyo José, Paredes Salvador «Redondillo», Romero Juan «Saleri», Recatero Victoriano «Regaterín», Recatero Luis «Regaterillo», Orozco José «Laborda», Sánchez Carlos, Sánchez Francisco, Sosa Darío, Sánchez Hipólito, Torre Atenógenes de la, Vaquero Francisco «Vaquerito», Vieyra Tomás, Villegas Francisco «Naranjito», Vázquez Enrique «Montelirio», Velázquez José «Torerito», Zayas Antonio, (tres peones cuyos nombres no dieron los carteles y otro banderillero desconocido).

Puntilleros.-Audelo Inés, Reyes I.M., (h), Puerta Romualdo «Montañés».

Estos son los toreros más representativos de aquel momento. Ella, La Charrita mexicana logró figurar en medio de un ambiente dominado únicamente por hombres (aunque a mediados del siglo XIX fue notoria la actuación de otras tantas mujeres que, por el solo hecho de arriesgar sus vidas, forman parte de aquel ambiente con un mérito bien ganado). María Aguirre en compañía de Ponciano Díaz demostraban el quehacer torero representado como una muestra de lo nacional.

Pedro Nolasco Acosta, de cuyo perfil general escribí algunas notas en el capítulo anterior, es uno de tantos toreros que mantienen la hegemonía de la tauromaquia en tiempos de prohibición del espectáculo en la capital del país. Por él se concibe la presencia taurina en San Luis Potosí.

Arcadio Reyes El Zarco enriquece el bagaje torero vistiendo las más de las veces con el traje de charro y poniendo banderillas desde el caballo, lo mismo aquí que en Perú, a donde fue en compañía de Diego Prieto Cuatrodedos. Fue en un momento miembro de la cuadrilla de Ponciano Díaz.

Gerardo Santa Cruz Polanco, también surgido de las filas poncianistas, decidió formar la «Cuadrilla Ponciano Díaz«, en la cual latían aquellos principios evolucionistas que no pudo mantener el propio atenqueño. Por conducto de esta cuadrilla es como se revalora el toreo moderno, luego de que dicha expresión «a la mexicana» fue diluyéndose en medio de nuevas razones técnicas y estéticas.

En cuanto a Braulio Díaz, podemos hablar de un personaje siniestro, envuelto en leyendas, dado que fue quien dic muerte a Lino Zamora allá por 1878 en Zacatecas.

PRENSA

    Como resultado de la trascendencia que tuvo aquella nueva época surgió un amplio movimiento periodístico que reflejó lo importante de ese despertar para la fiesta torera.

El Arte de la Lidia (1884-1905) fue la primera publicación que incluso se adelantó a todo el movimiento. Julio Bonilla fue su director. Sólo en el año 1887 hubo otras que hacen destacar la importancia del espectáculo. Desafortunadamente las hubo de debut y despedida, mientras que otro tanto, por lo que hasta hoy, no ha sido posible localizarlo más que en las referencias de diversos autores que las citan. He aquí los títulos que circularon por entonces, incluyendo las de algunos estados de la república:

1887

 El arte de Ponciano (México, D.F.)

El Correo de los Toros (México, D.F.)

El Mono Sabio (México, D.F.)

El Toro (México, D.F.)

El Toro de Once (México, D.F.)

El Volapié (Puebla, Pue.)

El Volapié (México, D.F.)

La Banderilla (México, D.F.)

La Banderilla (Orizaba, Ver.)

La Divisa (México, D.F.)

La Divisa (Puebla, Pue.)

La Lidia (San Luis Potosí, S.L.P.)

La Lidia (México, D.F.)

La Muleta (México, D.F.)

La Verdad del Toreo (México, D.F.)

La voz del toreo (México, D.F.)

Toros en Puebla (Puebla, Pue.)

La sombra de Gaviño (México, D.F.)

Portada de EL MONOSABIO. PERIÓDICO DE TOROS. T. I., Ciudad de México, sábado 28 de enero de 1888, N° 10. Col. del autor.

   Estas publicaciones guardan tendencias bien definidas, pues así como La Banderilla y El Monosabio eran pro-nacionalistas en cuanto modo de exaltar las hazañas de nuestros toreros, La Muleta y años más tarde El Toreo Ilustrado fueron bandera del nuevo toreo y apoyo a la expresión que fue imponiéndose a partir de los diestros españoles.

Como puede observarse, 1887 y también 1888, significaron un nuevo amanecer, el despertar de una renovada época de toros en México cuyo significado es crucial en la medida en que su influencia dejó atrás testimonios que bien pronto se dispersaron y diluyeron para dar paso a la nueva instancia emergente, cuyo peso y trascendencia estarán presentes en toda actividad desarrollada en torno al espectáculo de toros que ha encontrado ya forma de asentar raíces más firmes.

Un dato final es el balance de festejos celebrados durante el solo año de 1887, arroja resultados harto interesantes que conviene poner a la consideración de los lectores:

NOTA IMPORTANTE: Por otro lado, existen toda una serie de referencias periodísticas que afirman la celebración de festejos taurinos en sitios tan alejados como los de algunas plazas en la península de Yucatán –por ejemplo-, o de otros tantos que mencionan los toreros a su regreso a México, como aquellos registros que comparten en El Arte de la Lidia, dando con ello informe de sus últimas actuaciones, que no pongo en duda. Lamentablemente, cuando no hay fechas que así lo confirmen, ese solo argumento me llevó a no incluir tales datos en el “Balance”. Espero que el lector comparta esta misma conclusión. También sugiero no olvidar aquellos datos que reúnen las actuaciones de Ponciano Díaz o los de la presencia de la ganadería de Santín también agregados aquí. (El autor).

Deja un comentario

Archivado bajo CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO, EXHUMADAS HOGAÑO.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s